martes, 7 de noviembre de 2017

El fútbol no se toca XVI

El fútbol no se toca XVI
Eva Tacazo

—¡Te digo que es lila!

—¿Dirás morada?
—Pues eso. Yo qué sé, me lío un poco con los colores.
—Tío, Lolo, yo qué quieres que te diga, en esta imagen no lo distingo.
—No «quieres» distinguirlo, mejor dicho… A ti nunca te ha importado España.
—Yo nunca he dicho eso, no tergiverses. Yo digo que no me exalto como tú, que te emocionas cuando entras a un McDonald`s porque sus colores son rojo y amarillo.
—¡Me identifico!
—Y yo no. Pero no es que no me importe España, es que me importa el mundo.
—¡Idioteces! ¡Vives aquí, coño, un poco más de espíritu!, ¿no?
—¿Espíritu?
—…
—…
—Lo han hecho a cosa hecha y punto. Está todo relacionado.
—Tío, Lolo, la camiseta no la hicieron hace un mes, ¿sabes? Eso lleva un proceso, diseño, decisiones, idas y venidas…
—Esa camiseta es sagrada.
—¿Me quieres escuchar?
—¿Qué?
—Pues que no está hablando tu razón sino tus sentimientos.
—Exacto, porque yo quiero a este país.
—Como los catalanes al suyo.

—¡No me jodas que les estás dando la razón!
—Escucha mis palabras y relájate… Estoy diciendo que tu «amor» por tu país, región, tierra o como quieras llamarlo es el mismo «amor» que siente un republicano o un separatista por su país, región, tierra o como quieras llamarlo. ¿Entiendes?
—¡Entiendo que estás ciego! Y no hay más ciego que el que no quiere ver.
—No se puede razonar contigo. Te enciendes, tío… Hasta las palomas se están yendo.
—Porque no les gusta tu pan. Seguro que es sin gluten.
—Y ellas lo saben, ¿no? Todas las camisetas han llevado azul siempre. Hasta el pantalón es azul.
—Eso no es azul. Es morado.
—Pues votaste a Podemos. ¿No deberías pensar que es su color e identificarte con ellos?
—Voté a Podemos, voté. Ahora ya tengo mis dudas.
—A mí esta discusión me parece ya una estupidez… Cuando te compraste el último coche, el Passat, ¿no te pasó que hasta que lo tuviste veías más coches Passat que nunca?
—…
—Cuando alguien se pone de repente a buscar piso está viendo constantemente carteles de Se vende o Se alquila.
—…
—Este debate social no existiría si lo de Cataluña no hubiera ocurrido. Es irracional.
—No puedes demostrar esos argumentos.
—¡Son estudios psicológicos! Además, no hace falta, te callas porque sabes que es verdad, pero no quieres darme la razón, egódoxa.
—No quiero darte la razón porque eres un manipulador y le das la vuelta a todo.
—¿En qué te he manipulado? ¡Te estoy dando explicaciones!
—Siempre has sido más inteligente que yo pero no me voy a dejar convencer.
—Y ¿eso te parece racional?
—No soy racional porque mi asunto es de sentimientos. No puedes tratar un asunto de sentimientos con racionalismo.
—Se dice racionalidad y…
—Ya me está corrigiendo el listillo.
—Si te molesta no lo hago y ya está… Y ¿qué te hace pensar que no puede hacerse?
—¿El qué?
—Tratar la irracionalidad con racionalidad.
—No me líes.
—Ufff.
—…
—A ver, te propongo una cosa: imagina que en el campeonato del mundo, a ti que te gusta tanto el fútbol y lo vas a ver, España cae en octavos, o en cuartos, da igual… Y entonces quedan…, yo qué sé, Holanda, Alemania, Portugal y Argentina. Seguirías viendo el mundial y te identificarías con algún otro equipo?
—Portugal, clarísimo. Cristiano Ronaldo… Y una final Portugal contra Argentina…
—¿Ves?
—¿El qué?

—Que se te ha pasado las fiebre nacional muy pronto, ¿no? Mira, usando las palabras del sabio, España, en su concepción futbolística, es una tribu del centro de África.

jueves, 24 de agosto de 2017

Otro paso más


Otro paso más
El niño cielo y El aprendiz


El suelo todavía exhalaba humo. El color, gris oscuro, casi negro. Las manos de cinco años de Adil jugueteaban con unas piedras que llenaban en su imaginación el vacío entre los escombros.
Nunca antes conoció tan claramente la ausencia.
Años después —como el coronel—, antes de colocarse el cinturón, recordó aquellas piedras y lo que proyectó en ellas.
A lo lejos apareció un hombre. Caminaba con el humo entre las gentes sin ser percibido, como un fantasma. Llevaba las vidas de miles de hombres a sus espaldas.  Le delataba su ropa volada al aire. Su sombra quebró el sol en la cara de Abdil; se arrodilló ante él.
—Tu nombre es Abdil.
Abdil miró a los ojos de ese hombre, pero no contestó ni una palabra. Le siguió hablando mientras le acariciaba el rostro, que tenía un tacto extraño, mezcla de lágrimas, sudor, mocos y arena. Sus ojos ausentes no reaccionaron ni a su nombre.
—Se llevaron a tus papás… Y te quedaste solo.
Esas palabras despertaron ligeramente al niño-hombre. Pero siguió mudo mirando la larga barba gris y los ojos que parecían comprenderle y llenarle.
—¿Sabes quién te hizo esto?
Después del hambre, Abdil sintió que por primera vez su alma interesaba a alguien. Esas palabras no llegaban a su maltrecha razón sino a su corazón.
—Occidente.
El hombre de aceite cargó al niño en sus brazos y ambos se hicieron aire con el humo.

jueves, 20 de julio de 2017

El fútbol no se toca XV


El fútbol no se toca XV
Eva Tacazo

—Coño, Mariano, ¿dónde tas metío? ¡Que llevo más de 40 minutos esperando! ¡Quillo, no mas cogío ni el móvil!
—Ya… ¡Manolo, ponme un carajillo asiático, que es como lo hacen en Cartagena! ¿Sabes cómo va? ¿No? Pos toma nota, que me lo he mirao hoy en la Wikipedia: café, licor 43, leche condensada, rajadura de limón y canela…
—Cuéntame qué te ha pasao.
—Ná, que me voy a una costurera de estas, a un sastre, a que me coja el bajo de unos pantalones que me compré ayer en las rebajas y...
—Pero ¿era hombre o mujer?
—¿El qué?
—¡Cojones, has dicho una costurera o un sastre!
—Ah, pos yo qué sé… una, una, era mujer. Pero es que no sé si se dice sastre o sastresa o sastrera o…
—¡Chs! Espérate, que saco el móvil y tengo aquí la aplicación de la Real Academia Española.
—La que limpia, friega y da brillo, ¿verdad?
—Sí.
—Pos esa era mi mujer.
—¡Mira que eres machista y animal…, y subnormal!
—¡Es una broma, hombre, pa desquitarme de que maya abandonao!
—Pues, mira, se dice sastre y sastra.
—Bueno, y ¿qué más da? No te quedes en lo circundante.
—Se dice circunstancial. No seas pedante. Habla con propiedad.
—Total, que llego allí y me doy cuenta de que el pantalón…
—Por cierto, perdona que te corte, ¿tas enterao de lo de Villar, el del fúrgol?
—Sí. Ese es un mamón. Que se joda. A pasar la noche al fresco en la nevera.
—El que pedía el indulto para Del Nido…
—El exjefe del Sevilla…
—7 años de cárcel…
—Y abogao…
—Se veía venir. ¡Cuántas veces lo hemos hablao tú y yo!, ¿eh? Manolo, este y yo ya sabíamos que era un criminal.
—Aún no lo sabe el juez y ya lo sabéis vosotros dos.
—¡Chs! Tranquilo, Manolo, que nos vamos a otro bar y te quedas sin clientes preferentes.
—Indispensables.
—Abatibles.
—Bueno, pues brindo con mi carajillo.
—Y espérate que ahora tirarán de la manta y van a caer tos los cerdos.
—Este lleva 30 o 40 años ahí, en el poder. Eso no hay moral integral que lo soporte.
—Ni Kant.
—Ni Aristóteles.
—Un tío que dice fúrgol no esconde nada bueno.
—Ni limpio.
—Bueno, y ¿el pantalón ese?
—Ah, pues eso, que llego a la sastra y…
—Por cierto, digo yo, a propósito y tal, ¿no te parece que hay mucho patriarcado en el fúrgol?
—Es que el fútbol es de hombres.
—¡Y dale con tu machismo integral…! Lo que quiero decir, que es que parece que no me captas, es que no hay ninguna mujer mandando en esos puestos directivos.
—Ya. Ni en los bancos corruptos.
—Pues a lo mejor podríamos hacer una raíz cuadrada de esas y deducir que para evitar corrupción y mangoneo, más mujeres dirigiendo… ¿No?
—No era una raíz cuadrada, animal, era un mínimo común múltiplo, que se lo expliqué yo el otro día a mi chaval.
—Pos eso.
—Precisamente me he estado leyendo esta mañana los 4 periódicos míos de cabecera, que sabes que lo hago todos los días, y resulta de que el Gobierno…
—Resulta que.
—¿Eh?
—Resulta que… Tú has dicho resulta de que, y eso está mal, que el otro día se lo estaba yo repasando a mi chaval también, por si te piensas tú que eres el único que repasas con el chaval.
—Y ¿qué más da? Resulta que…
—¡Chs, Manolo, tráeme más palillos!
—Resulta que el Gobierno ha pactado con muchas empresas privadas para hacer una plantilla anónima de currículos pa seleccionar personal pa trabajar.
—Pos muy bien, así se acaba ya este mamoneo discriminatorio.
—Y racial.
—Y estético.
—Pero ¿tú crees que es positivo obligar a las empresas a esto?
—No creo que obliguen. ¿Has dicho un pacto?
—Sí.
—Pos eso será que lo hacen pero luego lo deshacen. O sea, una vez te llamo a ti y a cinco más, luego os hago una entrevista personal y ya está.
—Las noticias dicen que en Europa no ha triunfado.
—Hombre, la idea es buena, pero, claro, luego las empresas también son las que deciden, porque para eso son privadas y pagan sus impuestos.
—Como siempre decimos tú y yo: más educación, más educación. Pero cuando toca, a edades tempranas, púberes, y no ahora, deprisa y corriendo, con parches…
—Yo creo que una empresa no puede permitirse el lujo de no valorar la actitud de su trabajador.
—La actitud es lo más importante.
—Y eso no está en ningún currículum.
—Pues, sí.
—Oye, y ¿lo del pantalón?
—Llego y le digo «¿Me cojes el bajo?».
—Con g, no con j.
—¡Ah! «¿Me coges el bajo?». Y dice «Sí». Acaba la… sastra, y me dice «Ya me lo puedes dar», y digo yo «El qué», y dice «El pantalón», y digo yo «Entonces me voy desnudo». Chico, que me había dejao la otra muda en mi casa y me ha tocao volver.

martes, 13 de junio de 2017

Comprender


Comprender
La niña lluvia


Me llega vía Twitter un texto de opinión, publicado en elpais.com, escrito por Antonio Navalón. Hacia él todos mis respetos, pero no lo comparto.
Creo —porque es solo mi opinión— que Navalón hace una labor descriptiva de los llamados «Millennials» muy ajustada a la realidad, muy acertada en la generalización. Les califica como «dueños de la nada», fracasados («el fracaso que representa que una parte significativa de estos jóvenes no quieran nada en el mundo real»), animales o autómatas («si quieren pertenecer a la condición humana, empiecen por usar sus ideas»), autistas («aprendan a hablar de frente y cierren el círculo del autismo»), mantenidos («el resto del mundo no está obligado a mantenerles»), disfuncionales («aquellos que no tienen en su ADN la función de escuchar»), dependientes afectivos e inseguros («lo único que les importa es el número de likes»), faltos de ideas propias («Me encantaría conocer una sola idea millennial que no fuera un filtro de Instagram»), ¿salvajes? («no existe constancia de que ellos hayan nacido y crecido con los valores del civismo y la responsabilidad»), y algún detallito más que dejo para el lector que pinche el enlace.
Parece un poco duro, pero hay que verlo en su contexto. También podría haber sido más ultraeducado, más eufemístico, pero creo que así como está gana en claridad; a mí también me gustan las cosas así, a palo seco, para saber claramente a qué saben.
Sin embargo, más allá de la descripción, Navalón analiza. Deduce que son los culpables del malogrado orden mundial que asola este planeta, orden que otros anteriormente parece que se dedicaron a cultivar sanamente, y que esta lacerante progenie ha arrasado y aniquilado sin inmutarse. Aunque no todo es el horror; parece vislumbrar algo positivo: las elecciones británicas con una alta participación de menores de 35 años.
Bien. A todo esto tengo que decir que no.
En primer lugar, estos millennials nacen como usted y yo, de su padre y de su madre, y no hay constancia de que, en tan solo una generación, haya suficientes mutaciones neurológicas y fisiológicas para advertir cambios tan drásticos. Así que, aclarado esto, las razones del anatema millennial son ambientales.
Desterrada la genética, ¿quién ha educado esta amenaza planetaria? Pues es obvio que nosotros. Usted y yo, nuevamente. Algunos por efecto y otros por defecto, pero en algún momento nos equivocamos. ¿Un sistema educativo erróneo e incapaz por no haberse sabido adaptar a un futuro —hoy presente— cambiante? ¿Dirigentes incapaces por sí mismos de profetizar el futuro, e incapaces asimismo de consultar a otros que sí son capaces porque los primeros estaban más interesados en sus pantalones y bolsillos? ¿Una sociedad ya maleducada en valores que, por tontos, no ha sabido transmitir otros más adecuados? ¿Unos medios de comunicación subordinados a poderes innombrables que sesgan la información? ¿Bomberos con sobrepeso? ¿Cineastas obsesionados? ¿Empresarios y banqueros pollaviejas?
Habla usted de que no tienen «ideas propias»; sin embargo, fue el sistema educativo el que eliminó el pensamiento crítico, arrinconando y desterrando de los planes de estudio la Ética, la Filosofía, la Literatura, la Historia, el Arte…, disciplinas que, como decía Bruce Lee, pensador —y luchador— sirven «para tener ideas propias», que es lo que se les reclama. Sí mantuvimos la burocracia, eso sí, tan española. Pero, claro, sin conocer uno a Larra poco puede avanzar en ese aspecto; pese a que los que sí le conocimos, los antemillennials, tampoco hemos hecho nada.
¿La condición humana? ¿Acaso puede alguien constatar que humanamente somos peores que nuestros predecesores medievales, por ejemplo? ¡Los animales fueron otros!; y en cuanto a robots —poco empáticos, poco conversacionales, etc.—, precisamente ha sido la generación anterior con su abuso de la confianza y con su saber no estar la que ha provocado que el ser humano se distancie cada vez más emocionalmente: hace años había más personas que máquinas en muchos trabajos; podíamos hablar con ellas e intercambiar opinión; pero hete aquí que un día, por poner un ejemplo simbólico, un médico diagnostica a mi mujer cáncer, y le pido que pronostique su muerte, como si fuera un meteorólogo, y el médico, como señal de humana compasión, contesta entre 3 y 6 meses; y hete aquí que mi mujer fallece a los 2 meses. ¿Consecuencia del ser humano? Denunciar al médico y al hospital por mala praxis o vete tú a saber. ¿Consecuencia de todas estas gilipolleces del alma humana? No contestar, ser frío como una máquina, distanciarse. Lo que hacen es adaptarse.
Y no nos equivoquemos. Ser humano tampoco es precisamente lo mejor del mundo. Para más demostraciones la Historia. Recomendación: Harari, De animales a Dioses.
¿Mantenimiento? Cuando uno compra un coche, por ejemplo, está obligado a mantenerlo. De hecho, el Gobierno nos obliga a pasar una ITV de revisión constante, porque sabemos que si el coche está mal puede provocar accidentes. O sea, que lo mantenemos. Y hay coches muy flojos. Pero nos esforzamos por mantenerlos y retocar ciertas piezas. A veces el coche no responde. Pero es que es eso: un coche. Habrá quien piense que es mejor tirar a los millennials a la basura porque de momento no funcionan.
Se debate hoy buena parte del mundo entre renta básica sí y renta básica no. Claramente no tengo ni idea. Pero es un debate que una vez más llega tarde, llega cuando nuestros pulmones están llenos de tabaco, y decir que hay que debatir si tabaco sí o no resulta agresivo, urgente y se toman mal las medidas…
Como siempre, ojalá más Ortega con lo de que Filosofía es «preocuparse», pre-ocuparse. Ocuparse del mundo antes de que llegue lo que llegará. Así estaremos preparados y tomaremos medidas adecuadas. Pero, claro, la filosofía no mola.
Por si le ayuda a alguien a refrescar, cuando yo era más joven, los de mi generación éramos rechazados igualmente por nuestros padres generacionales. Nos decían que teníamos de todo, que estudiar era más fácil, que ya no respetábamos a los mayores, que perdíamos las formas, que estudiábamos para librarnos de la mili porque éramos unos flojos, que no sabíamos el valor de las cosas, que vestíamos raros, que comíamos basura, que nos dominaban las drogas, que solo pensábamos en dormir y salir de fiesta, que nos dolía algo y lo solucionábamos con una pastilla, que yo con tu edad ya estaba…, y podría seguir así un ratillo más. Si a mí me hubieran castigado en mi época y a los 30 minutos me levantaran la pena ¿cree alguien que hubiera dicho «No, no lo hagáis, papás; debo seguir castigado»?; o, si me hubieran dado 30 euros para salir y me hubieran regalado un móvil última generación y la cuota a un gimnasio ¿cree alguien que hubiera dicho «No…»? Sencillamente, lo que ocurre es el ciclo vital, las generaciones, Ortega, matar al padre, Freud, etc..
Y, por último, quisiera dejar constancia de un fenómeno que se apunta desde hace tiempo pero que pocos han valorado lo suficiente: la vida se alarga y los periodos también. Unos creen que la adolescencia empieza antes que hace 30 años y acaba más tarde; otros, que la niñez se alarga un poco y empuja a la adolescencia también un poco más, con lo que de nuevo acaba más tarde. Sea como fuere, lo claro y cristalino es que en una época anterior con 20 años había más conciencia social que ahora, pero no porque ahora sean egocéntricos o estén idiotizados —o autistas—, sino porque, en relación con la madurez, los 20 de hoy serían algo así como los 14 de antes. Con 20 hoy sigue habiendo mucho adolescente inmaduro. Y con 25. Siempre generalizando, por supuesto.
Estimados lectores, la gente joven de hoy sencillamente se adapta.

lunes, 12 de junio de 2017

Lo sé tó


Lo sé tó
Eva Tacazo y Díptero impertinente

Sala de espera de Oftalmología del Hospital Momento Angular. Él, móvil en mano poniéndose al día socialmente en el único momento que ha tenido libre, dada la sobrecarga de trabajo que tenía por haber estado poniéndose al día socialmente el día anterior. Ella, repelando las hojas de una revista por tercera vez porque lleva allí 56 minutos y ya no sabe si pintar su habitación mostaza o amarillo ocre, entrar a la consulta rifle en mano o inmolarse en una fábrica de enanos de jardín. Él lleva  más tiempo allí, pero no le importa porque es un súpertec, un héroe moderno capaz de plegar el avance del tiempo hasta incluso hacerlo desaparecer. 

—¡Vaya! En este tweet que acabo de ver dice que las teles que nos están vendiendo ahora son las que ya desarrollaron hace 30 años. ¡Mira que lo sabía! ¡Qué cabrones! Retuit. Me gusta.
Ella levanta los ojos de la revista levemente, otea al heroico espécimen y busca una espada láser. Él sigue a su rollo.
—¡Mira este artículo del tuiter! ¡Los elefantes…! Se ha descubierto que los elefantes tienen más inteligencia que los delfines, porque se está buscando la excelencia. Espera, espera… Ah, y además resulta que cuando mueven las orejas no es para ventilarse sino para comunicar a sus congéneres la localización de un entorno lejano. ¡No te digo yo que estos van a ser parientes de las abejas! Retuit. Favoritos… ¡Ja ja!, como el del anuncio entre la abeja y el conejo, el abejonejo. ¡Ja ja!
—¡Ah, qué gracioso y… abatible!
—Facebook. «No más yogures sin cucharilla. Si los zumos en bric llevan pajita los yogures deben llevar cucharilla. Hundamos a los yogures. No compres más yogures hasta que garanticen un uso limpio, saludable y no discriminatorio». ¡Qué fuerte! Compartir. Compartir amigos… ¿Qué te parece? ¡Es muy fuerte!
—¿El qué? ¿Perdona?
—Sí, lo de los yogures, que no les ponen cucharilla.
—¿Y?
—Pues eso, que está muy mal. Con tal de… ahorrarse unos céntimos les importa muy poco que te tengas que manchar o… Por no hablar de la discriminación  con los brics de zumo. ¿Que tienen que llevar una pajita? Pues que se aguanten, son brics de zumo. Pero los yogures qué, ¿eh? ¿Qué te parece?
—Pues… no había caído en ello.
—¡Ese es el problema! Que en este mundo tan estresante y manipulador, ¡trabajos, niños, colegio, dentistas, trabajos niños…!, solo vemos el árbol y no vemos el bosque.
—Lo que no veo es lo de la discriminación…
—Pero… ¿cómo que no? ¡Los zumos tienen que joderse!, ¿no? Y los yogures no llevan peso, ¡eh!, y los…, los… empresarios tienen menos gasto… y…
—¡Sí, sí! Ok. Tranquilo. Me has convencido.
—Hombre, es que lo ve todo el mundo, solo que hay mucha desinformación y muchos intereses en esto…
—Ya, ya. Te he dicho que me has convencido.
—Tuiter. Inicio. Ver tuits nuevos. Onda Cero. «El Atlético de Madrid sí que podrá fichar, pero no podrá inscribirse a ningún jugador hasta el 1 de enero de 2018». ¡Toma, que se jodan! Retuit. Al enemigo ni agua. Copiar. Facebook. Estado. Pegar. Publicar. Compartir amigos.
—Oye, ¿no crees que estás un poco condicionado por las redes sociales?
—¡Qué dices! Las redes están cambiando el mundo. Nosotros somos las redes.
—Bien. Estar informado es bueno. Pero ¿contrastas algo de la información que recibes? ¿Crees que tu opinión siempre es la única, la verdadera, la acertada…?
—¡Tienes una venda en los ojos! ¡Pobre! Has sido engullida por el sistema.
—¿Yo? Vale. De acuerdo. Puede ser.
Twitter. Publicar: «Juevs Conslta dentist 18:32 Nuevo Amanecer Acab de salvr a otra víctima del sistem Le e abirto ls ojos Me siento como Morfeo dándole la pastilla azul a Neo». Twittear.
—…
—Mira, te estoy mirando y me has caído bien. Te voy a dar mi tuiter para que me agregues y puedas estar mejor informada. Esto no lo hago con cualquiera. Saca, saca el móvil…
Ella se levanta. Coge el bolso. Él se alegra y sonríe mientras repasa su cuenta de tuiter deseoso de pronunciarla una vez más. Ella se acerca a la recepción.
—Perdone, no puedo esperar, debo irme. Conciérteme otra cita.
—No, no, señorita, debe estar a punto de salir el paciente.
—Lo siento, pero no. Necesito urgentemente pedir cita con un psicólogo.

lunes, 22 de mayo de 2017

El fútbol no se toca XIV


El fútbol no se toca XIV
Eva Tacazo

—Oye, por cierto, y ¿la boda de ayer qué tal?
—Bueno, bueno, había de todo, de todo.
—¡Qué bien!
—En nuestra mesa teníamos un pepero de toda la vida que había votado a Podemos. A su lado un probador de jeringuillas, un domesticador de cucarachas…
—¿Qué dices?
—Como te lo cuento. Y luego un reponedor de minas en activo.
—¡Qué dices!
—En serio. El tío to cuadrao, lleno de tatuajes, vivo, muy vivo.
—Pero ¿qué es lo que hacía?
—Pues cuando había una guerra los llaman a ellos para reponer las minas que ya han explotado y tal…
—¡Impresionante!
—¡Sideral! ¡Abatible!
—Y ¿tiene futuro eso?
—Dice que tiene sobre todo presente.
—Ah, ¿sí?
—Sí, por lo de Trump…
—Pero España también vende armas...
—Pos eso.
—Y ¿cuando no hay guerras qué hacen?
—Al parecer contratan a un domesticador de cucarachas para que estas activen una mina y lo llamen a él para reponerla. También se puede hacer con ratas, pero era más caro. Las ratas exigen más por contrato.

—Mmmm, o sea, que estaba todo siniestramente preparado… ¿lo de la mesa, digo?
—El de las jeringuillas no habló mucho, me tenía mosqueado.
—Oye, entonces ¿te perdiste el Madrid y el Barça?
—¿Tú qué crees? Aquello acabó a las 2 de la mañana. A casa y a dormir la mona.
—Te fuiste con mona.
—¡No veas el Cointreau cómo pega!
—Pero ¿sabes que ganó la liga el Madrid?
—Sí. Pero como si no lo supiera. Paso ya del fútbol.
—¿Qué dices, hombre?
—…
—Pero si tú eres del Madrid de esos de comprarse un piso blanco, y un coche blanco. ¡Si hasta tenías un cuadro blanco en la cabecera de la cama!
—La televisión acabó con el aficionado que llevaba dentro… No retransmiten ni un partido en abierto… Ni el final de la liga… Ni la final de la champions si la juega un equipo español. Todo tiene que ser pagando, ¡coño!
—Tienes razón. Ya no hay ni patriotismo ni ná…
—…
—Sí que es verdad que se te veía más triste. El otro día me decía mi Mari «Veo a Piulo más triste». Y yo le decía «Será por lo de que su mujer le dejó», y ella «No, será porque le dejó por uno más joven y con más dinero», y yo «No creo, será por lo de que le echaron de la empresa que él mismo fundó», y ella «De eso nada, es por lo del cáncer de colon», y yo «Eso ya lo superó, será por no haber podido tener vacaciones este verano y tal», y ella «A ver si va a ser por lo del nombre, Piulo», y yo «Que no, mujer, que ese nombre a él le gusta, aunque lo tenga que repetir dos veces siempre diciendo “Piulo, con i”»…
—Ya.
—Así que era el fútbol.
—¿Conoces esa de los Mojinos escocíos «Soy el hombre más triste del mundo, hoy no hay partido de fútbol»?
—No.
—Pues eso.

martes, 9 de mayo de 2017

El Efecto Cultural shuffle


El Efecto Cultural shuffle
El aprendiz y La niña lluvia

—Te quería comentar una cosilla a ver cómo la ves tú.
—Dispara.
—He observado que hay una tendencia, un efecto en el ser humano que no sé si es genético exclusivamente y de ahí ha trascendido también culturalmente o… Es un poco raro… Es como una tendencia que tenemos, por llamarlo de alguna manera, a la mixtura, al mix, a la mezcla. O sea, está claro que genéticamente la mezcla…, no me sale el término biológico…
—Diversidad.
—Eso. Pues está claro que la diversidad nos hace «mejores» genéticamente. Y culturalmente muchos vemos que la mezcla, la diversidad es «mejor», nos enriquece; aunque para aceptar esto hay que tener una mentalidad abierta y tal…
—Díselo a Hitler…
—Pero es que…, voy más allá. Es como si esa tendencia fuera natural en lo cultural. Creo que cuando el ser humano pasa un tiempo en un estado…, no sé cómo…, un estado de pureza, entre comillas, llega un momento en que o 1) se aburre o 2) tiene curiosidad y empieza a mezclar. Durante un tiempo es como que «Oye, ¿cuántos colores tenemos?», «Pues 4», «Oh, genial», y estamos ahí pintando, en nuestras cavernas de la pintura, durante años, décadas, siglos… Y de repente alguien dice «¿Si mezclamos rojo y azul sale otra cosa?», «¿Para qué voy a mezclarlo?», «No sé, pero…». O bien se han cansado de esos cuatro colores primarios o bien tienen curiosidad, incluso una puede ser consecuencia de la otra.
—Entiendo.
—Yo la prueba hoy la haría así: por ejemplo, cojo a un tío y le digo «Mira, te voy a pagar para hacer un experimento —bueno cogería a varios— y tienes que estar en una casa, en mi casa, por ejemplo, comiendo todos los días la misma comida tres veces al día». Yo le pondría un plato suave de sabor, como arroz con verdura, y otro plato con algo más sabroso, rollo muslo con salsa… Aunque si fueran platos exóticos, mejor, ¿sabes?, algo que no haya comido nunca. Se lo daría en dos platos separados. Y luego observaría cuánto tardan en mezclarlo, minutos, días, semanas... Tengo la sensación de que muchos tomarían los dos platos exóticos por separado. Y llegaría un momento en que por la repetición o porque ya le has sacado todo el jugo alguien diría «Voy a coger un poco de aquí y otro de allá», ¿sabes? Es que me parece curioso cómo culturalmente a muchos les parece que mezclar colores, por ejemplo, es algo negativo, deslavado, sucio, impuro… Pero es que hay mucha gente que lleva coches grises —blanco y negro—. Y muchísimos otros colores impuros… La gente ya no escucha flamenco y pop, sino un mix de flamenco y pop, o flamenco y jazz, jazz fusión… Es un efecto humano, tío, es como una búsqueda del batido perfecto. La sensación es como que es algo que nos hace mejores, que nos salva, no sé, es muy raro… La ropa: sucede lo mismo. Desde hace unos años se ha empezado a mezclar traje  y corbata con zapatillas. Y eso antes no ocurría. Y hay gente que lo ve mal, incluso. De hecho desde hace unos años, las zapatillas y los zapatos puros, entre comillas, dieron paso a un mix entre ellos que no es ni zapato ni zapatilla pero se usa en ambos contextos… ¿Cómo lo ves?
—Lo veo, lo veo… Esas zapas serían más efectivas porque se adaptan a ambos contextos…
—Eso es lo que quiero decir.
—Biológicamente está claro que es así, o sea, hay constancia de que todas nuestras células están impulsadas a ese tipo de diversidad, lo cual explica, por ejemplo, que a los morenos nos atraigan las rubias, o al revés… Es que…, buscamos supervivencia: los virus, por ejemplo, son como trocitos de material genético, y por sí mismos no pueden vivir —no son un organismo vivo, no se alimentan, por ejemplo—, pero tienen otras características propias de un organismo vivo. Y, al infectar a un organismo vivo, el cual actuaría como plataforma, un virus es capaz de replicarse o reproducirse.
—Exacto.
—Sí, sí… Para un virus, que haya mucha diversidad ambiental, es sinónimo de baja efectividad, o sea, el virus es menos efectivo si hay diversidad biológica. Lo que es lo mismo, si fuésemos todos morenos y un virus matara a los morenos, caeríamos todos de un plumazo. En cambio, siendo rubios, pelirrojos, morenos…, dificultamos el trabajo del virus. La biodiversidad es necesaria para la supervivencia de cualquier especie y la buscamos como rasgo beneficioso.
—Genéticamente está claro. Y ¿cómo lo ves culturalmente?
—A ver, si es que hay bolis cuya tinta se borra. Y ¿qué es eso? Una mezcla de lápiz y boli. Otro intento por buscar efectividad, triunfe o no triunfe.
—Lavadoras que son también secadoras.
—Hidroaviones.
—Una tablet sería una mezcla entre móvil y computadora. Tamaño intermedio, no usb, no conexión ethernet…, más batería que un móvil, más espacio y RAM.
—De hecho un Smartphone es una mezcla de agenda física y teléfono móvil de primera generación. Bueno, y hoy todo eso aparte de agenda con mil aplicaciones más.
—Yo diría que es el mix de los mix, porque también es una mezcla de teléfono móvil y consola de videojuegos portátil…
—O teléfono móvil y IPOD… Creo que en el mundo de las últimas tecnologías es donde más se aprecia, ¿no?
—Bueno, sí, pero es de la tecnología en general porque la tecnología es nuestro quehacer, es lo que hace el ser humano. Llevamos haciendo tecnología desde el primer palito para darle al árbol y que caiga un fruto de él. A lo mejor ese primer palito le sirvió luego para apoyarse al caminar o herramienta defensiva…
—¿Recuerdas la conversación en la que te hablé de que la naturaleza del ser humano es el artificio?
—Exacto, eso es… Y en ese ser artífice de su entorno es donde yo metería esta tendencia.
—¡Hasta las primeras células de organismos unicelulares pasaron a ser 2 y luego 4 y… mezclarse hasta ser lo que somos hoy…! Todo esto tiene mucho sentido. Yo diría que toda nuestra cultura, nuestra riqueza cultural, se deriva del intercambio. Intercambio comunicativo —el mestizaje de las lenguas, por ejemplo—, intercambio de costumbres… El intercambio cultural es mestizaje cultural. Trabajamos con la cultural como nuestro cuerpo trabaja biológicamente.

martes, 21 de marzo de 2017

El anfiteatro o Hemiciclo parlamentario


El anfiteatro o Hemiciclo parlamentario
El niño cielo


Después de la sangre, bajó del cadalso, volvió a casa y colgó el hábito… El verdugo sintió un dolor en el cuello, sintió un golpe seco. Se llevó la mano a la garganta, luego al pecho, se aseguró de que estaba vivo, después de la sangre…


jueves, 23 de febrero de 2017

Vergüenza


Vergüenza
El niño cielo

Suelo comprar fruta y verdura en Ca Jaime, al lado de mi casa, cruzando dos pasos de peatones. Pero Jaime abre a las cinco y media y yo volvía hoy a mi casa a las cinco, así que decido entrar en la frutería de Paco. Paco no es español, es indio, pero no sé su nombre así que si un domingo necesito patatas o fruta le digo a mi parienta que voy a Ca Paco.
Sí, Paco abre los domingos por la mañana. Y sábados por la tarde.
Cojo mis patatas, cebollas, almendras y voy para la caja.
—¿Ya? —me dice Paco con su castellano de aprendiz.
—Ya.
Entonces, mientras empieza a sacar mi cuenta, entra una joven de unos 28 años, muy maquillada ella —quiero decir que se ve que le ha dedicado tiempo a la cara, probablemente porque trabajará cara al público, y me parece muy bien que uno dedique tiempo a lo que es necesario—, e interrumpe mi turno y a Paco, muy educada ella también.
—Mira, de esas naranjas de ahí…, esas…, me pones 4 kilos…, y vengo luego, ¿vale?
Yo la miraba febril, recordando esas colas del Banco Fulanito tras las que llegaba mi turno al fin —¡yuhu!—, y una vez sentado se acercaban cinco o seis personas a darle un número de traslado de cuenta o una tarjeta de vencida o unas copias de hipoteca o unas tarjetas black al asesor que me atendía… Todo ello absorbía unos diez minutos de mi tiempo de conversación bursátil entre una cosa y otra, conversación que había que retomar y reemprender una y otra vez, como en un atasco. Todo muy profesional, como la sanidad.
Febril seguí escuchando, porque la joven seguía profundizando cual Schopenhauer en su disertación.
—Lo que pasa es que… las… ramitas…, esas ramitas —refiriéndose picajosa al tallito tan bonito e irregular que les queda a las naranjas al ser cortadas—, les quitas las ramitas, ¿vale? Es que… si no… las tenemos que quitar nosotros.
Pasé de febril a invisible. Duelo al sol.
Todo ello se lo dijo con un tono de corderito cuchufleto de ligue caprichoso de sábado noche, con el que debía de acostumbrar a camelarse al respetable de cualquier sarao.
Los ojos de Paco me miraron un segundo y cambiaron a azules, luego a rojos, luego a amarillos… Ella no lo vio porque a ella no le interesan esas cosas de altruismos y empatías tanto como las fotos de su insta. Yo sí los vi, fotograma a fotograma. Pude sentir por un segundo su vergüenza. Sonrió amable, vencido, sabía que estaba detrás de un mostrador, al servicio de una clienta habitual —porque le hacía un encargo para recoger luego, deduzco—, y no estamos para echar clientes.
—Es que es eso, si no los tenemos que estar quitando nosotros.
Volvió a la carga y dio otra coz como si con una vez no hubiera sido suficiente.
El bueno de Paco bromeó con su castellano de aprendiz. Y aceptó.
Se fue el maquillaje. Yo no llevaba rifle en ese momento para lanzar un tiro de alivio que me evitara el bochorno. Paco me cobró:
—4,20.
—La gente tiene mucha cara —le solté, para mostrar mi compasión por el abuso y la indignación.
—No sé… Ella tiene panadería aquí, en esquina… Son tres chicas por de mañana y son tres chicas por tarde. Yo pienso jefe contento si tú trabajas… Pero…Yo… Yo digo gente dice que en España no hay trabajo. Yo veo trabajo pero no veo…, mmm…
—¿Ganas?
—Sí, ganas.