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domingo, 18 de septiembre de 2016

Somos lo que educamos


Somos lo que educamos
El niño cielo

Domingo por la mañana, bien prontito, me aburro y digo: «Voy a abrir el Twiter a ver qué me encuentro». Y, creyendo que uno se va a quitar las legañas con la idiotaexpulsión de un gran hermano, me sorprendo con una foto de un gráfico sobre educación en el mundo (países de la OCDE). ¿Fuente? La OCDE. España está a la cola en inversión educativa.
Visto así, rápido y hoy en día, siendo una nación esta que se resquebraja a pedazos y al borde de unas terceras elecciones —cerca de unas cuartas y a vista de unas quintas—, no es para prestarle atención, ya que además sabemos que desde hace años estamos en el precipicio de los resultados académicos.
Pero mira uno la fotito esa, por curiosidad, porque no se lo puede creer, porque puede ser falsa, porque las legañas, porque lleva un cubata en la mano o porque es educador, etc., cada cual que elija una causa, y se da cuenta de que estamos en la misma línea que Chile, Italia o Eslovaquia. ¿Eslovaquia? Resulta que Eslovaquia invierte casi lo mismo en educar a sus polluelos que nosotros. «¿Se han vuelto locos?» «¡Eso es tirar la casa por la ventana!».
Googlea uno «pib españa» y sale una imagen enorme: 1,393 billones USD (2013); «pib eslovaquia», 97,71 miles de millones USD (2013). No hace falta ser doctor en matemáticas ni tener la Medalla Fields para que la mente se dispare, vuele la imaginación… En Eslovaquia hay unos 5 millones de habitantes y en España unos 48 millones. Está claro que nos tomamos la educación ¡muy en serio!
Os voy a hacer una confesión: estaba un día por casualidad en un colegio con unos visitantes circunstanciales: profesores y alumnos suecos. El caso es que entablo conversación con una alumna y su profesora. Me hicieron una pregunta que aún hoy me impacta: ¿Por qué hay vallas y muros en el colegio?
Este punto y aparte era para reflexionar. La pregunta lo merece. No daban crédito a que necesitáramos muros para que los alumnos no se fueran de un colegio, lo que da una idea que lo que interesa la educación a muchos ciudadanos de este país. De la misma manera se sorprendían de los índices de fracaso escolar en secundaria y otras cosillas.
Recuerdo que me sentí tercermundista.
La inversión en educación no se ve en los bolsillos de los ciudadanos. Si ahora invirtiéramos de repente el doble —y no en ordenadores, que parece que es el único recurso, sino en más profesores y menos niños por aula— nadie llegaría mejor que antes a fin de mes. Además somos un país de urgencias, queremos resultados ya: mientras yo viva, mientras yo gobierne… ¡Claro, es que ponerme a recoger papeles del suelo o no tirar pipas, en definitiva, ponerme a cuidar el medio ambiente, cuando no veré resultados hasta dentro de 200 años, es decir, yo ya habré muerto…! ¡Ponerme a invertir en educación en pleno mandato cuando eso no da votos y en cuatro años podrían ventilarme por no haber invertido ese dinero en, no sé, devolver 400 euros en la renta o ayudas a compra de vehículos o bajar un 0,3% la luz…!
Pues ya está. No nos rasguemos las vestiduras. Somos lo que educamos.

viernes, 13 de noviembre de 2015

Sácame de aquí


Sácame de aquí
El niño cielo

—En fin, que estoy harto. Me suicidaría si no fuera porque me da mucha pereza, ¿sabes? No sé. No me imagino ahí… yendo a buscar una pistola. ¿Dónde coño compra uno una pistola? No sé. No sé si soy valiente o cobarde, pero aunque quiero desaparecer de la vida no tengo voluntad para hacerlo. Creo que uno del noventa y ocho escribió algo sobre la voluntad, ¿sabes?; tendré que leerlo. A mi me falla… No sé. ¿Dónde coño compra uno una pistola…? También puedo usar otra cosa, pero es que cuchillos y objetos punzantes te hacen mucho daño y se tarda en morir. A veces incluso llega alguien y te salvan. Bueno, cortarme el cuello puede ser rápido, pero no te deja respirar, ¿sabes? Puede ser una opción dolorosa, sucia, curiosa, dramática. O sea, el aire saldría por la tráquea que queda descubierta, ¿no?, y entonces muero ahogado, aunque respire. ¡Qué irónico! La pistola es más rápida, no falla, duele menos. Bueno, no sé si duele menos porque no lo he probado, pero, no sé por qué, siento que es más rápido, ¿sabes? Y duele menos. Pero ¿dónde coño compro yo una pistola? Es que no me veo ahí… buscando en los barrios conflictivos… No sé. Tendría que ponerme algo así como un chándal mugriento, ¿no? Me cortaría el pelo mal y lo despeinaría. Algo de barba. Uñas sucias. Caminar raro. Siempre he pensado que en estos sitios un andar raro da un toque de distinción y de control, de seguridad, de personalidad. Andaría así, como medio cojeando. Lo que no sé es el barrio. Como no dé el pego me meten un navajazo porque se piensan que soy la poli o llevo un micro. Aunque bien pensado es lo que quiero. Morir. Lo que pasa es que así, tirao en un descampao… Buff. Mi gente se pensaría incluso que era un drogata y tal. Y yo he probado cosas, ¿sabes? Pero de drogata nada. Además que navajazos estaban descartados. Hay otra opción que vi en una película basada en la novela El cliente, no sé si la has leído. Igual la peli se llamaba igual. Un tipo intentaba ahogarse en su coche con los gases del tubo de escape: cómodo, no mancha, pero lento y angustioso… Lo de no mancharme me atrae. Soy un poco obsesivo con eso. Pensar en mucha sangre en mi cuerpo me agobia. Y eso que es solo pensarlo. Me da asquillo… ¡Ah, sí!, y está lo de tirarse a un tren o de un puente. ¡Coño!, ahora que lo pienso está que te cagas. Rápido, más limpio que cortarse el cuello… Mierda, el tren no. ¿Podría provocar un descarrilamiento? Joder, eso no lo sé. Además, que yo no quiero molestar.  El tren tendría que parar y retrasaría a la gente. ¡Y no veas tú ese camino hasta llegar a una zona sin gente, de noche! Da un  poco de yuyu, ¿no? Frío… Esperar que no se retrase… Si se retrasara me pondría nervioso. Imagínate que no pasa por lo que sea, después de estar mentalizándome y tal. Eso pasa, ¿sabes? Yo he perdido autobuses. Y lo de hacerlo de noche tampoco me gusta. Muy lúgubre, ¿no? Muy silencioso. Puede que eso me ponga de los nervios y al final me eche atrás… Y lo de tirarme de un piso parece que sí pero no. Tendría que ser un piso muy alto. Un décimo o así. Ponte entonces a buscarlo, ingéniatelas para que te abran la puerta, sube, busca la ventana del pasillo, rómpela y que no salga nadie al oír el cristal… Y date prisa, porque si sale alguien se acabó el rollo. Si lo hago ha de ser relajado. Solo se muere una vez y quiero hacerlo bien. Recuerdo que un amigo lo intento con 20 años tomándose una caja de pastillas, no sé cuáles. En ese caso tendría que mirar internet para saber cuáles son las mejores, menos dolorosas y efectivas. Imagina que me dan cagalera y las evacúo… Creo que había unas que te dormían. Tengo que buscarlo. Esta parece una buena opción…
—Lo siento pero tenemos que ir cerrando que es tarde. Son 22 euros.
—Ya… Bueno… ¿Me pones la última? Por cierto ¿tú no tendrás una pistola de sobra?

jueves, 17 de septiembre de 2015

Oh, mundo II


El niño cielo

Vivimos tiempos confusos —no sé de quién es la manida frase pero la necesito tal cual—. Al mismo tiempo en que esta mañana oigo en la televisión que ha aumentado bastante, afortunadamente, la donación de médula, resulta que oigo en la radio a Donald Trump decir que en EEUU se habla inglés porque esa es su lengua —sin caer, pobrecillo, en que el inglés tampoco es su lengua, sino de Inglaterra—, y una hora después veo en GH 16 a una madre con complejo de adolescente decirle, confidente, a su propia hija de 19 años: «No foll…es con él, porque este ni siente ni padece, ¿entiendes? Le enchufas la po…, y le haces una paj… con la mano». Y no digo más con los refugiados.
Hace 3 días yo mismo doné sangre por primera vez y me hice donante de médula. Ahora lamento no haberlo hecho antes, sobre todo cuando vi a tres pipiolos de 18 añitos recién cumplidos a mi lado también por primera vez. Me emocioné. Pensé que el mundo iba mejor. Pensé que habría un futuro solidario, empático, concienciado con las causas humanas y colocando al ser humano en el lugar que le corresponde, es decir, la prioridad vital. Y encima esta mañana, como un refuerzo conductista, aparece la noticia del crecimiento en donaciones de médula. Me ha parecido una hermosa correlación.
Sin embargo… Sin embargo, poco después mi mente sufre un giro cinematográfico que ni las telenovelas venezolanas. Donald Trump me hundió. Mi cabeza fue perdiendo altura hasta volver a odiar el mundo en que vivimos. Lo peor ha sido cuando lo he comentado y he descubierto más de lo que podía soportar sobre este espécimen prehistórico, arcaico y retrógrado. La curiosidad mató al gato. Del pozo negro —eironeia— de su boca han salido nubecillas esponjosas como que EEUU se había convertido en el vertedero de los problemas de los demás, o que México trae drogas, trae crimen, son violadores, y algunos son buenas personas, o que viene gente por las fronteras que no es el tipo de gente que queremos, o que va a construir un muro en la frontera —¡yo me acuerdo perfectamente en este punto de Juego de tronos!
La mamá adolescente de GH 16 también dijo sobre los hombres en su presentación: los hombres son para ella como los kleenex, de «usar y tirar». Desde hace unos años brotan los padres y las madres amigos, amigos de sus hijos, me refiero. No son todos, afortunadamente. No es una cuestión generacional. Psicólogos apuntan a que suelen ser padres o madres que no han superado su etapa adolescente —algo se les quedó por hacer en una época no tan liberal como esta—, y retornan a ella a través de sus hijos: visten, hablan, se comportan como si tuvieran 20 años. Y con los hijos, por supuesto, hay que hablar de sexo, como de estudios, como de lo que necesiten; pero no confundamos hablar, digamos, ayudar a reflexionar, digamos incluso, teorizar sobre sexo, estudios o lo que necesiten, no confundamos, repito, con chismorrear, cotillear, malmeter o imponer sobre los mismos. La primera vez que mi padre me habló de política fue así: «Toma (sobre con voto dentro y ya cerrado), vamos a votar», «Pero ¿ya me has cerrado el sobre con el voto dentro?», «Sí». Eso fue todo. Hoy, contra eso, los padres amigo dirían: «¿Sabes a quién deberías votar, hijo? A (el que ellos mismo votarían), y te lo digo yo porque mira, Pepito y Fulanito hicieron esto y lo otro», «¡Ah!, ¿sí? Vaya tela, ¿no?», «Para que veas cómo son esa gentucilla. Pero tú decides». Estimado lector, ni una cosa ni la otra. Ni una cosa ni la otra. Ni si quiera la suma de ambas.
Por un momento creí que el calor del desierto o la picadura de algunos mosquitos se había apoderado de mí. Pero no. Fue el ser humano.

jueves, 30 de octubre de 2014

El nuevo juguete


El nuevo juguete
Díptero impertinente y El niño cielo

Mesa larga, roble, interfonos, pantalla.
Traje y corbata, maletín, barriga, afeitado al ras, colonia barata, papeles… Intenso, memorietas, sonrisa espléndida y tierna, muy ensayada:
—¡Buenos días, señores!
Sillas cómodas, piel.
Traje, corbata, reloj de oro, tres móviles, llaves del coche, barriga. Despreocupado, egódoxa.
—Ya estamos todos, Miguel Ángel. Ponnos al día.
—Enseguida, señor Fraguas. Organizo y empiezo.
Traje en dos colores, corbata con brillo, reloj bañado, dos móviles y una Tablet último modelo:
—Falta Félix, que está en la puerta. ¿Le hago pasar?
—Sí. Cuanto antes…, ¡que tengo la agenda que tira humo!
—¿Qué te dije, Miguel Ángel? ¡Trabajo hasta arriba lleva el señor Fraguas!
—Me hago cargo.
Por la puerta. A la silla. Vivaz, adivino, casi mágico, expeditivo, currela y resilente.
—Buenos días.
—¿Qué tal?
—Félix es nuestro Gestor de recursos.
—Excelente. Pues empezamos ya… Bueno, pues como le comenté a Agustín, que ya salió en el BOE en marzo, la nueva normativa ofrece la posibilidad de invertir en cursos de diseño de la mejora cualitativa. Nuestra oferta requiere mi visita, supervisión y organización durante un año formacional laboral, que mejora a los empleados, el rendimiento y la productividad, y tres años más de recopilación de datos informacionales directos de ordenación inclusiva, con el correspondiente título de Gestión Administrativo-Empresarial De Implementación Cualitativa, el GAEDIC.
—Brillante.
—Admirable presentación, Miguel Ángel. Señor Fraguas, ya se lo dije. Es lo último en inversión de mejora. Se está desarrollando en EEUU.
—Y más. Ahora mismo copamos y abarcamos Argentina, Croacia, Islas Feroe…, por poner ejemplos mundiales. La última empresa que visité ayer mismo para el cierre a 5 años aumentó su productividad de un 25% a un 85%, y manteniéndose. En breve no habrá empresa que no gestione a través del paradigma GAEDIC.
—Bueno, con su permiso, yo todavía no lo he entendido totalmente. ¿Puede especificar?
—Félix no le interrumpas.
—…
—No, no pasa nada. Sí… Las especificaciones no puedo desarrollarlas porque estaríamos aquí hasta las tres, y de hecho se desarrollan durante el curso que para eso está, pero puedo adelantar el formato si lo necesita.
—Lo necesito.
—Félix, por favor, que para eso está el curso.
—Es que el que lo tiene que procesar y transmitir a nuestros empleados, con lo que eso supone, soy yo. Si no me queda claro…
—Félix es un talento…, ¿cómo diría yo? ¡Es nuestro talento!
—Sí, es nuestro talento.
—Él vela por mis, nuestros intereses. Y lo hace bien, todo hay que decirlo. A cada cual lo suyo.
—A cada uno lo que merece.
—Sin embargo, Félix, recuerda mi agenda…
—Recuérdalo, Félix…
—Ya. Por supuesto que la recuerdo, señor Fraguas, pero… Yo solo…, en fin, que no lo he entendido. ¡O sí! Es que me ha parecido el mismo perro con distinto collar.
Traje y corbata, maletín, barriga, afeitado al ras, colonia barata, papeles… Intenso, memorieta, menos sonrisa y algo despreciable también.
—¿Cómo?
—No sé. A ver: hace siete años nos embarcamos en el Sistema de Administración Por Procesos Coyunturales, ¿lo conoce?
—Sí, lo recuerdo. No es nuestro, quede claro. Aquello fue un fracaso y se veía a la legua. Nosotros
—Ya pero quiero decir que la base era la inversión de recursos en Coyunturas. Fallos o debilidades, aciertos o fortalezas, coyuntura directiva, coyuntura deictiva y coyuntura trasplacional. ¿Lo recuerda usted también?
—Sí, sí. Ya le digo que
—Aquello no sirvió de nada. Quiero decir que, tras mucho tiempo dedicado y tal, no lo pusimos realmente en práctica y hace 1 año lo abandonamos. Además, luego cambiaron la legislación y
—Ya pero ahí no entramos nosotros que...
—Y quince años antes, ¡eh!, yo llevaba apenas dos años aquí, tuvimos la Ley de Procesos de Inventiva Proyectiva. Y esa sí era suya…
—Bueno, era nuestra pero yo no estaba allí por aquel entonces. Yo llegué en el...
—Da igual. Eso da igual. Aquello de la proyección de las Inteligencias y la direccionalidad con predatos y tal yo lo vi ya un bizcochito y mire dónde quedó.
—Pues, mire, Félix, lleva usted razón, lo admito. Aquello fue una desbandada de cuervos que nos dejó out, a nosotros y a EEUU y demás. Pero déjeme que le diga una cosa como estudioso del tema: la idea era buena, buenísima, pero hay circunstancias que ocurrieron, y ustedes saben a qué me refiero, que no permitieron al plan despegar.
—Claro.
—Y tan claro. Félix, como se suele decir, tú acababas de llegar, hombre.
—…
—Por cierto, caballeros, ya que esto se está alargando…, ¿nos tomamos un café?
—Ah, pues sí, vi una máquina en la puerta antes de llegar y dije luego cuando salga…
—No, no. De esa no. Espere.
Interfono. Botón.
—Suárez, tráigame el café en grano de mi despacho… ¡Este me lo traen de Manizales, Colombia! Y va con una máquina especial que
—Señor Fraguas, ¿dónde se lo dejo?
Café y máquina cromada brillantísima, ¡un espejo!
—Aquí, aquí encima. A ver, ¿cómo se ponía esto? Sí, era por aquí. No, esto no… A ver… Félix, ¿te acuerdas tú?
—Por supuesto. ¿Cuatro tazas?
—Si tú tomas entonces cuatro.
—Como le decía, Félix, las mejoras después de todos estos años de estudio son efectivas. Buscamos la eficiencia del empleado, de la gestión y la productividad.
—Productividad es eficiencia.
—No si no tiene usted cronogramas.
—¿Cómo?
Sonrisa espléndida y tierna, muy ensayada:
—Claro. Ya sabía yo que el nombre le iba a resultar interesante. Pero es un adelanto, no puedo profundizar mucho. En EEUU nos dimos cuenta de que el tiempo es oro.
—Oiga, eso lo sabe mi abuela.
—Déjale acabar, Félix.
—Félix, por favor, déjale acabar, a lo mejor aprendes algo.
—Gracias. Decía que el tiempo es un recurso muy valioso al que no prestamos suficiente atención. Creemos que más tiempo es mejor trabajo. Eso no es así.
—Ya lo sé. Aquí gestionamos el tiempo. Yo mismo me encargo.
—Sí, pero ¿en base a qué? ¡Eh!
—Pues nosotros
—¡Ahhhh, esa es la cosa! Para eso tiene usted los cronogramas. Y cada cronograma es un medidor, un dato, un indicador que nos permitirá hacer un balance final. Por ejemplo, ¿ustedes saben ya cuánto dedica cada empleado a su tarea? Y lo pregunto con exactitud matemática.
—Matemática, matemática no, es que
—Ahhh, ¿ves, Félix?
—Sí, ¿ves? ¿Es que no estudiaste matemáticas? Pues son para aplicarlas.
—O sea, hay que hacer un cronograma, un medidor del tiempo exacto de cada tarea de cada trabajador. Y ¿para qué exactamente?
—Para saber matemáticamente cómo rinden y si se puede mejorar su rendimiento.
—Ya veo. Quiere decir que si un empleado utiliza treinta minutos para descansar y almuerza, y le sobran once minutos, por ejemplo, ¿debo reducirle el tiempo de descanso que no utiliza? O, si necesitan ir a mear, ¿acaso hay un número determinado de meadas?
—¡¡Félix!!
—…
—Bueno, nosotros ofrecemos la captura de datos en base a una organización eficaz de recursos, entre ellos el tiempo, pero no vamos a decirle qué debe hacer usted con el empleado porque esas son decisiones internas, como usted comprenderá y nosotros no somos nadie para intervenir. Nosotros señalamos. Pero algo va pillando, ¿lo ve? Los estudios médicos y estadísticos determinan que, si una persona no bebe más de un vaso de agua en 4 horas, una sola meada de 39 segundos, +-5, es más que suficiente, lo cual además ayuda a mantener el control de esfínteres, que para la vejez es ideal. Y si van más veces ya es cosa de vicio. Y todo esto sin hablarle de las tres ces y las cinco emes.
—¿Las tres ces…? Ya… Bueno, señor Fraguas, yo creo que no necesito escuchar más y el señor Miguel Ángel tampoco está por la labor…
—…
—Así que yo creo que esto no sirve de nada, es otro programa engañabobos sacadineros vendehúmos. Podría poner mil ejemplos de esto en la vida diaria: telefonía, coches, electrodomésticos...
—Bueno, bueno, Félix. Es suficiente, que te aceleras.
—Eso, queeeeeee te pones como una moto y…
Ha perdido visión. Pero ha ganado resilencia.
—Yo solo doy mi opinión. Es para lo que me pedisteis que asistiera. «Escucha y danos tu opinión», y eso he hecho.
—Por supuesto, Félix, para eso te llamamos. Y ahora ya tomo yo la decisión. Me entiendes por dónde voy, ¿no?
Menos mágico, menos expeditivo, menos vivaz.
—Sí, sí, señor Fraguas.
Tres horas más tarde, cafetería El reducto.
—¿Qué pasa, Félix?
—Aquí andamos, y ¿tú qué?
—Limpiando, ya ves.
—Te veo un poco… abatible.
—Es que me ha llegao una carta con la nueva Normativa Tributaria de Implementos Estancos De Estimación Objetiva Directa.
—Y ¿eso?
—Lo mismo que los módulos aquellos de los 90, ¿te suenan?, pues con otro nombre. Total, a pagar más. ¿Te pongo un café?
—No, no, café no, que me va a indigestar hoy.
—Pues yo me voy a poner uno con tu permiso.
—No, hombre, Aristóteles, no te lo tomes, que te amarga. Saca para los dos un anisete, que hoy juega el Getafe. ¡Celebrémoslo!


miércoles, 27 de agosto de 2014

Americanadas II: dispara ya y vamos a Mcdonalds


Americanadas II: dispara ya y vamos a Mcdonalds
El niño cielo

Hay quien se pregunta por qué con tanta hambre en edad escolar tiramos al suelo tomates en Buñol. Y hay quien se pregunta por qué una niña dispara un arma en EEUU y mata a su instructor.
«El ser humano es impredecible» reza un anuncio de la tele.
¡Gringolandia!, tierra de libertad y esclavitud, de patria y de razas, de progresos y retrasos, de filantropía y eugenesia, tiene esa habilidad especial, esa manía, de querer ser la primera nación occidental en todo —ya lo comenté—, aunque a veces copie al estado islámico, afganos o iraquíes o iraníes o… ¡Qué ironía! América es una ironía. En el mismo Sumario de las Noticias de hoy he visto a los hijos de 10 años de islamistas —uso este término porque desconozco la nacionalidad exacta— queriendo formar parte de su «equipo» de degolladores de occidentales, y segundos después a una niña estadounidense de 9 años disparando en un corral de tiro, junto a su instructor, y con la venia de padres o tutores, un arma de repetición con retroceso, una submetralladora UZI —los que han jugado a Call of duty o Metal Gear Solid sabéis cuál es—. ¡Una metralladora UZI! ¡Una niña de 9 años! Lógicamente, se le ha movido el arma y «¡Pum!, im sorry, i have killed my instructor. ¡Mom!». ¿Qué te parece?
EEUU tiene esa habilidad.
Agradezcamos que la noticia en prensa va titulada con el adverbio «accidentalmente». Si no lo pusieran daría para novelas, películas, canciones, seguidores tuiteros, imitadores internacionales e investigadores de rapiña.  Curioso.
Poned «familia americana» (1) en Google imágenes. Entre las más o menos 50 primeras fotos sale
esto:
En fin, me he ido a casa de Sócrates y hemos comentado la jugada.
—¿Por qué nos escandaliza menos un niño estadounidense y más uno de Oriente Medio disparando un arma?
—El islamista, generalizando —que no totalizando—, lleva chilaba, tiene rasgos islámicos, está un pelín desnutrido —sobre todo si lo comparamos con los macdonaliensis—, lleva fusil kalashnikov, de los de a granel, no UZI…
—¿Prejuicios?
—Claro. Son el padre de nuestras creencias y valores. Y en EEUU más. La mayoría de estudios psicológicos sobre prejuicios los han elaborado ellos.
América es tierra de contradicciones o disonancias que a la vez son coherentes; es tierra en la que la heredera del superimperio Hilton no supera la prueba de las cajas problema de las ratas —como tampoco Homer Simpson—, así que habría que plantearse lo de la eugenesia negativa otra vez, señor presidente; es la tierra que no deja de servir de inspiración a artistas como Abraham Mateo —si ese es su verdadero nombre—; es la tierra que dispara primero y luego crea Asuntos Internos para dilucidar si el disparo del agente ha sido justo y legal, pero Asuntos Internos está corrupto, por lo que contratan espías —quizá corruptos— para que los investigue…; América, digo, es la tierra de grandes hombres como Charlton Heston, que recuerda una vez más con ejemplos que el legado de La Asociación Nacional del Rifle va para largo.
Y el diluvio sin llegar.
_______________________________________________

(1) Meses después, diciembre 2015, he tecleado lo mismo y ya no aparecen las mismas imágenes en Google. Por lo menos en las 100 primeras. Además me han desaparecido, como se puede comprovar, del propio texto, porque deben haber sido eliminadas del filtro de búsqueda. Puede el lector pobar con «familia americana armas». La argumentación se reduce, evidentemente; la gracia del asuntillo estaba en la primera búsqueda.

domingo, 24 de agosto de 2014

El aparcamiento


El aparcamiento
El niño cielo

—A ver… ¿Cómo que tarjeta desactivada?
Mira hacia ambos lados. Busca la garita. Camina.
—¡Buenas!
—Sí.
—Me pone tarjeta desactivada.
—¿La llevaba cerca del móvil?
—(¡Qué más le da!) Sí.
—Es por eso. Espere.
—…
—Ya está, esta es una copia.
—Vale, gracias.
Camina de nuevo hasta la máquina hierática. Frente a frente, él también está hierático pero abatible.
—Ahora sí… ¿7,85? A ver… 3, 4, 4,50… (Ya verás) 5,50, 5,70… Mierda. 5,85.
Escruta la máquina sombría y alevosa en busca de respuesta. No la encuentra. Vuelve a la garita en busca de respuesta.
—¡Hola! ¿La máquina no admite tarjeta?
—No, tarjeta no.
—¿Puedo pagar aquí con tarjeta?
—No, aquí no… No.
—¿Cómo que no?
—… Es que no…
—¡¡Bueno!! ¿Un banco por aquí cerca?
—Pues… no sé ahora mismo…
—(¿Ahora mismo?) Vale, déjelo.
Sale con decisión y firmeza por la rampa de bajada de coches. (¿Pregunto a alguien o lo busco en el móvil? ¡Vaya mierda de tiempo que estoy perdiendo!). Oiga, perdone, ¿un CCVA por aquí cerca?
—Es que no soy de aquí, lo siento.
—No pasa nada… (¡Me cago en la leche!)
Saca el móvil.
—Aboundme… Bancos… CCVA… (Esperando… ¿754 metros? ¡Joder!) Ir.
Camina en busca del banco, mirando continuamente el móvil que le guía. Llega.
—(Introducir tarjeta… Sacar dinero… 50 euros… Aceptar… ¿Desea recibo…? No. Vengaaaaa. Recoja su tarjeta… Recoja su dinero… ¿Desea realizar alguna otra…? No. Vengaaaaa.)
Camina de vuelta al aparcamiento. Llega. Se acerca a la máquina perecedera, abollada e incomprensiva. Hay cola. Espera su turno. Ya.
—(¿Billeteeeees? Aquí… ¿No cabe?) A que no…
Escruta otra vez la obsoleta máquina diabólica y letal a lo largo y ancho en busca del dibujo de los billetes que admite. No aparece el dibujo por ningún lado. En lugar de darse por vencido y parecer idiota sigue mirando como un idiota porque se acuerda de que, cuando era pequeño, su madre le mandaba a la nevera a por limón y no lo encontraba, su mirada se perdía entre los alimentos: «¡Anda, que si es un toro te come!». Le ocurrió varias veces y aquello le marcó.
Segundos después.
—(¡Pues no lo veo!)
Vuelve a la garita.
—¿Es que no coge cambio de 50?
—No, de 50 no. Pero yo le cambio.
—(¡No me lo puedo creer!) Tenga…
—Aquí tiene.
—(¡Y no se cobra el tío capullo!) Gracias.
Se va pero se detiene en seco y se gira hacia la ventanilla de nuevo.
—Y ¿usted para qué está aquí?


miércoles, 16 de julio de 2014

La amenaza del otro


La amenaza del otro
El niño cielo

Sonó el timbre a eso de las 9:15.
—Soy el del currículum.
—¿Cómo?
—Eh… ¿Es ahí donde están haciendo la obra? Es que hablé ayer por el interfono con el jefe y me dijo que podía traer el currículum aquí.
—Ah. Pues sube.
Abrí la puerta. Vi cómo bajaba el ascensor lleno de sueños y lucecitas. Oí cómo se abrían las puertas allí abajo. El hombre dio un paso para entrar en él y no pudo dejar de respirar el olor a obra. Sus ojos miraban el suelo sucio de polvo, con la madera y los cartones que tantas veces había colocado otrora. Sentía como si entrara él de verdad, como cada mañana, en la casa de un extraño en donde picar y picar hasta quedarse sordo. Pensaba que esa era otra oportunidad que Dios le daba, y le pedía que se hiciera realidad, cerrando los ojos y apretando el botón número 2. Su pecho se hinchó para soltar la última expiración, como el que va a un combate, a un torneo, a una plaza, a un campeonato en el que se lo juega todo. ¿Me va a preguntar? ¿Le explico yo antes de que me diga… «Ya te diré algo»? Al pronunciar esas palabras en su cabeza le dio un golpe de ansiedad. Soltó aire. El ascensor subía. Yo estoy dispuesto a todo, pensaba, se automotivaba.
El ascensor llegó a mi planta. Se abrieron las puertas. No le había visto nunca.
—¡Hola!
Mientras sonreía me ofrecía su currículum desnudo, en una sencilla hoja, mirándome a los ojos. Lo cogí.
—Vale, se lo doy a José en cuanto lo vea.
Apenas un segundo y su rostro mudó levemente, se entristeció; pero era una tristeza tímida, retraída, casi imperceptible. Él no imaginaba que yo sí la había captado. Tragó saliva. Me había entregado su tesoro y ¿quién era yo? ¿A quién le acababa de entregar su oportunidad? El otro, el jefe, le dijo que lo trajera aquí, pero no era yo.
—¿No está el jefe?
Ya sabía que no, yo se lo acababa de decir. Realmente quería preguntar «¿Está el jefe? ¿Puedo dárselo yo?».
—No, él no está. Yo soy el dueño del piso. Él está haciendo la obra aquí. Pero yo se lo doy en cuanto llegue. No te preocupes.
Cómo no se iba a preocupar. Yo soy un desconocido. Otro. Y me había dado su tesoro.
—Pero él me dijo que lo trajera aquí…
Era inseguridad. Creo que quería decir «¿Puedo esperarme hasta que venga?».
—Sí, es que José vive aquí, o sea, arriba, en el tercero. Supongo que sabría que se lo daríamos. Él habrá salido pero baja de vez en cuando a ver cómo va este jaleo. Tú no te preocupes que yo se lo doy.
En ese momento se asomó el albañil de mi obra a coger unas herramientas. Había escuchado la conversación; estaba trabajando en la pared contigua. Era como la llegada al saloon del sheriff, Robert Mitchum, en El Dorado. Se miraron un segundo. Se accionaron los gatillos. Ese también era el otro. Ese era el que estaba trabajando. El otro. Y para mi albañil este también era otro. El otro. Y el jefe no está.
El pianista dejó de tocar.
Desconfiaba. Veía su tesoro en la basura.
—Bueno, es que me dijo que sí le interesaba…, es que yo le dije así por encima lo que había hecho…, y… Yo puedo venir cuando sea.
Miraba su currículum en mi mano. Me hablaba a mí con la necesidad de marcharse habiendo hecho todo lo posible, a pesar de no saber dónde acabaría su tesoro.
—Cuando sea. Ahora, en agosto, septiembre. Que a mí no me importa…
Lo decía con entusiasmo.
—Mira. Yo se lo voy a transmitir igual que tú me lo has dicho. Igual.
Sonreí para darle confianza.
—¿Tienes su teléfono? —osó.
Evidentemente mi sonrisa y mis palabras no habían dado resultado. Ahora mismo solo hablar con el jefe podría devolverle a un estado de seguridad y consonancia con lo que había venido a hacer. Quería salir del piso con algo. Y no lo conseguía. Su duda crecía, pero seguía sonriendo para demostrar positividad, confianza, entereza. La desconfianza no la transmitía su cuerpo sino sus palabras. Por una vez no le traicionaban sus instintos sino la razón.
—Bueno, sí lo tengo pero no te lo puedo dar.
¡Zas! Nuevo golpe.
—Ya. Lo entiendo. No pasa nada.
Volvió a mirar su currículum en mi mano. Quería despedirse de él. Era todo lo que me dejaba. Me dejaba parte de su futuro, una esperanza, el pan de sus hijos, la luz de su casa. Yo solo podía sonreírle y atenderle.
—Gracias, eh —se despidió.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Oh, mundo


Oh, mundo
El niño cielo

Por el desierto, donde los mosquitos pican y las calaveras se derriten…
—Odio al mundo. Pero mi confesor, que además es psiquiatra, siempre me decía: «Quien mucho abarca poco aprieta». Así que voy a ir poco a poco. Odio España.
—¿Cura y psiquiatra?
—Bueno, así curaba el alma con más oficio. «Psique», alma.
—Ya. Y has dicho «decía». ¿Es que murió?
—No. Solo enmudeció. Así, de repente. Dejó de hablar. Y nadie sabe si es voto de silencio, si es una enfermedad…
—Claro, como no ha podido contárselo a nadie…
—Pues eso.
—¡Pobre hombre!
—No. Él está bien. Ahora practica golf.
—Ahí no hay que hablar.
—Y ajedrez.
—Ya veo. Sacando rendimiento a sus capacidades.
—…
—Pues si odias España te cuento la última para que vomites.
—Ya no me sorprende nada.
—Leo en internet, a lo mejor es una trola, que traducen poemas de Lorca a «lenguaje normal».
—¡¡¡Qué!!!
—Te lo dije. No sé si será, pero piodría ser.
—WTF.
—El Romancero gitano pasa a llamarse Los gitanos y sus movidas.
—¡¿Estamos locos?!
—Los creadores dicen que es para acercar a Lorca al público. ¡El mainstream!
—¿Acercar? ¿Acaso Lorca quería que le acercaran a Kiko Rivera o a Belén Esteban? Si hubiera querido acercarse a este hubiese escrito Nena, estás bien acolchada, o Nena, me crujes to lo negro, o Nena..., Nena. ¡Me cago en to lo que se menea!
—Parece que algunos profesores lo ven bien.
—Porque no lo entienden ni ellos. Pero lo peor es que ni lo intenten.
—Espera que tengo la noticia en el móvil.
—¿Tienes señal aquí?
—Tengo 7G.
—¡Qué tío!
—Mira, aquí: en vez de «Amor de mis entrañas, viva muerte / en vano espero tu palabra escrita» han traducido «Te estás columpiando y eso hace que me ralle un poco, ¿sabes?».
—¡Qué chapuza! ¿Eso es «lenguaje normal»? ¿«Normal»?
—…
—Además, está mal traducido. Sería: «Buenorra que me rajas la panza cervecera con tus chascos / (let me take a selfie) asín que mándame un wassap pa saber algo de tus curvas».
—Ahora saldrán diferentes versiones.
—Me voy a abrir las venas.
—No salpiques.
—¿Tú te imaginas que un fulano coge ahora el Anfiteatro romano y lo tira abajo definitivamente y monta una carpa de circo gigante?
—Para que los «normales» se hagan una idea, ¿no?
—¿O que se repinte un cuadro de Dalí pero sin surrealismo? Con los relojes tiesos. Porque yo veo un Dalí y tengo que esforzarme para entenderlo.
—Ahí está el meollo. ¿Esforzarse? «¡De qué vas, chaval!», te diría un «normal».
—De «normal» nada. Subnormal.
—Se acabó la cultura del esfuerzo.
—Se acabó el espíritu, el alma, lo que hay detrás, «Lo de dentro», diría Robe Iniesta.
—Y, ¡ojo!, que detrás de esta idea de genio coñón está el dinerito. Así se embolsan lo que dejan unos en la caja para leer cómo Lorca dice «Joder», «Hostia puta»… Ya me los imagino ahí: «Ostia, mira lo que pone: “Me mola quedarme empanado mirando arriba / Es una putada que el cielo mole tanto y esté tan lejos”». «Mola mazo, tío, es la ostia». «Joder, ya ves». «Ya ves, joder, es la puta ostia». «Ostia puta». «El Lorca este es lo más de la ostia». «Ostia. Es la caña». «Joder, qué buena ostia, ostia». «El puto amo». «¿Has visto al Rafa Mora ese de… hoy riéndose de la pava de la hermana de Kiko Rivera?». «No. Y ¿tú sabes si es mejor el Ultra Gig 7D500, con pantalla humana, o el Billy Joe 1001 GRRRR?».
—…
—El arte y la cultura se están amoldando a la idiotez humana.
—¡Mujeres y hombres y viceversa se ha abierto de piernas para que nazca su futuro Mesías que acabará con la creatividad individual y salvará a la supermasa borreguil de la amenaza intelectual!
—¿Te acuerdas cuando vimos la peli Idiocracia?
—No me la recuerdes.
—…
—...
—Oye, y ¿tu confesor ese qué hace con su vida?
—Ahora mismo se está preparando para dar el salto a la música muda.
—¿Instrumental?
—No. Muda.
—Y ¿cómo es eso?
—No sé. Es pionero.
—…
—Bueno. Pues ya hemos llegado. Aparca el camello y vamos a tomar unas cañas.

miércoles, 1 de enero de 2014

No somos nadie


No somos nadie
El niño cielo

—Es que no entiendo por qué existen los cuartos. Es un mareo. Todo el mundo se equivoca y empieza en los cuartos.
—¡Ya ves!
—…
—Es lo mismo que con los nombres. ¿Por qué hay que ponerle el nombre al niño? Un niño debe elegir su nombre. Es así. ¿Por qué se lo imponemos al nacer?
—Estoy harto de estas convenciones burguesas. ¡Arriba el espíritu romántico!
—Condenamos a un niño a un nombre. Lo sujetamos, lo anclamos, lo determinamos… Fatalismo nominal.
—¿Dónde está el libre albedrío? ¿La libertad de la realidad radical?
—Decía aquel que el ser humano siempre es libre para elegir… Excepto en 3 casos, digo yo: no podemos elegir no poder elegir; no podemos elegir la familia en la que nacer; y no podemos elegir el nombre.
—Podemos cambiárnoslo.
—Ya, pero no es lo mismo. Hasta que te lo cambias es una condena. «¿Cómo te llamas?». «¿Cómo me llamo?». Realmente no me llamo, me llaman, me han llamado ya.
—Es indigno.
—Ignominioso.
—Con lo acertado que es un Tú. El Tú está infravalorado, subestimado…
—Desprestigiado.
—El Tú señala, es deíctico.
—Sencillo, fuerte, enérgico, directo.
—¿Impreciso?
—Sí, pero solo cuando hay más de uno. Y para impreciso el tiempo, y ahí estamos todas las tardes en el Telediario... O la estadística: dos de cada cuatro personas ha sido infiel, y yo a mi mujer le pasé el supercuestionario..., así que... ejem.
—La verdad que un Tú remarca.
—Pues ya está... Y luego el niño que se ponga su nombre, que elija de verdad, desde su libertad como ser humano.
—¡Desde la Revolución francesa y el «Liberté» hasta hoy y ni siquiera uno puede elegir su nombre!
—No somos nadie.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Tabacomer mi olla…


Tabacomer mi olla…
El niño cielo

—¿Que van a prohibirlos?
—Te juro que lo oí.
—Increíble.
—Se discutirá si en bares y tal también.
—Pa una cosa que funciona. Te lo digo yo. Llevo 9 meses sin fumar. Estuve 3 meses con el electrónico, y disminuye el efecto fisiológico. Comprobado. Fumas pero no nicotina. O sea, no fumas tabaco. También los hay con un poco de nicotina. Total, que el cuerpo se cura. Lo único que queda es lo psicológico.
—…
—Hay quien sigue chupando porque no perjudica ya y les queda el mono psicológico. Y otros como yo que ni eso. Yo ya no lo uso.
—Pero te apetece.
—Hombre, son 19 años. Claro que apetece. Pero es el residuo psicológico, nada más. Por eso…
—Por eso.  Hay algo detrás. Huele mal.
—¿El tabaco? Ya.
—No, la prohibición.
—¡Buah! Y tanto.
—¡Si no de qué!
—¿Cuánto ha descendido el consumo de tabaco?
—DEUS EX MACHINA: En 2012, por ejemplo, en Canarias el consumo descendió un 15%; En 2013, el consumo entre adolescentes ha descendido un 7% en los últimos años; A partir de 1997, se inicia un leve pero continuo descenso hasta la actualidad; Desde el inicio de la crisis las ventas de tabaco en España no han parado de bajar; En 2013 la venta de cajetillas de tabaco ha bajado un 12%; En los últimos 8 años las ventas han caído un 42% y la recaudación por impuestos se ha elevado hasta un 23,4%; El contrabando de tabaco, hasta hace poco inexistente, ha experimentado un aumento espectacular. Según el informe IPSOS, publicado en marzo de 2013, el total del tabaco consumido en territorio español durante 2012 sin impuestos alcanzó el 12%...
—¡Vaya!
—¿Tú crees que las Tabacaleras se van a quedar con los brazos cruzados? Cada dueño, que tendrá…, imagínate, un suponer, 50 años… Y está ahí, con sus directivos abatibles, en una mesa larga, todos con traje, fumando y tomando café, con sus ingresos mensuales de cinco cifras, con sus cochazos a los que poner gasolina, sus plantas y jardín que regar, sus cocineros que cocinar, sus facturas de luz que embolsar, sus vacaciones en Marbellas, Parises y Cancunes que disfrutar, sus ex mujeres a las que mantener, chatis a las que con joyas conquistar… ¿Cada dueño y sus directivos va a quedarse mirando  mientras le quitan su pan?
—…
—Ellos viven de eso. Quieren seguir viviendo de eso. Quieren que sus hijos vivan de eso…
—Son muchos intereses.
—…
—Porque, pensar que es el propio Gobierno… no, ¿verdad?
—Hombre. El Gobierno saca lo suyo…
—DEUS EX MACHINA: En los últimos 8 años la recaudación por impuestos se ha elevado hasta un 23,4%.
—¡Joer!
—¿Qué te crees? ¿Se puede pensar bien? Eso sería de ilusos.
—…
—¡Prohibir cigarrillos electrónicos! Que prohíban los cigarrillos de chocolate esos que hay por ahí.
—Lo que no prohíben es fumar. Ahí no se atreven.
—¡Qué se van a atrever! Eso no lo prohíbe ni el Chuck Norris.
—Es todo una hipocresía… y…
—Una mierda. Eso es lo que es. Un truño. Pa una cosa que funciona genial y la gente lo está cogiendo con ganas…
—¡Ah! Y los negocios. Se están abriendo tiendas de venta de cigarrillos electrónicos, cada vez más: con sus diseños, sabores, colores… Mejorando la economía del país. Y van y ¡zas!. En toa la cara.
—DEUS EX MACHINA: Más de 500 establecimientos OVALE entre Asia, Europa y América; Marcas que ya distribuyen cigarrillos electrónicos con fantástico diseño abatible: Janty, Vision, Joyetech, Kanger e Innokin.
—No somos nadie.
—Naaa.
—Oye, ¿dejas a las niñas con sus abuelos y nos vamos a ver el fútbol?
—Hum. Allí al menos puedo fumar. Pero pasamos antes por ca Sicio, que voy a comprar unas velas.
—¡Es que vas a hacerle una cena especial a tu mujer pa ver si arrimas!
—No, hombre. Me han dicho que puedo ahorrar desde un 20 a un 45% en la luz.
—Eso es volver a las cavernas…
—O eso o ya no veo el fútbol más en el bar.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Americanadas


Americanadas
El niño cielo

La historia nos enseña que Norteamérica es la nación «primeraentodo». Un amigo me decía el otro día: «Incluso para ser descubierta». Si fuéramos al Guinness tendría el récord de récords Guinness. En fin, fuera coñas. Mejor dicho, sigamos con coñas. ¿A cuántos Presidentes han matado o intentado matar?, ¿a todos?, ¿podemos saberlo con certeza? —comento esto con tristeza, conste; de coña, pero de triste coña—. Pues, veamos: desde 1783, tras la Carta, 8 presidentes han caído ostentando su cargo; la versión oficial dice que 4 de ellos asesinados —imagino que no hubo forma de taparlo, maquillarlo, ocultarlo, cambiar los canales de televisión, dejar de emitir radio, desconectar satélites, dejar ciegos a los testigos antes de los sucesos, convencer a unos tíos para que se vistieran de negro y borraran sus memorias con un boli fabricado por Q, montar una película, literalmente, culpar a los extraterrestres, desviar la atención emitiendo cómo McGyver con burka secuestra La Estatua de la libertad usando un supositorio y una red o televisando cómo un alqaedano palestino se inmola mientras dibuja en el suelo el Pentagrama invertido—, a saber: Lincoln, J. Garfield, W. Mckinley y Kennedy. Parece todo un poco como de película, ¿verdad? Exacto. Es lo que ha conseguido esta sosegada nación, que todo sea un «show», pero no lo olvidéis: asesinaron a 4 de sus Presidentes del Gobierno, que sepamos. ¿Te lo imaginas aquí?
A propósito de trucos y engaños, ¿quiénes iban a ser si no los inventores del Marketing —no me refiero al primer mercadeo, pues Fenicios y tal ya lo hacían—? Bingo. Norteamérica. Las versiones son varias: hace unos siglos hubo un exceso de producción agrícola y aquellos agrupados consiguieron venderlo todo utilizando técnicas de venta, profesionalizando roles y evitando desechar la sobra, y de un gran resultado ya se sabe…; hace unos siglos aparece la primera revista oficial en Filadelfia; a partir de ahí: pósters, radio, publicidad, los botones conmemorativos de G. Washington, Singer, Macy’s y los precios impares, «I want you», artículos no comestibles para los súper, McDonalds, Coca-cola, Apple y Jobs, posicionamiento, Black friday, Halloween y sus disfraces, Acción de gracias y sus regalos, st. Valentine’s day…, y un no parar que convierte a EEUU en la fuente sapiencial de la mercadotecnia y el consumismo. ¿Qué es el Markenting? El engaño, la trampa, la persuasión, ganar a cualquier precio, no perder a cualquier precio, manipular a los otros, maquillar una situación, falsear la realidad, formar —no informar, que no os engañen—, y todo aquello que implique implantar un deseo, una necesidad o un motivo en alguien que no lo tiene, desea o necesita a cambio de obtener un beneficio.
Si aún no habéis visto los documentales en contra de la política y filosofía de vida estadounidense este es el momento —puede que no os guste oír ciertas cosas o no vaya con vuestros hábitos, creencias o afectos, pero todo lo que dicen está documentado y demostrado—: Bowling for Columbine, sobre la matanza de 12 niños y un profesor en un colegio a manos de 2 alumnos armados —¡cómo no!—; Farenheit 9/11, sobre financiación oculta y pactos varios con Irak, su petrolera enemiga —documental más taquillero hasta el momento—; Sicko, la sanidad retratada: aseguradoras privadas oportunistas y carroñeras, farmacéuticas psicotizantes, corrosivas, devoradoras, capitalizadas, hacedoras de drogodependientes, y hégiras y desfiles y cabalgatas y chorreos y procesiones de enfermos en ruta, por ejemplo, a Cuba, para curarse y poder ver a sus nietos; Super size me, Engórdame, retrato de un joven comiendo 30 días, 3 veces al día, comida de la exquisita, suculenta y próspera McDonalds, con dieta equilibrada, glúcidos, proteínas, verduras y fruta, y un final que no desearía tu mamá —el chef Jamie Olivier demandó y ganó a McDonalds por usar amoníaco para lavar su carne, no apta para consumo humano—; Food Inc., genial explicación de los procesos alimenticios desde el origen hasta la boca, en la América de las víricas Multinacionales; Estados unidos contra la obesidad; Waiting for Superman, que denuncia en palabras de Bill Gates el «desastroso sistema educativo» —parece que peor que el  nuestro, son los primeros, pero todo se andará—.
Como se puede ver, también son de los primeros en hacer autocrítica. Para mí el mejor ejemplo, además de los docus, Los Simpson. Pero esto ya es tinta de otro papel.

¿Qué os parece su estilo de vida? Mejor dicho, ¿su estilo de muerte?

miércoles, 30 de octubre de 2013

Una vez más: ¿estamos preparados?


Una vez más: ¿estamos preparados?
El niño cielo
3 de enero de 2010

Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces sobre la misma piedra: ¡qué triste!
El otro día visionaba –que dicen ahora los modernos– un documental sobre «obsolescencia programada»: las «cosas» que nos rodean están programadas desde su creación para que queden obsoletas en un tiempo concreto y predeterminado «de fábrica», para que compremos otras.
Luego recuerdo que mi coche anterior sufrió una «insuficiencia motora» del orden de ocho mil euros. Fatal. Vamos, que tuve que tirarlo, quiero decir; y comprar otro, se entiende. Y lo que pasa: no dejas de escuchar historias de otros a los que les pasó o de sus amigos o vecinos y tal y cual. Recuerdo también que me mosqueé con el tipo de uniforme gris y amarillo que trató de convencerme de cómo reanimar mi coche muerto, una terapia que era algo así como la sanidad americana, como he dicho antes: ocho mil euros. Yo le asediaba y hostigaba con mi boli en mano: oiga, los coches de hoy avisan de pinchazos, de cinturones de seguridad sin colocar, de que el niño ha manchado la tapicería rosa y malva con un trozo de pizza y me dice que son incapaces de avisar de una «insuficiencia motora». En fin, imaginad la respuesta.
Bueno, ahora resulta que esa marca, la de mi coche, anuncia varios modelos eléctricos para este año. Eléctricos totalmente, no híbridos. Los híbridos parece que han pasado inadvertidos. He visto alguno, pero no he visto una transición como se decía.
Lo normal es que el resto de marcas vayan al acecho. Imagino que en breve, unos meses, habrá más anuncios. Me lo veo venir. Como con la informática y todas estas tecnologías de hoy, que construyen un modelo y a los 2 días ya está otro departamento con la próxima evolución o, como ellos dicen, generación.
¿Nos hemos preguntado qué va a pasar? Yo creo que no. Y ¿qué puede pasar? Pues puede pasar de todo: para empezar, no sabemos cuántos años de garantía tendrá una batería eléctrica de coche, ni lo que valdrá cambiarla cuando se rompa; tampoco sabemos dónde se recarga la batería, aunque ya hay dispositivos para garajes, pero yo no tengo garaje...; creo que habrá servidores, «electroneras», pero tardan media hora o así en recargar, a día de hoy, y no sé ni dónde hay una; además, se supone que para cualquier reparación estaremos obligados a morir a nuestro taller, que es el que conoce el sistema y tendrá las piezas convenientes, porque un particular, como no «se ponga las pilas» rápido, lo va a tener chungo; y, claro, las piezas tendrán el precio que ellos dispongan e imagino que, al igual que con un microondas o una nevera, arreglarlo valdrá la mitad de lo que cuesta otro –no al principio, pero podría ser así–; y cuando se produzca un fallo o error inesperado seguro que no funcionará nada y tendremos que llamar a un técnico-reparador desde el móvil o a una grúa y directamente al taller, que nos cambiará el chip del montante de reacción interna del flujo eléctrico de invisibilidad inducida por ejes de acción simultánea completo por mil euros más mano de obra o servicio a domicilio o teledirigido: como la nevera; sobre todo por que tenemos la experiencia de multitud de aparatos eléctricos que sorprendentemente dejan de funcionar y, peor aún, no se pueden arreglar; al montante eléctrico habrá que añadir el informático: todos sabemos cómo funciona un ordenador después de unos 2 años ¿verdad?; error del sistema, actualización, formatear, reiniciar, ¿está seguro de que desea arrancar el vehículo?, le avisamos de que si reinicia el vehículo puede producirse un fallo inesperado, descargue primero el programa, actualice el sistema de arranque antes de arrancar el arranque, atención: arrancaización,  ¿desea que Renault le ponga en contacto con un taller oficial o envíe los errores?
Y quizá no. Quizás hayamos aprendido.