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martes, 7 de noviembre de 2017

El fútbol no se toca XVI

El fútbol no se toca XVI
Eva Tacazo

—¡Te digo que es lila!

—¿Dirás morada?
—Pues eso. Yo qué sé, me lío un poco con los colores.
—Tío, Lolo, yo qué quieres que te diga, en esta imagen no lo distingo.
—No «quieres» distinguirlo, mejor dicho… A ti nunca te ha importado España.
—Yo nunca he dicho eso, no tergiverses. Yo digo que no me exalto como tú, que te emocionas cuando entras a un McDonald`s porque sus colores son rojo y amarillo.
—¡Me identifico!
—Y yo no. Pero no es que no me importe España, es que me importa el mundo.
—¡Idioteces! ¡Vives aquí, coño, un poco más de espíritu!, ¿no?
—¿Espíritu?
—…
—…
—Lo han hecho a cosa hecha y punto. Está todo relacionado.
—Tío, Lolo, la camiseta no la hicieron hace un mes, ¿sabes? Eso lleva un proceso, diseño, decisiones, idas y venidas…
—Esa camiseta es sagrada.
—¿Me quieres escuchar?
—¿Qué?
—Pues que no está hablando tu razón sino tus sentimientos.
—Exacto, porque yo quiero a este país.
—Como los catalanes al suyo.

—¡No me jodas que les estás dando la razón!
—Escucha mis palabras y relájate… Estoy diciendo que tu «amor» por tu país, región, tierra o como quieras llamarlo es el mismo «amor» que siente un republicano o un separatista por su país, región, tierra o como quieras llamarlo. ¿Entiendes?
—¡Entiendo que estás ciego! Y no hay más ciego que el que no quiere ver.
—No se puede razonar contigo. Te enciendes, tío… Hasta las palomas se están yendo.
—Porque no les gusta tu pan. Seguro que es sin gluten.
—Y ellas lo saben, ¿no? Todas las camisetas han llevado azul siempre. Hasta el pantalón es azul.
—Eso no es azul. Es morado.
—Pues votaste a Podemos. ¿No deberías pensar que es su color e identificarte con ellos?
—Voté a Podemos, voté. Ahora ya tengo mis dudas.
—A mí esta discusión me parece ya una estupidez… Cuando te compraste el último coche, el Passat, ¿no te pasó que hasta que lo tuviste veías más coches Passat que nunca?
—…
—Cuando alguien se pone de repente a buscar piso está viendo constantemente carteles de Se vende o Se alquila.
—…
—Este debate social no existiría si lo de Cataluña no hubiera ocurrido. Es irracional.
—No puedes demostrar esos argumentos.
—¡Son estudios psicológicos! Además, no hace falta, te callas porque sabes que es verdad, pero no quieres darme la razón, egódoxa.
—No quiero darte la razón porque eres un manipulador y le das la vuelta a todo.
—¿En qué te he manipulado? ¡Te estoy dando explicaciones!
—Siempre has sido más inteligente que yo pero no me voy a dejar convencer.
—Y ¿eso te parece racional?
—No soy racional porque mi asunto es de sentimientos. No puedes tratar un asunto de sentimientos con racionalismo.
—Se dice racionalidad y…
—Ya me está corrigiendo el listillo.
—Si te molesta no lo hago y ya está… Y ¿qué te hace pensar que no puede hacerse?
—¿El qué?
—Tratar la irracionalidad con racionalidad.
—No me líes.
—Ufff.
—…
—A ver, te propongo una cosa: imagina que en el campeonato del mundo, a ti que te gusta tanto el fútbol y lo vas a ver, España cae en octavos, o en cuartos, da igual… Y entonces quedan…, yo qué sé, Holanda, Alemania, Portugal y Argentina. Seguirías viendo el mundial y te identificarías con algún otro equipo?
—Portugal, clarísimo. Cristiano Ronaldo… Y una final Portugal contra Argentina…
—¿Ves?
—¿El qué?

—Que se te ha pasado las fiebre nacional muy pronto, ¿no? Mira, usando las palabras del sabio, España, en su concepción futbolística, es una tribu del centro de África.

jueves, 24 de agosto de 2017

Otro paso más


Otro paso más
El niño cielo y El aprendiz


El suelo todavía exhalaba humo. El color, gris oscuro, casi negro. Las manos de cinco años de Adil jugueteaban con unas piedras que llenaban en su imaginación el vacío entre los escombros.
Nunca antes conoció tan claramente la ausencia.
Años después —como el coronel—, antes de colocarse el cinturón, recordó aquellas piedras y lo que proyectó en ellas.
A lo lejos apareció un hombre. Caminaba con el humo entre las gentes sin ser percibido, como un fantasma. Llevaba las vidas de miles de hombres a sus espaldas.  Le delataba su ropa volada al aire. Su sombra quebró el sol en la cara de Abdil; se arrodilló ante él.
—Tu nombre es Abdil.
Abdil miró a los ojos de ese hombre, pero no contestó ni una palabra. Le siguió hablando mientras le acariciaba el rostro, que tenía un tacto extraño, mezcla de lágrimas, sudor, mocos y arena. Sus ojos ausentes no reaccionaron ni a su nombre.
—Se llevaron a tus papás… Y te quedaste solo.
Esas palabras despertaron ligeramente al niño-hombre. Pero siguió mudo mirando la larga barba gris y los ojos que parecían comprenderle y llenarle.
—¿Sabes quién te hizo esto?
Después del hambre, Abdil sintió que por primera vez su alma interesaba a alguien. Esas palabras no llegaban a su maltrecha razón sino a su corazón.
—Occidente.
El hombre de aceite cargó al niño en sus brazos y ambos se hicieron aire con el humo.

jueves, 23 de febrero de 2017

Vergüenza


Vergüenza
El niño cielo

Suelo comprar fruta y verdura en Ca Jaime, al lado de mi casa, cruzando dos pasos de peatones. Pero Jaime abre a las cinco y media y yo volvía hoy a mi casa a las cinco, así que decido entrar en la frutería de Paco. Paco no es español, es indio, pero no sé su nombre así que si un domingo necesito patatas o fruta le digo a mi parienta que voy a Ca Paco.
Sí, Paco abre los domingos por la mañana. Y sábados por la tarde.
Cojo mis patatas, cebollas, almendras y voy para la caja.
—¿Ya? —me dice Paco con su castellano de aprendiz.
—Ya.
Entonces, mientras empieza a sacar mi cuenta, entra una joven de unos 28 años, muy maquillada ella —quiero decir que se ve que le ha dedicado tiempo a la cara, probablemente porque trabajará cara al público, y me parece muy bien que uno dedique tiempo a lo que es necesario—, e interrumpe mi turno y a Paco, muy educada ella también.
—Mira, de esas naranjas de ahí…, esas…, me pones 4 kilos…, y vengo luego, ¿vale?
Yo la miraba febril, recordando esas colas del Banco Fulanito tras las que llegaba mi turno al fin —¡yuhu!—, y una vez sentado se acercaban cinco o seis personas a darle un número de traslado de cuenta o una tarjeta de vencida o unas copias de hipoteca o unas tarjetas black al asesor que me atendía… Todo ello absorbía unos diez minutos de mi tiempo de conversación bursátil entre una cosa y otra, conversación que había que retomar y reemprender una y otra vez, como en un atasco. Todo muy profesional, como la sanidad.
Febril seguí escuchando, porque la joven seguía profundizando cual Schopenhauer en su disertación.
—Lo que pasa es que… las… ramitas…, esas ramitas —refiriéndose picajosa al tallito tan bonito e irregular que les queda a las naranjas al ser cortadas—, les quitas las ramitas, ¿vale? Es que… si no… las tenemos que quitar nosotros.
Pasé de febril a invisible. Duelo al sol.
Todo ello se lo dijo con un tono de corderito cuchufleto de ligue caprichoso de sábado noche, con el que debía de acostumbrar a camelarse al respetable de cualquier sarao.
Los ojos de Paco me miraron un segundo y cambiaron a azules, luego a rojos, luego a amarillos… Ella no lo vio porque a ella no le interesan esas cosas de altruismos y empatías tanto como las fotos de su insta. Yo sí los vi, fotograma a fotograma. Pude sentir por un segundo su vergüenza. Sonrió amable, vencido, sabía que estaba detrás de un mostrador, al servicio de una clienta habitual —porque le hacía un encargo para recoger luego, deduzco—, y no estamos para echar clientes.
—Es que es eso, si no los tenemos que estar quitando nosotros.
Volvió a la carga y dio otra coz como si con una vez no hubiera sido suficiente.
El bueno de Paco bromeó con su castellano de aprendiz. Y aceptó.
Se fue el maquillaje. Yo no llevaba rifle en ese momento para lanzar un tiro de alivio que me evitara el bochorno. Paco me cobró:
—4,20.
—La gente tiene mucha cara —le solté, para mostrar mi compasión por el abuso y la indignación.
—No sé… Ella tiene panadería aquí, en esquina… Son tres chicas por de mañana y son tres chicas por tarde. Yo pienso jefe contento si tú trabajas… Pero…Yo… Yo digo gente dice que en España no hay trabajo. Yo veo trabajo pero no veo…, mmm…
—¿Ganas?
—Sí, ganas.

lunes, 26 de diciembre de 2016

¿Tecnologías sí o no?


¿Tecnologías sí o no?
El niño cielo

Esta tarde leía un artículo titulado Tecnoescepticismo, escrito por Enrique Dans, un especialista en el campo de la tecnología y su impacto social —aunque mejor visite el lector su currículum si lo desea— y dueño del sitio web enriquedans.com, en donde analiza la relación tecnología y ser humano.
La idea está clara: una buena parte de la sociedad tiene dudas sobre el futuro que nos depara el avance tecnológico; Enrique Dans no tiene dudas.
A veces usamos «tengo dudas» como equivalente a tener muy claro que algo no te gusta o no lo quieres.
El caso es que este debate entre si las tecnologías son buenas o malas ya es materia vieja para mí, pero sí es nueva la aparición de nuevos argumentos.
El otro día visitaba un fragmento de la película Modern times, de Charles Chaplin, y me vino como un flash el mundo tecnológico actual. En ese fragmento había una crítica a la industrialización, al sistema capitalista de esa época, opresión, clasismo… Charlot es un operario de una cadena de montaje, ese objeto que marca el ritmo de trabajo a los humanos que allí aprietan tuercas, concretamente tres: Charlot, débil, enclenque, «noob»; un fortachón de dos metros, aguerrido y diestro; y un vejete ya cansado al que le cuesta pero ahí está buscándose la vida. Son tres personas inarmónicas a las que no se adapta el objeto, la cosa, la máquina, sino que ellos se adaptan a la máquina. Se suponía que las máquinas eran creadas para servirnos; sin embargo, aquí los obreros son como esclavos de la máquina que marca un ritmo atroz, estresante, al que Charlot sucumbe vencido y es devorado por ella.
Cien años después, en esta época de revolución tecnológica podríamos preguntarnos si algún agricultor cambiaría su tractor por el arado; como podríamos preguntarnos si nuestros mayores —y no tan mayores— que piden la compra por internet en diferentes supermercados porque casi no pueden andar, no pueden conducir, no pueden coger peso, lo cambiarían por tener que buscarse la vida para poder tener comida y productos de limpieza e higiene; incluso en este último año hemos incrementado las compras navideñas —sobre todo regalos— a través de internet con empresas online como Amazon, pero quizás alguien quiera seguir yendo a El Corte Inglés y desesperarse con empujones y colas, para que además no quede ese regalo que han pedido a Papá Noel o Reyes Magos.
Otra cosa es que usemos mal las tecnologías. Claro, sucede, como también ocurrió con la era de las máquinas, cuando se construyeron objetos mecánicos para robar coches, o armas automáticas para matar más rápido —a mí me viene a la cabeza esa época americana de los gánsteres y el frenesí—; hoy tenemos virus informáticos, espionaje en la red, Big data robada…
Pero ¿son las tecnologías o los humanos? La pregunta es retórica, por supuesto. Estamos detrás de cada cosa que hacemos. Nuestros actos nos delatan. A lo mejor mañana un tipo detona una bomba y nos volamos todos por el espacio; pero no es el avance tecnológico, es la persona.
Si, por ejemplo, se quedan por el camino muchos parados, trabajadores con 58 años que tienen muy difícil reciclarse, es porque algo hacemos mal o podemos hacer mejor; invirtamos más en educación y humanidad. Pero también veo algunos jóvenes con 20 años quejarse de que no pueden trabajar aquí o allí y, sin embargo, tampoco estudian más o se forman o se esfuerzan.
Yo también fui escéptico. Pero mi mente abierta y, sobre todo, la Historia, así, con mayúsculas, me hicieron progresar. La Historia es una gran doctora, una gran docente que parece que arrumbamos ahí, a un rincón, quizás porque la asociamos a fechas memorizadas y a reyes y bandos. Pero hay una historia, una intrahistoria, una microhistoria, la humana, que nos desvela el futuro. Deberíamos escucharla. Si hubiesen escuchado cómo Julio César fue asesinado, por poner un ejemplo, no les hubiera costado augurar el «asesinato» político de algún líder hace unas semanas.  
Como dice mi amigo, «yo abrazo las tecnologías». 

Ceda el paso


Ceda el paso
Eva Tacazo

Hete aquí que llovía a porrazos, el cielo estaba gris húmedo y los viandantes de siempre, los de siempre, paseaban en coche.
Con este panorama caminaba de un lado de la calle Robin de Locksley, de los Locksley de siempre también, que había abandonado hace años Sherwood, cansado de ser un fuera de la ley. Ahora cumplía con hacienda. En lugar de arco, paraguas. A su mano una inocente niña.
Del otro lado de la calle, Little John. En lugar de bastón, paraguas. A su mano una inocente correa y 2 inocentes perrillos que no se tropiezan con él porque las piernas de John son chiquitas comparadas con su oronda barriga.
Ambos se colocan pegaditos a la pared para no mojarse, como suele hacerse estratégicamente en estas disposiciones acuáticas. La niña, protegida. Los perrillos, entre las piernas del forajido.
Ambos se van acercando ufanos, abatibles, sin conejos en el cinturón.
Ambos quieren pasar por el lado diestro de la acera.
Se van acercando, cada vez más.
No hay río, pero llueve a cántaros y el único paso sin mojarse es arrimarse al lado derecho todo lo que se pueda.
Están muy cerca. Ninguno se aparta, ninguno cede y…

miércoles, 6 de enero de 2016

La cabalgata


La cabalgata
La niña lluvia

—Juan, ¡Juan!
—Yee, ¿qué pasa?
—Nada, bien.
—Ostia, no te oía con tanto ruido.
—¿Qué?
—Nada. ¡Pa casa ya!
—¿Habéis visto la cabalgata?
—Yo he visto un circo… Luego una película…. Y también una cabalgata… ¿Tú qué has visto?
—Ya, ya sé lo que dices… Lo mismo… Pero los chavales se lo pasan bien.
—Hombre, ya te digo, los chavales lo que les enchufes, pero ahí esta el tema… Es que… ¿Qué están viendo? ¿A qué han venido? ¿Qué le explico yo a mi hija?
—Explicar, explicar… ¿Qué le quieres explicar?
—¡Coño! ¡Pues a dónde ha venido!
—¡A la cabalgata de los reyes…!
—O al circo, o al cine… Pero ¿es que tú no has visto a Bob Esponja y a los de Star wars y a los saltimbanquis esos? Y al rato, cuando ya no podía tenerla más sobre los hombros, que ya pesa lo suyo, llega el tractor con la estrella…
—Pero estos se lo pasan bien.
—¡Y dale! Que eso está bien, pero hay más cosas…
—Las que tú buscas.
—No, si luego nos quejamos y no sabemos cómo nos hemos metido en el charco, pero nos hemos metido.
—¿Qué dices de charco?
—Nada, que luego nos quejamos de los que nos gobiernan y de lo que hace uno y lo que no hace el otro, que si los políticos, que si las farmacias, que si los albañiles, que si los profesores, que si el fontanero, que si el médico… Así estamos todos los días en el almuerzo, la comida y la cena. ¿O no?
—Sí.
—Pues eso. Mucho quejarnos y luego ¿qué hacemos? Nada.
—Pero ¿qué hay que hacer?
—Chico, pareces tonto. ¿Es que tú no estás viendo el sinsentido de esta cabalgata, que es el mismo sinsentido con que crecen los chavales, porque no entienden nada? ¿Es que no ves la falta de identidad de esta cabalgacirco o lo que sea? ¿Es que no ves que seguimos siendo «charanga y pandereta»? ¿Para qué se gasta el ayuntamiento dinero en los circenses y los disfrazaos de dibujos y los de Star wars, cuando a lo que venimos es a una cabalgata?
—¡Ah!
—¡Mira! ¡Cuando te he nombrao el dinero ya te has puesto alerta!
—Hombre, es que no te explicas, chico. Ve al grano.
—Pero si lo del dinero es lo de menos. Lo que pasa es que para ti es lo de más… Bueno, da igual. Si tú lo quieres ver por el dinero adelante. Nos está robando el ayuntamiento para que lo pasemos bien, los chavales se rían y haya alegría, pero esta cabalgacircodesfiledeloscojones es más caro que si hubiera solo reyes magos.
—¡Eso sí!
—Esto es un quiero y no puedo. Solo con reyes magos hay empresas que lo hacen mejor.
—Ya… pero sería un poco soso, ¿no?
—¿Soso? Es lo que es. Reyes magos. ¿Acaso tú te pides unas chuletas de cordero lechal y les pones salsa de roquefort?
—Mmmm, ¿por qué no?
—0o.
—A cada uno le gusta una cosa. No pasa nada.
—Ese es el problema, que somos muchos… ¿Entiendes?
—No.
—¡Que ya no hay criterio pa hacer las cosas ni ostias! ¡Que un restaurante que te pone salsa roquefort lo que quiere es que no notes que la carne no es tan buena como lo que te cobran!
—¡Ah! ¡Igual que cuando te rebozan el pescao y lo fríen! Eso es verdad.
—Pues eso con todo.
—Ya, pero está bueno…
—0o. De los caramelos ya ni hablo, ¿verdad?
—Chico, ¿también te molestan los caramelos?

jueves, 10 de diciembre de 2015

Volver


Volver
Miguel Ángel Jiménez-Velasco Candela

—Dicen que el mundo se va a la mierda.
—Pero el mundo no se mueve.
—En realidad sí, gira y rota y todo eso que te enseñan en la ESO.
—Ya, pero el mundo no tiene patas para irse a la mierd…
—Mereces un Nobel por ese descubrimiento. Bueno, pues eso, que sin patas o con ellas se va para no volver.
—“Con la frente marchita…”
—Escucha, el mundo está mal por gente que dice a los demás qué hacer.
—Otro Nobel para ti también, que eso viene de antes, de Fernando VII, y antes incluso.
—De siempre, y en España de mucho más que más. Reyes absolutistas y monárquicos, generales LIBERALES que reinaron de forma tan personalista como los otros, capaces de bombardear nuestras propias tierras por seguir sosteniendo una vara de oro y brillantes, gente sin moral que ha “calmado” revueltas con la actuación de la policía.
—Eso último no suena tan mal.
—Investiga sobre la Noche de San Daniel y luego me dices. Lo mismo da serviles que liberales, moderados que progresistas, burgueses que nobles, carlistas e isabelinos, izquierda o derecha, PP que PSOE.
—Y entonces ¿qué hacemos? ¿Anarquía? ¿Cambiamos el bipartidismo? ¡Jovellanos ha muerto hace mucho!
—Pues esperaremos la llegada de otro como él, de momento pásame el mando del aire que hace frío.
—Yo tengo calor.
—¡Te digo que hace frío, pásame el mando de una vez!

martes, 8 de diciembre de 2015

Platón y quién será el siguiente


Platón y quién será el siguiente
Dante

¿La sociedad está “yendo de mal en peor” y “el mundo se va a la mierda”?
No, sinceramente, el mundo no se irá a ninguna parte, pero dependiendo del lado de la balanza en el que estemos veremos la vida con un cristal de un color u otro del símbolo de Pink Floyd.

Tomemos el ejemplo de Singapur: un pequeño islote cenagoso que fue colonizado por los ingleses en la edad de piedra local. Cuando se marcharon, dejaron la típica colonia portuaria donde la gente se comía hasta las uñas para sobrevivir.

Todo cambió cuando llegó Lee Kuan Yew, uno de los hombres más grandes que anduvieron sobre la tierra. Elegido democráticamente, hizo de Singapur una de las naciones más poderosas y estables, lo que hizo a los inversores y empresas competir por el espacio de oficinas allí a puño y navaja. Fue vilipendiado por los medios de comunicación mainstream. Sin embargo, el Ministerio de Verdad orwelliano se quedó indefenso ante lo empírico.

Singapur, una “dictadura”, tiene ahora un millonario por seis habitantes, y sumando.

Pero no puedes mascar chicle allí.

Pongamos ahora a Europa en la mira: un continente fosilizado, bruxelizado, y musulmanizado.

Un espacio de Schengen y amor donde los islamistas radicales no constituyen un peligro en absoluto. Un lugar de justicia social donde te rebanan la cabeza si la sacas demasiado.

Es la democracia, manejada no por poderes en la sombra sino por burócratas que intentan “salvar el mundo”, ese virus implantado bajo los cráneos de la generación del 68.

lunes, 30 de noviembre de 2015

Me dirijo a usted o La confianza en el progreso


Me dirijo a usted o La confianza en el progreso
La niña lluvia


1) Disculpa, pero el otro día me mandaste una medicación y acabo de ver en internet otra igual pero más barata. ¿Me lo puedes aclarar? Otra cosa, me he informado y tenías que haberme explicado más detenidamente de que me ibas a introducir la sonda esa por la nariz, porque desde luego yo me hubiera negado, faltaría más. No lo hice porque no podía ni moverme cuando ya me habías metido parte del cable ese, y yo pensaba que era normal, pero por lo que me cuentan no siempre es como lo hiciste tú y otros médicos tienen más consideración. No pretendo darte lecciones ni nada, pero creo que deberías pensarlo y planteártelo. Somos personas ante todo. Y yo no me sentí persona, faltaría más.

2) Buenas tardes, ante todo:
El otro día me vine con la dieta que me hiciste. Soy Josefina Triveca Relaño. El caso es que miré una cosa que había escrita que ponía que tomara los hidratos de carbono, pero una amiga que entiende me decía que eso son azúcares y que voy a engordar. No sé si es que me lo pusiste equivocado o es que mi amiga no me lo ha explicado bien. ¿Podría contestarme cuanto antes para poder empezar a tomar la dieta? Tengo necesidad.

3) Hola. Quiero decirte que el otro día mi hijo quedó para hacer un trabajo con un grupo de la clase para su asignatura y quedaron en casa de uno pero a mi hijo no le avisaron y preguntó y no le decían dónde quedar y no pudo hacer el trabajo por esa razón y creo que usted le va a poner un cero. Quiero que lo sepas porque es importante que un alumno no sea minusvalorado por la sociedad y todos tenemos que poner nuestro granito de arena y aportar para que eso cambie y desde luego mi hijo y yo estamos en ello y le ruego que lo tengas en consideración para que aquellos alumnos recojan el fruto de lo sembrado y tengan su merecido.

4) Buenos días, soy Juan Osado García:
El otro día en el partido de mi hijo vi que lo quitó cuando no llegó al corte y nos metieron el gol. Sospecho, y usted me confirmará, que lo quitó del campo por esa situación. Creo que no se ha dado cuenta de que lo que usted hace es culpabilizar a mi hijo, que por supuesto llegó a casa destrozado, diciendo que había sido error suyo. Mira, ser entrenador es más que unas cuantas reglas estratégicas y un cursillo de verano. Hay que tener mucha psicología para trabajar con personas y no caer en cargar culpas ni desacreditar a la gente como has hecho en este caso. Me parece imperdonable tu actitud y no es la primera vez que me llegan comentarios parecidos de los hijos de otros compañeros. Has desmotivado a mi hijo y quiero que ahora lo soluciones. Podemos quedar un día después del entreno. Aprovecho para recomendar desde mi modestia que el sistema que planteas no es bueno y está descompensado. No llega el balón a las bandas. La defensa está muy atrasada. Y hay cierto jugador que ya hablaremos que está descolocado, no cumple y mi hijo podría perfectamente suplirle.

5)
—¿La cuenta, por favor?

—Se la traigo ya.
—Pero ya ya, porque…
—¿Algún problema señor?
—Pues mira, ya que lo preguntas, sí. Aún no me has traído la cuenta, pero me imagino que gratis no es. No se pueden cocinar alubias sin chorizo potente. Y eso lo sabe cualquiera, ¿verdad? Estaba falto de sal, de sabor… Y me ha parecido que le habéis añadido sal al final cuando os habéis dao cuenta.  Y la fritura estaba seca. Pero seca como la mojama. El rebozao no se hace con tanta harina.
—Tomo nota señor, pero entienda también que a veces puede ser una cuestión de gustos.
—¡Ah! ¿Quieres decir que tu gusto está por encima del mío?
—No, señor, para nada.
—Pues es lo que has dicho. ¿Lo ha dicho o lo ha dicho?
—Discúlpeme, señor, siento haberme expresado mal. Le traigo la cuenta.
—Venga, rapidito, que tenemos prisa.
 

lunes, 6 de julio de 2015

El zoo


El zoo
Eva Tacazo, Díptero impertinente y Galgo atigrado

Año 2015, mayo… Finales de mayo… veintialgo de mayo…

—Matías, ¿no ves a los animales un poco inquietos, nerviosos y… como asustados en sus jaulas?

1 de julio….

—Buenos días, Su Eminencia don Salvador Gracia Pas.
—¿Cómo estás, Robertito? ¿Qué tal la familia, y tu madre?
—Mi madre como un roble.
—Estupendo, estupendo.
—Buenos días también a usted, don Silvio Foresto. ¿Cómo está?
—Bien, gracias.
—Les presento a ustedes. don Silvio, este es Su Eminentísimo y Reverentísimo Señor Salvador Gracia Pas, Cardenal de España… Don Salvador, este es don Silvio Foresto Fau, Catedrático en Zoología y Paleontología y en Biología evolutiva… Bienvenidos al Zoológico Las Batuecas. Como ya les dije por teléfono lo que tenemos aquí es realmente un suceso anómalo, así que necesitamos… eh… ¿cómo lo diría?: las 2 espadas, ¿verdad?, o sea, ustedes.  Son ustedes los únicos ajenos al zoo que van a disfrutarlo. En una semana ni un solo miembro de este humilde zoológico ha salido a la calle. La familia nos trae la comida. Porque el fenómeno nos tiene absortos, abstraídos, abismados.
—abeese.
—Je, je. Abro la puerta y… pasen por aquí.
—Gracias.
—Gracias.
—Vamos a ir recinto a recinto y jaula a jaula… Aquí llegamos ya a la primera. Juzguen ustedes mismos. ¿Qué les parece?
—¿León, hiena y cebra juntos? No puede ser, a menos que haya medicación de por medio.
—¡Hemos vuelto al Paraíso! ¡Qué maravilla! ¿Qué habéis hecho? ¿Qué pedagogía utilizáis para practicar yo esto en mi Pastoral?
—Le puedo garantizar, don Silvio, en nombre de estos empleados que no hay ninguna medicación. ¿Pedagogía, Su Eminencia? Tampoco. Ojalá fuera cosa de pedagogía. Pero no se adelanten. Sigamos… Aquí está la siguiente. ¿Cómo lo ve, don Silvio?
—¿Araña, Mantis religiosa y mariposa, y están cooperando en la elaboración de la tela de araña de la araña? Esto escapa a toda lógica. Estas especies están hechas evolutivamente para competir por el mismo alimento, la mariposa, no para la cooperación interespecífica, y menos con una presa delante como la mariposa.
—Desde la antropología adecuada, la fraternidad que observo es el cumplimiento del mandato divino. Esta es la ley de Dios.
—Sigamos, que aún no han visto lo mejor… Ya estamos en el Acuario. Miren.
—¿Una orca, un tiburón blanco, una foca, un pingüino y dos sardinas? ¿Y… parece que… todos… se están… alimentando de plancton?
—¡Falta el gato!
—Además, don Silvio, este es el tiburón blanco más grande que existe en cautividad.
—Tantas especies antagonistas juntas... Esto es digno de estudio.
—Ni el mismísimo Noé en su arca hubiese podido llegar a tal perfección en la convivencia de estos animales.
—No lo han visto todo. Acompáñenme… Ahí está.
—¿Una amapola, una hiedra, un girasol y una carnívora, que según veo es una Drosera rotundifolia?
—Sí, sí. Ayer, el girasol no captaba el sol suficientemente bien y la hiedra lo envolvió y le ayudó a girarse…
—No puede ser.
—Y le dimos una mosca a la Drosera y la compartió con la amapola.
—¿Dónde está la cámara? Porque yo no he viajado desde Barcelona tres horas para que pongáis las imágenes en un absurdo programa de televisión y se rían de mí.
—No, hijo mío, esto solo lo puede explicar un milagro.
—Les garantizo que no hay ninguna manipulación.
—En ningún ecosistema terrestre pueden darse estas situaciones de manera natural. Comparten e intercambian actitudes, rasgos, patrones de conducta exclusivamente intrínsecos de cada especie. ¡Es que no es normal, no es natural! ¿Entiende? Explíqueme usted entonces cómo se pueden producir estas relaciones entre especies contra natura.
—Con el pecado original en toda la faz terrestre el mal se apoderó de todos los seres vivos. En este lugar estoy constatando el mismísimo Edén.
—El misterio os lo podemos desvelar porque tenemos videos. Pero no el origen.
—¿Podrá demostrar que esos videos no han sido manipulados?
—¡Por favor! No hay ningún tipo de edición en las imágenes. Puede traer a un experto informático.
—…
—Se lo garantizo... ¡Matías, pon el video!
—Me siento porque estoy abrumado.
—Fíjese. Ahí lo tiene. El león se había escapado y miren cómo busca la jaula de la hiena… Le ayuda a abrirla…
—¿Y… se… van… a la de la cebra… y entran?
—Ya se lo dije. Fenómeno espontáneo. Natural.
—Eso, siempre que no sea una broma ridícula…
—O milagro.
—Podría cambiar los cimientos del conocimiento. Esto va más allá de la leyes de la naturaleza. Es más, las cambia completamente. Es un sistema cooperativo y totalmente ilógico, irracional. De hecho la pregunta sería hasta cuándo van a aguantar el león y la hiena sin devorar a la cebra…
—Llevamos unos días y funciona.
—No me convence. Hoy mismo pienso llamar a mis colegas de profesión, los mejores expertos que conozco, para explicarles lo que acabo de ver. Vamos a estudiar a fondo cada caso, y espero que no sea ninguna especie de truco de ilusionista barato.
—Hoy mismo llamaré al Papa Francisco para que avise a los investigadores del Vaticano y que cooperen con vosotros. Esto puede ser… un filón.
—Comprendo su postura, Silvio. Les diré que nosotros mostramos también cierta incredulidad, por un lado, y fe, por otro. Para evitar que nuestra objetividad se viera anulada por este suceso, ya que estamos en el mismo entorno de estudio, necesitábamos una persona ajena. Llamamos hace dos días a una pizzería a domicilio e invitamos al sujeto a pasar y valorar los hechos.
—¿Y qué le pareció al repartidor?
—Al principio él mismo no entendía ni qué le estábamos pidiendo que valorara. Luego cayó en la cuenta y no creía lo que veía. Pero enseguida sonrió y le pareció curioso y gracioso. Incluso expresó, y cito literalmente: «Pos a mí me parece bien. Ya estaba harto de ver en to los zoos los leones con los leones y las cebras con las cebras. Esto es más divertido».
—La ingenuidad del pueblo.
—La fe y la bondad del pueblo.

27 de noviembre…

—Buenos días, llamo del Zoológico de Babia. Querría hablar con Silvio Foresto Fau porque tenemos un lío aquí… Y me consta que ya investigó un caso similar hace unos meses y…
—Un momento, por favor, le paso con el Departamento.
—Buenos días. Mire, don Silvio Foresto ya no trabaja aquí.
—Ah. ¿Dónde puedo localizarlo?
—Lo siento pero no tenemos ni idea.
—¿Cómo?
—No sé qué decirle. Estuvo liado con un trabajo y tal, es cierto, pero parece que no le iba bien… Fue un rompecabezas que no pudo descifrar… En fin, ¡el ser humano! Y se fue.
—Mmmm. Vale, gracias… A ver, 699 996 696… Hola, buenos días, con su Eminentísimo y Reverentísimo Señor Salvador Gracia Pas, Cardenal de España.
—De parte de quién.
—Bueno, ya llamé hace unos días para pedir cita justamente a esta hora… Soy Jafet Cam Sem, del Zoológico de Babia.
—A ver… Sí, aquí está su cita, le paso.
—Buenos días, hermano.
—Buenos días, Su eminencia. Soy Jafet Cam Sem, del Zoológico de Babia. Nos ha surgido un caso similar al que usted investigó en…
—¿¡Zoológico!? ¡Maravilloso! ¡Milagroso! ¡Portentoso! ¡Prodigioso! ¡Asombroso…!
—Oiga…, ¿Oiga…?
—¡Extraordinario! ¡Sobrenatural! ¡Increíble…!
—¿Oiga?, ¿oiga?