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jueves, 4 de diciembre de 2014

El fútbol no se toca VII


El fútbol no se toca VII
Eva Tacazo y Díptero impertinente

—¡Malos días por la mañana, Alfonsín!
—Chico, ¡qué triste, taciturno y compungido vienes hoy!
—¿Te has comío el diccionario?
—No. Es un título de la prensa que acabo de leer sobre el hijo de la Pantoja.
—Mala cara traes, Luis ¿Qué te ha pasao?
—Que qué me ha pasao, Mari Luz…, ¡que me cago en to! Échame un cortaíto fuerte y un croasán y os cuento, que me quedan 4 minutos, no me da tiempo ni para un carajillo.
—Te lo pongo ya.
—Ya decía yo que era raro que tardaras.
—Escucha. Salgo de casa. Pum. Ascensor. Pam. Planta baja. Pim. Garaje, coche, arranco tan tranquilo… Y no sube la plataforma de los huevos.
—¿La plataforma? ¡Mira que te lo dije, Luis! Es una chorrada…
—¿Qué plataforma, Luis?
—Es un ascensor de coches. Que ha cascao… Yo creo que será el hidráulico, el pistón… He intentao mirar ahí qué pasaba..., tal, esto, lo otro… Y nada. Taxi y pastón. Y encima tarde. Así empiezo la mañana: cabreao.
—Tanto pijerío, y después ¿qué? Donde esté una rampa con su puertecita de toda la vida…
—Si fue por el espacio. El constructor decía que no había espacio…
—Pues yo ni rampa, ni ascensor, ni garaje… ¡Que os quejáis de vicio! Ala, aquí tienes, Luis, cortaíto y croasán.
—Gracias.
—Y ¿te enteraste de lo del fútbol, lo de Atleti?
—Algo he oído en la radio del taxi.
—¡Unos sinvergüenzas y unos zumbaos!
—Déjalos que se maten. ¡Acaso no saben dónde iban!
—Tampoco es eso, hombre.
—¡Que los tíos habían quedao antes de los hechos! Opina tú, si no.
—Eso han dicho, pero dejarlos…, no sé yo… Habría que…
—Sí, hombre. Yo les construía a todos estos un Ostiódromo. Y que se maten allí… ¿200? Pos 200 animales menos. Y luego que sus familias vayan allí a por ellos y los entierren si quieren.
—Como en las batallas de la Edad Media: a reconocer cadáveres y a recoger baratijas y relojes. ¡Qué triste!
—Así aprenderíamos. ¿Qué no, Luz?
—Luisín, Luisín. Eso es muy bestia… Ahora que sale el Wert hace ná en la tele y dice que los clubes deben tomar medidas. Y digo yo: ¿los clubes de qué?, ¿qué medidas? ¿No dejarles entrar al campo? Eso es un parche que dura un santiamén. La van a montar igual en bares, pubs, en la calle… Lo que hay que poner son medidas educativas, ¿no? Digo yo, vamos, que soy un poco inútil y no tengo estudios pero… pan para hoy, hambre para mañana.
—¿Educar? ¡Eso es para mañana, mujer! Eso ni gusta ni convence al pueblo, que pronto tenemos que votar. Estos no hacen nada para mañana. Perderían las elecciones.
—Ná, echar la culpa a otros, lo de siempre, eso sí lo hacen bien y pronto: ¡la tuya es más pequeña!, ¡tú no sabes ná! Así están tol día estos inútiles.
—Y no van a la causa de todo, al origen...
—Y ¿cuál es?
—Mira, yo soy ramplona y yerma, pero me atrevería a decir que hay una ensalada de varias cosas.
—Como tú eres cocinera…
—¡Calla y déjala seguir!
—La ensalada llevaría inseguros que tienen que estar en grupos para no sentir el vacío de la soledad; tontazos de nacimiento, que no hay quien los cure; musculitos acomplejados que llevan años machacándose y quieren probar si ha valío la pena; ultras de esos que antes llamaban nazis y se dedican a eso, como un pasatiempo; delincuentes sinvergüenzas... Y ¿qué tienen todos de igual? Necesitan estar con otros, porque juntos se sienten como arropaos, calentitos, y esos otros son iguales. Se sienten como si fueran uno solo, y se pasan horas hablando de sus cosas, de lo que hacen juntos, se acuerdan de esto y de aquello, y se creen suertudos por ser así, por tener cosas en común. Y luego se ríen de los demás que no son como ellos… Ah, y lo siguiente es quejarse de los otros porque no son iguales, reírse de las cosas de los otros, digo, como si les molestasen, a veces insultarles; y de ahí a darse guantazos poco queda… Van estropeándose, como todo lo que se come.
—¡Me cago en tó que me he embobao oyéndote y llego tarde! Nos vemos. Luz, ahí te dejo esto, cóbratelo y pal bote. Alfonsín se paga lo suyo.
—Oye, Luis, y ¿el cumpleaños de esta tarde?
—Sí, sí. Pasa a por mí y recogemos a tos los chavales, como habíamos quedao…
—¡Enga!

Muchos papeles, acuerdos cerrados, visitas comerciales y llamadas perdidas y saliva, mucha saliva gastada después…

—Bueno, chiquilla, aquí te traigo a toa’esta tropa.
Un autobús de niños galopa y se agolpa fiero y sanguinario hacia la zona de juegos: bolas de colores, toboganes de colores, camas elásticas de colores y gomaespuma de colores en las paredes y en las botellas de agua. En otra, zona de videoconsolas. Más allá, tocadores rosa, sillitas reales rosas, vestiditos monísimos en diferentes tonalidades de rosa, bolsitos divinos y demás accesorios pensados exclusivamente para gustar.
—Muy bien. ¿El nombre del grupo?
—¿Eh?
—Ummm. Dígame su nombre.
—Ah, no… Llamó mi mujer. Mire a ver por ahí si pone Josefina.
—Aquí está. Pues nada, pasen los adultos a la cafetería y ya está. Se los devolvemos dentro de una horita para la merienda.
—Ah, nosotros subimos, ¿verdad?
—Claro. Nosotros nos ocupamos de todo.
—Sí. A mí me lo dijo Lola. Se encargan de todo, Luis. Vámonos pa’rriba.

Plato de mejillones en lata y 6 cervezas más tarde…

—Míralos… ¿Tú te acuerdas de nuestros cumpleaños?
—¡Hombre! Muy diferentes.
—Sándwiches de jamón, nocilla, olivas, queso, patatitas de bolsa…
—Tarta de tu madre, de almendra de la buena, casera, cogida del campo, ¡que mordías y te metías unos tropezones de almendra…!
—Y el bizcocho con sus hormiguitas de chocolate… Ummmm.
—Y al soplar las velas todos reunidos, con la emoción de ver cómo se apagan, o si había que ayudar a soplar. Todos queríamos que ese fuera nuestro cumple.
—A veces mi madre hacía también unos creps caseros con chocolate Valor a la taza. ¡Buah!
—¡Ya ves!
—¡Y el reparto de juguetes!
—Todos eran especiales. Supongo que no era tan normal tener regalos cada día.
—Nos hacía mucha ilusión.
—Y lo mejor era el después: a jugar al fútbol, estriar los equipos con la emoción de quién irá contigo y poder elegir al mejor.
—3 horas de partido.
—Hasta que se nos cayera el alma.
—Y ¿te acuerdas de cuando jugábamos a pillar en el salón pero con las luces apagadas?
—Sin que nos vieran los padres…
—Claro. ¡Vaya guantazos que nos dábamos unos con otros!
—Acuérdate de El mellao, que le pusimos el mote porque se partió los piños de delante jugando.
—Ya no me acordaba. ¡Vaya piezas! Lo que me reí ese día.
—Bueno, a él no le hizo tanta gracia. Desde entonces las pipas las tenía que comprar peladas…
—¡Qué buena juventud la nuestra!
—…

Respiración profunda.

—Y mira estos.
—Ni punto de comparación, hombre.
—¡Hamburguesas, perritos, pizzas…!
—¡Patatas fritas congeladas!
—Y la tarta esa de chocolate…, que es prefabricada, como digo yo. Estaba seca. Eso no es comida de verdad.
—¡Qué va…! Y cuando han entregao los regalos… Todos ahí como salvajes a abrirlos. Los abrían y ya está. Tu hijo no hacía ni caso a ninguno.
—Sí, lo he visto. Y uno ha cogido la metralleta esa de luces, ha disparao, ha visto la luz y el ruido y ya está. La ha dejao tirada y a otra cosa.
—Y todos cogiendo los regalos del chaval… Y él no cogía ninguno, o sea, cogía uno y lo dejaba, y a otro. Y ahí se han quedao. ¡Ala, a jugar a las pelotas estas que no sé pa’qué valen! 
—En vez de jugar al fútbol y… Joer, deporte físico…, contacto, te haces fuerte, haces compañeros pa’toa la vida, compites, te esfuerzas…, ehhh…
—Te superas.
—Te superas. Si se lo digo yo.
—Ellos qué deporte hacen… ¿Playstation? Míralos, enganchaos ahí a una pantalla y a un cable, sin cosicas de verdad.
—Sin roce, sin toque…
—Sin ducharse luego juntos.
—Sin sudar. Apretando botones…
—No son héroes. Luego no saben jugar al fútbol de verdad, solo en la maquinita.
—Que además es mentira, que la máquina hace cosas de Óliver y Benji…
—Y ¿las niñas? Míralas ahí maquillándose, poniéndose zapatitos rosas…
—Despertando celos de una a otra por ver quién es la más guapa.
—…
—Esto es una mierda de cumpleaños.
—Yo porque me lo ha dicho Josefina, si no yo aquí no vengo a celebrarlo.
—Mira esas madres orgullosas sonriendo por ver a sus hijas de pasarela…
—Si acaba mi Luisito con una de esas niñas lo mato. A él y a la niña.
—Y a la madre.
—…
—…
—¡Qué de sinrazón!

DEUS EX MACHINA: ¿No nos damos cuenta de que los tiempos cambian? ¿No sabemos o no queremos adaptarnos? ¿Por qué necesitamos exaltar lo nuestro? Es más, para exaltar lo nuestro ¿por qué necesitamos despreciar, negar y rechazar lo de los demás? ¿Acaso la Ilustración nunca pasó por nosotros? ¿Acaso doscientos cincuenta años después cada nueva generación juega a asesinar a Esquilache?¿Seguro que somos muy distintos de esos hinchas o es que no se ha encendido la mecha necesaria? ¿Vemos la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio? ¿Todo esto es producto de la socialización? ¿Es necesario hablar?

jueves, 30 de octubre de 2014

El nuevo juguete


El nuevo juguete
Díptero impertinente y El niño cielo

Mesa larga, roble, interfonos, pantalla.
Traje y corbata, maletín, barriga, afeitado al ras, colonia barata, papeles… Intenso, memorietas, sonrisa espléndida y tierna, muy ensayada:
—¡Buenos días, señores!
Sillas cómodas, piel.
Traje, corbata, reloj de oro, tres móviles, llaves del coche, barriga. Despreocupado, egódoxa.
—Ya estamos todos, Miguel Ángel. Ponnos al día.
—Enseguida, señor Fraguas. Organizo y empiezo.
Traje en dos colores, corbata con brillo, reloj bañado, dos móviles y una Tablet último modelo:
—Falta Félix, que está en la puerta. ¿Le hago pasar?
—Sí. Cuanto antes…, ¡que tengo la agenda que tira humo!
—¿Qué te dije, Miguel Ángel? ¡Trabajo hasta arriba lleva el señor Fraguas!
—Me hago cargo.
Por la puerta. A la silla. Vivaz, adivino, casi mágico, expeditivo, currela y resilente.
—Buenos días.
—¿Qué tal?
—Félix es nuestro Gestor de recursos.
—Excelente. Pues empezamos ya… Bueno, pues como le comenté a Agustín, que ya salió en el BOE en marzo, la nueva normativa ofrece la posibilidad de invertir en cursos de diseño de la mejora cualitativa. Nuestra oferta requiere mi visita, supervisión y organización durante un año formacional laboral, que mejora a los empleados, el rendimiento y la productividad, y tres años más de recopilación de datos informacionales directos de ordenación inclusiva, con el correspondiente título de Gestión Administrativo-Empresarial De Implementación Cualitativa, el GAEDIC.
—Brillante.
—Admirable presentación, Miguel Ángel. Señor Fraguas, ya se lo dije. Es lo último en inversión de mejora. Se está desarrollando en EEUU.
—Y más. Ahora mismo copamos y abarcamos Argentina, Croacia, Islas Feroe…, por poner ejemplos mundiales. La última empresa que visité ayer mismo para el cierre a 5 años aumentó su productividad de un 25% a un 85%, y manteniéndose. En breve no habrá empresa que no gestione a través del paradigma GAEDIC.
—Bueno, con su permiso, yo todavía no lo he entendido totalmente. ¿Puede especificar?
—Félix no le interrumpas.
—…
—No, no pasa nada. Sí… Las especificaciones no puedo desarrollarlas porque estaríamos aquí hasta las tres, y de hecho se desarrollan durante el curso que para eso está, pero puedo adelantar el formato si lo necesita.
—Lo necesito.
—Félix, por favor, que para eso está el curso.
—Es que el que lo tiene que procesar y transmitir a nuestros empleados, con lo que eso supone, soy yo. Si no me queda claro…
—Félix es un talento…, ¿cómo diría yo? ¡Es nuestro talento!
—Sí, es nuestro talento.
—Él vela por mis, nuestros intereses. Y lo hace bien, todo hay que decirlo. A cada cual lo suyo.
—A cada uno lo que merece.
—Sin embargo, Félix, recuerda mi agenda…
—Recuérdalo, Félix…
—Ya. Por supuesto que la recuerdo, señor Fraguas, pero… Yo solo…, en fin, que no lo he entendido. ¡O sí! Es que me ha parecido el mismo perro con distinto collar.
Traje y corbata, maletín, barriga, afeitado al ras, colonia barata, papeles… Intenso, memorieta, menos sonrisa y algo despreciable también.
—¿Cómo?
—No sé. A ver: hace siete años nos embarcamos en el Sistema de Administración Por Procesos Coyunturales, ¿lo conoce?
—Sí, lo recuerdo. No es nuestro, quede claro. Aquello fue un fracaso y se veía a la legua. Nosotros
—Ya pero quiero decir que la base era la inversión de recursos en Coyunturas. Fallos o debilidades, aciertos o fortalezas, coyuntura directiva, coyuntura deictiva y coyuntura trasplacional. ¿Lo recuerda usted también?
—Sí, sí. Ya le digo que
—Aquello no sirvió de nada. Quiero decir que, tras mucho tiempo dedicado y tal, no lo pusimos realmente en práctica y hace 1 año lo abandonamos. Además, luego cambiaron la legislación y
—Ya pero ahí no entramos nosotros que...
—Y quince años antes, ¡eh!, yo llevaba apenas dos años aquí, tuvimos la Ley de Procesos de Inventiva Proyectiva. Y esa sí era suya…
—Bueno, era nuestra pero yo no estaba allí por aquel entonces. Yo llegué en el...
—Da igual. Eso da igual. Aquello de la proyección de las Inteligencias y la direccionalidad con predatos y tal yo lo vi ya un bizcochito y mire dónde quedó.
—Pues, mire, Félix, lleva usted razón, lo admito. Aquello fue una desbandada de cuervos que nos dejó out, a nosotros y a EEUU y demás. Pero déjeme que le diga una cosa como estudioso del tema: la idea era buena, buenísima, pero hay circunstancias que ocurrieron, y ustedes saben a qué me refiero, que no permitieron al plan despegar.
—Claro.
—Y tan claro. Félix, como se suele decir, tú acababas de llegar, hombre.
—…
—Por cierto, caballeros, ya que esto se está alargando…, ¿nos tomamos un café?
—Ah, pues sí, vi una máquina en la puerta antes de llegar y dije luego cuando salga…
—No, no. De esa no. Espere.
Interfono. Botón.
—Suárez, tráigame el café en grano de mi despacho… ¡Este me lo traen de Manizales, Colombia! Y va con una máquina especial que
—Señor Fraguas, ¿dónde se lo dejo?
Café y máquina cromada brillantísima, ¡un espejo!
—Aquí, aquí encima. A ver, ¿cómo se ponía esto? Sí, era por aquí. No, esto no… A ver… Félix, ¿te acuerdas tú?
—Por supuesto. ¿Cuatro tazas?
—Si tú tomas entonces cuatro.
—Como le decía, Félix, las mejoras después de todos estos años de estudio son efectivas. Buscamos la eficiencia del empleado, de la gestión y la productividad.
—Productividad es eficiencia.
—No si no tiene usted cronogramas.
—¿Cómo?
Sonrisa espléndida y tierna, muy ensayada:
—Claro. Ya sabía yo que el nombre le iba a resultar interesante. Pero es un adelanto, no puedo profundizar mucho. En EEUU nos dimos cuenta de que el tiempo es oro.
—Oiga, eso lo sabe mi abuela.
—Déjale acabar, Félix.
—Félix, por favor, déjale acabar, a lo mejor aprendes algo.
—Gracias. Decía que el tiempo es un recurso muy valioso al que no prestamos suficiente atención. Creemos que más tiempo es mejor trabajo. Eso no es así.
—Ya lo sé. Aquí gestionamos el tiempo. Yo mismo me encargo.
—Sí, pero ¿en base a qué? ¡Eh!
—Pues nosotros
—¡Ahhhh, esa es la cosa! Para eso tiene usted los cronogramas. Y cada cronograma es un medidor, un dato, un indicador que nos permitirá hacer un balance final. Por ejemplo, ¿ustedes saben ya cuánto dedica cada empleado a su tarea? Y lo pregunto con exactitud matemática.
—Matemática, matemática no, es que
—Ahhh, ¿ves, Félix?
—Sí, ¿ves? ¿Es que no estudiaste matemáticas? Pues son para aplicarlas.
—O sea, hay que hacer un cronograma, un medidor del tiempo exacto de cada tarea de cada trabajador. Y ¿para qué exactamente?
—Para saber matemáticamente cómo rinden y si se puede mejorar su rendimiento.
—Ya veo. Quiere decir que si un empleado utiliza treinta minutos para descansar y almuerza, y le sobran once minutos, por ejemplo, ¿debo reducirle el tiempo de descanso que no utiliza? O, si necesitan ir a mear, ¿acaso hay un número determinado de meadas?
—¡¡Félix!!
—…
—Bueno, nosotros ofrecemos la captura de datos en base a una organización eficaz de recursos, entre ellos el tiempo, pero no vamos a decirle qué debe hacer usted con el empleado porque esas son decisiones internas, como usted comprenderá y nosotros no somos nadie para intervenir. Nosotros señalamos. Pero algo va pillando, ¿lo ve? Los estudios médicos y estadísticos determinan que, si una persona no bebe más de un vaso de agua en 4 horas, una sola meada de 39 segundos, +-5, es más que suficiente, lo cual además ayuda a mantener el control de esfínteres, que para la vejez es ideal. Y si van más veces ya es cosa de vicio. Y todo esto sin hablarle de las tres ces y las cinco emes.
—¿Las tres ces…? Ya… Bueno, señor Fraguas, yo creo que no necesito escuchar más y el señor Miguel Ángel tampoco está por la labor…
—…
—Así que yo creo que esto no sirve de nada, es otro programa engañabobos sacadineros vendehúmos. Podría poner mil ejemplos de esto en la vida diaria: telefonía, coches, electrodomésticos...
—Bueno, bueno, Félix. Es suficiente, que te aceleras.
—Eso, queeeeeee te pones como una moto y…
Ha perdido visión. Pero ha ganado resilencia.
—Yo solo doy mi opinión. Es para lo que me pedisteis que asistiera. «Escucha y danos tu opinión», y eso he hecho.
—Por supuesto, Félix, para eso te llamamos. Y ahora ya tomo yo la decisión. Me entiendes por dónde voy, ¿no?
Menos mágico, menos expeditivo, menos vivaz.
—Sí, sí, señor Fraguas.
Tres horas más tarde, cafetería El reducto.
—¿Qué pasa, Félix?
—Aquí andamos, y ¿tú qué?
—Limpiando, ya ves.
—Te veo un poco… abatible.
—Es que me ha llegao una carta con la nueva Normativa Tributaria de Implementos Estancos De Estimación Objetiva Directa.
—Y ¿eso?
—Lo mismo que los módulos aquellos de los 90, ¿te suenan?, pues con otro nombre. Total, a pagar más. ¿Te pongo un café?
—No, no, café no, que me va a indigestar hoy.
—Pues yo me voy a poner uno con tu permiso.
—No, hombre, Aristóteles, no te lo tomes, que te amarga. Saca para los dos un anisete, que hoy juega el Getafe. ¡Celebrémoslo!