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sábado, 2 de agosto de 2014

El ciudadano breve


El ciudadano breve
Espe Or

Breve, sí, sí. ¿Y quién es él?
Después de esta pregunta debe ir la respuesta de forma natural. Pero no hay un nombre y apellidos.
El ciudadano breve crea Twitter, la red social que encarcela tu pensamiento en 160 caracteres. El ciudadano breve usa Twitter. El ciudadano breve también prefiere escribir cien «wassaps» de una línea o de una palabra. Hay quien piensa que es por fobia, vértigo o angustia a escribir extenso y hay quien dice que se debe a que el cerebro del ciudadano breve trabaja muy deprisa: «Tío, es que pienso más deprisa que hablo». Así que estos se lo pasan muy bien: cenan cuando comen, vuelven de Francia cuando van, guardan la ropa cuando ponen la lavadora, vomitan con la primera copa, encienden un cigarrillo cuando…, mueren cuando nacen —ah, no, este era Freud—. ¡Vamos, lo que se dice disfrutar del momento, «carpe diem»!
El ciudadano breve pone una canción —normalmente de Los 30 principales— y antes de 1 minuto y 30 segundos ha cambiado a otra o se ha comido las uñas aguantando. Es cierto que también lo hacen porque los señores breves de Los 50 principales ponen una canción ya empezada —publicidad manda— y la quitan antes de acabar —menos mal que en Los 99 principales no pinchan a Los Ramones, ya sabéis—. A un ciudadano breve «The end», de The Doors, o «Pedrá», de Extremoduro, o «November rain», de Guns & roses, por poner unos ejemplillos, le provocan taquicardia, depresión postparto, ansiedad, desmayos, náusea, lupus, TOC, Síndrome de Forrest Gump o Huida infinita, Darsecuentadequestoyvacíopordentro. De hecho, el mero hecho de exponerse a una intro de 1:30 ya tambalea su centro de gravedad multiversal.
Por supuesto, el ciudadano breve no puede ver Casino o Uno de los nuestros. Sí puede con El lobo de Wall Street, pero porque salen tetas, drogas, dinero fresco y te ríes con Di Caprio.
El ciudadano breve gusta de los monólogos estos tan modernos de 10 minutos, pero, ¡ojo!, hay trampa. Los monólogos son acumulación de chistes breves que conforman un todo semántico unitario. Un chiste lo puede reproducir cualquiera, un monólogo no. Cualquier otro monólogo como el de una madre cuando no se recoge la habitación o el de una pareja cuando llegas borracho y 5 horas tarde al convite familiar o, simplemente, el monólogo teatral le provoca somnolencia súbita.
El ciudadano breve pone exámenes de selectividad con textos cada vez más cortos, o con cajas rectangulares limítrofes para tu respuesta o indica «no más de un folio por respuesta», cercenando la creatividad y conocimientos; y el ciudadano breve cada vez escribe menos en dichos exámenes. Inventó también los exámenes tipo test que tan gustosamente demuestran nuestras habilidades retóricas al pensar si debo hacer un círculo o una rayita o una cruz.
El ciudadano breve usa en su discurso diario, o sea, cuando habla —aunque él realmente está callando ya— palabras denominadas baúl o comodín: «Dame una mierda de esas», «La cosa esa de ahí», «Trae eso que está ahí». Él dice que por economía lingüística, o sea, ahorrar, ya que está muy caro con la crisis y, además, hay que declararlo a la propiedad intelectual. Si el ciudadano breve escucha a otro extenso le pide que no sea así, que sea breve como él: «No te enrolles», «Al grano», «Párrafo corto». Ejemplo: «Eliseo, me han deprimido —dice, mientras absorbe con potencia un cigarrillo de una sola calada y saca un botecito de 50 pastillitas de todos los colores, las lleva a la boca, las traga sin agua y muere, muere pronto, sin mueca ni mirada infinita; el hombre llegó con el traje para el entierro y una corona de flores que reza Thnx a ∀ ;) —».
El ciudadano breve no acaba los refranes. Además utiliza onomatopeyas habitualmente, para él son más expresivas y las acompaña con lenguaje gestual: «Oye, qué tal ayer», «Buah, uff, ¿cómo te lo cuento?, fue… guau, pufff, ahhh, diossss». Para mí es que de donde no hay no se puede sacar.
El ciudadano breve dice que los planes de estudio de cinco años —licenciaturas— se quedan en cuatro años —grados—. ¡Y no pasa ná!
El ciudadano breve se defiende de los que le acusan de breve resumiendo: «Lo bueno, si breve, dos veces bueno», sin darse cuenta de que no todos podemos ser J. J. Millás o Unamuno, y creyendo que esa frase sostiene una igualdad entre lo breve y lo bueno.
El ciudadano breve creó la comida basura/rápida, tan digestiva ella, nutritiva y fenomenal, frente al cocido o los gazpachos, porque estos requieren horas de preparación y horas de saboreo y sobremesa. Y el ciudadano breve consume la comida rápida/breve compulsivamente en señal de agradecimiento a su creador por cuidar de él y permitirle tener más tiempo para trabajar, ver la tele y trabajar mientras trabaja. De otra manera se estresaría.
El ciudadano breve se descarga una aplicación de móvil llamada Inútil que no hace nada, se abre y pone «Hace lo que promete». También se descarga la aplicación llamada Yo: «La herramienta de comunicación más sencilla. Envía un “Yo” de voz, sin caracteres, y con un solo toque, no malgaste el dedo. Yo significa todo y cualquier cosa. Todo depende de ti y del momento. ¿Quieres decir “Buenos días”? “Yo”. ¿Quieres decir “Cariño, estoy pensando en ti”? “Yo”. Las posibilidades son infinitas». Y después de descargarla la usa y todo.
El ciudadano breve llega a su clase de Física mecánica y dice a sus alumnos: «Newton descansaba en un árbol y vio caer una manzana. Esa es la ley de la gravitación universal».
El ciudadano breve tiene ideas geniales para los ciudadanos ingenuos e inocentes que trabajan tanto y no pueden pensar y actuar mejor. Y crea Pediasure: complemento alimenticio equilibrado en polvos de delicioso sabor, que ayuda al desarrollo cognitivo normal de los niños, que se mezcla con agua y se digiere fácil, rápido, abatible e indoloro. ¡Deje ya la molesta comida cocinada! Si su niño no quiere masticar más, Pediasure; si su niño siente que le ha puesto mucha comida, Pediasure. Aporta minerales y vitaminas como las verduras, las frutas, pero sin las verduras y las frutas. No discuta más con su hijo tratando de enseñarle normas: Pediasure. Llévelo siempre con usted. Si va a un restaurante, Pediasure; si va a merendar a casa de amigos, Pediasure; si celebra un cumpleaños, para todos Pediasure tamaño familiar; si conmemora una cena de gala, Pediasure de luxe. No tiene excusa. Levántese de…
Y el ciudadano breve lo compra.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Oh, mundo


Oh, mundo
El niño cielo

Por el desierto, donde los mosquitos pican y las calaveras se derriten…
—Odio al mundo. Pero mi confesor, que además es psiquiatra, siempre me decía: «Quien mucho abarca poco aprieta». Así que voy a ir poco a poco. Odio España.
—¿Cura y psiquiatra?
—Bueno, así curaba el alma con más oficio. «Psique», alma.
—Ya. Y has dicho «decía». ¿Es que murió?
—No. Solo enmudeció. Así, de repente. Dejó de hablar. Y nadie sabe si es voto de silencio, si es una enfermedad…
—Claro, como no ha podido contárselo a nadie…
—Pues eso.
—¡Pobre hombre!
—No. Él está bien. Ahora practica golf.
—Ahí no hay que hablar.
—Y ajedrez.
—Ya veo. Sacando rendimiento a sus capacidades.
—…
—Pues si odias España te cuento la última para que vomites.
—Ya no me sorprende nada.
—Leo en internet, a lo mejor es una trola, que traducen poemas de Lorca a «lenguaje normal».
—¡¡¡Qué!!!
—Te lo dije. No sé si será, pero piodría ser.
—WTF.
—El Romancero gitano pasa a llamarse Los gitanos y sus movidas.
—¡¿Estamos locos?!
—Los creadores dicen que es para acercar a Lorca al público. ¡El mainstream!
—¿Acercar? ¿Acaso Lorca quería que le acercaran a Kiko Rivera o a Belén Esteban? Si hubiera querido acercarse a este hubiese escrito Nena, estás bien acolchada, o Nena, me crujes to lo negro, o Nena..., Nena. ¡Me cago en to lo que se menea!
—Parece que algunos profesores lo ven bien.
—Porque no lo entienden ni ellos. Pero lo peor es que ni lo intenten.
—Espera que tengo la noticia en el móvil.
—¿Tienes señal aquí?
—Tengo 7G.
—¡Qué tío!
—Mira, aquí: en vez de «Amor de mis entrañas, viva muerte / en vano espero tu palabra escrita» han traducido «Te estás columpiando y eso hace que me ralle un poco, ¿sabes?».
—¡Qué chapuza! ¿Eso es «lenguaje normal»? ¿«Normal»?
—…
—Además, está mal traducido. Sería: «Buenorra que me rajas la panza cervecera con tus chascos / (let me take a selfie) asín que mándame un wassap pa saber algo de tus curvas».
—Ahora saldrán diferentes versiones.
—Me voy a abrir las venas.
—No salpiques.
—¿Tú te imaginas que un fulano coge ahora el Anfiteatro romano y lo tira abajo definitivamente y monta una carpa de circo gigante?
—Para que los «normales» se hagan una idea, ¿no?
—¿O que se repinte un cuadro de Dalí pero sin surrealismo? Con los relojes tiesos. Porque yo veo un Dalí y tengo que esforzarme para entenderlo.
—Ahí está el meollo. ¿Esforzarse? «¡De qué vas, chaval!», te diría un «normal».
—De «normal» nada. Subnormal.
—Se acabó la cultura del esfuerzo.
—Se acabó el espíritu, el alma, lo que hay detrás, «Lo de dentro», diría Robe Iniesta.
—Y, ¡ojo!, que detrás de esta idea de genio coñón está el dinerito. Así se embolsan lo que dejan unos en la caja para leer cómo Lorca dice «Joder», «Hostia puta»… Ya me los imagino ahí: «Ostia, mira lo que pone: “Me mola quedarme empanado mirando arriba / Es una putada que el cielo mole tanto y esté tan lejos”». «Mola mazo, tío, es la ostia». «Joder, ya ves». «Ya ves, joder, es la puta ostia». «Ostia puta». «El Lorca este es lo más de la ostia». «Ostia. Es la caña». «Joder, qué buena ostia, ostia». «El puto amo». «¿Has visto al Rafa Mora ese de… hoy riéndose de la pava de la hermana de Kiko Rivera?». «No. Y ¿tú sabes si es mejor el Ultra Gig 7D500, con pantalla humana, o el Billy Joe 1001 GRRRR?».
—…
—El arte y la cultura se están amoldando a la idiotez humana.
—¡Mujeres y hombres y viceversa se ha abierto de piernas para que nazca su futuro Mesías que acabará con la creatividad individual y salvará a la supermasa borreguil de la amenaza intelectual!
—¿Te acuerdas cuando vimos la peli Idiocracia?
—No me la recuerdes.
—…
—...
—Oye, y ¿tu confesor ese qué hace con su vida?
—Ahora mismo se está preparando para dar el salto a la música muda.
—¿Instrumental?
—No. Muda.
—Y ¿cómo es eso?
—No sé. Es pionero.
—…
—Bueno. Pues ya hemos llegado. Aparca el camello y vamos a tomar unas cañas.