Mostrando entradas con la etiqueta educar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta educar. Mostrar todas las entradas

jueves, 3 de marzo de 2016

Hipercorrecciones sociales


Hipercorrecciones sociales
La niña agua

La hipercorrección —o también ultracorrección o sobrecorrección— es un fenómeno por el cual, ante una insidiosa y exagerada búsqueda de elevada cultura, uno decide cambiar un término lingüístico estándar por otro superior, al creer que aquel estándar es erróneo o equivocado. Tratando de corregir, lo que producimos pues es una incorrección real. Un ejemplo práctico: «a la alza» (expresión copiada de «a la baja», sin tener en cuenta que, aunque femenina, la palabra «alza» comienza con «a» tónica, como «agua» o «arma», y debería ser masculina, o sea, «al alza». Más: «Bilbado» por «Bilbao», «flaccidez» por la correcta «flacidez», «inicialización» por «inicio», «ejercitar» por «ejercer». Básicamente se llama hablar mal, pero no por ignorancia, lo cual sería disculpable en todos los casos, sino por pretenciosos, ostentosos, arrogantes, fanfarrones, vanidosos, provocadores, irreverentes, por no detenernos a pensar o buscar la forma correcta. Hay muchas razones; marque su casilla.
Pero, dado que el lenguaje no es más que una manifestación de lo que somos, una expresión social, con esta premisa podemos observar hipercorrecciones más allá del lenguaje.
En primer lugar, y relacionado directamente con el lenguaje, pasamos de golpear con regla en la mano a un niño por equivocarse escribiendo a no contar la ortografía en ninguna asignatura de la hasta hoy Selectividad, a excepción de Castellano. No hace falta golpear a personas para aprender —conductismo inoperante—, pero escribir lo hacemos en todas las asignaturas, no solo en una. Desde luego no me imagino a un profesor de Literatura, por ejemplo, permitiendo impunemente que un alumno escriba que el Renacimiento duró hasta el siglo XIX, aunque sea una cuestión de circunscripción histórica.
Somos un pueblo que pasó de asesinar por la espalda en las cárceles con el famoso «paseíllo» a tener televisión gratis en la trena. No sería una ultracorrección si también los hospitales dispusieran de televisión gratis, aunque solo fuera durante unas horas —y, por evitar que alguien pueda usar esta verdad para acusarme de demagogia si sigo argumentando, voy a dejarlo aquí.
Hasta hace bien poco éramos una comunidad altamente machista. Sin embargo, gracias al esfuerzo de hombres y sobre todo mujeres, vamos desencadenándonos de ese poso atávico que degenera en violencia. Ahora bien, resulta que en los últimos tiempos cualquier hombre que insulte a una mujer —no por ser mujer— es considerado, señalado e insultado también como machista. Es el recurso fácil y generalizado con el que se suele defender una mujer. Si dices que una mujer es una vaga, o que es lenta, o que…; un hombre hace mal su trabajo y no pasa nada, pero en el caso de una mujer es machismo, patriarcado opresor, tiranía del varón, etc..
Todavía recuerdo cuando un alumno recibía clase de una materia a cargo de un especialista. Sin embargo, esta profesión ha caído tan bajo que ya no es necesario tener un título que acredite conocimientos de Química o de Música, solo basta con saber enseñar Química o Música —y contar con un libro de texto al que ajustarse. El otro día en la página de la Consejería de educación se solicitaba profesor de Música y Plástica, y los requisitos solicitados eran el B1 de inglés y en titulación rezaba «Cualquiera» (cita literal, no pongo el enlace porque son datos que entran y salen).
Desde hace mucho nos hemos quejado de la intromisión o profanación eclesiástica en nuestra vida común y mortal. Ahora que gozamos de libertades y leyes que nos protegen para decidir y disentir, en lugar que quedarnos ahí, damos varios pasos al frente, con actitud combativa, y entramos en una iglesia desnudos e invadimos su «cuerpo» al grito de «Al Vaticano, régimen clitoriano», y lo aplaudimos en redes sociales. Devolvemos una profanación con otro sacrilegio.
No tenemos botón pausa.

jueves, 4 de diciembre de 2014

El fútbol no se toca VII


El fútbol no se toca VII
Eva Tacazo y Díptero impertinente

—¡Malos días por la mañana, Alfonsín!
—Chico, ¡qué triste, taciturno y compungido vienes hoy!
—¿Te has comío el diccionario?
—No. Es un título de la prensa que acabo de leer sobre el hijo de la Pantoja.
—Mala cara traes, Luis ¿Qué te ha pasao?
—Que qué me ha pasao, Mari Luz…, ¡que me cago en to! Échame un cortaíto fuerte y un croasán y os cuento, que me quedan 4 minutos, no me da tiempo ni para un carajillo.
—Te lo pongo ya.
—Ya decía yo que era raro que tardaras.
—Escucha. Salgo de casa. Pum. Ascensor. Pam. Planta baja. Pim. Garaje, coche, arranco tan tranquilo… Y no sube la plataforma de los huevos.
—¿La plataforma? ¡Mira que te lo dije, Luis! Es una chorrada…
—¿Qué plataforma, Luis?
—Es un ascensor de coches. Que ha cascao… Yo creo que será el hidráulico, el pistón… He intentao mirar ahí qué pasaba..., tal, esto, lo otro… Y nada. Taxi y pastón. Y encima tarde. Así empiezo la mañana: cabreao.
—Tanto pijerío, y después ¿qué? Donde esté una rampa con su puertecita de toda la vida…
—Si fue por el espacio. El constructor decía que no había espacio…
—Pues yo ni rampa, ni ascensor, ni garaje… ¡Que os quejáis de vicio! Ala, aquí tienes, Luis, cortaíto y croasán.
—Gracias.
—Y ¿te enteraste de lo del fútbol, lo de Atleti?
—Algo he oído en la radio del taxi.
—¡Unos sinvergüenzas y unos zumbaos!
—Déjalos que se maten. ¡Acaso no saben dónde iban!
—Tampoco es eso, hombre.
—¡Que los tíos habían quedao antes de los hechos! Opina tú, si no.
—Eso han dicho, pero dejarlos…, no sé yo… Habría que…
—Sí, hombre. Yo les construía a todos estos un Ostiódromo. Y que se maten allí… ¿200? Pos 200 animales menos. Y luego que sus familias vayan allí a por ellos y los entierren si quieren.
—Como en las batallas de la Edad Media: a reconocer cadáveres y a recoger baratijas y relojes. ¡Qué triste!
—Así aprenderíamos. ¿Qué no, Luz?
—Luisín, Luisín. Eso es muy bestia… Ahora que sale el Wert hace ná en la tele y dice que los clubes deben tomar medidas. Y digo yo: ¿los clubes de qué?, ¿qué medidas? ¿No dejarles entrar al campo? Eso es un parche que dura un santiamén. La van a montar igual en bares, pubs, en la calle… Lo que hay que poner son medidas educativas, ¿no? Digo yo, vamos, que soy un poco inútil y no tengo estudios pero… pan para hoy, hambre para mañana.
—¿Educar? ¡Eso es para mañana, mujer! Eso ni gusta ni convence al pueblo, que pronto tenemos que votar. Estos no hacen nada para mañana. Perderían las elecciones.
—Ná, echar la culpa a otros, lo de siempre, eso sí lo hacen bien y pronto: ¡la tuya es más pequeña!, ¡tú no sabes ná! Así están tol día estos inútiles.
—Y no van a la causa de todo, al origen...
—Y ¿cuál es?
—Mira, yo soy ramplona y yerma, pero me atrevería a decir que hay una ensalada de varias cosas.
—Como tú eres cocinera…
—¡Calla y déjala seguir!
—La ensalada llevaría inseguros que tienen que estar en grupos para no sentir el vacío de la soledad; tontazos de nacimiento, que no hay quien los cure; musculitos acomplejados que llevan años machacándose y quieren probar si ha valío la pena; ultras de esos que antes llamaban nazis y se dedican a eso, como un pasatiempo; delincuentes sinvergüenzas... Y ¿qué tienen todos de igual? Necesitan estar con otros, porque juntos se sienten como arropaos, calentitos, y esos otros son iguales. Se sienten como si fueran uno solo, y se pasan horas hablando de sus cosas, de lo que hacen juntos, se acuerdan de esto y de aquello, y se creen suertudos por ser así, por tener cosas en común. Y luego se ríen de los demás que no son como ellos… Ah, y lo siguiente es quejarse de los otros porque no son iguales, reírse de las cosas de los otros, digo, como si les molestasen, a veces insultarles; y de ahí a darse guantazos poco queda… Van estropeándose, como todo lo que se come.
—¡Me cago en tó que me he embobao oyéndote y llego tarde! Nos vemos. Luz, ahí te dejo esto, cóbratelo y pal bote. Alfonsín se paga lo suyo.
—Oye, Luis, y ¿el cumpleaños de esta tarde?
—Sí, sí. Pasa a por mí y recogemos a tos los chavales, como habíamos quedao…
—¡Enga!

Muchos papeles, acuerdos cerrados, visitas comerciales y llamadas perdidas y saliva, mucha saliva gastada después…

—Bueno, chiquilla, aquí te traigo a toa’esta tropa.
Un autobús de niños galopa y se agolpa fiero y sanguinario hacia la zona de juegos: bolas de colores, toboganes de colores, camas elásticas de colores y gomaespuma de colores en las paredes y en las botellas de agua. En otra, zona de videoconsolas. Más allá, tocadores rosa, sillitas reales rosas, vestiditos monísimos en diferentes tonalidades de rosa, bolsitos divinos y demás accesorios pensados exclusivamente para gustar.
—Muy bien. ¿El nombre del grupo?
—¿Eh?
—Ummm. Dígame su nombre.
—Ah, no… Llamó mi mujer. Mire a ver por ahí si pone Josefina.
—Aquí está. Pues nada, pasen los adultos a la cafetería y ya está. Se los devolvemos dentro de una horita para la merienda.
—Ah, nosotros subimos, ¿verdad?
—Claro. Nosotros nos ocupamos de todo.
—Sí. A mí me lo dijo Lola. Se encargan de todo, Luis. Vámonos pa’rriba.

Plato de mejillones en lata y 6 cervezas más tarde…

—Míralos… ¿Tú te acuerdas de nuestros cumpleaños?
—¡Hombre! Muy diferentes.
—Sándwiches de jamón, nocilla, olivas, queso, patatitas de bolsa…
—Tarta de tu madre, de almendra de la buena, casera, cogida del campo, ¡que mordías y te metías unos tropezones de almendra…!
—Y el bizcocho con sus hormiguitas de chocolate… Ummmm.
—Y al soplar las velas todos reunidos, con la emoción de ver cómo se apagan, o si había que ayudar a soplar. Todos queríamos que ese fuera nuestro cumple.
—A veces mi madre hacía también unos creps caseros con chocolate Valor a la taza. ¡Buah!
—¡Ya ves!
—¡Y el reparto de juguetes!
—Todos eran especiales. Supongo que no era tan normal tener regalos cada día.
—Nos hacía mucha ilusión.
—Y lo mejor era el después: a jugar al fútbol, estriar los equipos con la emoción de quién irá contigo y poder elegir al mejor.
—3 horas de partido.
—Hasta que se nos cayera el alma.
—Y ¿te acuerdas de cuando jugábamos a pillar en el salón pero con las luces apagadas?
—Sin que nos vieran los padres…
—Claro. ¡Vaya guantazos que nos dábamos unos con otros!
—Acuérdate de El mellao, que le pusimos el mote porque se partió los piños de delante jugando.
—Ya no me acordaba. ¡Vaya piezas! Lo que me reí ese día.
—Bueno, a él no le hizo tanta gracia. Desde entonces las pipas las tenía que comprar peladas…
—¡Qué buena juventud la nuestra!
—…

Respiración profunda.

—Y mira estos.
—Ni punto de comparación, hombre.
—¡Hamburguesas, perritos, pizzas…!
—¡Patatas fritas congeladas!
—Y la tarta esa de chocolate…, que es prefabricada, como digo yo. Estaba seca. Eso no es comida de verdad.
—¡Qué va…! Y cuando han entregao los regalos… Todos ahí como salvajes a abrirlos. Los abrían y ya está. Tu hijo no hacía ni caso a ninguno.
—Sí, lo he visto. Y uno ha cogido la metralleta esa de luces, ha disparao, ha visto la luz y el ruido y ya está. La ha dejao tirada y a otra cosa.
—Y todos cogiendo los regalos del chaval… Y él no cogía ninguno, o sea, cogía uno y lo dejaba, y a otro. Y ahí se han quedao. ¡Ala, a jugar a las pelotas estas que no sé pa’qué valen! 
—En vez de jugar al fútbol y… Joer, deporte físico…, contacto, te haces fuerte, haces compañeros pa’toa la vida, compites, te esfuerzas…, ehhh…
—Te superas.
—Te superas. Si se lo digo yo.
—Ellos qué deporte hacen… ¿Playstation? Míralos, enganchaos ahí a una pantalla y a un cable, sin cosicas de verdad.
—Sin roce, sin toque…
—Sin ducharse luego juntos.
—Sin sudar. Apretando botones…
—No son héroes. Luego no saben jugar al fútbol de verdad, solo en la maquinita.
—Que además es mentira, que la máquina hace cosas de Óliver y Benji…
—Y ¿las niñas? Míralas ahí maquillándose, poniéndose zapatitos rosas…
—Despertando celos de una a otra por ver quién es la más guapa.
—…
—Esto es una mierda de cumpleaños.
—Yo porque me lo ha dicho Josefina, si no yo aquí no vengo a celebrarlo.
—Mira esas madres orgullosas sonriendo por ver a sus hijas de pasarela…
—Si acaba mi Luisito con una de esas niñas lo mato. A él y a la niña.
—Y a la madre.
—…
—…
—¡Qué de sinrazón!

DEUS EX MACHINA: ¿No nos damos cuenta de que los tiempos cambian? ¿No sabemos o no queremos adaptarnos? ¿Por qué necesitamos exaltar lo nuestro? Es más, para exaltar lo nuestro ¿por qué necesitamos despreciar, negar y rechazar lo de los demás? ¿Acaso la Ilustración nunca pasó por nosotros? ¿Acaso doscientos cincuenta años después cada nueva generación juega a asesinar a Esquilache?¿Seguro que somos muy distintos de esos hinchas o es que no se ha encendido la mecha necesaria? ¿Vemos la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio? ¿Todo esto es producto de la socialización? ¿Es necesario hablar?

domingo, 5 de enero de 2014

Malformación ética


Malformación ética
Espe Or

Vamos con los datos, recopiladitos y todo, de la amplia variedad de la prensa de la información:
-en 2004, en la Memoria de la Fiscalía General del Estado, el fiscal Cándido Conde-Pumpido advierte del crecimiento exagerado de maltrato de hijos a padres;
-el coordinador de la fiscalía de menores de Tenerife, Miguel Serrano, atendió en 2004 unos 60 casos de maltrato de hijos a padres;
-el fiscal de menores de Cádiz, Jesús Gil Trujillo, asegura que en esta ciudad se ha triplicado en 3 años el número de casos;
-un estudio en El País Vasco sobre el año 2006 manifiesta que el 7% de los adolescentes ha maltratado al menos una vez a sus padres (unos dos mil casos);
-según la Memoria de la Fiscalía General del Estado de 2009, ese año se registraron más de cuatro mil doscientos casos de hijos que agredieron a sus padres;
-La Voz de Galicia, en diciembre de 2013, afirma que el maltrato a padres ha aumentado un 41% en tres años y explica uno de los casos: A Coruña, madre quita ordenador a hijo porque es muy, muy mala, e hijo coge un cuchillo y la amenaza para que se lo devuelva;
-en Sevilla un padre de 42 años denuncia a su hijo de 15;
-Diario Información, de Alicante, 31 de diciembre de 2013: La Fiscalía recibe todos los días denuncias de maltrato de hijos a padres en la provincia (la mayoría son por insultos y amenazas; y los casos de niñas que vejan y agreden sufren un fuerte incremento);
-desde 2007 diecisiete mil menores han sido procesados por agredir a sus padres.
Suficiente para hacernos una idea, ¿verdad? Mi amigo Fran me dice que «Hemos pasado de Francisco Franco y el padre que se cree Dios a familias desestructuradas y que lo consienten todo», familias en las que el niño se cree Dios. Creo que los psicólogos lo están llamando complejo de emperador. Y sí, esto es propio de España, verdaderamente; pasamos de un polo a otro, del blanco al negro, de unos políticos a otros, de te quiero a te odio. Y nunca frenamos en el gris, en el término medio, para contemplar; aquel que Aristóteles, nada menos, elevaba a virtud ética: el justo medio. Y como decía mi profesor de griego: «Los griegos eran antiguos, pero no eran tontos».
Alguien puede estar pensando, reflexionando sobre esos datos, y señalar que «Eso es porque ahora salen a la luz…, los medios de comunicación…, pero eso ha pasao siempre». Pues mire usted, no. Las reglas de la educación nunca han permitido la inversión de trato, salvo en excepciones de éticas parapléjicas o malformadas. Un hijo nunca había ordenado a un padre que se marchara a trabajar; un hijo nunca ha tenido autoridad —de ningún tipo— para ordenarle a un padre hacerle la comida o limpiarle la habitación, y mucho menos bajo amenazas. No. Esto es de hoy. Hoy sí ocurre. Y ocurre porque el matrix egódoxa —con tu permiso, Eva—, el todopoderoso egódoxa, ha pensado que todo es opinable, y puesto que opinable ergo válido aunque sea para mí. Y parece también que la validez de mi opinión convierte a esta en útil para mí, o sea, en práctica. Y así el egódoxa «dirige sus épicos pasos en el acontecer», sabedor de que, mientras aceptemos que un niño de 5 años se acostumbre a decidir con libertad y validez que quiere cenar unos tomatitos cherry con tofu y la mamá vaya a comprarlos a las 8:45 corriendo como una descosida para que no le cierren y tenga que enfrentarse a una rabieta del niño de dos días, el niño tiene cualquier batalla ganada —y ojo, que luego llegas a casa con los tomatitos de las narices y te dice con ñoñería que no, que quiere un filete—. Su arma: elige porque tiene opinión. ¡Un niño de 5 años!, cuya opinión podría ser, llevado al extremo, cenar todos los días en Mcdonalds. Pero claro, si un adulto ya lo consideraría válido «¿y por qué no…?», apaga y vámonos.
¿De verdad no nos damos cuenta de que hay una relación directa y lógica entre la forma de educar de los últimos 20 años y estas noticias aberrantes? ¿Somos tan egódoxas que no vemos más allá de nuestras narices? ¡La culpa es nuestra! Somos nosotros los destructores y forjadores del caos educativo. Somos los protagonistas de esta aventura que es la vida. Somos una mierdecica en el universo, sería iluso pensar que el universo conjura y nos persigue para llenarnos de fatalidades. La educación es nuestra tarea. No podemos esperar a que la hagan por nosotros, disculpándonos con horarios horribles —¡que los hay!—, y todas las otras quimeras causantes de nuestras desgracias.
Despertemos ya con ilusión y pongámonos a trabajar, que se hace tarde.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Americanadas


Americanadas
El niño cielo

La historia nos enseña que Norteamérica es la nación «primeraentodo». Un amigo me decía el otro día: «Incluso para ser descubierta». Si fuéramos al Guinness tendría el récord de récords Guinness. En fin, fuera coñas. Mejor dicho, sigamos con coñas. ¿A cuántos Presidentes han matado o intentado matar?, ¿a todos?, ¿podemos saberlo con certeza? —comento esto con tristeza, conste; de coña, pero de triste coña—. Pues, veamos: desde 1783, tras la Carta, 8 presidentes han caído ostentando su cargo; la versión oficial dice que 4 de ellos asesinados —imagino que no hubo forma de taparlo, maquillarlo, ocultarlo, cambiar los canales de televisión, dejar de emitir radio, desconectar satélites, dejar ciegos a los testigos antes de los sucesos, convencer a unos tíos para que se vistieran de negro y borraran sus memorias con un boli fabricado por Q, montar una película, literalmente, culpar a los extraterrestres, desviar la atención emitiendo cómo McGyver con burka secuestra La Estatua de la libertad usando un supositorio y una red o televisando cómo un alqaedano palestino se inmola mientras dibuja en el suelo el Pentagrama invertido—, a saber: Lincoln, J. Garfield, W. Mckinley y Kennedy. Parece todo un poco como de película, ¿verdad? Exacto. Es lo que ha conseguido esta sosegada nación, que todo sea un «show», pero no lo olvidéis: asesinaron a 4 de sus Presidentes del Gobierno, que sepamos. ¿Te lo imaginas aquí?
A propósito de trucos y engaños, ¿quiénes iban a ser si no los inventores del Marketing —no me refiero al primer mercadeo, pues Fenicios y tal ya lo hacían—? Bingo. Norteamérica. Las versiones son varias: hace unos siglos hubo un exceso de producción agrícola y aquellos agrupados consiguieron venderlo todo utilizando técnicas de venta, profesionalizando roles y evitando desechar la sobra, y de un gran resultado ya se sabe…; hace unos siglos aparece la primera revista oficial en Filadelfia; a partir de ahí: pósters, radio, publicidad, los botones conmemorativos de G. Washington, Singer, Macy’s y los precios impares, «I want you», artículos no comestibles para los súper, McDonalds, Coca-cola, Apple y Jobs, posicionamiento, Black friday, Halloween y sus disfraces, Acción de gracias y sus regalos, st. Valentine’s day…, y un no parar que convierte a EEUU en la fuente sapiencial de la mercadotecnia y el consumismo. ¿Qué es el Markenting? El engaño, la trampa, la persuasión, ganar a cualquier precio, no perder a cualquier precio, manipular a los otros, maquillar una situación, falsear la realidad, formar —no informar, que no os engañen—, y todo aquello que implique implantar un deseo, una necesidad o un motivo en alguien que no lo tiene, desea o necesita a cambio de obtener un beneficio.
Si aún no habéis visto los documentales en contra de la política y filosofía de vida estadounidense este es el momento —puede que no os guste oír ciertas cosas o no vaya con vuestros hábitos, creencias o afectos, pero todo lo que dicen está documentado y demostrado—: Bowling for Columbine, sobre la matanza de 12 niños y un profesor en un colegio a manos de 2 alumnos armados —¡cómo no!—; Farenheit 9/11, sobre financiación oculta y pactos varios con Irak, su petrolera enemiga —documental más taquillero hasta el momento—; Sicko, la sanidad retratada: aseguradoras privadas oportunistas y carroñeras, farmacéuticas psicotizantes, corrosivas, devoradoras, capitalizadas, hacedoras de drogodependientes, y hégiras y desfiles y cabalgatas y chorreos y procesiones de enfermos en ruta, por ejemplo, a Cuba, para curarse y poder ver a sus nietos; Super size me, Engórdame, retrato de un joven comiendo 30 días, 3 veces al día, comida de la exquisita, suculenta y próspera McDonalds, con dieta equilibrada, glúcidos, proteínas, verduras y fruta, y un final que no desearía tu mamá —el chef Jamie Olivier demandó y ganó a McDonalds por usar amoníaco para lavar su carne, no apta para consumo humano—; Food Inc., genial explicación de los procesos alimenticios desde el origen hasta la boca, en la América de las víricas Multinacionales; Estados unidos contra la obesidad; Waiting for Superman, que denuncia en palabras de Bill Gates el «desastroso sistema educativo» —parece que peor que el  nuestro, son los primeros, pero todo se andará—.
Como se puede ver, también son de los primeros en hacer autocrítica. Para mí el mejor ejemplo, además de los docus, Los Simpson. Pero esto ya es tinta de otro papel.

¿Qué os parece su estilo de vida? Mejor dicho, ¿su estilo de muerte?

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Wertiginoso…

 
Wertiginoso…
El niño cielo

*evocar.
(Del lat. evocāre).
1. tr. Traer algo a la memoria o a la imaginación.
2. tr. Llamar a los espíritus y a los muertos, suponiéndolos capaces de acudir a los conjuros e invocaciones.


Wertedero
Wértice
Wertebrado
Wertiente
Werticilo
Wertumno
Wertsionado
Wertiroso
Wertberecho
Wertbiquí
Wertrrido
Wertrrinche
Wertzotas
Sinwertgüenza
Awertsión
Adwertido
Conwertible
Cawertnícola
Rewertsible
Perwertido
Perwerturbado
Cowertero
Enchufwertdo

miércoles, 30 de octubre de 2013

Una vez más: ¿estamos preparados?


Una vez más: ¿estamos preparados?
El niño cielo
3 de enero de 2010

Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces sobre la misma piedra: ¡qué triste!
El otro día visionaba –que dicen ahora los modernos– un documental sobre «obsolescencia programada»: las «cosas» que nos rodean están programadas desde su creación para que queden obsoletas en un tiempo concreto y predeterminado «de fábrica», para que compremos otras.
Luego recuerdo que mi coche anterior sufrió una «insuficiencia motora» del orden de ocho mil euros. Fatal. Vamos, que tuve que tirarlo, quiero decir; y comprar otro, se entiende. Y lo que pasa: no dejas de escuchar historias de otros a los que les pasó o de sus amigos o vecinos y tal y cual. Recuerdo también que me mosqueé con el tipo de uniforme gris y amarillo que trató de convencerme de cómo reanimar mi coche muerto, una terapia que era algo así como la sanidad americana, como he dicho antes: ocho mil euros. Yo le asediaba y hostigaba con mi boli en mano: oiga, los coches de hoy avisan de pinchazos, de cinturones de seguridad sin colocar, de que el niño ha manchado la tapicería rosa y malva con un trozo de pizza y me dice que son incapaces de avisar de una «insuficiencia motora». En fin, imaginad la respuesta.
Bueno, ahora resulta que esa marca, la de mi coche, anuncia varios modelos eléctricos para este año. Eléctricos totalmente, no híbridos. Los híbridos parece que han pasado inadvertidos. He visto alguno, pero no he visto una transición como se decía.
Lo normal es que el resto de marcas vayan al acecho. Imagino que en breve, unos meses, habrá más anuncios. Me lo veo venir. Como con la informática y todas estas tecnologías de hoy, que construyen un modelo y a los 2 días ya está otro departamento con la próxima evolución o, como ellos dicen, generación.
¿Nos hemos preguntado qué va a pasar? Yo creo que no. Y ¿qué puede pasar? Pues puede pasar de todo: para empezar, no sabemos cuántos años de garantía tendrá una batería eléctrica de coche, ni lo que valdrá cambiarla cuando se rompa; tampoco sabemos dónde se recarga la batería, aunque ya hay dispositivos para garajes, pero yo no tengo garaje...; creo que habrá servidores, «electroneras», pero tardan media hora o así en recargar, a día de hoy, y no sé ni dónde hay una; además, se supone que para cualquier reparación estaremos obligados a morir a nuestro taller, que es el que conoce el sistema y tendrá las piezas convenientes, porque un particular, como no «se ponga las pilas» rápido, lo va a tener chungo; y, claro, las piezas tendrán el precio que ellos dispongan e imagino que, al igual que con un microondas o una nevera, arreglarlo valdrá la mitad de lo que cuesta otro –no al principio, pero podría ser así–; y cuando se produzca un fallo o error inesperado seguro que no funcionará nada y tendremos que llamar a un técnico-reparador desde el móvil o a una grúa y directamente al taller, que nos cambiará el chip del montante de reacción interna del flujo eléctrico de invisibilidad inducida por ejes de acción simultánea completo por mil euros más mano de obra o servicio a domicilio o teledirigido: como la nevera; sobre todo por que tenemos la experiencia de multitud de aparatos eléctricos que sorprendentemente dejan de funcionar y, peor aún, no se pueden arreglar; al montante eléctrico habrá que añadir el informático: todos sabemos cómo funciona un ordenador después de unos 2 años ¿verdad?; error del sistema, actualización, formatear, reiniciar, ¿está seguro de que desea arrancar el vehículo?, le avisamos de que si reinicia el vehículo puede producirse un fallo inesperado, descargue primero el programa, actualice el sistema de arranque antes de arrancar el arranque, atención: arrancaización,  ¿desea que Renault le ponga en contacto con un taller oficial o envíe los errores?
Y quizá no. Quizás hayamos aprendido.

La educación y la Fama


La educación y la Fama
Espe Or

Estuvieron varios años emitiendo y no dejaron de sorprenderme: calidad humana.
Y bailan. Porque era un programa de baile: aprendían a trazar atrevidas piruetas, aprendían interpretación, teatro, lírica... Pero es que había más. Era una escuela de baile, pero había más.
El baile es la estructura, el andamiaje, el elemento de cohesión, pero el contenido era otro. Se masticaba convivencia. Y todos sabemos qué es la convivencia –aventuro–: dialogan y discuten, se respetan y se insultan, se aman y odian..., viven. Eso es la vida con los demás.
Viven con los demás: se reunían para decirse lo bueno y lo malo, pero sobre todo para explicarse por qué. Se peleaban... y luego tenían que bailar juntos. Desarrollan así las emociones, la empatía, la comprensión de que el otro está ahí, junto a mí, cerca, presente, y he de entenderlo. Y con el tiempo y el esfuerzo, entre los extremos amor y odio, respeto e insulto, aparece, emerge, brilla una fina línea conmovedora, una conexión: los griegos usaban la voz pathos, íntima emoción. Comprenden que el otro no es tan distinto a ellos.
Y ¿quién libera estos secretos? Detrás de estos jóvenes impulsivos están los profesores. Ellos se llaman profesores. Yo creo que son algo más, porque para conseguir lo que consiguen hay que ser algo más. Son creadores, artífices, orfebres medievales de lo humano. Enseñan arte y saben que el arte es plástico, se moldea y crece con el corazón. Ellos los invocan, les hacen hablar, decir, bailar, contar, aprender, danzar, escuchar, obedecer, reflexionar, perdonar, emocionar, compartir, realizar, crear. Educan.
¿Puede un profesor hacer todo eso?

martes, 29 de octubre de 2013

Idiosincrasia


Idiosincrasia
Eva Tacazo
A nuestra querida expresidenta, Espe

–Por supuesto, me parece una idea cojocil.
–¿Sí?
–Claro. Yo me pregunto ¿por qué no tataizar un Mercedes? Sería juntar dos opuestos, todo un reto. Imagínalo por un momento en la carretera, de noche, en silencio, entrando en un puente con la primera luz sobre el capó: esas líneas combinadas…
–¡Vaya cosa saldría de ahí!
–¿Eh? Pues no sé, ¿y opelizar un Renault? ¿Qué te parece? Unir todos los elementos de vanguardia de las dos marcas… La novedad como avance, la apertura de un nuevo camino, las barreras naturales derrotadas por la fantasía… Imagina.
–Hombre, yo recuerdo el Multipla y no sé si esas conexiones…
–Bah, el Multipla fue un intento de automovilizar un microbús; pero, ahora que lo pienso, imagínate treneizar los coches, o sea, poder ir tú por ahí con tu coche por Barcelona y, de repente, te acuerdas de que quieres ir a La Molina. Pues coges tu ropa de esquí y te subes al carril de la vía y evitas así la subida a Pirineos.
–Ya.
–¡Es la leche! Buah, imagina si no avionizar una lancha: resulta que estás en Ibiza en tu lancha paseando y quieres ir a Madrid a comer unos huevos a Casa Lucio. Pues vas por Mediterráneo a Alicante (El Altet) y de allí despegas hacia Madrid (Barajas).
–Entonces mejor avionizar un coche. Para salir del aeropuerto, digo.
–Sí, claro.
–Claro… Oye, y ¿qué opinas de manzanizar unos cocos?
–Joder, para eso melocotonizar la uva. ¡Dónde va a parar! es una mezcla perfecta, de equilibrios. No sé. Creo que el coco mejor que sea freseizado. Eso le daría un toque cítrico a lo exótico: ¡citriótico!
–Ya.
–Aunque lo genuino sería verdurizar la fruta. Tendríamos el alimento perfecto para un niño, por ejemplo.
–¡Ya ves! No habría que comprar 1 kl de tomates y otro de naranjas, sino 1 kl de naranjas tomatizadas.
–¡Brunial!
–Sí. El futuro está en la mezcla. ¡Adiós a la idiosincrasia!
–Y el presente también. No es genuino de ahora. Esto empezó hace unos años. Recuerda las bañeras duchizadas.
–Ummm. Bueno, en realidad en este caso creo que esa mezcla da marcha atrás. Devuelve la idiosincrasia a bañera y ducha. Con esto de los pisos más pequeños y tal… En mi casa, si quiero poder moverme por el baño tengo que aguantarme con una ducha. Bañera duchizada no me cabe.
–¡Vaya!
–¿Pedimos otro ginsky?
–Voy a cambiar… Prefiero una cocanta, me voy en 15 minuras y si no llegaré a casa dando tumbos.
–Bien… ¡Camareroa!
–¿Qué desea?
–Una cocanta y para mí una horchamón, ¡que hace un calor!
–Sí. Por cierto, ¿y de vacaciones?
–La semaño que viene cogemos un avióptero y cruzaremos el macéano hasta donde nos llegue el dinero.
–¡Estunial!
–Lo malo son los niñocentes. Mi suegra está mayor y no sabemos si dejarlos o traérnoslos.
–Pues ya te digo yo que lo mejor sería trajároslos, sin duda, sin duda.
–Tienes razón. Esta noche se lo digo a mi muvia.
–Oye, nada como tener una muvia ¿eh?
–Soy afortunado.
–¿Pedimos la cuenta?  

El fútbol no se toca


El fútbol no se toca
Eva Tacazo

–No.
–¿Cómo que no?
–Que no puedes fumar tampoco en las cercanías de un colegio, por ejemplo. Tendrás que alejarte.
–¿Alejarme? Hombre, que fumar es malo lo sé, pero... ¿Es una cuestión de metros? ¿Y cuántos?
–Pues no lo sé, aún no se sabe eso.
–Pero, vamos, que establecerán unos mínimos que garanticen... que el aire se evapore o..., digamos, sin que deje ningún residuo, ¿no? Ya. O sea que me los imagino ahí, durante horas, ¡qué horas!, ¡meses!, discutiendo si 20 metros o 55 metros o, mejor, 53 y medio, o que será relativo, o sea, dependiendo de las zonas, no sé, ajardinadas que haya en los alrededores, o dependiendo del número de viviendas, o dependiendo del área del colegio en cuestión, o de la cantidad de alumnos, o de la cantidad de profesores, o de padres, o de puertas de acceso, o de pisos y plantas, o de tizas... Nada, que me los imagino ahí, en el sillón abatible de sus despachos, mesa alargada –y quizás abatible–, alfombra granate, de Óscar, con sus secretarias, su almuerzo abatible, comida 4 estrellas –para no perder el tiempo encargan su comida, es natural, es por el bien público–, y café, copa y puro -¡ay!, puro no, que no se puede.
–...
–Oye, ¿y lo de la distancia es horizontal o...? Quiero decir que ¿y si me subo a la terraza o al tejado? Supongo que lo tendrán en cuenta, ¿no? Ah, y otra cosa: ¿y si hay 2 colegios en un tramo de, digamos, 200 metros? ¿O un colegio y a 80 metros un hospital y a 100 metros una zona ajardinada con niños en asientos abatibles columpiándose? Claro, es que habrá que pensarlo todo, porque en ese caso, si uno está esperando a su hijo a la salida del cole o a un familiar a que salga del hospital tendrá que irse, para estar seguro de no cometer una infracción, 1 km andando. Imagínate que a medio camino te entran ganas de mear... Es que habrá que pensarlo todo muy bien. A lo mejor obligan a los coles o a los hospitales o a los ayuntamientos a colocar aseos entre un sitio y otro, lo cual costará un pico. Como para que luego, después de construidos, digan que ya no, que tampoco servirá.
–Ja, ja.
–Hombre, acuérdate de lo de las zonas habilitadas...
–Mi tío se gastó quince mil euros en eso hace 3 años y luego le dijeron eso, que ya no valía. Pidió un préstamo y todo, ¿sabes?
–¿Te acuerdas de Gustavito, el cojo? Pues pidió hace tiempo también un préstamo –abatible, le dijeron– y al final con la crisis ha tenido que cerrar el bar y sigue pagando el préstamo. Está jodido, ¿sabes?
–Imagino.
–¿Y habrá multas o algo?
–No sé, aún no se sabe.
–Es que algo debe de haber, porque si no... Hombre, al principio imagino que te llamará la atención el policía, ¿no? Aprovecharán que están ahí dirigiendo el tráfico a la salida de los coles y vigilarán.
–¡Lo que le faltaba al policía!
–Mejor eso a que me pongan una multa de 200 euros.
–Pero ¿tú crees que nos multarán?
–Pues no lo sé, aún no se sabe. Pero algo harán, si no qué.
–A lo mejor confían en que entre todos nos arreglemos, de buena manera: «Oye, por favor...» o «Si no te importa...».
–¿Como en Europa? No creo ¿eh? Vamos, a mí no me importaría, lo apago y ya está. Pero tú imagínate, ahí, diciéndole a alguien que tire el cigarro porque fumar mata. Imagínate que ese tío ha tomado un café en mal estado o es un poco transitorio o, como dicen de los fumadores, que estamos ansiosos y de repente se agobia uno y se te encara y... ¿qué haces?, ¿el héroe? Mira el Puerta y el otro.
–Ya.
–Es que... no es fácil, ¿eh?
–No.
–...
–...
–Habrá que buscar zonas, como sea.
–Ya, pero tú piensa: si ni colegios,  ni farmacias, ni hospitales abatibles, ni en el coche-bus-avión-tren-navesespaciales, ni centros comerciales, ni bares-restaurantes-cafeterías-teterías, ni en misa, ni en parques, ni cementerios –por lo del carácter de parque–, ni en la playa, ni en parques de estos tipo Aqualandia y tal, ni en zonas con niños cercanos –cerca, quiero decir– ... A ver, ¿qué queda?, además de la casa de uno.
–No, y en casas siempre y cuando no haya niños cercanos ni abatibles.
–Pero ¿dentro o también si el vecino tiene un niño y acaba, no sé, oliendo el humo del cigarrillo que sube por el balcón? A mí me pasa.
–No creo que lleguen a eso.
–Ya, pero, es que ahora que lo pienso, yo en mi casa no fumo, no me gusta el olor, salgo al balcón.
–Pues a ver si te van a obligar a que sea dentro de tu casa abatible.
–¡No jodas! O sea que ni en mi casa voy a hacer lo que me da la gana.
–…
–Y espérate, que estamos a la vuelta de que llegue el Eurovegas ese, y como nos lo concedan…
–...
–Y fumar no, claro, pero los truños de mierda de la acera... no pasa nada.
–...
–Oye, ¿y en el fútbol?
–¡Hombre! No creo yo que en el fútbol... No, no creo que se atrevan a eso, eso sería ya demasiado… El fútbol no se toca.