martes, 20 de septiembre de 2016

La entrevista o La burbuja académica


La entrevista o La burbuja académica
La niña lluvia

—Buenos días.
—Hola, buenos días.
—Siéntese.
—Gracias.
—Usted debe ser…
—Aurelio Sabater Equipado.
—Eso es. Muy bien. Aquí veo que es usted Licenciado en Periodismo y Ciencias de la información en la Universidad de Harder… Licenciado con honores, según señala usted.
—Exacto.
—Además tiene un Grado en Marketing y Administración de empresas. ¿Matrícula de honor?
—Aha, sí.
—Muy bien. Luego hizo un doctorado en Gestión de la información.
—…
—En el instituto dirigió usted la radio durante tres años…, y luego 1 año en la radio local y dos años en Telecindra, que es…
—La televisión de mi pueblo.
—Aha… Ha creado usted un periódico digital, elveritable.com, y lo ha gestionado durante cinco años…
—Photoshop, Excel, MasterEditor, bla, bla, bla… Inglés C2… Vaya, Nosotros estamos considerando como mínimo el DMaster…
—Estoy ahora mismo en ello. Sí tengo el DMaster en Chino, eso sí.
—Bien. Veo también… el Toefl y…  Alemán B2, Francés B2, ¿Ruso C2?
—Sí, mi madre es rusa.
—Y Polaco B1. No está mal… ¿Publicaciones?
—Dos ensayos en la editorial Fidelius: ¿Qué es periodismo?  e  Implicaciones laborales en un entorno constructivo.
—En Aficiones señala usted que ha dirigido una película documental, El tiempo cero,  y recibió el Premio Nacional de cultura. ¿De qué trata?
—Es un documental que investiga el momento en que el ser humano se torció en la aventura de su existir y cómo los tiempos sucesivos han ido girando en una espiral cada vez más autodestructiva, a pesar de las señales que invitaban a cambiar con un pequeño esfuerzo de todos.
—Hum… Participó usted en los juegos olímpicos en 100 metros vallas, en mariposa y en salto de pértiga. Dos medallas de plata y un oro…
—Considero el deporte como un elemento fundamental en el quehacer humano que ayuda a la mente y nos equilibra.
—Fue subcampeón de España de ajedrez y campeón del Proyecto El arte de la guerra para jóvenes estrategas con 17 años.
—Sí. Necesitaba algún reto personal en aquella etapa.
—Entiendo. Vamos con una serie de cuestiones… ¿Está cansado?
—¡No, para nada! El psicotécnico fue rápido. Acabé antes del tiempo y parece que los resultados han sido excelentes.
—Estupendo, vamos allá. ¿Cuáles son tres de sus defectos?
—Soy puntual. Me obsesiona acabar lo que empiezo y…, no sé, no puedo controlar el ansia de aprender y ser mejor cada día.
—Hum… ¿Por qué las burbujas son redondas?
—Bueno, yo diría que el círculo es la figura geométrica más económica, así que… consigue el mayor rendimiento con el menor esfuerzo.
—Siguiente: ¿si vieses que tu cuerpo se ve reducido al tamaño de una hormiga en una batidora y tienes un minuto antes de enchufar la batidora y morir qué harías?
—¡Vaya! Sorprendente. A ver, teniendo en cuenta que mi masa ha disminuido mucho, mis músculos tendrán más fuerza y podría saltar fuera de la batidora… Sí, supongo que eso es lo que intentaría.
—¿Por qué razón las tapas de las alcantarillas son redondas?
—Pues… Pues… Puestos a imaginar, no sé, las tortugas ninja viven ahí abajo y si de repente quieren llamar a la pizzería El relámpago solo una pizza redondita familiar cabría por ahí…
—Eres capitán de un barco pirata y tu tripulación debe votar cómo se repartirá el botín. Si menos de la mitad no están de acuerdo contigo morirás. ¿Cómo vas a convencerles para mantengas una buena parte del tesoro y sobrevivir?

—Les diría que yo me quedo con un 10%. El resto pueden repartirlo. Y añadiría que les diré dónde conseguir más.
—Estupendo. Sí… ¿Medalla Fields?
—¿Cómo?
—Si tiene Premio matemático Medalla Fields.
—Bueno, eso… No. Yo no…
—Ayer tuvimos dos Medallas Fields en la entrevista y…, bueno… por eso lo pregunto.
—…
—¿Doctor Honoris Causa?
—Eh…, no… No…
—Ya veo. No sé… Es que, claro, es todo muy común, ¿verdad? No sé qué podría diferenciar más…
—…
—Ehhh, ¿Nobel?
—¿Cómo?
—Si es usted Premio Nobel.





domingo, 18 de septiembre de 2016

Somos lo que educamos


Somos lo que educamos
El niño cielo

Domingo por la mañana, bien prontito, me aburro y digo: «Voy a abrir el Twiter a ver qué me encuentro». Y, creyendo que uno se va a quitar las legañas con la idiotaexpulsión de un gran hermano, me sorprendo con una foto de un gráfico sobre educación en el mundo (países de la OCDE). ¿Fuente? La OCDE. España está a la cola en inversión educativa.
Visto así, rápido y hoy en día, siendo una nación esta que se resquebraja a pedazos y al borde de unas terceras elecciones —cerca de unas cuartas y a vista de unas quintas—, no es para prestarle atención, ya que además sabemos que desde hace años estamos en el precipicio de los resultados académicos.
Pero mira uno la fotito esa, por curiosidad, porque no se lo puede creer, porque puede ser falsa, porque las legañas, porque lleva un cubata en la mano o porque es educador, etc., cada cual que elija una causa, y se da cuenta de que estamos en la misma línea que Chile, Italia o Eslovaquia. ¿Eslovaquia? Resulta que Eslovaquia invierte casi lo mismo en educar a sus polluelos que nosotros. «¿Se han vuelto locos?» «¡Eso es tirar la casa por la ventana!».
Googlea uno «pib españa» y sale una imagen enorme: 1,393 billones USD (2013); «pib eslovaquia», 97,71 miles de millones USD (2013). No hace falta ser doctor en matemáticas ni tener la Medalla Fields para que la mente se dispare, vuele la imaginación… En Eslovaquia hay unos 5 millones de habitantes y en España unos 48 millones. Está claro que nos tomamos la educación ¡muy en serio!
Os voy a hacer una confesión: estaba un día por casualidad en un colegio con unos visitantes circunstanciales: profesores y alumnos suecos. El caso es que entablo conversación con una alumna y su profesora. Me hicieron una pregunta que aún hoy me impacta: ¿Por qué hay vallas y muros en el colegio?
Este punto y aparte era para reflexionar. La pregunta lo merece. No daban crédito a que necesitáramos muros para que los alumnos no se fueran de un colegio, lo que da una idea que lo que interesa la educación a muchos ciudadanos de este país. De la misma manera se sorprendían de los índices de fracaso escolar en secundaria y otras cosillas.
Recuerdo que me sentí tercermundista.
La inversión en educación no se ve en los bolsillos de los ciudadanos. Si ahora invirtiéramos de repente el doble —y no en ordenadores, que parece que es el único recurso, sino en más profesores y menos niños por aula— nadie llegaría mejor que antes a fin de mes. Además somos un país de urgencias, queremos resultados ya: mientras yo viva, mientras yo gobierne… ¡Claro, es que ponerme a recoger papeles del suelo o no tirar pipas, en definitiva, ponerme a cuidar el medio ambiente, cuando no veré resultados hasta dentro de 200 años, es decir, yo ya habré muerto…! ¡Ponerme a invertir en educación en pleno mandato cuando eso no da votos y en cuatro años podrían ventilarme por no haber invertido ese dinero en, no sé, devolver 400 euros en la renta o ayudas a compra de vehículos o bajar un 0,3% la luz…!
Pues ya está. No nos rasguemos las vestiduras. Somos lo que educamos.

miércoles, 17 de agosto de 2016

Incendios


Incendios
La niña lluvia

—A mí me parecen cosas raras, Eugenia. En esas cabezas hay cosas poco claras…
—Bueno, no tanto, tía. Conozco parejas que se han divorciado y luego han tenido un hijo.
—Pero ¿cinco meses después? Raro. Abatible. Líquido.
—…
—Javi dice que en esos cinco meses la ha visto tres veces y, por supuesto, nunca en la cama. Además estaba siempre delante su abogado.
—…
—Se lo ha inventado, Eugenia. O eso o es de otro... Y se lo quiere encasquetar… Pero cuando se haga la prueba de paternidad será cuando salgamos de dudas.
—Mira, tía, para raro lo de mi jefa. Va y me cuenta que cuando va conduciendo con su hijo de cinco años, si pasa de 60 kilómetros por hora el niño empieza a llorar y a decir «No más, no más». Y si sube a 80 entonces el niño sigue pero grita. Y así… Con lo que tiene que bajar la velocidad y no pasar de 60. Sospecha que el niño le quiere evitar un accidente, algo así como los «precog» de Minority report, ¿sabes?
—Y ¿tú te lo crees?
—Tía, ¿crees que miente?
—Joder, Eugenia, tu jefa es una fantástica.
—Demuestra que miente.
—¿Qué dices?
—Tía, me molesta mucho que dudes de una mujer. Si hubiese sido un hombre te lo creerías, como te crees a Javi.
—De eso nada. Y no lo puedo demostrar porque para eso tendría que acelerar a 140 y poner en riesgo la vida de dos personas, y si hubiera un accidente me dirías: «¿Ves?». Y encima quedaría en mi conciencia. Pero no le des la vuelta a las cosas como haces siempre, yo no miro el sexo o el género de una persona para juzgarla.
—Pues deberías. Bastante yugo soportamos ya para que nosotras mismas… Es lo que dice mi jefa: «la segunda guerra es entre nosotras».
—¡Ah! Y ¿la tercera? ¿El cepillo de dientes que se introduce en la boca a modo de violación y rasca y rasca?
—¡El sarcasmo es el recurso del débil!
—¿Esas frases lapidarias las sacáis de un libro de autoayuda? Por cierto, ¿tu jefa también piensa igual con esa movida del ajedrez?
—Por supuesto. Lo condenamos.
—¿Ambas?
—Las mujeres lo condenamos. Y tú eres expéctica de esas porque no te lo han explicado aún.
—No me hace falta.
—Tía, el más importante es el rey, es el privilegiado, por eso se le mata el último. Y a la que todos quieren matar es a la reina.
—La fichas no se matan. Se capturan. Pero, bueno, es igual, déjalo, no pierdo el tiempo con esas cosas.
—Esa es la actitud pasiva que nos somete. Siempre te lo digo. Debes aprender a superar ese estado de inactividad primario para trascender y ver la profundidad de la vida.
—¡Ya! No, es que…, verás, yo lo veo más bien… racista: empiezan blancas.
—¿Empiezan a qué?
—Quiero decir que el primer movimiento lo hacen las figuras blancas, por tanto llevan ventaja. ¿Qué te parece?
—Mmmm, se lo diré a mi jefa… Sería cargar más las pintas a nuestro favor.
—Tintas.
—¿El qué?
—Nada.
—Te importa que se lo diga yo a Sonia.
—Yo no voy a hablar con tu jefa ni muerta, así que haz lo que quieras.
—Hum.
—Es más. Estoy abriendo mi mente femenina para acceder a esa profundidad… Quizá me cuesta y es muy torpe pero… veo un componente imperialista, anticomunista, feudalista…
—¿Sí?
—…
—Eso era lo de latifundios y tal…
—¡Los peones se sacrifican por figuras más nobles, con más movimiento y mayor puntuación! ¡Horror!
—¡Los peones…! ¡¡¡Los obreros!!! ¡¡El movimiento obrero!!
—Claro.
—Tía. Eres una máquina cuando quieres.
—Como el billar… A golpear a la bola negra hasta que la metes en un agujero.
—Ya ves.
—O la postura del perrito. ¡Por Dios, qué dominación tan abominable!
—¡Odioso! ¡Abominable!
—Por cierto, ahora que estoy en racha. ¿Os habéis dado cuenta de que las empresas lácteas explotan a las hembras para extraer la leche?
—¡Diossss! Me voy a ver a Sonia. Mañana te llamo, hermana.

jueves, 23 de junio de 2016

El caimán


El caimán
El niño cielo

—Yee, chavales, ¿qué os dije?
—¿De qué?
—¡Hacedme un hueco, coño! ¿Cómo que de qué? ¿Lo del caimán?
—¡Joer, qué pesao!
—¿Lo dije o no lo dije?
—¿El qué?
—Paco, Paquillo, sácanos otra de boquerones. Lo del caimán… Que se lo cargan. Si hubiéramos apostao me hubiera llevao 100 pavos.
—Bueno, pues ya está, todo para ti. Muere el bicho. Has ganado. Venga, vamos a darle un aplauso entre todos…
—Gracias, gracias por tus ironías, Jorgín. Pero vamos a lo importante: admite que conozco más a los gringos que tú.
—Otra discusión no, por favor. A beber cerveza y ya está.
—No, no, déjale. Se ha levantado esta mañana cachondo perdío para venir aquí a restregarme su antiyankeeismo…
—¡Vaya palabro, tú!
—Está tol día así: yankee, gringo, trumpero… Eres muy cansino.
—Está en su cultura. Son unos killers. Ahora se desahogan con los animales.
—¡Aquí tenéis!
—¿Veis? Entre estos boquerones allí hubiésemos encontrado unos balines en vez de los ajicos troceaos y el perejil. Gracias, Paco.
—Mira, si los padres fueran más responsables…
—A mí eso me da igual. Yo solo lo digo por la puta anticultura norteamericana.
—¡A ver!, ¿qué coño de los padres?
—Tío, los responsables serán los políticos que permiten que haya animales salvajes sueltos por ahí.
—¿En EE.UU. animales salvajes? Noooooo.
—No te cachondees, tío, lo digo en serio.
—Yo también. He estado allí dos años, ¿recuerdas? Me topé con unos… 300 animales salvajes cada día, desde que salía de casa hasta que volvía. Mi querida araña era el único animal doméstico del barrio.
—De todas formas, tú, eso de los políticos… Entonces ¿qué hacemos, matamos a los políticos, igual que han hecho con el caimán?
—Ahí es donde voy. Se mata al caimán. ¿Por qué?
—Está claro. Imagen, política, cabeza de turco…
—De eso nada. Se le mata porque es un animal peligroso y punto.
—¿Esa es razón para que lo sacrifiquen? ¿Estamos locos? Es una bestia, es una jodida bestia. No es un perro, tío. Sacrificamos a un perro cuando se vuelve peligroso, cuando ataca, cuando está loco o enfermo. Pero un caimán es una bestia. ¡Oh, eliminemos a todos los caimanes del mundo! O ¡Sacrifiquemos a los tigres y leones de África! ¿En qué coño estás pensando?
—O sea, ¿que tú pones antes la vida de un animal que la de un niño?
—Tío, no pongas palabras en mi boca que yo no he dicho, no me seas pabloiglesias, loco.
—No politicemos esto, ¿eh?
—Vale, era solo un comparativo. ¡Lo del niño es populista que te cagas!
—Conozco gente que ha tenido malas experiencias con perros y luego tienen perro.
—¡Ah! Y yo conozco a gente que ha tenido malas experiencias con perros y luego no quieren ver uno ni en pinturay tienen traumas. ¡Qué idiotaargumento es ese, tío! ¿A cuántas personas conoces en el mundo? ¿200? Hablas mucho con Pedro Picapiedra últimamente, ¿verdad?
—Todo un rupícola.
—No estamos hablando de un perro, listillos, ¡a ver si he de llamar a Frank de la jungla para que os haga un esquema de la zoología básica!
—¡Con estos zumbaos ni Aristóteles!
—A mí me la pela si el bicho vive o muere, lo que me importa es el niño y su familia. Ponte en su lugar.
—Tío, que defienda al animal no significa que no entienda el dolor de la familia. Todo no es blanco o negro. Son categorías distintas. Mira este boquerón. Por delante blanco y por detrás azul. Ya está. Y me lo zampo. Además, no defiendo al animal, solo digo que matarlo ¿qué es lo que soluciona?, a ver…
—Podría matar a otro niño, ¿no lo entiendes?
—Sí, y otro caimán también, ¿lo entiendes tú, hater?
—¡Ah, no hagamos nada! ¿verdad? Si fuera tu hijo…
—Tío, otra vez tergiversando. Yo solo digo que esa medida no. Veamos otras.
—Aplicamos si queréis las leyes vigentes y lo juzgamos y lo encarcelamos.
—¡Ja, ja, me parto! ¡Oh, te has estrujado el cebollo!, ¿eh?
—Si es que estáis discutiendo una idiotez. ¿Qué más da? España va bien en el europeo, ¿no? Y ¿De Gea?
—Tío, discuto porque Gringolandia y su estupidez se extiende como un puto cáncer y no quiero que os idioticéis. ¿Qué hay de malo en hablar? ¿Tienes miedo de hablar? ¿Tienes miedo de no saber hablar o dar tu opinión o de quedar mal diciendo tonterías? Pues escucha. Escuchar también es bueno. Es un principio. Este boquerón, mira, mira, este boquerón… escucha, está calladito…
—Tío, cierra la lata, no me enseñes el boquerón.
—Pues tengo otro aquí que…
—Cállate, asqueroso…
—¡Tú eres el animal!

lunes, 13 de junio de 2016

El fútbol no se toca XII


El fútbol no se toca XII
Eva Tacazo

—Y ¿qué propones tú?, a ver.
—Cerrar los estadios un año entero. Un año sin ligas, sin copas…
—Sin abonos…
—¡Pues que se jodan!
—Hombre, yo creo que lo de prohibir es siempre una marcha atrás.
—Pues a veces, detenerse un poco o tirar patrás no es malo.
—¿Sí? ¿Dime un ejemplo?
—¿Eh?
—Un ejemplo de que ir patrás haya sido bueno.
—Pues…
—No lo hay.
—Las artes.
—¿Eh?
—En las artes siempre ocurre. El Renacimiento volvió a establecer los valores estéticos del Clasicismo. Y el Neoclasicismo también. Y así se rechazaba la oscuridad de la Edad Media o del Barroco.
—Mmmm, bueno, también podría yo decirte que es el Barroco el que echa patrás y rechaza el Renacimiento, y así también el Romanticismo con el Neoclasicismo…
—Bueno, es igual. Esto hay que pararlo. ¡Metieron un lanzabengalas! Estamos locos.
—O enfermos.
—Es lo mismo. Nos pegamos, nos rajamos… Es que no va a poder ir uno al fútbol con su hijo a disfrutar una tarde del espectáculo del deporte rey sin miedo a que le abran la cabeza.
—Hombre, si el rey es Joffrey.
—No te cachondees, tío. ¿No viste la imagen del padre con el niño en brazos y levantando la mano pidiendo «A mí no», «Yo no participo de esto», «Dejadme pasar», «No me agredáis»?
—Sí, lo vi. Perdona, es que venía a huevo.
—Es que mucha tolerancia y favor hacia las donaciones de médula, «¡Oh, qué grandes somos!», y fundaciones contra el cáncer, «¡Oh, qué buenos somos!», los Derechos humanos…
—«¡Oh, qué rectos somos!».
—Pues, sí… Y qué hipócritas también.
—…
—Tengo el cuello quemao. Ayer fui al campo con mis padres y tal y caía una que no veas. Y no me puse crema.
—Esto ya está siendo exagerao, cada año peor.
—…
—¿Lo otro? Te lo resumo. Nadie se va meter en lo del fútbol. Bueno, sí, cuatro parches: denuncia a tal, multa a la federación, inspección en el otro…
—Eso son remiendos, apaños… «Oye, que soy el ayuntamiento de nosedónde y necesito refinanciar tanto y tal», ¡ala!, y más deuda pal ayuntamiento… «Oye, que he suspendido dos asignaturas en junio y tal», no pasa ná, dentro de tres semanas recuperación de todo el curso, 8 meses…
—Pues algunos aprueban.
—No seas iluso.
—…
—¿Qué pasó en Roma? Roma prohibió los gladiadores. No había otra forma para quitar la violencia marrana y sangrienta.
—Eso fue porque los que morían eran cristianos y lo prohibió un emperador cristiano. Valentiniano, creo que era. El imperio estaba en decadencia.
—Como nosotros. Estamos enfermos.
—Sí. Pero tampoco sé si esa es la solución. De hecho la violencia se trasladó a otros fueros. Si no de qué seguimos igual… Hay tensión en el ser humano… Algo de esto decía Freud. Y no la canalizamos…
—…
—Creo que había una ley física, ¿no? ¿Transformación de la energía o algo así? La cosa es que si soplo hacia ti y tú pones la mano entonces ¿Qué hace el aire? Se desvía. O, por ejemplo, si doy un golpe en la mesa, ¡plom!, ¿crees que la fuerza ha sido eliminada por la mesa?
—Mmmm, ¿sí?
—Pues no. Se ha transformado, se ha ido un poco por ahí, otro poco por allá… La tensión…
—…
—Mira, si no lo de Muniain y tal. 
—¿El qué?
—Lo de España, lo de De Gea y la prosti…
—¡Ah!, sí… Otra historia. Oí que pasó hace 4 años. No sé, De Gea era un chaval ahí, ¿no?
—Pues, creo que ahora tiene 25…
—Me cuesta creer que abusaran y tal.
—¿En serio? A mí no solo no me cuesta sino que creo que hay muchos más casos pero no salen. De momento.
—Pero es gente joven, con pasta, que puede tenerlo todo y vivir bien…
—Por eso mismo. Están cansaos de lo normal y buscan cosas diferentes. La juventud de hoy es así. Bueno, antes también habría de todo, pero creo que ahora es más común.
—Los jóvenes de hoy están perdidos.
—Puede ser. Pero si fuera así habría que ver la responsabilidad quién la tiene, ¿no? Porque una generación no nace ya así, ¿no?
—De todas formas, no descartes que sea un papelón de la tipa esta, y que no hubiera abuso, solo un caso de prostitución y ya.
—Habrá que ver las pruebas pero tensión había, porque los wasaps ya se han publicado y el otro día De Gea dijo que no conocía a la prosti. Literal.
—¿Esto no será una maniobra de los gabachos para desestabilizar al equipo?

Americanadas IV: terror y fobia


Americanadas IV: terror y fobia
El niño cielo

El mundo despierta con la mirada hacia Orlando.
En las primeras declaraciones he escuchado dudas sobre si es un ataque terrorista u homófobo. Parece que hay indicios para ambos —no me sorprende. Más allá de quedarnos en la causa que motiva a esta gente deberíamos señalar, en primer lugar, que este tipo no es un lobo solitario, como este hay muchos; en segundo lugar, vamos a oír de todo en los medios de comunicación, pero deberíamos poner en tela de juicio toda la información, puesto que viene de Norteamérica, tierra de la Mercadotecnia fogoartificial y teatrera y de guerras con auto lavado hollywoodiense; y, en tercer lugar, deberíamos decidir sobre dónde colocar el foco.
Sabemos que cualquier niño de 16 años puede llevar un arma en Norteamérica. Está en su ADN, diría Trump. De la misma manera podríamos apuntar nosotros que el machismo está en nuestro ADN. Ambas afirmaciones son falsas —además de idiotas— y solo sirven para justificar las necesidades o motivaciones egocéntricas de cada cual. Todos deberíamos saber que hay culturas de matriarcado, por poner un ejemplo. Así que de genético poco. Es una cuestión social, adquirida, ambiental. En Gringolandia se respira desde hace mucho tiempo el ruido de una bala —y no solo en las películas. Es el carácter de buena parte de la nación. Por tanto, la cuestión es educativa. No son accidentes aislados. ¿Consiguió Norteamérica eliminar el tabaco de la conciencia nacional? Bastante, ¿verdad? Pues las mismas herramientas contra la muerte por bala. Y dejémonos ya de hipocresías.
¿Acto de terrorismo? ¿Acto homófobo? ¿Qué más da? Si alguien aún va a fiarse de los medios de comunicación de Gringolandia es un iluso o un egódoxa. Si queremos noticias que favorezcan al Madrid leamos el AS, y si queremos que favorezcan al Barça leamos el Mundo deportivo. ¿Qué periódico o canal de tv si somos del PP o del PSOE…? Estimado lector, si queremos la verdad leamos los dos, veamos los dos, y luego hagamos un ejercicio crítico reflexivo. Espero que no sea pedir mucho: querer la verdad, ¿no? Pero, insisto, ¿qué más da? Muere gente. Es violencia. Y el sistema de valores y el educativo deberían condenarla y expulsarla, y nunca usarla para justificaciones y motivaciones políticas o sociales. Eso nunca.
Poner barreras es un parche. No es la solución. Habrá quien grite que si todos llevásemos armas —incluidos los homosexuales del local, dirían Trump y sus acólitos, culpando indirectamente a las víctimas— todos hubiéramos detenido a este tipo. ¡Esto es una barbaridad! La violencia siempre engendrará violencia, y si esta frase tan sencilla no cala es porque tenemos un problema grave. Habrá quien clame que en el trabajo de seguridad de este asesino no le hicieron un análisis psicológico —y otros dirán que eso mismo forma parte de la conspiración proarmas norteamericana, etc.—, o que debería haber más detectores de armas a la entrada de locales públicos y privados, o que podríamos poner un dron en la cabeza de cada persona, a unos 10 metros de altura y así…, o más cámaras de seguridad, o un chip subcutáneo que pueda ser controlado por…, o trincheras, o barricadas. Y las barreras no son la solución, ya lo estamos viendo todos los días. Ni en el mundo real ni en el mundo virtual. También habrá focos encima de los terroristas, de esos radicales asesinos, de los homófobos —cuidado con twiter, por favor, ya se está llenando de idioteces y egodoxía—, de la Fundación del rifle, de las mamás de aquellos que fueron a la fiesta…
Y no sé si oiré que es un problema humano.

martes, 24 de mayo de 2016

Mi vida pública


Mi vida pública
La niña lluvia

Camisas, vaqueros, móviles, llaves del coche. Ellos. Camisas, faldas y pantalones, móviles, bolso de mano. Ellas.


—Pues pídeme para mí…, o sea, para nosotros, ¿no…?, tú, dos gin tonics.
—Sí, sí.
—Oye, pos ya que vas…
—¡Ya estamos con el poyaque!
—¿El qué?
—¡Poyaque vas, poyaque estás…!
—¡Hijo, cómo te pones!
—Venga, pues voy yo y ya está.
—No he dicho nada grave, solo que…
—¡Relájate!
—¿Relájate? ¿Relájate…? Pues mira, me pongo como me da la gana.
—Tío, si necesitas ayuda para traer ocho copas nos lo dices…
—¿Te me estás riendo de mi cara en mi cara?
—Si quieres te hago un plano…
—¡Otro con el cachondeo! ¿Qué coño os pasa hoy?
—Dejadlo ya, que parecéis críos.
—Los hombres estos…, que si no mean su territorio no son hombres.
—Pero si vosotras sois iguales.
—O peor.
—¿Qué dices?
—Bueno, ¿vas o no vas?
—¡A que no voy!
—Mira, tía, así con todo. ¡Todos los días! Ya te dije el otro día.
—Así ¿el qué?
—¿El qué? Mira, no quería contarlo hoy pero lo voy a hacer.
—Espera, espera, que saco el Plebiscope, ¡que esto está molando!
—¡Ya ves, tron! De esta nos siguen mil.
¡CONFIDENCIA!
—He conocido a alguien…
—¿Qué?
—…
—Y ¿me lo dices así, delante de todos?
—…
—Podías haber esperado a estar a solas.
—…
—Tú, para de grabar, gilipollas.
—¡Tranqui, tron!
—¿Cómo has podido…? Hemos hablado de esto muchas veces. Quedamos en decírnoslo todo… ¡Tío, te he dicho que no me grabes, sabes que no me gusta!
—Te me relajas, ¿vale…? ¡Hostias, 58…!
—Y ¿quién es el puto afortunado que se ha estado merendado a mi novia?
—Déjalo, ¿vale? No te mortifiques.
—¿Ahora vas a darme consejos tú? ¿Ahora eres tú la moral o qué pasa?
—Tío, no la insultes.
—¿Insultar? De momento no he dicho nada, aunque quizás empiece, así que tú cállate y dedícate a tu piba, no sea que te salga cariñosa como la mía.
—¡Tío, con Silvia no te metas que te meto!
—¡Y tú deja de puto grabar que te tragas mi puño. Ya te lo he dicho 3 veces, dos con educación y esta es una puta amenaza!
—¿Me estás amenazando, mamón? Mira que está grabado… ¡185!
—O sea, que encima no me vas a decir con quién.
—… ¿Quieres saberlo?
—Dímelo.
—No sé si debo…
—Ten la mierda de decírmelo por lo menos…
—…
—¡Me lo debes, joder!
—Joder, ¡qué teatrero!
—¡Tú cállate!
—¡Dios, 470 visitas!
—Me das asco… Me dais asco todos. ¡Enfócame! Eh, los que miráis, sois unos putos fracasados…, os va el morbo…, os sentís vacíos y tenéis que llenar vuestras putas vidas con las de los demás…
—¡No te acerques!
—Ahí, mirando como salidos y viciosos…
—¡1300! ¡Esto huele a récord!
—¡Es… Javi!
—¿Qué?
—Lo que has oído.
—¿No será…?
—¡Tu hermano, joder!
—¡Uhhhhhhhhhhhhhhhh!
—¡Huele a récord!
—¿Mi hermano? ¿Te has tirado a mi hermano, puta destroza matrimonios?
—¡No se lo digas, vale!
—¿Qué no se lo diga?
—¡3700! ¡Síííííííííííííííí!
Rompe un tercio y amenaza con el silicato.
—¡Suelta la puta cámara o te mando al cirujano!
—Espera, tío…
—¡Espera!
—¡Tranquilo!
—¡¡¡Es todo mentira!!!
—¿Qué?

DEUS EX MACHINA: Ponemos precio a nuestra vida, pero ¿cuál es el precio de nuestra vida? ¿El engaño? ¿La muerte? ¿El morbo? ¿El orgullo? ¿El éxito? ¿La competitividad insana? ¿Ser el «mejor»? Ponemos precio también a la vida de los demás. ¿Desde cuándo «no» es «sí»? ¿La enfermedad del yo ha avanzado tanto que percibimos valores y palabras invertidas? La Ilustración derrocó a los tiranos de sangre azul, pero ahora el prójimo es mi tirano. La masa, creyéndose individuo, tiraniza a otros individuos. La masa acecha. La masa cáncer, esa suma de individuos sin individualidad, devora al hombre individual. La masa tirana anhela individualidad, pero al no tenerla en su constituyente biológico pretende alcanzarla usurpando al verdadero individuo. «¡Muerte al individuo porque me agrede su individualidad!» ¿Hasta cuándo este superhombre podrá resistir? ¿Dónde va a refugiarse en su lucha titánica? ¿Su única salvación será degradarse a abandonar su arma, la razón, y aprender a usar las armas de la masa bestia? Podría caer derrotado y la masa ya no tendría antagonista. Muerta la razón que controla a la bestia, esta seguirá teniendo hambre porque es principio insaciable. La próxima digestión será fagocitaria. La masa trituradora rastreará cualquier síntoma atávico y durmiente de individualidad entre sus componentes, y seguirá masticando y aniquilando a «lossuyosenpotenciade» superhombres.
Al final, al monstruo solo le quedará el hambre…

jueves, 28 de abril de 2016

Voluntarios para crecer


Voluntarios para crecer
Espe Or

Ahora que está tan de moda ser encarcelado en esta península ibérica del pillaje manual e ideológico, resulta que confluyen los astros y el escenario zoolímpico nos muestra una variopinta —a veces, rocambolesca— animalia triunfante.
Uno de los representantes de la especie es A. Otegi, portavoz hace años de grupos políticos vascos considerados ilegales en España por vivir al amparo de ETA, organización política terrorista que ha asesinado a políticos y empresarios. Por demostrarse su pertenencia a banda terrorista o banda armada fue condenado y pasó seis años encarcelado. Salió hace dos días, como quien dice. Ahora mismo, en estos minutos en los que escribo, está en el Parlamento europeo, y va a seguir allí haciendo un tour, invitado y acogido por una troupe de iluminados. Me pregunto si la pareja o el hijo o la hija de alguno de esos inocentes que fue encerrado y utilizado o asesinado para provocar la independencia de un país también tiene la puerta abierta y el altavoz encendido en el Parlamento europeo —como invitado, digo— y poder así tener derecho a réplica o señalar que su padre murió por razones «políticas».
¿Recuerdan al Dioni? ¿No? Ya llovió mucho desde que este ladrón obrara. Fue vigilante de seguridad y se agenció un furgón blindado de una empresa con billetitos dentro. Se fue de vacaciones a Brasil pero lo pillaron entre postizos y posaderas. No devolvió todo el dinero y la empresa a la que robó desapareció por bancarrota. Algunos lo tienen por un Robin Hood del pueblo. Tras la cárcel y varios negocios, llegó a grabar dos discos. Traficó con drogas. Lleva unos años subido al bólido de las televisiones y el cine. El anónimo ladrón devino en ladrón para la opinión pública, y ahora es personaje público al que algunos votan para salvarlo y aplauden en Supervivientes —ya estuvo en otros programas forrándose los bolsillos del chaqué—. Me gustaría saber si esos que le pagan desde los sofás, copa y puro de allí arriba lo contratarían como mayordomo en sus dulces y brillantes hogares. Y me gustaría saber si los que le votan o aplauden le darían trabajo sentado en su caja registradora.
Y ¿qué decir de Mario Conde? En 1993 se destapó el caso Banesto, por el que fue condenado a 20 años por perder unas cuantas maletas de dinero —no está claro si fueron maletas o camiones porque el dinero no apareció nunca—. El caso es que tras la cárcel se deslizó como pez en el agua por platós televisivos —curiosamente de la misma cadena que otros, Teleconvicto—, al parecer para mejorar su imagen pública porque, como se supo después, ¡el tío quería presentarse a unas elecciones! Se convirtió en el presidente del partido Sociedad Civil y Democracia.  Y como era tan público pues publicó libros y todo. Hoy vuelve a ser investigado porque, ¡qué casualidad!, han aparecido unos milloncicos de euros que no había declarado que tenía. Los paraísos fiscales, ya saben. Pero no pasa nada. Me aventuro a que ya tiene contrato televisivo , cheque y salón de belleza para contarlo todo todo, o sea, nada nada.
Por tocar todos los palos para que conste que es un problema social, no político —y ya veremos si es cierto que el fútbol no se toca—, el rey Midas del deporte rey, L. Messi, fue imputado y llamado a declarar hace un par de años. Fraude fiscal. Y ahora está siendo investigado también por unos papelitos que parece que se ha llevado a otro país y que se le ha olvidado declarar.
—¿Por qué no declaró usted…?
—No lo sabía. Yo no sabía que mi dinero estaba allí. Solo pago con tarjeta.
Bueno, ya se verá. Lo que ya se puede ver, que es adonde voy, es a sus fanáticos seguidores, followers, messiers, aplaudiendo al tipo cuando se destapó la noticia, justificándolo y exculpándolo.
—Él no sabe nada porque se centra en jugar. A él no le interesa el dinero.
—Su padre es el que lo maneja.
Y yo me acuerdo de Lola Flores pidiendo unas pesetillas a cada españolito. ¡Pobrecita ella! ¡Y la Pantoja! ¡Tan mal está la pobre económicamente que se ha hecho un restyling!
Y la última: el otro día, mientras tomábamos peladillas y azucarillos en una cafetería, como buenos jubilados, nos dice un amigo:
—Tengo una duda moral. Se me ha roto el botón del volumen del móvil y voy a comprarme otro, y un amigo me ha dicho que qué voy a hacer con este, porque no sabe lo del botón, y me ha dicho que me lo compra por 200€. ¿Qué hago?
—Eso se llama timar. Si quieres ser un timador, adelante.
—No, a ver, he pensado decirle que a veces el botón no va bien, a veces…
—Timar.
—Yo creo que no es para tanto, tío.
—Luego te quejas de los políticos.
—¡Eh!, no me compares ni de coña… Y si ellos no dan ejemplo no voy a ser yo el tonto… Vosotros también lo haríais. Paso de discutir con vosotros, sois unos putos envidiosos.
—Mira, has hablado para pedir consejo, así que si no te gusta te aguantas. La próxima vez que necesites confirmación de tus actos amorales para no sentirte culpables te lo callas o visitas a Bárcenas a la cárcel.
—Y vosotros sois perfectos, ¿no?
—Nadie ha dicho eso, tío, ahora estás a la defensiva.
—¡Hombre, me estás comparando con Bárcenas!
—Cada uno a su escala. Si tuvieras cerca millones no sé lo que harías…
La cosa es que el delito se está banalizando, por un lado, y acaba en erostratismo. Cada vez se oye decir más eso de «Si todo el mundo lo hace pues yo también/yo no voy a ser el tonto», ¡como si conociéramos a todo el mundo! Yo no conozco a más de 200 personas —alguno tiene 5000 amigos en redes sociales y cree que eso es conocer; aun así el número…—. En fin, una vez más la disonancia cognitiva que nos permite buscar razones que justifiquen nuestros actos, equilibrar creencias y conductas. Si creo que está mal pero quiero timar…, eso no casa bien, así que mejor si me convenzo y me creo que está bien porque todos lo hacen. Mucha gente, creyendo que de verdad esto es común, se sube al carro; o si estaba subida no se baja. Además de la hipocresía de participar del «negocio» pero criticar a los políticos que lo hacen, porque también hemos sentenciado vulgarmente que político es igual a corrupto.
Por otro lado, quizás en menor medida, observo también cada vez más el hartazgo de que alguien nos robe, aunque sea un boli, y conductas asertivas que permitan colocar a cada uno en su sitio. Lo cual es de aplaudir.
Puede que, en lugar de encontrarnos en medios de comunicación social noticias de políticos corruptos, por ejemplo, y atornillar constantemente dicha noticia hasta llegar a sus calzoncillos o a las bolsas de basura, debiéramos ofrecer reflexión y debate social, no político, con profesionales que se centraran en lo social, no político.
Crecer sanos.

lunes, 18 de abril de 2016

Cuentos de hospital


Cuentos de hospital
La niña lluvia

Sala de espera. De esas tan cálidas. No corre el aire. No corre el tiempo. No hay anestesista.
—…
—¡Pos yo siempre pregunto todo! ¡Todo…! Y ya está.
—No, si yo no digo nada, pero es que cualquiera se puede equivocar.
—Yo no. Porque para eso me estoy yo aquí. Y lo primero pregunto. Pregunto siempre. ¡Que es lo que hay que hacer! A la ventanilla, a este, al otro…
—Ya, bueno, y yo me he equivocado y no pasa nada.
—Bueno, yo lo dejo claro: que yo siempre siempre pregunto. Y ya está. Porque yo tengo mis cosas. Y no digo lo que es…
—Como todos.
—Ya pero yo no lo digo. Y me preocupo por preguntar y estar aquí. Siempre que vengo yo estoy aquí… (Pasos de bata.) ¡Oye, doctor, espera…! Mira yo…
—Sí, pero ya le he dicho antes, señora, que aún no puede ser. Espérese y ahora lo pregunto.
—¡Bueno…!
—…
—No, es que así no puede ser… Y yo no digo a nadie lo que tengo, pero…
—¿Otra vez, señora? ¡Ya está bien!
—¿Cómo que ya está bien? Ya le he dicho a esta que yo pregunto porque es así, hay que preguntar porque en la ventanilla no te dicen las cosas o las dicen mal. Y yo no puedo estar así.
—Si es que está usted molestando todo el rato y retrasando a los médicos.
—Y a nosotros.
—Señora, que yo también estoy para una ecografía y tengo prisa.
—No os metáis conmigo, que ya está bien. Yo hago lo que yo tengo, ¿eh? Y no digo lo que es porque no lo digo.
—A lo mejor yo estoy peor que usted.
—Mira, la otra… ¡cállate ya, pesada, que eres una pesada!
—Oiga, señora, dice usted no se metan con usted y acaba de insultar a esta señora. ¡Cálmese!
—¿Tú también? Vamos, hombre, todos en contra mía… ¡Ay!
—Es usted la que insulta así que no se queje ni pida respeto a los demás.
—Ya veo, ya. Todos. Todos… Pero ¡no ves que se meten conmigo! ¡Eso no lo ves!
—Veo muy bien.
—Chssss. A ver. Pensemos todos dónde estamos y nos callamos todos, ya está, ¿vale?
—Nosotros le estamos hablando con respeto… A ver si tampoco podemos hablar.
—(Chssss, si ya… Pero…)
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Ascensor. Baja de la 8. Estamos en la 0. Queremos subir. Puertas. Señor desesperado, con gafas gordas y desesperadas, y una hija más desesperada con él. El contacto. Los inquilinos eternos del ascensor tratan de salir pero el señor trata de entrar porque sabe que el ascensor va a zarpar sin él, es más, sabe que el ascensor va a zarpar sin nadie. El ascensor de hospital, esa huidiza, agresiva, inhóspita y abatible superficie de existenciales conversaciones teológicas.
—Papá, deja que salgan primero.
—¿Eh?
—A ver, déjenme ponerme delante que quedo yo por salir y voy a la -1 ya.
Ascensor a -1. Puertas.
—¡Ale! Hasta luego. Miren todos los botones no sea que con el trajín no se hayan pulsado todos.
—¡Vete ya, cojones!
—¡Papá!
—Yo solo intentaba ayudar.
—¡Pos te hubieras bajao andando, coño, que tú eres joven. Ahora tenemos que jodernos todos!
—¡Papá!
—¡Anda ya!
Ascensor a 4. Puertas.
—¡Anda tira! Y a ver si te muerdes la boca.
—Nena, cariño, unos hablan de más y otros como esta ni hablan.
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Cafetería del hospital. 10:30 de la mañana. Cola para almuerzo. En mitad de la sala una barrera traslúcida separa al personal de los visitantes, para preservar la paz médicosenfermeros VS familiaresdepacientes.  Señor y señora de unos 65 años y entrados en carnes, grasas y excesos.
—2 cervezas, 2 coca colas, una de cheetos, una de cortezas, una de onduladas y un cruasán de chocolate.
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Hospital, en su totalidad, constantemente, todo lleno, en puertas y esquinas: «Por favor, cierren las puertas».