Sala
de espera. De esas tan cálidas. No corre el aire. No corre el tiempo. No hay
anestesista.
—…
—¡Pos
yo siempre pregunto todo! ¡Todo…! Y ya está.
—No,
si yo no digo nada, pero es que cualquiera se puede equivocar.
—Yo
no. Porque para eso me estoy yo aquí. Y lo primero pregunto. Pregunto siempre.
¡Que es lo que hay que hacer! A la ventanilla, a este, al otro…
—Ya,
bueno, y yo me he equivocado y no pasa nada.
—Bueno,
yo lo dejo claro: que yo siempre siempre pregunto. Y ya está. Porque yo tengo
mis cosas. Y no digo lo que es…
—Como
todos.
—Ya
pero yo no lo digo. Y me preocupo por preguntar y estar aquí. Siempre que vengo
yo estoy aquí… (Pasos de bata.) ¡Oye,
doctor, espera…! Mira yo…
—Sí,
pero ya le he dicho antes, señora, que aún no puede ser. Espérese y ahora lo
pregunto.
—¡Bueno…!
—…
—No,
es que así no puede ser… Y yo no digo a nadie lo que tengo, pero…
—¿Otra
vez, señora? ¡Ya está bien!
—¿Cómo
que ya está bien? Ya le he dicho a esta que yo pregunto porque es así, hay que
preguntar porque en la ventanilla no te dicen las cosas o las dicen mal. Y yo
no puedo estar así.
—Si
es que está usted molestando todo el rato y retrasando a los médicos.
—Y a
nosotros.
—Señora,
que yo también estoy para una ecografía y tengo prisa.
—No
os metáis conmigo, que ya está bien. Yo hago lo que yo tengo, ¿eh? Y no digo lo
que es porque no lo digo.
—A
lo mejor yo estoy peor que usted.
—Mira,
la otra… ¡cállate ya, pesada, que eres una pesada!
—Oiga,
señora, dice usted no se metan con usted y acaba de insultar a esta señora. ¡Cálmese!
—¿Tú
también? Vamos, hombre, todos en contra mía… ¡Ay!
—Es
usted la que insulta así que no se queje ni pida respeto a los demás.
—Ya
veo, ya. Todos. Todos… Pero ¡no ves que se meten conmigo! ¡Eso no lo ves!
—Veo
muy bien.
—Chssss.
A ver. Pensemos todos dónde estamos y nos callamos todos, ya está, ¿vale?
—Nosotros
le estamos hablando con respeto… A ver si tampoco podemos hablar.
—(Chssss,
si ya… Pero…)
…………………………………………………………
Ascensor.
Baja de la 8. Estamos en la 0. Queremos subir. Puertas. Señor desesperado, con
gafas gordas y desesperadas, y una hija más desesperada con él. El contacto.
Los inquilinos eternos del ascensor tratan de salir pero el señor trata de
entrar porque sabe que el ascensor va a zarpar sin él, es más, sabe que el ascensor
va a zarpar sin nadie. El ascensor de hospital, esa huidiza, agresiva,
inhóspita y abatible superficie de existenciales conversaciones teológicas.
—Papá,
deja que salgan primero.
—¿Eh?
—A
ver, déjenme ponerme delante que quedo yo por salir y voy a la -1 ya.
Ascensor
a -1. Puertas.
—¡Ale!
Hasta luego. Miren todos los botones no sea que con el trajín no se hayan
pulsado todos.
—¡Vete
ya, cojones!
—¡Papá!
—Yo
solo intentaba ayudar.
—¡Pos
te hubieras bajao andando, coño, que tú eres joven. Ahora tenemos que jodernos
todos!
—¡Papá!
—¡Anda
ya!
Ascensor
a 4. Puertas.
—¡Anda
tira! Y a ver si te muerdes la boca.
—Nena,
cariño, unos hablan de más y otros como esta ni hablan.
…………………………………………………………
Cafetería
del hospital. 10:30 de la mañana. Cola para almuerzo. En mitad de la sala una
barrera traslúcida separa al personal de los visitantes, para preservar la paz
médicosenfermeros VS familiaresdepacientes. Señor y señora de unos 65 años y entrados en
carnes, grasas y excesos.
—2
cervezas, 2 coca colas, una de cheetos, una de cortezas, una de onduladas y un
cruasán de chocolate.
…………………………………………………………
Hospital,
en su totalidad, constantemente, todo lleno, en puertas y esquinas: «Por favor,
cierren las puertas».
Ah,
sin contar la cantidad de mujeres que ni siquiera denuncian.
Desmundo Cartes
Entonces,
según tú —y es una mera pregunta—, el hecho de que se condene a individuos
inocentes a la cárcel es un mal menor compensado por la cantidad de individuos
culpables que se encarcelan, verdad?
Es
decir, el fin justifica los medios.
Simone de Lauvoir
Teniendo
en cuenta que el año pasado murieron 64 mujeres por violencia de género y 11 en
lo que llevamos de año, 612 desde 2007, el hecho de que se castigue o encarcele
a una persona que puede ser inocente es un mal menor —en cualquier momento se
puede demostrar su inocencia—, pues se puede mejorar el dictamen de una pena, pero
la vida no se puede recobrar.
Elisa Bathory Luminous
Nos
pegan, nos violan, nos asesinan, se nos acusa de mentir, y cuando se dan datos
oficiales de que solo el 0,01% de las denuncias son falsas tienes el cuajo de
venir a recordar que aun así las hay. No te da vergüenza?
Desmundo Cartes
¡Y este,
damas y caballeros, es el problema de la sociedad de hoy!
Como
siempre digo: el problema está en la educación.
Cómo
pensáis acabar con este tipo de agresiones?, mediante el castigo sesgado y la
parcialidad? Y con esto me refiero a la violencia de género, a la política y a
cualquier ámbito.
No
se trata de incendiar y destruir sino de educar.
Podéis
tener vuestra caza de brujas particular hacia los hombres, hacia los políticos
corruptos o hacia lo que queráis. Yo sigo teniendo fe en la humanidad y en que
algún día la gente no maltratará, no robará, no obrará de manera tan egoísta, no
por miedo a ser castigado sino porque inherente, intrínseca y moralmente dirá:
esto está mal.
Y
venir con la excusa de «hay que hacer algo mientras tanto» es relegar la
responsabilidad a otros, es escurrir el bulto, es coger la responsabilidad que
tenemos todos, como sociedad y no como individuos, de educar de manera
responsable y mirar para otro lado, porque es más cómodo eso que creer que la
humanidad puede cambiar con esfuerzo.
Elisa Bathory Luminous
Bonita
forma de ignorar que eres un insensible que flipas con cosas que no te tocan.
Vienes con tu palabrería as usual y te despides porque ya la cosa no va contigo.
Yo te lo vuelvo a preguntar: no te da vergüenza?
Desmundo Cartes
O sea,
que por no ser mujer no puedo entenderlo?
Por
cierto, no me he despedido.
Elisa Bathory Luminous
Esa
es tu línea, para ti es un mal menor que tantísimas mujeres sean
maltratadas,con tal de que algún hombre
inocente no vaya a la cárcel?
Ard Ludwig Von Mises
A
ver, me voy a cagar en tó. Estoy con amigos, así que voy a ser breve, pero me
sigo cagando en tó. Si cada puta vez que sale el tema de la violencia de
género tienes que sacar las denuncias falsas, que son poquísimas y ni siquiera
sé de una que haya acabado mal, es porque te importa más que un tío pase por la
posibilidad de sufrir una pena judicial que la cantidad de mujeres que VIOLAN,
MALTRATAN y MATAN, y por tanto tienes un puto problema. Lo siento,
Desmundo, ojalá no fuera así, pero estás siendo jodidamente machista.
Hala. Y como ya nos conocemos, no eres capaz de reconocer un puto error
y vas a responder con más mierda del estilo. Vuelvo a la gente con la que
estoy. Buenas noches a ti también.
Desmundo Cartes
Si
queréis que me vaya a dormir o simplemente que me vaya, decidlo, porque yo no
recuerdo haber dicho que me despido.
Bonita
forma de ignorar que eres una moralista autoritaria, Elisa, con opiniones con
las que estás en desacuerdo.
Vienes
con tu absolutismo indiscutible as usual ignorando la alternativa que propongo
y manipulando mis palabras con ese segundo comentario solo porque te parece más
cómodo volver a llevar la discusión a tu terreno.
A mí
no me da vergüenza debatir las cosas desde todos los puntos de vista, y jamás
he dicho ni he ido por la línea de que sea justo dejar que mueran todas las
mujeres que mueren: eso me parece ridículo y quien haya entendido eso al leerme
me parece que tiene severas deficiencias a la hora de procesar la información
escrita —cosa grave.
Mi
punto de vista es la mera pregunta de, si para que se haga justicia un sistema
permite injusticias, estamos hablando de un proceso legítimo?
Quizás
la solución no está en castigar a todos a diestro y siniestro, y lo aconsejable
sería educar tanto a hombres como a mujeres para evitar el maltrato.
Por
si acaso no ha quedado claro: estoy en contra y me repugna cualquier acción de
maltrato, ya sea físico o psicológico, hacía un hombre o hacia una mujer; lo
detesto y lo condenó, al igual que condenó cualquier abuso de poder.
La
realidad es que estamos criados en una sociedad individualista y selvática,
cuando somos animales sociales con lo que ello conlleva.
De
ahí no puede salir nada bueno y si no estáis de acuerdo con ello, lo primero es
el respeto, que yo en ningún momento he llegado faltando a nadie, Elisa, ojo.
Ard Ludwig Von Mises
Sí,
y como somos animales sociales, deberían importar más unos cientos de mujeres
muertas que un par de hombres que casi acaban mal.
Desmundo Cartes
Ard,
contigo ya hablé esto justamente, no voy a invertir más esfuerzo en ello,
porque no sirve para nada y tampoco se puede hablar como personas sin que te
alteres y haya faltas de respeto por doquier.
Ard Ludwig Von Mises
Desmundo, se puede. El problema es que
siempre defiendes la parte que te interesa dejando muy de lado la racionalidad.
Y a partir de cierto punto me toca los cojones. No tiene más historia.
Desmundo Cartes
Parece
que no se pueda tener una opinión diferente a la vuestra ni debatir sin que a uno
lo llamen hijo de puta; muy tolerante todo, sí.
Y
repito: yo cuestiono la legitimidad o, mejor dicho, la justicia de un sistema
parcial —reconocido por ti que lo es. Si encuentras en palabras anteriores que
yo defienda a una minoría de hombres acusados injustamente y por ello
justifique la muerte de todas las mujeres te invito a cenar al Hilton.
No
todo es blanco o negro.
Desmundo Cartes
Y no
se puede, contigo no, que ya hablé de esto contigo hace tiempo y lo más
moderado que soltaste fue hijo de puta.
Y
ahora mantengo una conversación con Simoney os metéis los dos, faltándome alrespeto
porque sí, porque no opináis igual que yo. Y eso es tolerancia? Eso es debatir?
Estamos gilipollas?
Llamadme
cuando seáis capaces de mantener una discusión con alguien que no opina igual
que vosotros sin faltarle al respeto, que sois los dos unos maleducados.
Desmundo Cartes
Relativamente
os tengo aprecio, y por eso estoy tolerando esta lluvia de gilipolleces,
pero no te confundas: yo no os he faltado al respeto, y vosotros venís
exigiendo respeto y comprensión a base de insultos: a otro con hipocresías.
Ard Ludwig Von Mises
Nadie
te ha llamado hijo de puta. No vayas de víctima.
Y
sí, es parcial porque la sociedad es jodidamente parcial. Y, aun así, la parte
que la justicia beneficia sigue saliendo mal parada. Pero, pese a ello, siempre
que sale el tema tú siempre mencionas antes las denuncias que no llegan a
ningún lado o las que no se hacen.
Desmundo Cartes
Me
lo llamaste en la anterior conversación sobre el tema que tuvimos. No voy a
pasarla por este chat porque es privada, pero la tengo, haz memoria. Empezaste
a insultarme porque se te fue la perola sin que yo te faltase al respeto. Ahora
es ir de víctima pedir respeto? Si te jode que te llamen maleducado, sé
educado.
Ard Ludwig Von Mises
No
será blanco y negro, y admito desde el principio que el sistema no es perfecto.
Pero tus prioridades están más que claras. Y defienden más los intereses de tu
género que los de la sociedad.
Desmundo Cartes
Todo
tu discurso demuestra que no procesas bien la información.
Condeno
todos y cada uno de los ataques contra la mujer.
Condeno
todos y cada uno de los ataques contra el hombre.
La
violencia es violencia se mire desde donde se mire.
Y
donde yo estoy intentando decir «hay que educar, hay que trabajar para que esto
jamás pase», tú estás poniendo en mi boca «machista que defiende a los hombres
antes que a las mujeres».
No
defiendo a nadie más que a nadie porque nadie debe ser defendido más que nadie.
Hace
años era normal tener esclavos y decapitar personas. Hoy en el mundo desarrollado
eso no se hace, independientemente de que sea ilegal, como el maltrato.
El
objetivo, como ya he dicho cuatro veces, pero lo repito porque se ve que hay
problemas con el mensaje, es que por parte de la sociedad y de cada individuo
nazca el mismo rechazo hacia el maltrato que puede haber hacia cortar una
cabeza humana.
Eso
no lo vas a conseguir con nada excepto educación.
Y tú
puedes tener una opinión y yo otra, pero las faltas de respeto están de más.
Ard Ludwig Von Mises
Primero,
no viene a cuento «una vez me faltaste al respeto al hablar sobre esto», que
aun así no te niego ser capaz de hacerlo cuando alguien se niega a ser racional
y me hincha las pelotas. No tiene que ver con esta conversación.
Segundo,
sigues sin responder al tema. SIEMPRE que sale este tema, lo prioritario para
ti son antes los pocos tíos que han pasado por situaciones de riesgo antes que
las cientos de mujeres muertas. No tengas los huevazos de decir que eres
imparcial o racional. Lo único que haces es soltar dos mierdas y después
excusarte en que se te falta al respeto.
Dejar
de lado tantas muertes y maltratos para dar prioridad a un puto caso de
denuncia falsa sí que es una puta falta de respeto. No me jodas.
Desmundo Cartes
Madre
mía!!! Al final me vas a hacer explicarlo por quinta vez… Con lo eficiente que
eres en clase; me estás sorprendiendo hoy. XD
Lo
siento pero no puedo irme a dormir si no intento explicarlo por quinta vez de
manera más simple para que lo entiendas.
A
ver, lo estás poniendo como si solo hubiera dos posiciones: o se defiende a
hombres o a mujeres. Bueno, pues ahí va un spoiler: yo no defiendo ni a uno ni
a otro. Estoy mostrando que el sistema no es perfecto. Otro spoiler: por mucha
ilusión que te haga eso no me convierte en machista, simplemente señalo una falla
en el sistema.
Por
tanto, y partiendo de la premisa de que el objetivo —al menos mi objetivo— es
que esta situación de maltrato no exista en un futuro, hay dos caminos —play a
música de fondo alegre típica de explicaciones infantiles de youtube https://youtu.be/hpKXHwbV-dU:
Camino
A: Aumentar más y más las penas punitivas hasta que la gente tenga tanto miedo
que no haga esas cosas. Problema: la gente siempre encontrará formas nuevas de
evadir el sistema o, incluso peor, habrá gente a la que se la sude hasta la
pena de muerte; eso ya pasa en EE.UU.. Llamémosle inmunización.
Camino
B: Empezar a educar, como se ha hecho en países donde casi no exista la
violencia de género. Que nazca del propio individuo un rechazo hacia esos
comportamientos. Problema: requiere de más esfuerzo, de un pacto social, y es
menos cómodo.
Yo
opto por el Camino B. Entiendo que tú lo hagas por el A. Lo que no termina de
cuajar es que tú o no entiendes o no respetas que yo opte por un camino
diferente al tuyo —música triste infantil de youtube https://youtu.be/sC75aU47GRk.
Desmundo Cartes
Supongo
que no hace falta que te explique cuándo escuchar cada link cinco veces,
espero.
Ard Ludwig Von Mises
WTF?
Vamos
a ver. Lo que tu propones es la típica falacia del falso dilema. Así que para
empezar voy a aclarar que yo no estoy diciendo que hagan falta penas más duras
y castigadoras, y no sé de dónde te has sacado eso, ni que opine que no haga
falta educar. Así que no me vengas con esas mierdas de opción A y B.
Por
otro lado, todo el mundo sabe que el sistema no es perfecto. Todo el puto
mundo sabe que existen denuncias falsas, y nadie lo niega. Nadie. Pero cuando Ella comparte un enlace que desmiente
que haya una gran cantidad de denuncias que son falsas, como una gran cantidad
de gente falsamente cree, ya me dirásexactamente qué aportas al mostrar un enlace que aporta que las hay.
Nadie ha dicho que no las haya.
No.
Lo que has hecho no ha sido mostrar que «el sistema no es perfecto», porque nadie
ha dicho que lo sea en primer lugar. Tú has vuelto a la carga con el tema de
las denuncias falsas, como has hecho cada vez que hemos hablado de violencia de
género.
Así
que no vengas a decirme que has hecho algo inocente porque no tiene sentido.
Nadie dice que no haya que educar en este tema. Así que deja de puto
decir cosas que te sacas de la manga simplemente porque te interesa…
Desmundo Cartes
Falacia
del falso dilema la educación social???? Por lo de blanco o negro??? Si yo
estoy proponiendo precisamente opciones!!! Tío, vives en la manida zona de
confort. Estás aterrado por el progreso, aunque te escondas en un aura de
superprogresismo, porque es impostado, no lo has reflexionado ni cuestionado.
Tu papá sociedad te dio esa idea y es una idea que vende…
Ahora
sí, me despido. Me fui a dormir hace rato ya. Este que habla es un robot.
—¡Qué fuerte…! Pero le devolverán el dinero de la entrada,
¿no?
—¿Solo te interesa eso?
—No, hombre. Pero, vamos, que también importa, ¿eh? Que
pueden ser cincuenta euros a la basura. Que a lo mejor el chaval los estaba
ahorrando. Imagínate que lo ha robao o se lo ha pedido a un prestamista. ¡Vaya
sentimiento de culpa!
—A mí lo que me duele es que habrá quien piense que el
chaval ha ido allí a provocar.
—Sí, sí. Eso seguro. Ponme otro quinto, Chema, que con el
calor esto entra de dos tragos. Pongo el cuello así, de jirafa, mirando al
cielo, y cae de golpe. Como un embudo.
—Es como si violaran a una chica y dijeran: «Claro, va en
minifalda, de noche, por la calle, con los 3 primeros botones desabrochaos, y
se le veía el tanga… ¡Violación fijo!».
—Hay que tener mucha jeta pa eso. Parece que vayamos
pa’trás, involucionando. Yo a mi hija le tengo que decir que se tape. «Eres un
antiguo», me dice. Y tiene nueve años ya.
—Presión por pensamiento de grupo, llaman los loqueros a
esta vergüenza.
—Asusta el nombre.
—Un grupo altamente cohesivo e identificado, como los
seguidores de un equipo, con defectos como falta de estudios superiores que
ofrezcan un nivel cultural alto, homogeneidad elevada entre ellos…
—¿La homogeneidad no es buena?
—Hombre, bueno y malo… Si se parecen mucho entre ellos… A
ver: siempre es mejor rodearse de gente diferente. Mejor. Pero es más cómodo y
fácil rodearse de iguales, que nos dan poca información contraria a la nuestra y no nos
ofrecen otro punto de vista; porque, a lo mejor, quién sabe, podríamos estar
equivocados. O sea, lo que queremos es que no nos mareen. ¿Entiendes?
—Bueno, un poco rollo psicológico raro de esos.
—A ver: si tú y cinco amigos muy parecidos a ti, con los
mismos estudios, preparación, creencias, etc., tenéis que valorar en vuestra
opinión cuál es el mejor jugador del mundo, ¡y todos sois del Madrid!, por
ejemplo, ¿de qué equipo crees que elegirán al jugador?
—Ah, claro. Eso es así. Como ser del PP y no ver La Sexta.
—Pues eso es un defecto de los grupos, dicen.
—Ah.
—Además, hay que añadir un factor: estrés por amenazas
externas.
—¿Estrés?
—Claro. ¿Tú has visto al chaval? ¿Crees que está acojonao o
no?
—No lo parecía.
—Exacto. Porque está esforzándose por simular control de la
situación, sabiendo que si se pone nervioso o se exalta el grupo lo percibirá
como provocación física, además de simbólica por la camiseta.
—Vamos, que se imagina que si protesta o se queja o hace
aspavientos se le echan encima… ¡Chema, otro!
—Se lo meriendan y el espectáculo puede continuar. Aquí no
ha pasao ná.
—Lo sepultan en el cemento de la grada.
—Chema, otro para mí. Y unos boquerones.
—Y estos son los de «Els valors» y tal…
—Sí. Luego pitan ellos al himno de España y resulta que
están en su derecho. Pero vamos, no podemos caer en la tontería de juzgarlos a
todos por igual. Gracias. Oye, Chema, y ¿tú cómo ves lo del chaval?
—Yo cogía a todos los que le chillaban y los metía un año
entero a estudiar… Pero no matemáticas. A estudiar algo que les hiciera
entender la idiosincrasia, la conducta social, la tolerancia del otro, los
derechos sociales… Ahí, por un tubo, en vena, en supositorio, to pa dentro,
hasta que estén embutíos.
—…
—«Cráneo privilegiado».
—…
—El fanatismo, que es lo que se lleva, es criminal. ¿A qué
van muchos al fútbol? A insultar, a agredir. Nos convertimos en cavernícolas. Volvemos
a la tribu. Se desata la bestia ancestral. Podrían simplemente animar a los
suyos. Pero no. Es mejor machacar al otro. Mira el otro día con lo del mono del
negro del Levante, o lo del plátano… Lo que no se permite en la calle ¿se tiene
que permitir en un campo de fútbol?
—…
—Y lo peor no es que se permita, sino que esté bien visto…
«¡El horror!», decía Marlon Brando en Apocalypse
now.
—Hum. Pues esta noche sale Rubí. ¿Te acuerdas de él?
—Me suena.
—Era directivo del Atleti de Gil.
—¡Anda! Ya me acuerdo.
—Pues va a explicar cosas sobre el dinero negro en traspasos
y tal.
—¿Del Atleti?
—Del Atleti de Gil. Pero el Follonero le preguntará por hoy,
seguro.
—¡Panda de chorizos uno detrás de otro!
—Hum. Ladrones, manguis, retrasaos, manirrotos, robaalmas,
destrozahogares… No le preguntes a Chema qué haría con ellos que me da miedo.
—Y si tú estuvieras ahí de directivo ¿lo harías también?
—¿El qué?
—Trapichear. Llevártelo de aquí para ponerlo allí, pero con
traje de chaqueta.
—No…
—Hum.
—Bueno, depende.
—¿Depende?
—No sé. Es que… A ver, robar no, ¡eh!… Pero, vamos, que…
—Que sí, ¿no?
—Bueno… A ver: tú estás ahí, currándotelo con los fichajes,
yendo y viniendo, y las dietas o los incentivos, por ejemplo, ¡eh…! Lo que
quiero decir es que a lo mejor se pegan unas curradas… Y eso podría estar
incentivado. Y un incentivo a todos nos gusta, no digas que no.
—Pero ¿incentivos blancos o negros?
—Bueno, el color no importa, no vamos a discriminar ahora.
—Ya. Pues no lo veo bien, la verdad.
—Es que… es la presión del pensamiento de grupo esa que
comentabas, que es muy fuerte. Si no es por mí. Es que… ¡Si lo hacen todos qué
hago yo!
—¡Claro, claro! ¡Eso lo explica todo! Pero les acabas de
llamar manguis, retrasaos, destrozahogares…
—¡Bah! Tú también lo harías, hombre. Ahora no te retractes.
Si lo has dicho tú antes: la presión del grupo.
—¡Joer! Lo he dicho precisamente para explicar cómo nos
dejamos llevar por defectos sociales que construimos mientras nos
autoengañamos. ¡Es un error!
—Mira, no me líes, ¿eh?, que siempre haces lo mismo. Chema,
otro quinto.
—Si te queda la mitad.
—¿Eh? Esto me lo bebo ya, mientras me trae el otro.
—¿Es eso o aparentas control de la situación para evitar la
amenaza exterior, que en este caso soy yo?
—¿Qué dices? Que tengo sed y punto.
—«¡Y punto!» Vaya. Ya tardaba en salir la frase.
—¿Qué frase?
—La de Belén Esteban: «Y punto». Una frase despótica que
usas cuando no tienes argumentos y estás nervioso. Chico, somos amigos, yo no
soy tu amenaza.
—¿Qué amenaza ni qué amenaza? Que tengo sed… Y digo «Y
punto» porque ahora resulta que vas a saber tú lo que yo pienso o lo que siente
mi cuerpo, que solo quiere otra cerveza.
—Pues no te ofusques.
—¿¡Quién está ofuscado!? Chema, dile al mamón este que hoy
se va a casa andando.
—¡Joer, cómo estamos!
—¡¡Si somos del mismo equipo qué hacemos peleándonos...!!
Chema, la cuenta.
El
matrix egódoxa va al teatro y aplaude durante las escenas porque quiere y puede
—como el hombre de negro—, que para eso es el matrix egódoxa: «¿Quién me va a
decir a mí cuándo aplaudir? ¿Eh? ¡Que te caneo!».
La
situación de un actor en una obra de teatro no es baladí, sobre todo si está
empezando. Los nervios, la presión de hacerlo bien, el respeto que impone amar
una profesión… Y las primeras veces sentimos cierta inseguridad. Todos
recordamos alguna vez el primer día de trabajo, incluso el primer año. Y si uno
cambia varias veces de trabajo, de espacio, de ciudad… puede darse el caso de
que «el efecto del primer día» se perpetúe. Para cualquier actor cada día ha de
ser el mejor día. Cada día. El contexto, mi circunstancia, influye y determina.
Cuando
vomitamos un examen es similar: basta que alguien hable o juguetee
con el lápiz para que nos desconcentre.
Además
hay algo en el arte —y el teatro lo es— difícil de explicar y que es mejor
sentir: entre autor-obra-público hay una relación sensible, una conexión
sensitiva y emocional, un lazo que atrapa y une, un vínculo por descubrir. Pero
es tan sensible que necesita concentración para ser captada. Y cuando se
produce, cuando el lazo te envuelve y te rodea, ya no quiere uno desprenderse
de ese sentimiento.
Se
necesita cierto grado de empatía.
Al
teatro, como al cine, no se va a aplaudir cuando a uno le apetece porque haya
oído un chascarrillo o porque se haya emocionado con el monólogo de Medea. El
aplauso, como las notas finales, si es merecido se hace al final.
Pero
claro, cómo explicarle al matrix egódoxa que «aunque a ti te guste o sea más
cómodo para ti comer enseñándonos el galillo entremezclado con la ensalada y
los macarrones en un pulso entre convertirse en rojo o verde o marrón al
caminar hacia la entropía, los demás, tus siervos, no tenemos por qué regurgitar
tras sentir la angustia que nos provocas».