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viernes, 13 de marzo de 2015

Suplente


Suplente
El niño cielo y Díptero impertinente

—(¡Vaya mierda de revistas médicas! Deje de fumar, Salud hoy, Salud siempre, Salud.) ¿Me acerca el periódico?
—Tome.
—…
—…
—9€ el cine, ¿Qué te parece? ¿Eh?
—¿Cómo?, ¿perdón?
—No, que… estoy aquí mirando en el periódico las películas de hoy a ver qué ponen y miro los precios… ¡9€! Esto ya es demasiao… Me acuerdo yo de cuando valía 100 pesetas, ¡y veías 2 películas!
—Sí.
—…
—…
—Y, claro, pienso yo, ¡eh!, pienso yo: si tú vas al teatro te cobran, no sé, 15€, por decir algo; pero si lo que vas a ver es muy bueno a lo mejor te cobran 60€…
—…
—O sea, te cobran según lo bueno que vayas a ver… Y yo creo que con el cine hay que hacerlo igual.
—Ya… Mmm. Por ejemplo, ¿Tú qué pagarías por Fast & Furius 9?
—Eso es trampa, solo hay 7 ¿Querías pillarme?
—(Para mí como si hubiera 15, ¡vaya pesadilla!)
—¿Cómo?
—Queee, que… ¿cuánto entonces por ver la 7?
—Mmm, 15 euracos por lo menos.
—«Neftis López García, pase a dermatología, sala cuatro, por favor.»
—…
—…
—Y, por curiosidad, ¿eso que lleva usted ahí qué es?
—¿Cómo? ¿No sabes lo que es?
—No.
—Es la batería externa de recarga de la batería externa de recarga de la batería del móvil.
—0o.
—¡¿No me digas que no tienes una batería externa de recarga de la batería externa de recarga de la batería del móvil?!
—0o.
—Entonces estás… muerto, perdido, mmm, cómo se dice, out, o sea, aut. Mira, el móvil, una batería externa de recarga y otra batería externa de recarga de la otra… ¡Tres en uno!
—0o. Tres en uno no; tres en tres.
—Llámalo como quieras. Pero esto te salva la vida.
—Chico, no hiperbolices…
—¿Qué es eso?
—… A mí me salva la vida el cinturón de seguridad o un chaleco antibalas en pleno conflicto bélico…; ¿esto no es un… pleonasmo…?
—¿Orgasmo? ¿Qué dices?
—Nada. Una redundancia…
—¿Repugnancia? Mira, si no sabes hablar no inventes. Eso me lo decía mi profesor de castellano. Y ahí ando.
—Y ¿el de matemáticas nunca te dijo nada de sumar?
—¿Eh?
—¿Cuando eras pequeño en tu casa compraban un espray aceitoso para las cerraduras llamado Tres en uno?
—¡Sí, tío! ¿Cómo lo sabes?
—Nada. No tiene mérito. La publicidad, que hace mucho daño.
—Ah… ¡Depende de con qué palo te dé! ¡Ja, ja! ¡Vaya chiste! ¿Eh?
—Mmm, y ¿la gracia cuando llega?
—¿Eh?
—No, nada, no me contestes… Y ¿qué te parece el protector de pantalla del móvil?
—Ah, tengo uno.
—¿Uno?
—…
—Muy mal… Y ¿si se te rompe?
—¡Tienes razón! Lo tengo un poco agrietado de algunas veces que se me ha caído…
—Claro. Pues venden unos protectores muy finos para el protector de pantalla de la pantalla. ¡Eso sí es estar a la última!
—Mmm. Mañana voy a Tntomarket y me compro uno.
—Ya puestos, te digo más. ¿Conoces IDEA?
—Claro, he ido muchas veces.
—Pues venden unos salvasalvamanteles muy bonitos, muy baratos y muy buenos.
—¿Salvasalvamanteles? Mmm, puede que a mi mujer…
—Le encantarán. Y justo al lado verás unos salvaposavasos muy útiles. ¡Imagínate que invitas a unos amigos y no quieres que se te ensucien los posavasos! ¡salvaposavasos!
—¡Qué grande!
—No tiene mérito.
—Me he puesto a pensar…
—0o.
—… Y ¿qué te parecen unas cordoneras de repuesto para las cordoneras?

miércoles, 25 de junio de 2014

El fútbol no se toca V


El fútbol no se toca V
Eva Tacazo y Díptero impertinente

—¡Ya era hora, macho. Llevo aquí 2 minutos ya!
—Entre que aparco, pongo el tique, saludo a Marisa, la de la pelu de al lado… No sé. Se me ha ido el santo al cielo.
—Bueno. Te lo paso porque luego me llevas a casa.
—Venga, invítame a una cervecita.
—Y otra para mí que me la estoy finiquitando… ¿Te enteraste de lo de Las Palmas?
—Hoy estoy un poco depre.
—¿Deprimido? Pues a casa en un rato y a la cama.
—No. Depredador. ¿Alguna chica maja por aquí?
—Llevo 2 minutos, te he dicho. No he tenido tiempo ni para
—Pues para la cerveza sí que has tenido.
—Estaba sediento.
—¡Se cayó el mito del macho man español!
—Bueno, no me cambies de tema. El Córdoba-Unión Deportiva Las palmas.
—A ver. ¿Qué ha pasao ahora en tu mundo futbolístico?
—Dos tercios, Joselito.
—El mío congelao.
—Se jugaban los 3 el ascenso a primera división e iban
—¿Los 3?
—Ummmm. Los 2. No sé en qué pensaba. Pues eso: iban 1-0 para Las Palmas, en su casa. Y ya con el tiempo casi cumplido empiezan los aficionados a saltar las líneas de seguridad, las vayas de protección y tal… Era como ver El señor de los anillos pero en technicolor, y en vez de una banda de orcos era una marea de plátanos a la caza de sus héroes, el orejón de Légolas, el enano y los otros. Y los tíos se quedan ahí, en las bandas, animando, sacándose las camisetas, insultando al Córdoba..., tipo pasivo-agresivo, ¿sabes?
—Lo de plátanos es un poco estereotipo, ¿no? No está bien que digas esas cosas.
—Calla, calla… Si ya lo sé, es por hacerlo épico. Escucha. El árbitro detiene el encuentro. Llama la los delegados y les pide que avisen por megafonía para evitar sanciones o cosas peores… Minuto 96. El árbitro ya nervioso, y los jugadores inquietos.
—¡Los de un equipo y los de otro! Porque si yo me veo rodeao por una marabunta, aunque sea de mi equipo, me acojono. La masa, ya sabes, Ortega y Gasset.
—No los conozco. Da igual. ¡Y venga a chorrear aficionados; mayores y niños descolgándose! Eso sí, se quedaban en las bandas.
—Sí. Pero tú imagínate que empieza a pasar el tiempo… o que el árbitro decide que hasta que no vuelvan a permanecer en sus asientos no reanuda el encuentro…
—¡Y estaría en su derecho!
—Hombre, es por seguridad. Aunque hay por ahí quien no lo entiende, quien no ve peligro en eso.
—Los aficionados ya te digo yo que no.
—Es que después la gente se pregunta por qué en las reuniones de vecinos se insiste en pedir la palabra y cuidar el lenguaje. Se empieza con un «No estoy de acuerdo» y se puede acabar como en mi piso el otro día: «¡Tu puta madre va a pagar eso!».
—¡Qué agresividad!, ¿no?
—Sí. Y si ves la peluca del presidente de escalera volar como un ovni mientras el picoleto del 3º se quedaba sentao en la silla… No olvidaré esa imagen.
—Es que el tío no está de servicio, ¿sabes? Ellos no son como los médicos.
—Claro, claro.
—Pues visualiza a los jugadores del Córdoba.
—Lo veo: no sabrían si tirar pal vestuario o coger una máquina del tiempo y jugar el partido en horario peninsular para que los energúmenos estuvieran aún maquillando su quehacer en día tan bello y soleado.
—Exacto.
—¡Cuánta tontera nacionalista filiófila y egódoxa hay en el fútbol!
—No sé qué has dicho, pero espérate, que no acaba la cosa aquí.
—…
—Esto es culito que veo, culito que deseo.
—Si el de al lao invade el campo yo también.
—Si la Pantoja no declara a hacienda yo tampoco. Total, le caen 2 años, paga y a casa.
—Esas cosas propias de la idiosincrasia sociológica humana, no genética o hereditaria, lo cual tendría una disculpa atributiva por irracional, sino aprendida, ambiental. Lo vemos y lo copiamos porque nos interesa o nos beneficia…
—¡O por no ser el único que no lo hace! El clásico «Más vale arrepentirte por hacer algo que por no hacerlo». ¡Qué chorrada de frase! Es que no se puede quedar uno quieto, sentadito, mirando al infinito como hacía José Mota, por ejemplo. Fíjate que está bien visto ser el único en ciertas cosas, como sinónimo de originalidad y creatividad; por ejemplo, montar negocios, grupos de música y tal; pero en otras es irónicamente sinónimo de borrego, de inútil, de parao, de mustio.
—…
—…
—¡Bueno, tú! Me decías que había más…
—Pues minuto 98 o así, la gente cantando, animando, saboreando y disfrutando de la victoria como si el ascenso ya hubiera pasado de ilusión a realidad, como si estuviera en sus bolsillos, como haríamos todos, claro.
—¿Todos?
—Vale. Tú no. Pero todos. Ya me entiendes… Y se reanuda finalmente el partido, porque parecía imposible sacar de allí a tantos aficionados y además quedaba supuestamente 1 minuto.
—Me lo veo venir.
—Saca el Córdoba de banda.
—Me estoy riendo ya.
—Pase cerca del área.
—Me quiebro.
—Falta al jugador del Córdoba y el árbitro da ley de la ventaja.
—Sigue, sigue.
—Otra falta de Las Palmas que el árbitro no pita.
—Se quiere quitar el partido de encima e irse a casita con sus niñas.
—Nadie adivina lo que va a pasar.
—Yo sí.
—Despejan pero el Córdoba consigue colgar la bola al área.
—¡Suéltalo ya!
—Toca un defensa que había subido a por todas y… ¡Gooooooooooooool!
—Ahí lo tienes.
—¿No te parece increíble?
—Tan increíble como la Champions del Manchester contra el Bayern. Cosas que pasan por no saber respetar al rival. Porque eso ha sido una falta de respeto… Ah, y tampoco han respetado a su equipo: 1 año luchando, 90 minutos de agonía, todo para nada. Les desconcentran y permiten al otro entrenador agrupar a los suyos para dar un último arreón.
—¡Pobres jugadores!
—Y entrenador.
—Y el club.
—Y la buena afición. La afición cuerda, la que anima a los suyos y no insulta al resto.
—Sí.
—¿Por qué va uno al campo a insultar al otro, al contrario? ¿Por qué es más fácil destruir e insultar que construir o halagar? ¿Por qué alquilan en las bodas caballos blancos como espectáculo?¿Por qué?
—Pareces Mourinho.
—Es que estos temas me encienden.
—No, si a mí también.
—Es como el que se cae al mar y le lanzan salvavidas y de tantos que le lanzan muere de un salvavidazo.
—Entre todos lo mataron y él solo se murió… Y ¿el Córdoba? ¡Te crees que se fueron al vestuario acojonaos! No pudieron ni celebrarlo ni saborearlo. ¡Y ascendieron en ese minuto! Estaban en la misma situación que los otros, y no pudieron ni festejar.
—…
—Deberían hacer algo con estas cosas. Hay mucho dolor ahí dentro.
—¿Dolor por unos colores? Así nos va… Y tú no te enteras: el fútbol no se toca, hombre. Solo faltaría que los energúmenos del fútbol se fueran, yo qué sé, al baloncesto, a ensuciarlo y pisotearlo también como a un felpudo.

domingo, 23 de febrero de 2014

El matrix y el teatro


El matrix y el teatro
Espe Or

El matrix egódoxa va al teatro y aplaude durante las escenas porque quiere y puede —como el hombre de negro—, que para eso es el matrix egódoxa: «¿Quién me va a decir a mí cuándo aplaudir? ¿Eh? ¡Que te caneo!».
La situación de un actor en una obra de teatro no es baladí, sobre todo si está empezando. Los nervios, la presión de hacerlo bien, el respeto que impone amar una profesión… Y las primeras veces sentimos cierta inseguridad. Todos recordamos alguna vez el primer día de trabajo, incluso el primer año. Y si uno cambia varias veces de trabajo, de espacio, de ciudad… puede darse el caso de que «el efecto del primer día» se perpetúe. Para cualquier actor cada día ha de ser el mejor día. Cada día. El contexto, mi circunstancia, influye y determina.
Cuando vomitamos un examen es similar: basta que alguien hable o juguetee con el lápiz para que nos desconcentre.
Además hay algo en el arte —y el teatro lo es— difícil de explicar y que es mejor sentir: entre autor-obra-público hay una relación sensible, una conexión sensitiva y emocional, un lazo que atrapa y une, un vínculo por descubrir. Pero es tan sensible que necesita concentración para ser captada. Y cuando se produce, cuando el lazo te envuelve y te rodea, ya no quiere uno desprenderse de ese sentimiento.
Se necesita cierto grado de empatía.
Al teatro, como al cine, no se va a aplaudir cuando a uno le apetece porque haya oído un chascarrillo o porque se haya emocionado con el monólogo de Medea. El aplauso, como las notas finales, si es merecido se hace al final.
Pero claro, cómo explicarle al matrix egódoxa que «aunque a ti te guste o sea más cómodo para ti comer enseñándonos el galillo entremezclado con la ensalada y los macarrones en un pulso entre convertirse en rojo o verde o marrón al caminar hacia la entropía, los demás, tus siervos, no tenemos por qué regurgitar tras sentir la angustia que nos provocas».

viernes, 15 de noviembre de 2013

El borreguismo patológico


El borreguismo patológico
Nicholas Dunmore

borreguismo.
(De borrego).
1. m. Actitud de quien, sin criterio propio, se deja llevar por las opiniones ajenas.


Bonita definición del Diccionario de la Real Academia Española que expresa en términos más que objetivos un concepto al que llevo dándole vueltas durante bastante tiempo. Mi definición personal sería esta: PATOLOGÍA generalizada en la sociedad con una alta capacidad de mutación y de adaptación al medio para la que no existe vacuna y que se transmite por el aire.
Lo peor de esta enfermedad es su extraordinaria capacidad de hacer desparecer los síntomas, de manera que resulta imposible a los afectados detectar su presencia. Además, la enfermedad parasita de tal forma al individuo que este desarrolla su propio sistema de defensa ante posibles amenazas. Este sistema de defensa puede variar en complejidad dependiendo también del nivel de complejidad del afectado, que por norma suele ser un nivel bajo, ya que el virus ataca a los organismos (la palabra exacta sería idiotas) emocional y mentalmente atrofiados, que desgraciadamente son la gran mayoría.
La defensa contra la “desborreguización” suele ser la negación de la misma, apelando a la libertad humana de tomar decisiones y pensar por ti mismo (ja, ja, ja), ya que es más sencillo negar las cosas que aceptarlas. El mayor problema viene cuando el virus se da cuenta de que su huésped está cerca de ser “desborreguizado”, y entonces estas personas vienen a decir una frase que contiene una de mis construcciones favoritas: “¿Qué dices, estás loco?” O aluden a la típica frase estúpida y predecible de “Anda, deja de decir tonterías y haz lo que tienes que hacer”. Ciertas personas intentan transmitir debilidad y flaqueza con frases como “Ay, si yo no entiendo esas cosas” o “Si es que yo no soy tan listo/a como tú”; y recurren al uso de la compasión como método “antidesborreguización”. Por último, existe un grupo, por desgracia el más generalizado, que lo que hace básicamente es encerrarse más en su borreguismo, dando falsas pruebas insustanciales e insuficientes, además de nada lógicas, y recurrir a la violencia como método de lo que yo denomino “escape de la verdad”. En fin, como aquí se demuestra los borregos son más que predecibles.
No sé si me estaré explicando correctamente, pero por si acaso diré que cuando hablo de borreguismo me refiero a ese borreguismo invisible que está pero que nadie reconoce y que aquellos que se dan cuenta son locos o teóricos de la conspiración. Me refiero a ese borreguismo generalizado que se manifiesta en todo tipo de variantes del mismo. Borreguismo político, cultural, religioso, científico, y un larguísimo etcétera.
Si leemos la definición de diccionario sobre la ya reiterada palabra hay un término dentro de esta que voy a proceder a analizar. Me refiero a la palabra “ajena”.
Desde el momento de nuestro nacimiento, nuestro entorno condiciona nuestra educación, nuestra espiritualidad y nuestra forma de ver el mundo. Pero a su vez nuestros tutores en el borreguismo tuvieron otros tutores, que a su vez tuvieron otros y así sucesivamente. De forma que esta situación no es, ni mucho menos, reciente. El borreguismo es una enfermedad que afecta a todos los ámbitos sociales y se da en todas las edades. Si no, preguntadle a un niño por qué va al colegio. Sin duda alguna responderá “porque hay que ir” o “porque me lo dicen mis padres”. Ya desde edades tempranas metemos en las cabezas de los niños que “las cosas son como son”, “hay que hacer lo que hay que hacer”, “no intentes cambiar las cosas porque es así de toda la vida”, y muchas más frases similares que no citaré por falta de espacio. Pero ¿qué, quién o quiénes son los directores de esta fábrica infernal de esclavos humanos estúpidos, sobreinformados de mala manera, egoístas e ignorantes?
Personas de todas partes te darán miles de respuestas a esta pregunta. Unos afirman que son los “Anunnaki”, seres extraterrestres que vinieron hace siglos a esclavizarnos; otros afirman que son los Illuminati o los Masones o los Rosacruces o la Iglesia Católica o el Gobierno de los Estados Unidos. Pero ¿cómo encontrar la verdad entre todas las mentiras? ¿Cómo detectar y (lo más importante) RECONOCER que estamos borreguizados por “algo/alguien”? ¿Cómo salir del borreguismo y ser libres?
Pues la respuesta es bastante sencilla. Confíen en sus propias decisiones y olviden a los  eruditos, políticos, famosos, compañeros de clase, de trabajo, de piso, familiares, amigos, etc., porque ellos son los transmisores del borreguismo. Ellos son el transporte del virus. Lo único real eres tú mismo y debes descubrir la verdad dentro de ti usando tus propios métodos.
Creo sinceramente que hay aún esperanza para que la humanidad despierte al fin de su estupidez masiva y todos nos demos cuenta que todo lo que creemos “real” es solo producto de un engaño masivo del que no saldremos nunca si aún hay gente que no confía en sí misma sino que tiene como credo lo que ve en los medios. En definitiva, la sociedad en la que vivimos es una cadena de montaje de clones de la que somos partícipes directos. Por favor, lectores, os ruego que penséis fríamente el porqué de las cosas que os rodean. Solo así os daréis cuenta de lo absurdo del mundo en que vivimos.
Finalizo este mi primer artículo con una frase que será el tema del próximo.
“La locura no es sino la forma más absurda de llamar a la más pura inteligencia”
Saludos.