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domingo, 13 de marzo de 2016

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El aprendiz y el niño cielo

Simone de Lauvoir
 http://www.lasexta.com/clipping/2016/03/04/00685/30.jpg

Desmundo Cartes

Juicio por denuncia falsa…
Simone de Lauvoir
Sigue siendo un 0,01%.
Desmundo Cartes
Sí, sí, pero las hay.
Simone de Lauvoir
Ah, sin contar la cantidad de mujeres que ni siquiera denuncian.
Desmundo Cartes
Entonces, según tú —y es una mera pregunta—, el hecho de que se condene a individuos inocentes a la cárcel es un mal menor compensado por la cantidad de individuos culpables que se encarcelan, verdad?
Es decir, el fin justifica los medios.
Simone de Lauvoir
Teniendo en cuenta que el año pasado murieron 64 mujeres por violencia de género y 11 en lo que llevamos de año, 612 desde 2007, el hecho de que se castigue o encarcele a una persona que puede ser inocente es un mal menor —en cualquier momento se puede demostrar su inocencia—, pues se puede mejorar el dictamen de una pena, pero la vida no se puede recobrar.
Elisa Bathory Luminous
Nos pegan, nos violan, nos asesinan, se nos acusa de mentir, y cuando se dan datos oficiales de que solo el 0,01% de las denuncias son falsas tienes el cuajo de venir a recordar que aun así las hay. No te da vergüenza?
Desmundo Cartes
¡Y este, damas y caballeros, es el problema de la sociedad de hoy!
Como siempre digo: el problema está en la educación.
Cómo pensáis acabar con este tipo de agresiones?, mediante el castigo sesgado y la parcialidad? Y con esto me refiero a la violencia de género, a la política y a cualquier ámbito.
No se trata de incendiar y destruir sino de educar.
Podéis tener vuestra caza de brujas particular hacia los hombres, hacia los políticos corruptos o hacia lo que queráis. Yo sigo teniendo fe en la humanidad y en que algún día la gente no maltratará, no robará, no obrará de manera tan egoísta, no por miedo a ser castigado sino porque inherente, intrínseca y moralmente dirá: esto está mal.
Y venir con la excusa de «hay que hacer algo mientras tanto» es relegar la responsabilidad a otros, es escurrir el bulto, es coger la responsabilidad que tenemos todos, como sociedad y no como individuos, de educar de manera responsable y mirar para otro lado, porque es más cómodo eso que creer que la humanidad puede cambiar con esfuerzo.
Elisa Bathory Luminous
Bonita forma de ignorar que eres un insensible que flipas con cosas que no te tocan. Vienes con tu palabrería as usual y te despides porque ya la cosa no va contigo. Yo te lo vuelvo a preguntar: no te da vergüenza?
Desmundo Cartes
O sea, que por no ser mujer no puedo entenderlo?
Por cierto, no me he despedido.
Elisa Bathory Luminous
Esa es tu línea, para ti es un mal menor que tantísimas mujeres sean maltratadas,  con tal de que algún hombre inocente no vaya a la cárcel?
Ard Ludwig Von Mises
A ver, me voy a cagar en tó. Estoy con amigos, así que voy a ser breve, pero me sigo cagando en tó. Si cada puta vez que sale el tema de la violencia de género tienes que sacar las denuncias falsas, que son poquísimas y ni siquiera sé de una que haya acabado mal, es porque te importa más que un tío pase por la posibilidad de sufrir una pena judicial que la cantidad de mujeres que VIOLAN, MALTRATAN y MATAN, y por tanto tienes un puto problema. Lo siento, Desmundo, ojalá no fuera así, pero estás siendo jodidamente machista. Hala. Y como ya nos conocemos, no eres capaz de reconocer un puto error y vas a responder con más mierda del estilo. Vuelvo a la gente con la que estoy. Buenas noches a ti también.
Desmundo Cartes
Si queréis que me vaya a dormir o simplemente que me vaya, decidlo, porque yo no recuerdo haber dicho que me despido.
Bonita forma de ignorar que eres una moralista autoritaria, Elisa, con opiniones con las que estás en desacuerdo.
Vienes con tu absolutismo indiscutible as usual ignorando la alternativa que propongo y manipulando mis palabras con ese segundo comentario solo porque te parece más cómodo volver a llevar la discusión a tu terreno.
A mí no me da vergüenza debatir las cosas desde todos los puntos de vista, y jamás he dicho ni he ido por la línea de que sea justo dejar que mueran todas las mujeres que mueren: eso me parece ridículo y quien haya entendido eso al leerme me parece que tiene severas deficiencias a la hora de procesar la información escrita —cosa grave.
Mi punto de vista es la mera pregunta de, si para que se haga justicia un sistema permite injusticias, estamos hablando de un proceso legítimo?
Quizás la solución no está en castigar a todos a diestro y siniestro, y lo aconsejable sería educar tanto a hombres como a mujeres para evitar el maltrato.
Por si acaso no ha quedado claro: estoy en contra y me repugna cualquier acción de maltrato, ya sea físico o psicológico, hacía un hombre o hacia una mujer; lo detesto y lo condenó, al igual que condenó cualquier abuso de poder.
La realidad es que estamos criados en una sociedad individualista y selvática, cuando somos animales sociales con lo que ello conlleva.
De ahí no puede salir nada bueno y si no estáis de acuerdo con ello, lo primero es el respeto, que yo en ningún momento he llegado faltando a nadie, Elisa, ojo.
Ard Ludwig Von Mises
Sí, y como somos animales sociales, deberían importar más unos cientos de mujeres muertas que un par de hombres que casi acaban mal.
Desmundo Cartes
Ard, contigo ya hablé esto justamente, no voy a invertir más esfuerzo en ello, porque no sirve para nada y tampoco se puede hablar como personas sin que te alteres y haya faltas de respeto por doquier.
Ard Ludwig Von Mises
Desmundo, se puede. El problema es que siempre defiendes la parte que te interesa dejando muy de lado la racionalidad. Y a partir de cierto punto me toca los cojones. No tiene más historia.
Desmundo Cartes
Parece que no se pueda tener una opinión diferente a la vuestra ni debatir sin que a uno lo llamen hijo de puta; muy tolerante todo, sí.
Y repito: yo cuestiono la legitimidad o, mejor dicho, la justicia de un sistema parcial —reconocido por ti que lo es. Si encuentras en palabras anteriores que yo defienda a una minoría de hombres acusados injustamente y por ello justifique la muerte de todas las mujeres te invito a cenar al Hilton.
No todo es blanco o negro.
Desmundo Cartes
Y no se puede, contigo no, que ya hablé de esto contigo hace tiempo y lo más moderado que soltaste fue hijo de puta.
Y ahora mantengo una conversación con Simone y os metéis los dos, faltándome al respeto porque sí, porque no opináis igual que yo. Y eso es tolerancia? Eso es debatir? Estamos gilipollas?
Llamadme cuando seáis capaces de mantener una discusión con alguien que no opina igual que vosotros sin faltarle al respeto, que sois los dos unos maleducados.
Desmundo Cartes
Relativamente os tengo aprecio, y por eso estoy tolerando esta lluvia de gilipolleces, pero no te confundas: yo no os he faltado al respeto, y vosotros venís exigiendo respeto y comprensión a base de insultos: a otro con hipocresías.
Ard Ludwig Von Mises
Nadie te ha llamado hijo de puta. No vayas de víctima.
Y sí, es parcial porque la sociedad es jodidamente parcial. Y, aun así, la parte que la justicia beneficia sigue saliendo mal parada. Pero, pese a ello, siempre que sale el tema tú siempre mencionas antes las denuncias que no llegan a ningún lado o las que no se hacen.
Desmundo Cartes
Me lo llamaste en la anterior conversación sobre el tema que tuvimos. No voy a pasarla por este chat porque es privada, pero la tengo, haz memoria. Empezaste a insultarme porque se te fue la perola sin que yo te faltase al respeto. Ahora es ir de víctima pedir respeto? Si te jode que te llamen maleducado, sé educado.
Ard Ludwig Von Mises
No será blanco y negro, y admito desde el principio que el sistema no es perfecto. Pero tus prioridades están más que claras. Y defienden más los intereses de tu género que los de la sociedad.
Desmundo Cartes
Todo tu discurso demuestra que no procesas bien la información.
Condeno todos y cada uno de los ataques contra la mujer.
Condeno todos y cada uno de los ataques contra el hombre.
La violencia es violencia se mire desde donde se mire.
Y donde yo estoy intentando decir «hay que educar, hay que trabajar para que esto jamás pase», tú estás poniendo en mi boca «machista que defiende a los hombres antes que a las mujeres».
No defiendo a nadie más que a nadie porque nadie debe ser defendido más que nadie.
Hace años era normal tener esclavos y decapitar personas. Hoy en el mundo desarrollado eso no se hace, independientemente de que sea ilegal, como el maltrato.
El objetivo, como ya he dicho cuatro veces, pero lo repito porque se ve que hay problemas con el mensaje, es que por parte de la sociedad y de cada individuo nazca el mismo rechazo hacia el maltrato que puede haber hacia cortar una cabeza humana.
Eso no lo vas a conseguir con nada excepto educación.
Y tú puedes tener una opinión y yo otra, pero las faltas de respeto están de más.
Ard Ludwig Von Mises
Primero, no viene a cuento «una vez me faltaste al respeto al hablar sobre esto», que aun así no te niego ser capaz de hacerlo cuando alguien se niega a ser racional y me hincha las pelotas. No tiene que ver con esta conversación.
Segundo, sigues sin responder al tema. SIEMPRE que sale este tema, lo prioritario para ti son antes los pocos tíos que han pasado por situaciones de riesgo antes que las cientos de mujeres muertas. No tengas los huevazos de decir que eres imparcial o racional. Lo único que haces es soltar dos mierdas y después excusarte en que se te falta al respeto.
Dejar de lado tantas muertes y maltratos para dar prioridad a un puto caso de denuncia falsa sí que es una puta falta de respeto. No me jodas.
Desmundo Cartes
Madre mía!!! Al final me vas a hacer explicarlo por quinta vez… Con lo eficiente que eres en clase; me estás sorprendiendo hoy. XD
Lo siento pero no puedo irme a dormir si no intento explicarlo por quinta vez de manera más simple para que lo entiendas.
A ver, lo estás poniendo como si solo hubiera dos posiciones: o se defiende a hombres o a mujeres. Bueno, pues ahí va un spoiler: yo no defiendo ni a uno ni a otro. Estoy mostrando que el sistema no es perfecto. Otro spoiler: por mucha ilusión que te haga eso no me convierte en machista, simplemente señalo una falla en el sistema.
Por tanto, y partiendo de la premisa de que el objetivo —al menos mi objetivo— es que esta situación de maltrato no exista en un futuro, hay dos caminos —play a música de fondo alegre típica de explicaciones infantiles de youtube https://youtu.be/hpKXHwbV-dU:
Camino A: Aumentar más y más las penas punitivas hasta que la gente tenga tanto miedo que no haga esas cosas. Problema: la gente siempre encontrará formas nuevas de evadir el sistema o, incluso peor, habrá gente a la que se la sude hasta la pena de muerte; eso ya pasa en EE.UU.. Llamémosle inmunización.
Camino B: Empezar a educar, como se ha hecho en países donde casi no exista la violencia de género. Que nazca del propio individuo un rechazo hacia esos comportamientos. Problema: requiere de más esfuerzo, de un pacto social, y es menos cómodo.
Yo opto por el Camino B. Entiendo que tú lo hagas por el A. Lo que no termina de cuajar es que tú o no entiendes o no respetas que yo opte por un camino diferente al tuyo —música triste infantil de youtube https://youtu.be/sC75aU47GRk.
Desmundo Cartes
Supongo que no hace falta que te explique cuándo escuchar cada link cinco veces, espero.
Ard Ludwig Von Mises
WTF?
Vamos a ver. Lo que tu propones es la típica falacia del falso dilema. Así que para empezar voy a aclarar que yo no estoy diciendo que hagan falta penas más duras y castigadoras, y no sé de dónde te has sacado eso, ni que opine que no haga falta educar. Así que no me vengas con esas mierdas de opción A y B.
Por otro lado, todo el mundo sabe que el sistema no es perfecto. Todo el puto mundo sabe que existen denuncias falsas, y nadie lo niega. Nadie. Pero cuando Ella comparte un enlace que desmiente que haya una gran cantidad de denuncias que son falsas, como una gran cantidad de gente falsamente cree, ya me dirás  exactamente qué aportas al mostrar un enlace que aporta que las hay. Nadie ha dicho que no las haya.
No. Lo que has hecho no ha sido mostrar que «el sistema no es perfecto», porque nadie ha dicho que lo sea en primer lugar. Tú has vuelto a la carga con el tema de las denuncias falsas, como has hecho cada vez que hemos hablado de violencia de género.
Así que no vengas a decirme que has hecho algo inocente porque no tiene sentido. Nadie dice que no haya que educar en este tema. Así que deja de puto decir cosas que te sacas de la manga simplemente porque te interesa…
Desmundo Cartes
Falacia del falso dilema la educación social???? Por lo de blanco o negro??? Si yo estoy proponiendo precisamente opciones!!! Tío, vives en la manida zona de confort. Estás aterrado por el progreso, aunque te escondas en un aura de superprogresismo, porque es impostado, no lo has reflexionado ni cuestionado. Tu papá sociedad te dio esa idea y es una idea que vende…
Ahora sí, me despido. Me fui a dormir hace rato ya. Este que habla es un robot.

jueves, 25 de febrero de 2016

Miedo


Miedo
Eva Tacazo

—¿Qué te parece la letra? La he compuesto esta mañana, mientras guardaba la compra… Soy un máquina.
—Y ¿el título?
—Mmmm, estoy entre «Hipertrófiame el cacas» o «Nuevo evangelio blanquecino».
—Ya…
—No pongas esa cara, es lo que se lleva ahora.
—¿El qué?
—Nada, déjalo… Por cierto, Trump ha ganado en Nevada.
—En Nevada y en Tormenta y en Huracán. El mundo se va a tomar por culo.
—No te pases, tía.
—¿Qué no?
—De momento lleva tres victorias y poco más.
—¡Yo flipo! Recuerdo que pensaba que era un…, un payaso más. Y mira ahora.
—Lo mismo pensaron algunos de Podemos.
—Ahora creo que los payasos son los que le votan.
—¡Eh! Sin insultar.
—Si tú no votas en América.
—Te pueden escuchar, tía, baja el tonillo… Y ¡echa más pipas!
—A ver si compras tú algún día unas patatitas o algo y no parecemos pobres.
—No sé yo si con unas patatitas salimos de pobres.
—¡Bueno, bueno! No te pongas trágico, tú, que tú eres clase media, ¿eh?
—¿Clase media? ¿Qué dices? Clase media lo fui, clase media lo fueron los míos. Pero eso se acabó, murió…, y no volverá.
—1700€ son clase media.
—Mira, bonita, deja que te explique algo: los criterios para resintonizar la especie social son partidistas.
—Y victimistas.
—De víctima nada. Y no te pases que me cabreo y me largo.
—Soooo.
—No. Es que ironías y sarcasmo con eso poco, que para mí es muy serio… Para Podemos soy rico, ¿comprendes? Pero si miras mis cuentas llego cada fin de mes justito.
—Pues imagina yo, que no llego a 1000€.
—Ya, pero es que esto de la economía doméstica no es solo lo que entra. La economía de una casa es lo que entra menos lo que sale. Y tú ni hipoteca ni seguros, ni coche ni seguros, ni colegios de niños ni sus gastos médicos, que ya te digo que puedes flipar, ni gasolina para el curro, y ni luz ni agua porque vives con tus padres… ¡Y eso son solo los gastos fijos!
—¡Quietooooo! Para empezar yo colaboro con luz y agua de mis padres. Y yo con esta mierda de sueldo, como comprenderás, no puedo ni casarme, ni comprar un piso, ni pagar un coche, ni tener hijos… No puedo ni ir a la gasolinera. Solo las conozco por los anuncios de la tele.
—Mejor, así te ahorras las putas promociones de tarjetas que estoy hasta los huevos.
—¿Ahora quién ironiza?
—A ver, es un decir. Que sí, que estás peor… Pero yo tampoco estoy bien, coño. Trabajo más para estar jodido igualmente. Y si me pusiera a currar dos horas más al día entonces ganaría más para vivir mejor; pero, claro, entonces no tendría tiempo para descansar, me estresaría más y necesitaría gastar dinero en médicos o poner una cuidadora para que cuide de mis hijos esas dos horas o los llevaría a clases de algo… Conclusión: no hay salida. Soy un esclavo.
—San Agustín, tío, San Agustín.
—¿Adónde?
—¿Cómo que adónde? Muerto, analfabeto, desde hace siglos…
—¡Que yo creía que era un amigo tuyo que venía por ahí!
—…
—Pues que te quede claro que yo de clase media nada, ¡clase baja!
—Vale. Y ¿entonces qué soy yo?
—Tú también, chica. Pero dentro de la clase baja yo soy alta, ¿comprendes?
—Entonces ¿quién es clase media?
—Yo diría que médicos, directores de banco, jueces… Yo qué sé. Tira parriba.
—¿Esos son ricos, tío?
—¿Ricos? ¡Eran! Eran ricos. Digamos que los de antes, los que antes, digo, eran clase alta-baja, ahora han bajado a clase media, ¿comprendes? Y ya para clase alta están los de la bolsa, los de los ordenadores y grandes empresarios.
—Algo así como que España ya no es primermundista, ¿verdad?
—Pues mira, buen paralelismo.
—…
—Y lo importante es no ser un egódoxa y asumirlo con dignidad. Las dos cosas cosas.
—Si te oye a ti ahora uno que esté en el paro o un patriota te aostia.
—Oye, perdona, a ver si ahora tengo que ocultar que tengo trabajo.
—Pues hay gente que lo hace. El otra día Dieguito, ¿te acuerdas?, pues nos encontramos a un amigo suyo de la universidad en paro y el tío le dijo que también estaba en paro.
—¿Dieguito?
—Sí.
—¡Qué cabrón!
—Por no ofenderle, dijo.
—…
—…
—¡No somos nadie!
—¡Tío, eso es de abuelas!
—Estoy envejeciendo con tanto exceso de realidad. Necesito peyote o algo así, te lo juro.
—Pues tendrás que cruzar el charco. En la peli de Los Doors se van al desierto a tomarlo, no sé si de Nevada o…
—Calla, calla, que me has recordado a Trump.
—¡Lagarto, lagarto!
—Ahora la abuela eres tú.
—…
—En Estados Unidos tenemos una cara radical y en España otra contraria, pero igual de radical en auge. En Alemania e Inglaterra se levantan como los de Estados Unidos.
—Sí, sí. En Francia, mira Le Pen.
—Y Grecia y Portugal como España… Hay demasiada tensión a ambos lados.
—Y mucho miedo ciudadano. Sin el miedo yo creo que partidos como los de Le Pen o Podemos jamás existirían.
—También tenemos a Hilary Clinton, podría ser la primera presi de Estados Unidos.
—Los partidos políticos solo son el medio por el que canalizar ese miedo.
—En Estados Unidos están rumoreando que Hilary es lesbiana.
—Ya están los gringos oliendo braguetas para destruir…
—Y ¿qué coño importará eso? ¿Ser lesbiana te hace peor política?
—Se asocia con adúltera, y los de Trump lo saben.
—¿Les dan miedo las lesbianas?
—Para un conservador indeciso puede ser suficiente para decantarle.
—¡Oh, claro, lo olvidaba, choca contra los valores culturales tan puros y limpios de los gringos! ¡Hipócritas!
—Bueno, Trump es racista, y eso se asocia también con machismo…
—Intolerancia.
—Miedo. Está todo ligado. El machismo es miedo, el racismo es miedo…
—¡Ese lo que es es un hijo de p…a!
—Oye, chavalita…
—¿Sí, qué?
—Que te estoy escuchando ya un rato rajar porque tengo orejas, y ya te vale. ¿Sabes algo de su madre que no sepamos?
—¿Lo ves? Te dije que no chillaras.
—Pues el simple hecho de haberle parido, ¿vale?
—¡Ah, vale! Ya sabía yo que no te referías al sentido estricto de la palabra p…a.

miércoles, 25 de junio de 2014

El fútbol no se toca V


El fútbol no se toca V
Eva Tacazo y Díptero impertinente

—¡Ya era hora, macho. Llevo aquí 2 minutos ya!
—Entre que aparco, pongo el tique, saludo a Marisa, la de la pelu de al lado… No sé. Se me ha ido el santo al cielo.
—Bueno. Te lo paso porque luego me llevas a casa.
—Venga, invítame a una cervecita.
—Y otra para mí que me la estoy finiquitando… ¿Te enteraste de lo de Las Palmas?
—Hoy estoy un poco depre.
—¿Deprimido? Pues a casa en un rato y a la cama.
—No. Depredador. ¿Alguna chica maja por aquí?
—Llevo 2 minutos, te he dicho. No he tenido tiempo ni para
—Pues para la cerveza sí que has tenido.
—Estaba sediento.
—¡Se cayó el mito del macho man español!
—Bueno, no me cambies de tema. El Córdoba-Unión Deportiva Las palmas.
—A ver. ¿Qué ha pasao ahora en tu mundo futbolístico?
—Dos tercios, Joselito.
—El mío congelao.
—Se jugaban los 3 el ascenso a primera división e iban
—¿Los 3?
—Ummmm. Los 2. No sé en qué pensaba. Pues eso: iban 1-0 para Las Palmas, en su casa. Y ya con el tiempo casi cumplido empiezan los aficionados a saltar las líneas de seguridad, las vayas de protección y tal… Era como ver El señor de los anillos pero en technicolor, y en vez de una banda de orcos era una marea de plátanos a la caza de sus héroes, el orejón de Légolas, el enano y los otros. Y los tíos se quedan ahí, en las bandas, animando, sacándose las camisetas, insultando al Córdoba..., tipo pasivo-agresivo, ¿sabes?
—Lo de plátanos es un poco estereotipo, ¿no? No está bien que digas esas cosas.
—Calla, calla… Si ya lo sé, es por hacerlo épico. Escucha. El árbitro detiene el encuentro. Llama la los delegados y les pide que avisen por megafonía para evitar sanciones o cosas peores… Minuto 96. El árbitro ya nervioso, y los jugadores inquietos.
—¡Los de un equipo y los de otro! Porque si yo me veo rodeao por una marabunta, aunque sea de mi equipo, me acojono. La masa, ya sabes, Ortega y Gasset.
—No los conozco. Da igual. ¡Y venga a chorrear aficionados; mayores y niños descolgándose! Eso sí, se quedaban en las bandas.
—Sí. Pero tú imagínate que empieza a pasar el tiempo… o que el árbitro decide que hasta que no vuelvan a permanecer en sus asientos no reanuda el encuentro…
—¡Y estaría en su derecho!
—Hombre, es por seguridad. Aunque hay por ahí quien no lo entiende, quien no ve peligro en eso.
—Los aficionados ya te digo yo que no.
—Es que después la gente se pregunta por qué en las reuniones de vecinos se insiste en pedir la palabra y cuidar el lenguaje. Se empieza con un «No estoy de acuerdo» y se puede acabar como en mi piso el otro día: «¡Tu puta madre va a pagar eso!».
—¡Qué agresividad!, ¿no?
—Sí. Y si ves la peluca del presidente de escalera volar como un ovni mientras el picoleto del 3º se quedaba sentao en la silla… No olvidaré esa imagen.
—Es que el tío no está de servicio, ¿sabes? Ellos no son como los médicos.
—Claro, claro.
—Pues visualiza a los jugadores del Córdoba.
—Lo veo: no sabrían si tirar pal vestuario o coger una máquina del tiempo y jugar el partido en horario peninsular para que los energúmenos estuvieran aún maquillando su quehacer en día tan bello y soleado.
—Exacto.
—¡Cuánta tontera nacionalista filiófila y egódoxa hay en el fútbol!
—No sé qué has dicho, pero espérate, que no acaba la cosa aquí.
—…
—Esto es culito que veo, culito que deseo.
—Si el de al lao invade el campo yo también.
—Si la Pantoja no declara a hacienda yo tampoco. Total, le caen 2 años, paga y a casa.
—Esas cosas propias de la idiosincrasia sociológica humana, no genética o hereditaria, lo cual tendría una disculpa atributiva por irracional, sino aprendida, ambiental. Lo vemos y lo copiamos porque nos interesa o nos beneficia…
—¡O por no ser el único que no lo hace! El clásico «Más vale arrepentirte por hacer algo que por no hacerlo». ¡Qué chorrada de frase! Es que no se puede quedar uno quieto, sentadito, mirando al infinito como hacía José Mota, por ejemplo. Fíjate que está bien visto ser el único en ciertas cosas, como sinónimo de originalidad y creatividad; por ejemplo, montar negocios, grupos de música y tal; pero en otras es irónicamente sinónimo de borrego, de inútil, de parao, de mustio.
—…
—…
—¡Bueno, tú! Me decías que había más…
—Pues minuto 98 o así, la gente cantando, animando, saboreando y disfrutando de la victoria como si el ascenso ya hubiera pasado de ilusión a realidad, como si estuviera en sus bolsillos, como haríamos todos, claro.
—¿Todos?
—Vale. Tú no. Pero todos. Ya me entiendes… Y se reanuda finalmente el partido, porque parecía imposible sacar de allí a tantos aficionados y además quedaba supuestamente 1 minuto.
—Me lo veo venir.
—Saca el Córdoba de banda.
—Me estoy riendo ya.
—Pase cerca del área.
—Me quiebro.
—Falta al jugador del Córdoba y el árbitro da ley de la ventaja.
—Sigue, sigue.
—Otra falta de Las Palmas que el árbitro no pita.
—Se quiere quitar el partido de encima e irse a casita con sus niñas.
—Nadie adivina lo que va a pasar.
—Yo sí.
—Despejan pero el Córdoba consigue colgar la bola al área.
—¡Suéltalo ya!
—Toca un defensa que había subido a por todas y… ¡Gooooooooooooool!
—Ahí lo tienes.
—¿No te parece increíble?
—Tan increíble como la Champions del Manchester contra el Bayern. Cosas que pasan por no saber respetar al rival. Porque eso ha sido una falta de respeto… Ah, y tampoco han respetado a su equipo: 1 año luchando, 90 minutos de agonía, todo para nada. Les desconcentran y permiten al otro entrenador agrupar a los suyos para dar un último arreón.
—¡Pobres jugadores!
—Y entrenador.
—Y el club.
—Y la buena afición. La afición cuerda, la que anima a los suyos y no insulta al resto.
—Sí.
—¿Por qué va uno al campo a insultar al otro, al contrario? ¿Por qué es más fácil destruir e insultar que construir o halagar? ¿Por qué alquilan en las bodas caballos blancos como espectáculo?¿Por qué?
—Pareces Mourinho.
—Es que estos temas me encienden.
—No, si a mí también.
—Es como el que se cae al mar y le lanzan salvavidas y de tantos que le lanzan muere de un salvavidazo.
—Entre todos lo mataron y él solo se murió… Y ¿el Córdoba? ¡Te crees que se fueron al vestuario acojonaos! No pudieron ni celebrarlo ni saborearlo. ¡Y ascendieron en ese minuto! Estaban en la misma situación que los otros, y no pudieron ni festejar.
—…
—Deberían hacer algo con estas cosas. Hay mucho dolor ahí dentro.
—¿Dolor por unos colores? Así nos va… Y tú no te enteras: el fútbol no se toca, hombre. Solo faltaría que los energúmenos del fútbol se fueran, yo qué sé, al baloncesto, a ensuciarlo y pisotearlo también como a un felpudo.

domingo, 23 de febrero de 2014

El matrix y el teatro


El matrix y el teatro
Espe Or

El matrix egódoxa va al teatro y aplaude durante las escenas porque quiere y puede —como el hombre de negro—, que para eso es el matrix egódoxa: «¿Quién me va a decir a mí cuándo aplaudir? ¿Eh? ¡Que te caneo!».
La situación de un actor en una obra de teatro no es baladí, sobre todo si está empezando. Los nervios, la presión de hacerlo bien, el respeto que impone amar una profesión… Y las primeras veces sentimos cierta inseguridad. Todos recordamos alguna vez el primer día de trabajo, incluso el primer año. Y si uno cambia varias veces de trabajo, de espacio, de ciudad… puede darse el caso de que «el efecto del primer día» se perpetúe. Para cualquier actor cada día ha de ser el mejor día. Cada día. El contexto, mi circunstancia, influye y determina.
Cuando vomitamos un examen es similar: basta que alguien hable o juguetee con el lápiz para que nos desconcentre.
Además hay algo en el arte —y el teatro lo es— difícil de explicar y que es mejor sentir: entre autor-obra-público hay una relación sensible, una conexión sensitiva y emocional, un lazo que atrapa y une, un vínculo por descubrir. Pero es tan sensible que necesita concentración para ser captada. Y cuando se produce, cuando el lazo te envuelve y te rodea, ya no quiere uno desprenderse de ese sentimiento.
Se necesita cierto grado de empatía.
Al teatro, como al cine, no se va a aplaudir cuando a uno le apetece porque haya oído un chascarrillo o porque se haya emocionado con el monólogo de Medea. El aplauso, como las notas finales, si es merecido se hace al final.
Pero claro, cómo explicarle al matrix egódoxa que «aunque a ti te guste o sea más cómodo para ti comer enseñándonos el galillo entremezclado con la ensalada y los macarrones en un pulso entre convertirse en rojo o verde o marrón al caminar hacia la entropía, los demás, tus siervos, no tenemos por qué regurgitar tras sentir la angustia que nos provocas».

miércoles, 4 de diciembre de 2013

¿Quieres mi opinión o tener razón?


¿Quieres mi opinión o tener razón?
Espe Or

Soñé que el ocaso de la tontera llegaba. Y fue maldita ilusión.
Existe un tipo social, hijo de la masa orteguiana –todavía no sé cómo llamarlo–, del que podríamos decir que vive detrás de la máxima: es más importante tener razón que la verdad. Niega, oculta y rechaza la verdad más obvia y encuentra argumentos plásticos con que doblarla, curvarla, ladearla. Y así conduce sus épicos pasos en el acontecer. ¿Os suena alguien?
De la verdad se ha hablado mucho, ¿verdad? Que no existe. Que sí existe y es múltiple, relativa, subjetiva, individual –de esta los sofistas sabían bastante–. Y que sí existe y es una, única, objetiva y universal. Últimamente oí incluso que es el sentido común. No es mala comparación, pero Aristóteles ya creyó que una piedra de mayor masa, que dejamos caer desde cierta altura, lo hace en menos tiempo que otra de menor masa, y tuvieron que pasar más de 20 siglos para que Galileo desplomara esa teoría del sentido común que el estagirita nunca comprobó. Yo me refiero, más bien, a actitudes, a esas verdades en las que si un niño llama gilipollas a su padre es un maleducado –entre otras cosas–.
De la razón también se ha hablado. Además de quienes la tienen y quienes no la tienen, están los que dan la razón a otros que creen tenerla, por mero servilismo, gregarismo, peloteo –pueden resultar fastidiosos–, por ejemplo, todos conocemos a ese amigo o amiga que cada vez que te ve o va a tu casa destaca concienzudamente lo guapa que estás con ese vestido azul –aunque tú no estés convencida–, lo bien que te sienta el corte de pelo, lo bien cuidado que está tu jardín –aunque lo tengas lleno de arbustos y juguetes desperdigados del niño–, pero sobre todo que no te dan trabajo porque no saben ver tus grandes cualidades, que te han echado de clase porque te tiene manía el profe o que llevas 4 años sin comerte un rosco porque el ambiente por el que te mueves no es el adecuado; y también están los que «quieren» tener la razón –¡estos son los peligrosos!–, aunque ello no se corresponda con la verdad o la realidad.
La tontera de estos últimos llega al punto de convertirles en grandes políticos, quiero decir, oradores, manipuladores, recurriendo en muchos casos a argumentos del tipo «¿Y eso pa’qué sirve?», hablando de Picasso, o «Bueno, yo tengo un familiar en esa situación y…», como si de un caso se pudiera universalizar –aunque sí se generaliza a veces con acierto–, o «Yo he vivido eso y sé de lo que hablo», o el absurdo, violento  y dañino «Yo por mi hija mato».
Son esos que están aprendiendo una disciplina, por ejemplo, en la universidad y el profesor les habla por primera vez de un contenido que desconocían, y a los 5 minutos ya tienen una opinión formada. ¡5 minutos! Y levantan la mano para decir «Yo no estoy de acuerdo». A lo mejor el profesor lleva 5 años y ¡no se atreve a formular su opinión! Pero a lo mejor el profesor es idiota, claro, ¡puede ser! También los hay.
Un ejemplo práctico: profesor de arte y alumnos. «¡Pues pinta igual que mi hermano!», «Eso lo puedo pintar yo», «No son más que manchas», «Eso es arte porque alguien famoso o importante lo ha dicho, si no de qué», «Es una mierda porque no sé qué es». Es uno de los más habituales. Conclusión de un amigo y profesor: es verdad que el arte moderno –por ejemplo– tiene un aire de superioridad intelectual, lo que hace que el ignorante se sienta insultado solo con verlo.
Si quieres tener razón lo sueltas, vomitas todo eso y quedas de puta madre estés donde estés. Nadie entiende el arte moderno, ¿verdad? Por eso, mejor rajar de él y de sus partidarios, de los que lo estudian, lo trabajan, lo viven y lo sienten, antes de quedar como un ignorante, o antes de esforzarse por lograr entenderlo, o simplemente antes de creer al entendido por una cuestión de fe. ¡Porque querer ver arte donde hay manchas…!
Es lo mismo que el grupo de 35 alumnos de una clase, en la que suele haber un empollón1 o dos y un idiota2 o dos. Si el empollón levanta la mano y participa y pregunta y quiere «saber la verdad», entonces el idiota y todos sus palmeros le señalan despectivamente, ríen e insultan. Y si el idiota o algún fiel seguidor palmero insulta a alguien, se burla del profesor, molesta y distrae a compañeros y profesores faltándoles al respeto, se saca un moco o se tira un peo, entonces los palmeros y casi toda la clase ríen estupendamente, favoreciendo la continuidad de su líder; sí, el idiota, ese es el líder. Y ese no quiere la verdad, o sea,  saber que es idiota, sino tener razón: «El cole es una mierda, aquí no se enseña nada, esto es una cárcel, todos los que estudiaron están en el paro».
Y quién no ha visto a esa señora estupenda –como la que yo acabo de ver– en la cola de la farmacia, con un estupendo y abatible niño de 4 o 5 años, que toca  constantemente cepillos, jabones de aromas, cajas de pasta de dientes y preservativos, y se acerca la malvada e implacable farmacéutica y le dice: «¡Cariño, no toques eso que se rompe!», cuando realmente quiere decir: «¡Señora, espabile que el niño lo tira todo y como rompa algo lo paga!». A lo que responde la estupenda mamá «¡Es un niño!», pero queriendo parafrasear a los psicólogos de New Age: «Esta tía involuciona, no percibe que es un niño y juega e interactúa con el entorno y no debemos ponerles tantas barreras sociales y ser más empáticos con su inocente e imaginativa forma de obtener aprendizaje y crecer».
Recuerdo también el otro día en la cafetería en la mesa de al lado a un grupo de «adultescentes» valorando el programa La Voz, de Telecinco:  «Pues yo creo que las personas de color tienen mucha ventaja porque tienen una voz de iglesia y… Yo creo que no deberían dejarles ganar». «Tía, ¿qué dices?», espetó una con luces. Y después de un rato de gallineo imposible de descifrar: «Bueno, pues que concursen, pero no deberían ganar». Nuevo gallineo, y por fin la frase: «Bueno, oye, es mi opinión». No sé, creo que ponerme a contraargumentar para convencerte, lector, sería tratarte como un estúpido y si estás leyendo esto no lo eres.
Y si no las estadísticas. La última es la de la huelga en el sector de la educación. Datos de los sindicatos: 90% de huelguistas. Datos del Ministerio de Educación: 17%. A ver quién de los dos tiene razón. O a ver de dónde han sacado los datos cada uno. O a ver el periodista que ha informado si ha explicado de dónde salen. A mí en la radio me ha llegado así. Pero ninguno va a bajarse del burro, porque cada uno lo explicará según su verdad, o sea, según su opinión –confundiendo verdad con su dato estadístico–. Ya sabemos que en política este personaje, este tipo social, predomina como el que más. Todos tenemos a alguien que disculpa a su partido con barbaridades que si hubiera hecho el otro…
Y
avanzando
avanzando…
Yo te bautizo: Egódoxa.
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1Empollón. Según el DRAE: Dicho de un estudiante: Que prepara mucho sus lecciones, y se distingue más por la aplicación que por el talento.
2Idiota. Según el DRAE: Engreído sin fundamento para ello. Que carece de toda instrucción.