jueves, 18 de junio de 2015

Muerte por Tipp-Ex


Muerte por Tipp-Ex
Espe Or

No es el nombre de un postre para académicos. Es lo que me ha pasado. Sí, he muerto por Tipp-Ex. No es una muerte física , por supuesto —esto no es una novela de ficción o un corto rollo Mirindas asesinas—. Es una muerte anímica, del ánima, de mi alma.
¿Qué profundo?, dirá uno. ¿Qué hiperbólico?, el otro. ¿Qué profundamente idiota e hiperbólico? Bueno, un poco de todo. La genialidad queda reservada a historias mayúsculas como la de El milagro de P. Tinto y aquel entrañable personaje que llevaba una bombona de butano a cuestas en su devenir heroico y trágico.
La voz de Nietzsche liberó al hombre de la culpa —esta frase resume mucho, pero espero que se entienda: él mata a Dios y con ello aniquila también todo sentimiento de culpa que nos impone un ser superior—. Y años después su eco resuena por lo sencillo y egoísta que parece todo, ya que, arrancada la culpa de nosotros mismos, no hay límites ni herida ni cicatriz; da igual lo que haga éticamente porque no me voy a sentir culpable.
Dicho de otro modo: ¿por qué el machismo sigue vivo? Porque es sumamente cómodo. Facilísimo. No muchos hombre van a luchar contra él, o sea, contra algo tan beneficioso para los hombres… Con la culpa pasa algo parecido. Si te sientes culpable, ello nos genera malestar. Nosotros  podemos calmar ese malestar a la antigua usanza, esto es, abriendo un periodo de reflexión, sentir que realmente hemos hecho algo mal, pedir disculpas y solucionarlo o corregirlo si está en nuestras manos. Pero el Ego dificulta el reconocimiento del error, y el esfuerzo dificulta ponerle solución al error —cultura del antiesfuerzo en la que vivimos—, ya que, según el Principio de economía que gobierna nuestra vida, es un gasto corregir conductas, retomar responsabilidades, encaminar mis pasos... Así que la otra forma de calmar el malestar es la liberación de la culpa, o búsqueda de culpables que no son Yo. Es decir, sé que está mal tirarle una piedra a mi compañero pero él lo hizo antes conmigo —busco autojustificación: lo hice por/a causa de esto, no fue mi culpa—. Me libero: ya no me siento mal, no reflexiono, no he de disculparme ni he de solucionar nada. Económico. Facilísimo. ¿O no?
En los últimos 50 años, más o menos, la Psicología ha descubierto y profundizado en un concepto hijo de esto que estamos hablando: disonancia cognitiva. Por si alguien quiere profundizar.
Volvamos a la cicatriz, ese límite o marca que nos impone la culpa. La cicatriz  no es solo un elemento narcisista que da cuenta de nuestras aventuras y desventuras épicas y que permite a los neandertales alfa competir entre ellos, sino que actúa como un registro de acontecimientos dolorosos, y nos ayuda a recordar. La cicatriz puede ser física y también psicológica (los traumas). La cicatriz es un presente, te actualiza, te trae. Puede que esa actualización dure unos segundos solamente, pero son unos segundos que además se van a repetir porque una cicatriz no se borra, no se corrige, no se elimina y la volveré a ver. Podemos pensar en la espina que nos ha rajado la mano al ir a coger una rosa, el corte en la mano con el cuchillo jamonero al colocarla delante de él, la sensación de vértigo o temor que aparece al acercarnos demasiado a un coche porque antes ya nos golpeamos así, la vez que fuimos a una gran ciudad y nos robaron la cartera en la zona turística porque llevábamos el bolso medio abierto.
Esa es la grandeza de la cicatriz: nos recuerda que, si repetimos una acción, nos puede doler; y, a menos que sea uno masoca o psicótico extremo, no se va a repetir.
Pero es necesaria la cicatriz. Porque si no hay cicatriz no recordaré nada y volveré a cometer el error, del cual me volveré a liberar y a culpar a otros y nunca aprenderé.
—Me han puesto una multa que te cagas. 300 euros.
—Y ¿eso?
—Ná. Iba a 90 en un tramo de 50. Pero había luz y era ancho. Los cabrones se han puesto ahí para pillar, ¡para pillar!
¿Os suena? Sí. Ciertamente, se han puesto para pillar. Pero tú ibas a 90 y solo tú eres culpable de esa acción.
Los celos enfermizos pueden alejarte de parejas que podrían haber sido la persona de tu vida. Pero, claro, quizá justifiques tus celos con que ella “vestía como una hjggk.”
El cúmulo de errores que comete Hitler en las campañas de invierno en Rusia, teniendo en cuenta además que no era militar, le conduce a su fin. Pero, claro, era el Líder.
Son algunos ejemplos un tanto variopintos. Dejo que cada uno piense en otros.
La cuestión de fondo es la educación. Es la única que puede conseguir minimizar los errores, enseñándonos primeramente a asumirlos y a no volver a repetirlos. Por ejemplo, Hitler debió de conocer lo que le pasó a Napoleón unos años antes al intentar conquistar aquella tierra nevada del Este. Sin embargo, Hitler no tenía cicatriz, él no había vivido el fracaso del otro. Comete el mismo error que Napoleón. El ego de Hitler le ciega una y otra vez.
Solo una educación adecuada nos enseña a no errar o a errar y aprender. Solo una educación que contemple los valores y la psicología del educando (actitudes, empatía, asertividad, equilibrio en autoestima, conocimiento de los otros, etc.). Una educación que equilibradamente me deje una cicatriz cuando yerre. Una educación que no tape las cicatrices que manifiestan nuestra imperfección. Una educación que no use, por ejemplo, Tipp-Ex.

domingo, 7 de junio de 2015

Perros y amos: la vida misma


Perros y amos: la vida misma
Eva Tacazo

Una tarde estival de primavera otoñal, caminábamos mi pareja y yo con mi hija por un parque con la firme intención de darle la merienda a la niña. Mi hija no caminaba. Tiene un año.
—Mira, en ese banco hay sombra.
Sacamos todos los cachivaches modernos que un mundo dichoso, ufano y bienaventurado ha creado para el cuidado de los infantes.
—Traga, cariño.
—¿Le vas a dar también un yogur?
La mitad de la comida tenía ya la niña en su cuerpo dichoso, ufano y bienaventurado cuando, por arte de humano, aparecen 2 perros a nuestro alrededor. Los vi venir del bungaló de ahí al lado. El uno no alzaba más de tres palmos, y era de esos que dan botecitos sordos y virtuosos con habilidad pasmosa; el otro llegaba a los 4 palmos, más pesado y vigoroso.
Tuve perro hace unos 20 años. Lo conocía. Los demás no.
—Y ¿estos aquí solos?
—No sé… Saldrá ahora.
—Pues de ahí no sale nadie.
No tengo por costumbre conocer las costumbres de los canes, pues hasta ahora me interesan más las de los humanos, así que desconozco —y que el dios de los perros me perdone— si un perro es bondadoso o malevoloso. Así que, después de ver que tras unos minutos el uno brincaba al banco y se acercaba interesado a mi mujer, mi comida y mi niña —desconozco el interés, pero lo reconocí interesado—, decido acercarme a la vivienda liberal, progresista y renovadora, y solicitar a su dueño —¡qué palabro, otra vez!— que les requiriera con una voz familiar.
Pi.
Pi.
Se asoma al fin la desconocida y no por ello solitaria dama de ultratumba y con delicadeza o vehemente torpeza —no estoy seguro— me espeta un alargado ¿siiiiiiii?
Educado y sin rifle a mano:
—Disculpe, estoy con mi familia y sus perros revolotean solos, ¿podría llamarlos o ponerles el collar?
—Siiiiiii.
La señora se arrastraba delicada o torpe mientras yo volvía dichoso, ufano y bienaventurado al lado de mi familia por si necesitaban de mí.
—Ya viene.
La señora, no menos ufana y sonriente, apoya sus brazos en caderas, imagínese en jarra, y suelta un generoso y desconcertante “¿¡Qué!?”, a modo de “¿¡Qué tal por aquí!?”.
—Bueno, como le decía, ¿puede alejar a los perros, por favor?
—No hacen nada, son muy buenos —mientras seguían revoloteando con su rabo.
—A mí no me importa cómo son. Solo quiero que se los lleve o los ate. Se lo estoy pidiendo con mucha educación.
—Bueno, este parque es de todos —sonríe casquivana, como si fuera la frase que cierra un curso de cinco días de Filosofía.
—Exacto, y de las personas antes que de los perros, creo yo. Así que se lo vuelvo a pedir. ¡Déjenos en paz!
—No, pero si no hay ningún problema.
Ya, ya sé que tiene pinta de estar loca. En su momento no lo vi.
Saco mi móvil con intención de llamar a la policía —intención sincera, pero también es cierto que esperaba que no hiciera falta.
—¿Qué vas a llamar a la policía? —me dice la tipa con calma pasmosa como si hubiera atracado cincuenta bancos.
No, a Ortega y Gasset, debí contestar.
—Sí.
—Pues a mí me da igual , yo no me voy a ir.
¡Toma ya! Si no querías caldo, pues dos tazas.
Conservar la calma con esas palabras empieza a resultar épico, no exagero. La respiración, profunda. El cuerpo, caliente. No llevaba rifle.
—Cariño, déjalo ya, le quedan dos cucharadas y nos vamos.
—¿Por qué coño me tengo que ir?
—Claro, si no pasa nada —la bruja.
—Mira, ya está. Ala, vámonos.
Y dichoso, ufano y bienaventurado, el perro nos siguió aún unos metros. Me entraron unas ganas  atroces —mi profesor de Fenomenología decía que la palabra “terrible” no la dijera nunca— de pegarle una patada al perro… Pero hubiera ido a la cárcel por maltratador de canes ufanos y saltarines, que no habían hecho daño a nadie, en un parque que es de todos y tiene cuatrocientos metros cuadrados.

viernes, 1 de mayo de 2015

El espejo


El espejo
Tertulianos

—El video de la noticia es buenísimo. Es una protesta en Baltimore. Bueno, llevan de protesta, al parecer, desde el 19 de abril, después de que muriera un chico negro a manos de un policía. Hubo algunas bastante violentas, por lo que decían en los medios. Pues ayer la alcaldesa permitió la manifestación pero con un toque de queda hasta las diez. Según dicen esta vez fue un poco más pacífico todo. El caso es que una madre reconoce a su hijo de 14 años enmascarado que estaba tirando piedras y tal, y lo coge y empieza a pegarle ostias, a decirle «Quítate esa máscara», «Qué coño te crees que haces», insultándolo… Luego le hicieron preguntas a ella y ella dice que no quiere estar en casa sufriendo, que es su único hijo y que no tiene ganas de que su hijo sea uno de tantos muertos, que no quiere que sea un caso Freddie Gray. Y han empezado a revolotear por EEUU un montón de mujeres, famosas y tal, aplaudiendo y diciendo que, pues eso, es el miedo de una madre que quiere proteger a su hijo.
—Chaval de 14 años que lo pasó bastante mal, ahí con su madre… ¡Le dio más miedo que la policía, seguro!
—¿Catorce o dieciséis? Porque yo oí dieciséis.
—Hombre, las madres cuentan como fuerzas del Estado disuasorias.
—Pues serán dieciséis, no sé.
—Un par de madres alborotadoras entre las filas de los antidisturbios y se nos pasa la tontería.
—A lo mejor es un plan secreto de la CIA: entrenarlas para doblegar comunistas y anarquistas.
—Y sentarlos a las nueve a cenar con la familia… Oye ¿a qué hora habíamos quedao pa cenar?
—A las diez y media. Como no tiremos no llegamos.
—Pues llama ya y di que nos retrasamos.
—Pues yo veo muy bien que le suelte ostias. Que pruebe de su propia medicina. El chaval estaba allí tirando piedras y bengalas a los policías. Creo que es una buena reprimenda. Manifestación sí, pero ¿tirar piedras y tal? Pero, vamos a ver, ¡neandertales! Es que… buf.
—¡Hablamos de EEUU!
—El chaval pertenecerá a una pandilla y es influenciable como todos los adolescentes.
—Sí. Una cuchipandi contra picoletos y autoridades.
—Eso les pasa a todos los adolescentes.
—Ya no saben ni pensar.
—Vale, ¡tiempo! Esto ha pasado siempre.
—Ahora más. Y allí más.
—Insisto en que la acción de la madre es heroica. ¿Meterse ahí en medio a sacar a su hijo a ostias…? La madre pensaría «Yo no quiero que mi hijo sea parte de esto. Y me da igual que mi hijo me odie, algún día lo va a entender».
—Mmmm, aquí estoy leyendo que la madre es madre de 5 hijos. ¡Ya hay desinformación en los medios! Todos quieren ser los primeros en dar la noticia y la cagan.
—La audiencia.
—¡El dinero!
—¡Cuidao, Jorge, que te das!
—¡Ostias! Mirando el móvil…
—He oído que han puesto un carril móvil en china.
—¿Qué dices?
—Te lo juro.
—¡Vaya derroche!
—¿Tan mal estamos?
—Jorge casi se come la farola…
—Yo lo que me pregunto es qué pasaría aquí.
—Te lo digo yo. El defensor del menor y los psicólogos estos de new age empiezan a pedir que se la denuncie, que el chaval es una víctima de maltrato y vejación pública…
—¡Coño! ¡El tío va un acto público!
—Ya, ya. Que le quiten la custodia a la madre...
—Si el tío ejerce violencia ya ha perdido todo el derecho a denunciar a cualquiera. Sería una hipocresía.
—Será una hipocresía pero que se puede hacer. Derecho tiene.
—La moral también cuenta.
—¿Qué? ¿Desde cuándo eso? No mezcles, tío.
—Aquí esa mujer sería condenada por muchos sectores. ¡No digo por todos!, que os veo ya que os ibais a tirar como leones.
—Pero ¡si el otro día condenaron a un padre por pegarle una ostia a su hijo por llegar tarde a casa varios días!
—¿Sí? Hombre, yo lo entiendo… Es que por llegar tarde…
—No me jodas, tío, no te quedes con el dato, que pareces Las noticias. Para que un padre haga eso, y no sea un borracho o un enfermo y tal, el chaval tendría que además… calentarle y pasar de todo, y cosas así... ¿Es que no ves Hermano mayor?
—Bueno, tú tampoco sabes cómo fue así que es hablar por hablar.
—Vale, déjate ese caso. Caso teórico: tu hijo te desobedece en varias ocasiones; buscas su seguridad y tu tranquilidad; si vas a llegar tarde, ¡coño!, manda un what’s up, que pa eso está el móvil. ¡Tu hijo está tocándote los huevos! ¡Y encima no tienes autoridad para caparlo!
—Metafóricamente.
—Metafóricamente. Y te recuerdo que no hay que confundir autoridad, hacer crecer, con autoritarismo, excederse.
—No te digo que la ostia esté mal. Te digo que una orden de alejamiento y cosas así tampoco resuelven estas situaciones
—Pues esto será cuestión de modas.
—Y se olvidará en dos días, yo lo veo igual. No le interesa a nadie la educación.
—Hoy no interesa nada que suponga reflexionar más de 17 segundos. Lo leí.
—Hum, es lo mismo que la música. Si una canción dura más de dos minutos y medio y no tiene ya 6 estribillos no gusta.
—¡Ya ves!
—Los 40 principales, etc..
—Lo de la música me tiene preocupado. Es un síntoma. Como esta conversación. Me da que no la soportaría nadie.

viernes, 27 de marzo de 2015

El fútbol no se toca X


El fútbol no se toca X
Eva Tacazo

—¿Qué pasa, Alfonsín? ¿No me jodas que sales del curro ahora? ¡Serás pringao!
—Vengo de ver a tu mujer, te manda recuerdos…, y que no se te olvide hacer la compra que este sábado ceno con ella.
—¡Ja, ja! Venga, Mauro, échanos unas gordas…
—La mía en tanque congelao. Na, la mierda de la reunión de vecinos...
—Al final le han dao la final al Barça en el Camp Nou, ¿te has enterao?
—¿Qué dices? ¿Cómo va a ser eso?
—Te lo juro.
—Pos eso huele que apesta.
—¡Ya ves!
—Pero ¿se vota o como se hace eso?
—Lo que dicen es que han votao los directivos de los dos equipos y creo que los de la Liga también. Y la mayoría lo ha elegido.
—¿Entre La Catedral y el Camp Nou?
—Hum. Mosqueante…
—¡Oye!, la reunión de vecinos…, ¡vaya asco de mundo! ¡Mañana vamos a pagar por mear y todo!
—Pos ¿no era Freud el que decía que la continencia te hace más agarrao?
—¡Los Módulos!
—Ah, ¿lo de la tele?
—Pero, ¿tú ves normal que cada dos por tres haya que resintonizar y encima pagar sesenta euros por colocar un módulo, que eso lleva… tres canales?
—El caso es robar.
—¿Robar?, y lo que no es robar… ¡Atajo de chupópteros mentirosos egocéntricos…! ¿La televisión digital esta a qué se dedica?, ¿a sacarnos más la sangre? Si no lo hacían poco ya los gobiernos y las empresas, ahora llega el mundo digital, que es muy guapito, y te arranca los hígados. «Si usted quiere ver esos canales hay que poner un módulo», te dicen. ¡Mamón, ya puse el primer módulo hace cuatro años!,  ¿por qué tengo que poner más? ¡Esta es ya la tercera vez que apoquinamos! Que no es por el dinero, que los dos módulos creo que son ciento y pico, y somos 6 vecinos a repartir… Si es por…
—Es por que te sientes que te toman el pelo.
—¡Claro!
—Que no dan ni una explicación. A ver, por qué hay que cambiarlo. «Es que la frecuencia ahora tiene que equipararse a Europa» y no se qué tontás que te cuentan… Chico, ponlo universal. ¿Es que no se puede o no se quiere?
—O es que eres tonto y lo has hecho mal la primera vez y ahora dices: «Que lo pague el contribuyente». Pero, vamos a ver, si la has cagao tú ¿por qué lo pago yo? ¡Siempre igual!
—Bebe, Bebe, que te arde la sangre…
—…
—Oye, ¿no será que quieren saber si no le pitan a Felipe o le pitan porque es cuestión de la Monarquía en general?
—Joer, pos no lo había pensao.
—Claro, quieren medir. Esto es como un globo sonda. ¿Interesa o no la Monarquía? Aquí está tó pensao y repensao.
—¿Tú crees?
—¡Hombre!, pero ¿tú has visto, ¡qué casualidad!, que son los dos equipos los que tienen mayor ideología independentista y de rechazo y tal?
—Ya, pero podrían haberla puesto en Bilbao también.
—¿Qué más da…? Además el Camp Nou es más grande.
—¡Maurooo!, estamos sequitos…! ¡Arráncanos dos más, que flojeas ya!
—…
—Buah, y lo más fuerte…
—La masa.
—¿Eh?
—Na…
—Lo más fuerte: lo del accidente de avión.
—¡Ya ves, tío! Pobres familias y lo que supone eso para…
—Sí, sí… ¡Que Dios los guarde y los proteja y tal y tal! Pero no, no digo el accidente, digo lo de Twitter.
—¿El qué?
—Resulta que Telecinco anunció que Mujeres y hombres y viceversa se iba a retrasar por que iban a cubrir la noticia del avión estrellao.
—Sí.
—Y la gente que lo sigue todos los días va y se mosquea porque no le parece bien.
—¿Qué?
—Pos eso digo. Y se ponen en Twitter a rajar del accidente. Espera que te saco el móvil, que los tengo aquí.
—Me dejas ojiplático y abatible.
—Mira: «No me importa lo de Francia», «me toca la polla»…
—Por lo menos pone mayúscula.
—«Si el avión sastrellao algo habrá hecho», «no es mi culpa que sean tontos y se estrellen», «Maldita sea la sociedad capitalista que antepone el beneficio empresarial a la seguridad», etc., etc..
—¡Qué poca vergüenza…! Y ¿ha sido por fallo en seguridad?
—No sé…
—¡Qué poca… sensibilidad!
—Alguno rectificó, todo hay que decirlo.
—Es que…, no me lo creo… ¿Rectificar…? ¿En qué momento… nos torcimos?
—…
—También es cierto que se reparten entradas al cincuenta por cien, o sea, que habrá aficionados por igual…
—Ya, pero no me compares la afición del Barça de Extremadura con la Cataluña. ¡Las emociones están caldosas!
—No sé, es que tú eres muy conspiracionista.
—¿O eso o el Gobierno ha picao ahí para que piten el himno y así tener una excusa para cargar contra Cataluña y País Vasco. Y que la gente les coja odio también.
—¡Madre mía, se te va la olla! Mauro, ¿qué le pones a la cerveza?
—Si a mí se me ha pasao por la cabeza…, a otros también.
—…
—Y, digo yo, ¿todo esto tendrá solución?
—¡Qué va! ¿Es que no has visto quién ha ganao Gran Hermano Vip?
—Bueno, bueno…, a ver, que siempre te metes con ella: ¡ha donado el premio!
—¿¡Te parece meritorio que una pava que gana sesenta mil euros a la semana haga una donación de cincuenta mil!?
—…
—Te han engañao.
—…
—Y ¿lo de One Direction qué te parece? Separación de un miembro, suicidio de fans.
—Es verdad… Nos torcimos.

viernes, 13 de marzo de 2015

Conversaciones íntimas


Conversaciones íntimas
La niña lluvia

—¿Qué tal?
—Nada, aquí, a mearte.
—Bueno, pero hazlo dentro, que después me vienen a limpiar y la bayeta que usan escuece mucho, me está destrozando la tapa y me está dejando sin brillo. ¡Mírame!
—No te quejes tanto, que no haces nada.
—¿Te parece poco tragarme lo que me trago?
—…
—Por cierto, ese color no me gusta nada. Te hace falta beber más agua. ¿Lo haces?
—Normalmente sí, pero hoy venimos de tomar unas copichuelas y… eso deshidrata.
—Pero aún te mantienes derecho, por lo que veo.
—Nada, si han sido dos copas de vino y un gintónic. No tiene mérito.
—Así deberían hacer todos; pero cuando viene uno a vomitarme me quedo blanco. ¿Por qué no lo hacen en la calle? O, mejor, ¿por qué no se lo tragan?
—Y ¿viene algún ministro?
—Ya quisiera yo sacarles los colores… Bueno, veo que estás acabando y te tienes que ir.
—La verdad es que sí, tengo un poco de prisa, aunque si hubiera venido a otra cosa… no te digo yo que no hubiéramos escrito la tercera parte de El Quijote.
—Puede ser. Pero por lo menos has sido amable y me has contestado. Hay alguno que saca el móvil y se olvida del mundo… No olvides tirar de la cadena, por favor.

Suplente


Suplente
El niño cielo y Díptero impertinente

—(¡Vaya mierda de revistas médicas! Deje de fumar, Salud hoy, Salud siempre, Salud.) ¿Me acerca el periódico?
—Tome.
—…
—…
—9€ el cine, ¿Qué te parece? ¿Eh?
—¿Cómo?, ¿perdón?
—No, que… estoy aquí mirando en el periódico las películas de hoy a ver qué ponen y miro los precios… ¡9€! Esto ya es demasiao… Me acuerdo yo de cuando valía 100 pesetas, ¡y veías 2 películas!
—Sí.
—…
—…
—Y, claro, pienso yo, ¡eh!, pienso yo: si tú vas al teatro te cobran, no sé, 15€, por decir algo; pero si lo que vas a ver es muy bueno a lo mejor te cobran 60€…
—…
—O sea, te cobran según lo bueno que vayas a ver… Y yo creo que con el cine hay que hacerlo igual.
—Ya… Mmm. Por ejemplo, ¿Tú qué pagarías por Fast & Furius 9?
—Eso es trampa, solo hay 7 ¿Querías pillarme?
—(Para mí como si hubiera 15, ¡vaya pesadilla!)
—¿Cómo?
—Queee, que… ¿cuánto entonces por ver la 7?
—Mmm, 15 euracos por lo menos.
—«Neftis López García, pase a dermatología, sala cuatro, por favor.»
—…
—…
—Y, por curiosidad, ¿eso que lleva usted ahí qué es?
—¿Cómo? ¿No sabes lo que es?
—No.
—Es la batería externa de recarga de la batería externa de recarga de la batería del móvil.
—0o.
—¡¿No me digas que no tienes una batería externa de recarga de la batería externa de recarga de la batería del móvil?!
—0o.
—Entonces estás… muerto, perdido, mmm, cómo se dice, out, o sea, aut. Mira, el móvil, una batería externa de recarga y otra batería externa de recarga de la otra… ¡Tres en uno!
—0o. Tres en uno no; tres en tres.
—Llámalo como quieras. Pero esto te salva la vida.
—Chico, no hiperbolices…
—¿Qué es eso?
—… A mí me salva la vida el cinturón de seguridad o un chaleco antibalas en pleno conflicto bélico…; ¿esto no es un… pleonasmo…?
—¿Orgasmo? ¿Qué dices?
—Nada. Una redundancia…
—¿Repugnancia? Mira, si no sabes hablar no inventes. Eso me lo decía mi profesor de castellano. Y ahí ando.
—Y ¿el de matemáticas nunca te dijo nada de sumar?
—¿Eh?
—¿Cuando eras pequeño en tu casa compraban un espray aceitoso para las cerraduras llamado Tres en uno?
—¡Sí, tío! ¿Cómo lo sabes?
—Nada. No tiene mérito. La publicidad, que hace mucho daño.
—Ah… ¡Depende de con qué palo te dé! ¡Ja, ja! ¡Vaya chiste! ¿Eh?
—Mmm, y ¿la gracia cuando llega?
—¿Eh?
—No, nada, no me contestes… Y ¿qué te parece el protector de pantalla del móvil?
—Ah, tengo uno.
—¿Uno?
—…
—Muy mal… Y ¿si se te rompe?
—¡Tienes razón! Lo tengo un poco agrietado de algunas veces que se me ha caído…
—Claro. Pues venden unos protectores muy finos para el protector de pantalla de la pantalla. ¡Eso sí es estar a la última!
—Mmm. Mañana voy a Tntomarket y me compro uno.
—Ya puestos, te digo más. ¿Conoces IDEA?
—Claro, he ido muchas veces.
—Pues venden unos salvasalvamanteles muy bonitos, muy baratos y muy buenos.
—¿Salvasalvamanteles? Mmm, puede que a mi mujer…
—Le encantarán. Y justo al lado verás unos salvaposavasos muy útiles. ¡Imagínate que invitas a unos amigos y no quieres que se te ensucien los posavasos! ¡salvaposavasos!
—¡Qué grande!
—No tiene mérito.
—Me he puesto a pensar…
—0o.
—… Y ¿qué te parecen unas cordoneras de repuesto para las cordoneras?

lunes, 16 de febrero de 2015

El fútbol no se toca IX


El fútbol no se toca IX
Eva Tacazo

—Y ¿tú cómo ves lo de la fiesta de Ronaldo y todos estos?
—Yo qué sé, Remo, digas lo que digas, ¿quién lleva razón? Es hablar por hablar. Es una cosa de perspectivas.
—De eso nada. ¡Fue de sinvergüenzas!
—Joer.
—Hombre, ponerse ahí… a jugar con los sentimientos de una afición, con…
—¿Tú crees?
—Pero bueno, ¿es que no te indigna? ¡Si tú eres del Madrid!
—¿Del Madrid, de El visigótico?¿Qué más da? A mí me parece… acorde con lo que ocurre hoy.
—No, si…, ahora te pones rarito, como siempre.
—Rarito no, lo que pasa es que a mí la historia me ha enseñado, y a ti no; ¿acaso no recuerdas todo lo que se ha dicho de nosotros? Pues, después de todo, estamos aquí, ¿no?, y nos habían matao… Bueno, a ti te maté yo, decían… ¿Viste la gala de los Goya?
—No me cambies de tema, Rómulo…
—Pero si no es eso, es que tú ya tienes tu opinión y no te la voy a cambiar… Es más, no quieres que te la cambie, egódoxa. ¿Para qué voy a esforzarme?
—¿Egoqué? Claro, es que tú lo sabes todo, el sabio…; tú eres futurólogo, el que ve los pájaros, ¿verdad?
—Solo digo que ya me ha pasao otras veces contigo, que nos conocemos ya casi treinta siglos y que te pones así…, igual que muchos, y ya está.
—Yo tengo mi propia opinión, diferente a la tuya, ¡eh! Y no consientes en que la tenga, porque tener mi propia opinión es como si tú fueras un segundón, porque lo que tú siempre has querido es que yo te siga, que yo te obedeciera ciegamente. A mí…
—Ala, pues ya está, tienes razón, lo confieso, hice trampas con lo de los pájaros porque soy un soberbio esclavista narcisista… ¿Viste Los Goya?
—Ah, y como no voy a cambiar de opinión, según tú, pues soy idiota, vas y me cambias de tema como si fuera tonto.
—¿En qué quedamos?
—¿De qué?
—¿Idiota o tonto?
—¡Tu madre!
—¿Te refieres a la misma casta y pura que nos parió o a la perra que te dio de mamar?
—Llevas más de veinte siglos con esa idiotez de que solo yo mamé de la loba y no te cansas, y que por eso tú eres el listo y yo el tonto, ¿verdad?
—Yo creo que tú heredaste la parte belicosa de papá, o sea, poco cerebro… Y no te hagas la víctima que eso ya no está de moda, eso aburre, atiende a los cambios históricos, que siempre vas rezagado, que no viste llegar el Renacimiento ni la Ilustración, y mira que te avisé.
—¿Víctima? Mira… Está bien, vamos a hacer una cosa. Tú que eres tan listo…
—Gracias.
—Explícame cómo tengo que opinar.
—Haré un esfuerzo.
—Gracias, majestad.
—No entiendo que tú y tu tribu valoréis el fútbol y a los futbolistas como deportistas que se deben a una afición, colores, bandera… Son aspectos irracionales que no se corresponden con la realidad. ¿No recuerdas los nacionalismos? Es como si pidieras a un trabajador de Google o de Telefónica obediencia absoluta y ciega a su empresa. ¿Por qué creéis que los futbolistas son diferentes a ti o cualquiera de tus amigos? Son productos en un mercado de fichajes y en un mundo en que todo lo mueve exclusivamente el dinero, ni respetos ni aprecios ni ná. Tanto que decís «mercado» y no os dais cuenta… Son currantes, como todo el mundo. Tienen horarios, sueldo, vacaciones, contratos… Lo que pasa es que como veis que cobran algunos, ¡algunos!, 156 veces lo que vosotros…, os jode y, ¡ala!, a despotricar y a ponerlos verdes. Los tíos han contratao con antelación músicos, la sala, y lo que sea. ¿Tú crees que iban a pensar que perderían? Pues no. Han perdido, están tristes, dan la rueda de prensa como cualquier profesional, y luego desconectan y hacen su vida personal. O ¿qué quieres, que vayan ya todo el día con caraperro a su casa, y se sienten en el sofá tristones y sus mujeres les consuelen? Si vosotros fracasáis en alguna venta de coches y luego tenéis una boda, por ejemplo, ¿qué pasa? Pues ellos celebraban el cumpleaños de un amigo, y como tienen mucha pasta lo hacen así, y eso os jode porque querríais estar en esa situación y eso no ocurrirá nunca, y así descargáis vuestra ira y frustración de manera momentánea.

Adolescencia


Adolescencia
La niña lluvia

—Pues yo te juro que no entiendo a mi sobrino.
—Te digo que lo que hace es normal, Juan.
—¿Normal? Ya es mayorcito. Diecinueve años y haciendo idioteces infantiles, valga la redundancia.
—Es joven, hombre. Y los infantes no son idiotas.
—Solos no, pero en grupo vuelven a las cavernas, son unos saboteadores… ¡Chico, pon 2 pinchos más de flumil y 2 gelocatiles…! Volviendo a lo de mi sobrino…, Félix, no me jodas, que con diecinueve años estaba yo comiéndome asignaturas en la carrera, entre otras cosas porque no quería robar a mis padres más dinero, que una carrera es un pastón como para estar suspendiendo y seguir poniendo la mano.
—Y yo también, pero tampoco te creas que lo hacía todo el mundo…
—Y no te digo ná de nuestros padres: a los trece a currar. ¡Eso sí te hace madurar! Y a los veinte casao. ¡Y a los veintiuno hijos…! Que no digo que tenga q ser así, pero tampoco lo de hoy.
—Juan, escúchame, «open mind», tío…, ¿no te has dao cuenta de que cada vez la adolescencia es más larga?
—Eso es lo que digo, ¡que espabilen antes, coño!
—Pero que no es su culpa…
—Si ya lo sé. Es que me da rabia.
—Aquí tenéis, dos pinchitos de flumil y dos gelocatiles. ¡Ala…, que parecéis dos jubilaos arreglando el mundo e intentando dar esquinazo a la muerte!
—¡Graciosillo el chiste sabiendo que somos sepultureros, ¿eh, Fede?!
—¿Tan mal estamos?
—Ja, ja. No, hombre, pero aquí está tol mundo viendo el fútbol y vosotros ahí… dándole… al entendimiento.
—¿Cómo van?
—2-0 pal Atleti.
—¡Entonces pon también unos flutox secos con cristalmina y déjanos razonar en paz!
—Bueno, lo que te decía: mi hermano siempre ha pasao de educar a mi sobrino en responsabilidades, y esa es una tónica sueps hoy. Por eso me da rabia, porque yo sé que ese es el problema.
—Uno de los problemas.
—Para mí el más importante. Conmigo el chaval no se comporta igual. Pero, claro, llega a su casa y se tira al sofá o la cama; ordenador, tele, videoconsola… Me cago en tó, ¿cómo va a dar un palo al agua si no le falta de ná? Y así desde pequeño: la comida, la ropa, los viajes de vacaciones, el restaurante, el regalo de reyes y cumpleaños, el sitio en el cole, la película con sus amigos… ¡Coño, que lo tiene que imponer siempre todo él…! Menos conmigo, ¡eh!
—Y ahora tu hermano quiere que estudie o trabaje, pero que haga algo, ¿verdad?
—Ahí le has dao.
—Son los dueños de la casa. Los padres se creen que si les prohíbes algo o les mandas algo se van a romper o deprimir o vete tú a saber… Para educar bien a los hijos hay que amarles pero también ejercer autoridad para orientarles. Tú no puedes comparar el modelo de educación de hoy con el nuestro porque todo ha cambiado.
—Ya pero es que… ¿Qué se creen, que no van a quererles…? ¡Yo creo que esto es enfermizo!, porque están todos contagiaos.
—No, hombre, no; todos no. Eso es un error de muestreo. Lo que pasa es que algunos los protegen de más, los protegen de todo, incluso de lo de su edad. Así que nunca aprenden a enfrentarse a sus cosas.
—Unos incompetentes.
—Saben instalar un ordenador, una play o un móvil, pero no les permitimos usar el microondas o la secadora o bajar la basura o coger un mocho u ordenar la habitación. ¡Cómo se van a esforzar con trece años si con siete no les enseñamos! ¡Es absurdamente paradójico!, valga la concordancia.
—Y ¿cómo se educa en el esfuerzo? ¡Léeme la receta, anda!
—Pues había por ahí un tal Antonio Ríos que decía que no cediendo, no dejando las cosas sin terminar y reforzando cuando las hacen. Asín de claro.
—¡¡Flutox secos con cristalmina!! ¿Algo más?
—Gracias, Fede. De momento no.
—A mandar.
—…
—…

La anciana tierna que todos conocemos pendula con su carrico de la compra cerca de los sepultureros. Va a desayunar voltarén con fluidasa manchado de potasión:

—Chico, ¿eres Juan?
—Sí, Engracia, ¿cómo está usted?
—Nene, yo aquí… Acabo de despedirme del Manuel, ¿tacuerdas dél? Pos ha acabao la carrera…, abogao…, 33 años… ¡¿Qué te parece?! Estamos tan orgullosos…
—¡Ale, a disfrutarlo!

—… Eh… Además de los inputs de los chavales, que todo son derechos y ninguna obligación, no te olvides de lo que les afecta, los outputs.
—…
—La adolescencia es un momento de crisis, de cambios, y para eso hay que aprender, informarse y formarse… ¿Tú sabes la cantidad de cosas que tienen que aprender los chavales hoy?
—¡A respetar y a trabajar, coño! Con eso se va a tos los laos.
—Y ¿cuándo quieres que lo hagan? Tienen 12 redes sociales activas, hacen 20 fotos al día, contestan a 58 mensajes-correos-chats, actualizan sus perfiles, cotillean en Instagram, Facebook y todas las casas de falsos inquilinos estas… Y al mismo tiempo a estudiar más gilipolleces que nosotros, hacer deporte, ligar, divertirse, más las clases particulares y las extraescolares de natación, rítmica, piano, hípica, judo, tambor, danza, ganchillo…; por no hablar de PlayStation, Xbox, Wii, Youtube… ¿Cuánto tiempo crees que les chupa todo eso? Hasta las doce de la noche por lo menos no han parao. Y ahora échate a dormir… Muchos están agotados mentalmente como para dormir. Y así todos los días. ¿Cómo van a hablar con su madre si están viendo la última foto de Angelina en Instagram o actualizando el muro de Facebook, de lo cual depende toda nuestra raza?
—Yo también tuve cámara, Félix.
—No compares, Juan. A nosotros nos preocupaba la imagen para lo que vienen siendo nuestros amigotes y alguna chavala ¿Tú sabes estos a lo que se enfrentan? Esto se ha convertío en una jungla bárbara, en una selva incívica, en una bestia indómita. Todo el mundo ve sus vidas porque la explicitan, la publican, la desnudan… Y además ahora se ha instaurado la norma de juzgarlo todo. Si no juzgas algo es que… no tienes personalidad o algo así… Así que opinan de todo lo que haces… Y la otra norma es opinar mal, o sea, hundir a la gente, reírte de ella como hace el Rubius y otros t@ntos como él: cuanto más insultes más guay y cool eres. Por cierto, el Rubius tiene diez millones de seguidores; puede que digas bien con eso de que estamos enfermos.
—Y otra norma parece que es hacer el idiota, un deporte que cada vez tiene más competencia, y ser original es muy jodido. El otro día vi a un youtuber lanzando espaguetis al aire en su cocina para tratar de que cayeran dentro de la olla, luego saltaba y los chafaba, echaba al suelo chorros de aceite y plumas de una almohada, traía a su perro y los 2 se revolcaban por el suelo, entonces se pasaba las manos por todo el cuerpo, sí, por todo, y también por el del perro y metía las manos en una masa de harina y agua, se cortaba pelos de sus partes y los echaba también como condimento, amasaba la pizza dando golpes con la suela de sus zapatos y al horno; en velocidad tó rápida avanzó hasta que se cocinó y la sacó a la terraza para enfriarla pero estaba lloviendo; después de mojada la cogió y el perro y él empezaron a darle bocaos; el tío estaba espídico y se puso a dar golpes de frente contra la mesa, abrió una botella de vodka o vete tú a saber y se largó un tragazo que se puso rojo y escupió y casi vomita; y remató balanceándose en la silla pa’atrás hasta que al tercer intento se cayó de espaldas y ahí se quedó… ¡A ver cómo superas eso…!
—Abatible.
—Oye, y ¿cómo lo solucionamos?
—Yo lo tengo claro: hay que meterles dos años más antes de llegar a la universidad; eso les daría mayor madurez para ese aprendizaje superior, y retrasaría la incorporación laboral, pero no pasa ná porque ahora vivimos más, o sea, es una cadena. Lo que no sé es dónde pondría esos años, pero ya saldría. Y no hay que olvidar separar a los que no quieran estudiar más de los que quieran en un momento dado…, no sé, con quince o dieciséis…
—¿Dos años más? ¡Encima que no hacen ná! No hay quien te entienda.
—¿Pedimos dos gelocatiles más?
—Yoooo prefiero una aspirina.
—Pues dos, entonces. ¡Fede, dos aspirinas… Y un pantecta para compartir!
—Pantecta no me queda. Os puedo poner omeprazol.
—Por mí vale… ¿no?
—…
—Pos ponlos.
—¿De 20 o de 40?
—Mmm, de 20.
—Por dónde íbamos, tú.
—Pues que los chavales lo pasan muy mal. Se estresan porque están sometidos a la presión de…
—Gooooooooooooooooooool.
—¡Joder qué susto, coño!

sábado, 10 de enero de 2015

El fútbol no se toca VIII


El fútbol no se toca VIII
Eva Tacazo

—¿Siguiente?
—¿Qué pasa, mamón?
—… ¿Perdón?
—…
—Ehhhhh, siéntese y dígame en qué le puedo ayudar.
—Paso de sentarme a ver tu cara de vicioso y putero. ¿Se lo cuentas a tu mujer?
—Perdone, pero… creo que se está equivocando, ¡eh…!
—¡Calla! Mentiroso, infame. ¿Les cuentas a tus clientes que les robas cada día lo que puedes? ¿Les cuentas que les vendes productos que necesitan, como las hipotecas, con intereses abusivos, y que además eres consciente de ello, de la bufonada de la que tú participas, so payaso?
—Mire, está faltándome al respeto aquí, en mi trabajo y voy a tener que…
—¿Ahora te das cuenta, impotente? Cuéntales a todos estos que eres un impotente, anda. ¡Adivina quién me lo ha dicho!
—Alfredo, llama a la policía que me estoy calentando y…
—Y ¿qué? Si todos sabemos que eres un cobarde y que te escondes detrás de la mesa, y detrás de las vallas, y detrás de la pantalla.
—Pero, ¿qué dices? Tú estás mal de la cabeza. Y ya te estás pasando…
—¡Oh, no me digas!  Y ¿me vas a pegar? ¡Señores, cállenme la boca o el cavernícola acomplejado este me va a pegar! Me va a pegar unos azotes. Sí. Eso es lo que te gusta, ¿verdad? Los azotitos.
—A ver, tú, ¿qué pasa aquí? Los clientes de este banco están avergonzados de verte. Lárgate que te estás retratando.
—No hablo contigo.
—Alfredo, ¿has llamao a la policía?
—Claro. Ya vienen. ¿De qué conoces al flipao este?
—¡Yo qué sé!
—¡Ah! ¿No lo sabes? ¿No te acuerdas de mí?
—…
—Soy el árbitro que pitó el sábado por la tarde al Talavera contra El Ponto.

jueves, 8 de enero de 2015

Inmejorable


Inmejorable
El niño cielo y Díptero impertinente

—Ring…, ring…, ring…
—Sí, ¿quién es?
—Buenos días, ¿hablo con don Hefesto Greco?
—Sí, ¿quién es?
—Le llamo de OVO, su servicio de telefonía que le va a ofrecer una oferta que no podrá rechazar.
—A ver, porque siempre…
—Verá, don Hefesto, en EMOSKI un pack de cerveza con 6 botellines ANSTEL le cuesta 2,45€. Nosotros le vendemos un pack de 5 por tan solo 1,80€. ¿Qué le parece?
—Bueno…, no sé… Pero ¿esto no es, o sea, tú has dicho que eres de OVO Telefonía?
—Sí. Entiendo. Señor Greco, nos estamos diversificando… Verá, es una oferta única. Y con la compra de dos packs le ofrecemos…
—Pero ¿hay oferta de mi teléfono?
—No, en este caso la oferta es de productos de…
—Entonces no me interesa, ¡eh!
—Veamos, don Hefesto, ¿usted necesita una rebaja en su cuota mensual?
—Sí, sí…
—Nos consta que ahora mismo está usted pagando 27€ más IVA. Si usted compra el pack de 5 cervezas por solo 1,80 cada mes, podemos hacerle un descuento de 2€ al mes durante un año, por lo que cada pack le saldría por -0,20€. Señor Greco, estaría usted pagando por Telefonía, 500 Mb de datos y un pack de 5 cervezas menos de lo que está usted pagando ahora.
—Eso ya está mejor. Y ¿todos los meses?
—Sí, señor. Pero le decía antes que si aún quiere disfrutar más de su descanso podemos ofrecerle 2 packs de 5 botellines para cuando vea los partidos de su equipo favorito, más un cepillo ergonómico multisensitivo para perros de regalo por tan solo 1,20€ más. ¿Qué le parece? ¿Le doy el alta en el servicio?
—Pero…, es que yo no tengo perro.
—¡Pero podría tenerlo, nunca se sabe! A lo mejor un familiar, un regalo… No sé si está al tanto pero las últimas estadísticas señalan que salimos a una mascota por cada dos personas, ¿qué le parece?, ¡quién lo diría! Yo misma le regalé el pack a mi marido y el cepillo a mi madre. ¡Se siente tan sola que una compañía es un tesoro!
—Bueno…, tengo prima…
—Y ahora, don Hefesto, por ser usted un cliente Gold le ofrecemos una oferta exclusiva a la que no todo el mundo puede acceder. Es el seguro de vida Gold Vida. Permítame que le explique básicamente las cláusulas de beneficio: usted percibirá…
—No, no. Espere. Yo ya tengo seguro de vida con mi hipoteca y…
—¡Estupendo!, pero déjeme decirle que usted si está pagándola con la hipoteca la cobertura es solo a la hipoteca.
—Ya, pero ¿para qué quiero más?
—¿Está trabajando, señor Greco?
—…
—Si usted está de baja más de 1 semana, el Seguro Gold Descanse le abona 7€ por cada día que usted no pueda ir a trabajar. Y si sobrepasa el mes cada día se incrementa en 1€.
—O sea, al octavo día me pagan 7€, y al noveno también y así hasta…
—Efectivamente. Es irrechazable. Pero eso no es todo. Nos consta que está usted casado. Su mujer percibiría 5000€ si su fallecimiento sucede yendo al trabajo, «in itinere».
—¡Joer! Lo que pasa es que yo voy en bus, no cojo coche…
—La cobertura cubre también un accidente de autobús en carretera o urbano. ¿Conoce la estadística?
—No…
—Hay más accidentes en autobús, señor Greco, que en avión. ¡Quién lo diría!
—Vaya.
—¿Le abro la póliza?
—Pero cuánto cuesta.
—Señor Greco, cobertura de baja laboral, accidente «in itinere» y un brazo extensible para el mando televisivo o para coger cualquier objeto, por supuesto de regalo, por la bajada de precio que ha roto el mercado: 11,25€. Le envío la póliza a su correo. Solo ha de abrirlo, contestar «Acepto», y reenviar.
—Es que no sé yo si…
—Y los tres primeros meses son gratis. No puede negarse, don Hefesto.
—Es que…
—¡Mmmm! Veo que es usted un hombre crítico, de los pies a la cabeza, y además inteligente. Si me concede un solo minuto se lo demostraré. Tenga en cuenta que ya sale ganando con el pack mensual…
—Bueno, pero un minuto ¡eh!
—Verá, OVO está trabajando en un nuevo servicio. Aún no ha salido al mercado pero, con-fi-den-cial-mente, lo hará para el próximo mes. Se trata de la experiencia Familia feliz. Suena bien, ¿verdad?
—…
—Le explico. El servicio le ofrece disponer de una familia durante tres días al año que usted elija y donde usted elija.
—Mmmm, no entiendo.
—Sabía que le iba a encantar. Supongamos que desearía pasar tres días de vacaciones inolvidables en un entorno paradisíaco, playas mágicas y noches de pasión. Se lo ofrecemos, señor Greco, con la compañía de una familia que usted elija.
—… Pero… si yo ya tengo familia. Si yo estoy casado.
—Por eso mismo… Imagine tener la posibilidad de modificar algún aspecto de su familia... Sé que lo está pensando, pero no lo diga, forma parte de su intimidad. No puedo entrar en más detalles, pero solo imagine que le ofrecemos esa posibilidad durante tres días mágicos.
—¡¡Que yo elija una familia!! ¿Cómo?
—Familia feliz dispone de un amplísimo abanico donde decidir. Hefesto, tú decides.
—…
—Intuyo que estás dudando. OVO ha pensado también en tu familia y le ofrece a tu mujer que durante esos tres días escoja entre fin de semana de retiro y descanso en el Monasterio de Silos o el Seminario de fin de semana Origen, desarrollo, evolución y muerte de agujeros negros en el continuo espacio-tiempo.
—Ah. Suena…, suena…
—No me diga más. Sus hijos disponen o bien del Parque temático de Danza ecuestre o bien del Parque temático Condensación y Criogenización en la Nueva Alta Cocina.
—…
—Lo sé. Hemos pensado en todo. Ya le dije que era una experiencia única.
—Ya veo…
—Puedo apuntarte para que seas el primero al que llamen el próximo mes… Hefesto, ¿quieres saber lo que es la felicidad?
Y desde la cocina, como una tragedia que amarga un mazapán, se desploma una voz.
—¡Festooooooooooo, cuelga atontao, que al plato le van a salir canas y a mí en el coño!