viernes, 15 de noviembre de 2013

El borreguismo patológico


El borreguismo patológico
Nicholas Dunmore

borreguismo.
(De borrego).
1. m. Actitud de quien, sin criterio propio, se deja llevar por las opiniones ajenas.


Bonita definición del Diccionario de la Real Academia Española que expresa en términos más que objetivos un concepto al que llevo dándole vueltas durante bastante tiempo. Mi definición personal sería esta: PATOLOGÍA generalizada en la sociedad con una alta capacidad de mutación y de adaptación al medio para la que no existe vacuna y que se transmite por el aire.
Lo peor de esta enfermedad es su extraordinaria capacidad de hacer desparecer los síntomas, de manera que resulta imposible a los afectados detectar su presencia. Además, la enfermedad parasita de tal forma al individuo que este desarrolla su propio sistema de defensa ante posibles amenazas. Este sistema de defensa puede variar en complejidad dependiendo también del nivel de complejidad del afectado, que por norma suele ser un nivel bajo, ya que el virus ataca a los organismos (la palabra exacta sería idiotas) emocional y mentalmente atrofiados, que desgraciadamente son la gran mayoría.
La defensa contra la “desborreguización” suele ser la negación de la misma, apelando a la libertad humana de tomar decisiones y pensar por ti mismo (ja, ja, ja), ya que es más sencillo negar las cosas que aceptarlas. El mayor problema viene cuando el virus se da cuenta de que su huésped está cerca de ser “desborreguizado”, y entonces estas personas vienen a decir una frase que contiene una de mis construcciones favoritas: “¿Qué dices, estás loco?” O aluden a la típica frase estúpida y predecible de “Anda, deja de decir tonterías y haz lo que tienes que hacer”. Ciertas personas intentan transmitir debilidad y flaqueza con frases como “Ay, si yo no entiendo esas cosas” o “Si es que yo no soy tan listo/a como tú”; y recurren al uso de la compasión como método “antidesborreguización”. Por último, existe un grupo, por desgracia el más generalizado, que lo que hace básicamente es encerrarse más en su borreguismo, dando falsas pruebas insustanciales e insuficientes, además de nada lógicas, y recurrir a la violencia como método de lo que yo denomino “escape de la verdad”. En fin, como aquí se demuestra los borregos son más que predecibles.
No sé si me estaré explicando correctamente, pero por si acaso diré que cuando hablo de borreguismo me refiero a ese borreguismo invisible que está pero que nadie reconoce y que aquellos que se dan cuenta son locos o teóricos de la conspiración. Me refiero a ese borreguismo generalizado que se manifiesta en todo tipo de variantes del mismo. Borreguismo político, cultural, religioso, científico, y un larguísimo etcétera.
Si leemos la definición de diccionario sobre la ya reiterada palabra hay un término dentro de esta que voy a proceder a analizar. Me refiero a la palabra “ajena”.
Desde el momento de nuestro nacimiento, nuestro entorno condiciona nuestra educación, nuestra espiritualidad y nuestra forma de ver el mundo. Pero a su vez nuestros tutores en el borreguismo tuvieron otros tutores, que a su vez tuvieron otros y así sucesivamente. De forma que esta situación no es, ni mucho menos, reciente. El borreguismo es una enfermedad que afecta a todos los ámbitos sociales y se da en todas las edades. Si no, preguntadle a un niño por qué va al colegio. Sin duda alguna responderá “porque hay que ir” o “porque me lo dicen mis padres”. Ya desde edades tempranas metemos en las cabezas de los niños que “las cosas son como son”, “hay que hacer lo que hay que hacer”, “no intentes cambiar las cosas porque es así de toda la vida”, y muchas más frases similares que no citaré por falta de espacio. Pero ¿qué, quién o quiénes son los directores de esta fábrica infernal de esclavos humanos estúpidos, sobreinformados de mala manera, egoístas e ignorantes?
Personas de todas partes te darán miles de respuestas a esta pregunta. Unos afirman que son los “Anunnaki”, seres extraterrestres que vinieron hace siglos a esclavizarnos; otros afirman que son los Illuminati o los Masones o los Rosacruces o la Iglesia Católica o el Gobierno de los Estados Unidos. Pero ¿cómo encontrar la verdad entre todas las mentiras? ¿Cómo detectar y (lo más importante) RECONOCER que estamos borreguizados por “algo/alguien”? ¿Cómo salir del borreguismo y ser libres?
Pues la respuesta es bastante sencilla. Confíen en sus propias decisiones y olviden a los  eruditos, políticos, famosos, compañeros de clase, de trabajo, de piso, familiares, amigos, etc., porque ellos son los transmisores del borreguismo. Ellos son el transporte del virus. Lo único real eres tú mismo y debes descubrir la verdad dentro de ti usando tus propios métodos.
Creo sinceramente que hay aún esperanza para que la humanidad despierte al fin de su estupidez masiva y todos nos demos cuenta que todo lo que creemos “real” es solo producto de un engaño masivo del que no saldremos nunca si aún hay gente que no confía en sí misma sino que tiene como credo lo que ve en los medios. En definitiva, la sociedad en la que vivimos es una cadena de montaje de clones de la que somos partícipes directos. Por favor, lectores, os ruego que penséis fríamente el porqué de las cosas que os rodean. Solo así os daréis cuenta de lo absurdo del mundo en que vivimos.
Finalizo este mi primer artículo con una frase que será el tema del próximo.
“La locura no es sino la forma más absurda de llamar a la más pura inteligencia”
Saludos.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Wertiginoso…

 
Wertiginoso…
El niño cielo

*evocar.
(Del lat. evocāre).
1. tr. Traer algo a la memoria o a la imaginación.
2. tr. Llamar a los espíritus y a los muertos, suponiéndolos capaces de acudir a los conjuros e invocaciones.


Wertedero
Wértice
Wertebrado
Wertiente
Werticilo
Wertumno
Wertsionado
Wertiroso
Wertberecho
Wertbiquí
Wertrrido
Wertrrinche
Wertzotas
Sinwertgüenza
Awertsión
Adwertido
Conwertible
Cawertnícola
Rewertsible
Perwertido
Perwerturbado
Cowertero
Enchufwertdo

Ciudadano a la venezolana


Ciudadano a la venezolana
Consejero
Estaréis de acuerdo conmigo, queridos lectores, en que Venezuela no está pasando por su mejor momento; es la versión 2.0 del siglo XXI de lo que yo estudiaba en historia y que se llamaba caciquismo; y digo que era lo que yo estudiaba porque quizá Pajín le haya cambiado el nombre por algún eufemismo ya que “cacique” es una palabra  muy mala y muy…; no, no hay más argumentos. (No sé cómo he conseguido meter en un mismo párrafo “Venezuela” y “Pajín”).
Pero, retomando el tema de Venezuela, estaréis de acuerdo en que las libertades públicas apenas existen y que las que los venezolanos creen que existen, como la libertad de prensa, está totalmente controlada por el Gobierno. Es una auténtica pena –pensaréis–, es intolerable. Al final no es más que una empresa que recibe dinero del Gobierno con la finalidad de que emitan los contenidos que sean acordes a las políticas nacionales (quizá esos criterios los fije el Viceministerio para la Suprema Felicidad del Pueblo venezolano –Ministerio que existe de verdad, por cierto–). La paradoja está en que son los propios venezolanos los que pagan, con impuestos, para no tener libertad de prensa.
Y ahora que somos conscientes de esta situación, hay que pensar que nos da pena Venezuela pero no nos da pena España que no se aleja demasiado de ese modelo. Resulta que en España aún existen las televisiones públicas y las radios públicas y no nos conformamos con una nacional sino que nos conformamos con una autonómica también y otra provincial y otra local, ¡cuya razón de ser es que nosotros les paguemos (impuestos) para que emitan noticias y reportajes de promoción sobre nuestros gobernantes! ¡Qué disparate! ¡Pero si es lo mismo que Venezuela!
¿Hasta cuándo vamos a estar los españoles pagando televisiones de promoción pública que no ofrecen un servicio real a la sociedad? De verdad, señores gobernantes, que con un medio nacional nos conformamos (por eso de si se tienen que ofrecer comunicados o noticias de urgencia nacional). No queremos televisiones autonómicas ni locales que solo hacen generar más déficit mientras se hace más cara la educación, la justicia, la sanidad, la seguridad, etc.
Y ¿cómo podemos estar tan seguros de que no ofrecen un servicio a la sociedad? Pues muy sencillo, porque están todas arruinadas, no generan nada a la sociedad y la sociedad genera que se arruinen; ejemplos hay varios, como TV3, Canal 9, TeleMadrid, Onda Regional, etc. Se llama ley de la oferta y la demanda, que se estudia en Secundaria, y parece que en España no hay demanda de servicios a la venezolana. Pero los jefazos del traje y maletín aún consiguen engañarnos porque todas las nombradas ahí siguen generando cada día más y más crisis. ¿Es esta la senda de la recuperación?

miércoles, 30 de octubre de 2013

Una vez más: ¿estamos preparados?


Una vez más: ¿estamos preparados?
El niño cielo
3 de enero de 2010

Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces sobre la misma piedra: ¡qué triste!
El otro día visionaba –que dicen ahora los modernos– un documental sobre «obsolescencia programada»: las «cosas» que nos rodean están programadas desde su creación para que queden obsoletas en un tiempo concreto y predeterminado «de fábrica», para que compremos otras.
Luego recuerdo que mi coche anterior sufrió una «insuficiencia motora» del orden de ocho mil euros. Fatal. Vamos, que tuve que tirarlo, quiero decir; y comprar otro, se entiende. Y lo que pasa: no dejas de escuchar historias de otros a los que les pasó o de sus amigos o vecinos y tal y cual. Recuerdo también que me mosqueé con el tipo de uniforme gris y amarillo que trató de convencerme de cómo reanimar mi coche muerto, una terapia que era algo así como la sanidad americana, como he dicho antes: ocho mil euros. Yo le asediaba y hostigaba con mi boli en mano: oiga, los coches de hoy avisan de pinchazos, de cinturones de seguridad sin colocar, de que el niño ha manchado la tapicería rosa y malva con un trozo de pizza y me dice que son incapaces de avisar de una «insuficiencia motora». En fin, imaginad la respuesta.
Bueno, ahora resulta que esa marca, la de mi coche, anuncia varios modelos eléctricos para este año. Eléctricos totalmente, no híbridos. Los híbridos parece que han pasado inadvertidos. He visto alguno, pero no he visto una transición como se decía.
Lo normal es que el resto de marcas vayan al acecho. Imagino que en breve, unos meses, habrá más anuncios. Me lo veo venir. Como con la informática y todas estas tecnologías de hoy, que construyen un modelo y a los 2 días ya está otro departamento con la próxima evolución o, como ellos dicen, generación.
¿Nos hemos preguntado qué va a pasar? Yo creo que no. Y ¿qué puede pasar? Pues puede pasar de todo: para empezar, no sabemos cuántos años de garantía tendrá una batería eléctrica de coche, ni lo que valdrá cambiarla cuando se rompa; tampoco sabemos dónde se recarga la batería, aunque ya hay dispositivos para garajes, pero yo no tengo garaje...; creo que habrá servidores, «electroneras», pero tardan media hora o así en recargar, a día de hoy, y no sé ni dónde hay una; además, se supone que para cualquier reparación estaremos obligados a morir a nuestro taller, que es el que conoce el sistema y tendrá las piezas convenientes, porque un particular, como no «se ponga las pilas» rápido, lo va a tener chungo; y, claro, las piezas tendrán el precio que ellos dispongan e imagino que, al igual que con un microondas o una nevera, arreglarlo valdrá la mitad de lo que cuesta otro –no al principio, pero podría ser así–; y cuando se produzca un fallo o error inesperado seguro que no funcionará nada y tendremos que llamar a un técnico-reparador desde el móvil o a una grúa y directamente al taller, que nos cambiará el chip del montante de reacción interna del flujo eléctrico de invisibilidad inducida por ejes de acción simultánea completo por mil euros más mano de obra o servicio a domicilio o teledirigido: como la nevera; sobre todo por que tenemos la experiencia de multitud de aparatos eléctricos que sorprendentemente dejan de funcionar y, peor aún, no se pueden arreglar; al montante eléctrico habrá que añadir el informático: todos sabemos cómo funciona un ordenador después de unos 2 años ¿verdad?; error del sistema, actualización, formatear, reiniciar, ¿está seguro de que desea arrancar el vehículo?, le avisamos de que si reinicia el vehículo puede producirse un fallo inesperado, descargue primero el programa, actualice el sistema de arranque antes de arrancar el arranque, atención: arrancaización,  ¿desea que Renault le ponga en contacto con un taller oficial o envíe los errores?
Y quizá no. Quizás hayamos aprendido.

Fisuras, rendijas, hendiduras


Fisuras, rendijas, hendiduras
Eva Tacazo

Desde el inicio de los tiempos, las normas son normas y los trucos para saltárselas no son más que eso, trucos –a propósito de Perogrullo–. En todo edificio hay grietas y no por eso dejamos de construir. Lo que sí hacemos –algunos– es estudiar los fallos y buscar remedios para reducirlas, evitarlas y no volver a producirlas. Cuando entramos a nuestra primera vivienda nueva, recién comprada, las juntas están perfectas. El tiempo va asentando los cimientos y empiezan a aparecer las primeras fisuras, rendijas, hendiduras. Quizás el futuro nos depare encontrar la fórmula adecuada para que no suceda y fisuras, rendijas y hendiduras no existan.
Hoy sabemos que, tras un antivirus contra la gripe, esta puede mutar. ¿Matamos acaso a los médicos investigadores por no haber previsto la mutación? Evidentemente no –creo–; sin embargo, sí sopesamos la forma de denunciarlo. Algunos incluso lo consiguen. Sí, denuncian a un médico, por ejemplo, porque su vacuna ya no da los resultados esperados. Si voy a lavarme las manos a un restaurante y, al tirar del papel este tan moderno de la máquina –esa con dientes de sierra más peligrosa que un tiburón en una piscina– nos cortamos –en fin, un descuido ¿no?–, pues lo denunciamos, denunciamos al creador de la dichosa máquina, de la endemoniada y asesina-máquina-de-matar-a-través-de-pequeños-cortes, y denunciamos también al restaurante por colocar con inquina objetos peligrosos y dañinos para el ser humano como sierras camufladas en los lavabos. Sí, sí, en EEUU ocurrió. Y la ley dio la razón a aquel "cráneo privilegiado" –gracias, ¡oh, gran larga barba blanca!
Moralinas aparte –no quiero profundizar en estos ejemplos–, recuerdo aquello de Mou. Resulta que el gran conocedor de las leyes futbolísticas, el estagirita del deporte rey, el Libro, decide utilizar el reglamento del fútbol para su propio beneficio –¡el que esté libre de pecado..!–: pidió a sus jugadores provocar la tarjeta que les salvaría de una situación futura incómoda en los últimos minutos de partido. Según vi, se notó bastante. Y se notó bastante porque el bueno de Mou, el preocupado por la imagen del equipo que le paga y de los jugadores a los que forma, educa y orienta, no quiso pedirles que cometieran una falta "peligrosa" para ningún jugador del otro equipo; o sea, darle una buena hostia al contrario, en sermo vulgaris.
Pero se notó. Sí, se notó. Y ahora el Comité de No Puede Aprovecharse Usted De Un Fallo Reglamentario tiene intención de... ¿sancionarle?, ¿dar ejemplo? Y el otro día Antiviolencia ¿Por qué? Porque insinuó que un equipo de fútbol sale al campo pensando en que va a perder. A esto se le llama opinión, intuición o prejuicio, pero ¿violencia?
No sé en qué estamos pensando pero creo que fue Platón el que al final de sus días escribió que las leyes, y no el hombre, deben gobernar. Quizá se dio cuenta de nuestra imperfección sensible y prefirió confiar en un constructo social también de los hombres, pero que podamos someter a juicio y renovación.
Si la ley no funciona ¿por qué no la mejoramos?

La educación y la Fama


La educación y la Fama
Espe Or

Estuvieron varios años emitiendo y no dejaron de sorprenderme: calidad humana.
Y bailan. Porque era un programa de baile: aprendían a trazar atrevidas piruetas, aprendían interpretación, teatro, lírica... Pero es que había más. Era una escuela de baile, pero había más.
El baile es la estructura, el andamiaje, el elemento de cohesión, pero el contenido era otro. Se masticaba convivencia. Y todos sabemos qué es la convivencia –aventuro–: dialogan y discuten, se respetan y se insultan, se aman y odian..., viven. Eso es la vida con los demás.
Viven con los demás: se reunían para decirse lo bueno y lo malo, pero sobre todo para explicarse por qué. Se peleaban... y luego tenían que bailar juntos. Desarrollan así las emociones, la empatía, la comprensión de que el otro está ahí, junto a mí, cerca, presente, y he de entenderlo. Y con el tiempo y el esfuerzo, entre los extremos amor y odio, respeto e insulto, aparece, emerge, brilla una fina línea conmovedora, una conexión: los griegos usaban la voz pathos, íntima emoción. Comprenden que el otro no es tan distinto a ellos.
Y ¿quién libera estos secretos? Detrás de estos jóvenes impulsivos están los profesores. Ellos se llaman profesores. Yo creo que son algo más, porque para conseguir lo que consiguen hay que ser algo más. Son creadores, artífices, orfebres medievales de lo humano. Enseñan arte y saben que el arte es plástico, se moldea y crece con el corazón. Ellos los invocan, les hacen hablar, decir, bailar, contar, aprender, danzar, escuchar, obedecer, reflexionar, perdonar, emocionar, compartir, realizar, crear. Educan.
¿Puede un profesor hacer todo eso?

martes, 29 de octubre de 2013

Idiosincrasia


Idiosincrasia
Eva Tacazo
A nuestra querida expresidenta, Espe

–Por supuesto, me parece una idea cojocil.
–¿Sí?
–Claro. Yo me pregunto ¿por qué no tataizar un Mercedes? Sería juntar dos opuestos, todo un reto. Imagínalo por un momento en la carretera, de noche, en silencio, entrando en un puente con la primera luz sobre el capó: esas líneas combinadas…
–¡Vaya cosa saldría de ahí!
–¿Eh? Pues no sé, ¿y opelizar un Renault? ¿Qué te parece? Unir todos los elementos de vanguardia de las dos marcas… La novedad como avance, la apertura de un nuevo camino, las barreras naturales derrotadas por la fantasía… Imagina.
–Hombre, yo recuerdo el Multipla y no sé si esas conexiones…
–Bah, el Multipla fue un intento de automovilizar un microbús; pero, ahora que lo pienso, imagínate treneizar los coches, o sea, poder ir tú por ahí con tu coche por Barcelona y, de repente, te acuerdas de que quieres ir a La Molina. Pues coges tu ropa de esquí y te subes al carril de la vía y evitas así la subida a Pirineos.
–Ya.
–¡Es la leche! Buah, imagina si no avionizar una lancha: resulta que estás en Ibiza en tu lancha paseando y quieres ir a Madrid a comer unos huevos a Casa Lucio. Pues vas por Mediterráneo a Alicante (El Altet) y de allí despegas hacia Madrid (Barajas).
–Entonces mejor avionizar un coche. Para salir del aeropuerto, digo.
–Sí, claro.
–Claro… Oye, y ¿qué opinas de manzanizar unos cocos?
–Joder, para eso melocotonizar la uva. ¡Dónde va a parar! es una mezcla perfecta, de equilibrios. No sé. Creo que el coco mejor que sea freseizado. Eso le daría un toque cítrico a lo exótico: ¡citriótico!
–Ya.
–Aunque lo genuino sería verdurizar la fruta. Tendríamos el alimento perfecto para un niño, por ejemplo.
–¡Ya ves! No habría que comprar 1 kl de tomates y otro de naranjas, sino 1 kl de naranjas tomatizadas.
–¡Brunial!
–Sí. El futuro está en la mezcla. ¡Adiós a la idiosincrasia!
–Y el presente también. No es genuino de ahora. Esto empezó hace unos años. Recuerda las bañeras duchizadas.
–Ummm. Bueno, en realidad en este caso creo que esa mezcla da marcha atrás. Devuelve la idiosincrasia a bañera y ducha. Con esto de los pisos más pequeños y tal… En mi casa, si quiero poder moverme por el baño tengo que aguantarme con una ducha. Bañera duchizada no me cabe.
–¡Vaya!
–¿Pedimos otro ginsky?
–Voy a cambiar… Prefiero una cocanta, me voy en 15 minuras y si no llegaré a casa dando tumbos.
–Bien… ¡Camareroa!
–¿Qué desea?
–Una cocanta y para mí una horchamón, ¡que hace un calor!
–Sí. Por cierto, ¿y de vacaciones?
–La semaño que viene cogemos un avióptero y cruzaremos el macéano hasta donde nos llegue el dinero.
–¡Estunial!
–Lo malo son los niñocentes. Mi suegra está mayor y no sabemos si dejarlos o traérnoslos.
–Pues ya te digo yo que lo mejor sería trajároslos, sin duda, sin duda.
–Tienes razón. Esta noche se lo digo a mi muvia.
–Oye, nada como tener una muvia ¿eh?
–Soy afortunado.
–¿Pedimos la cuenta?  

El fútbol no se toca


El fútbol no se toca
Eva Tacazo

–No.
–¿Cómo que no?
–Que no puedes fumar tampoco en las cercanías de un colegio, por ejemplo. Tendrás que alejarte.
–¿Alejarme? Hombre, que fumar es malo lo sé, pero... ¿Es una cuestión de metros? ¿Y cuántos?
–Pues no lo sé, aún no se sabe eso.
–Pero, vamos, que establecerán unos mínimos que garanticen... que el aire se evapore o..., digamos, sin que deje ningún residuo, ¿no? Ya. O sea que me los imagino ahí, durante horas, ¡qué horas!, ¡meses!, discutiendo si 20 metros o 55 metros o, mejor, 53 y medio, o que será relativo, o sea, dependiendo de las zonas, no sé, ajardinadas que haya en los alrededores, o dependiendo del número de viviendas, o dependiendo del área del colegio en cuestión, o de la cantidad de alumnos, o de la cantidad de profesores, o de padres, o de puertas de acceso, o de pisos y plantas, o de tizas... Nada, que me los imagino ahí, en el sillón abatible de sus despachos, mesa alargada –y quizás abatible–, alfombra granate, de Óscar, con sus secretarias, su almuerzo abatible, comida 4 estrellas –para no perder el tiempo encargan su comida, es natural, es por el bien público–, y café, copa y puro -¡ay!, puro no, que no se puede.
–...
–Oye, ¿y lo de la distancia es horizontal o...? Quiero decir que ¿y si me subo a la terraza o al tejado? Supongo que lo tendrán en cuenta, ¿no? Ah, y otra cosa: ¿y si hay 2 colegios en un tramo de, digamos, 200 metros? ¿O un colegio y a 80 metros un hospital y a 100 metros una zona ajardinada con niños en asientos abatibles columpiándose? Claro, es que habrá que pensarlo todo, porque en ese caso, si uno está esperando a su hijo a la salida del cole o a un familiar a que salga del hospital tendrá que irse, para estar seguro de no cometer una infracción, 1 km andando. Imagínate que a medio camino te entran ganas de mear... Es que habrá que pensarlo todo muy bien. A lo mejor obligan a los coles o a los hospitales o a los ayuntamientos a colocar aseos entre un sitio y otro, lo cual costará un pico. Como para que luego, después de construidos, digan que ya no, que tampoco servirá.
–Ja, ja.
–Hombre, acuérdate de lo de las zonas habilitadas...
–Mi tío se gastó quince mil euros en eso hace 3 años y luego le dijeron eso, que ya no valía. Pidió un préstamo y todo, ¿sabes?
–¿Te acuerdas de Gustavito, el cojo? Pues pidió hace tiempo también un préstamo –abatible, le dijeron– y al final con la crisis ha tenido que cerrar el bar y sigue pagando el préstamo. Está jodido, ¿sabes?
–Imagino.
–¿Y habrá multas o algo?
–No sé, aún no se sabe.
–Es que algo debe de haber, porque si no... Hombre, al principio imagino que te llamará la atención el policía, ¿no? Aprovecharán que están ahí dirigiendo el tráfico a la salida de los coles y vigilarán.
–¡Lo que le faltaba al policía!
–Mejor eso a que me pongan una multa de 200 euros.
–Pero ¿tú crees que nos multarán?
–Pues no lo sé, aún no se sabe. Pero algo harán, si no qué.
–A lo mejor confían en que entre todos nos arreglemos, de buena manera: «Oye, por favor...» o «Si no te importa...».
–¿Como en Europa? No creo ¿eh? Vamos, a mí no me importaría, lo apago y ya está. Pero tú imagínate, ahí, diciéndole a alguien que tire el cigarro porque fumar mata. Imagínate que ese tío ha tomado un café en mal estado o es un poco transitorio o, como dicen de los fumadores, que estamos ansiosos y de repente se agobia uno y se te encara y... ¿qué haces?, ¿el héroe? Mira el Puerta y el otro.
–Ya.
–Es que... no es fácil, ¿eh?
–No.
–...
–...
–Habrá que buscar zonas, como sea.
–Ya, pero tú piensa: si ni colegios,  ni farmacias, ni hospitales abatibles, ni en el coche-bus-avión-tren-navesespaciales, ni centros comerciales, ni bares-restaurantes-cafeterías-teterías, ni en misa, ni en parques, ni cementerios –por lo del carácter de parque–, ni en la playa, ni en parques de estos tipo Aqualandia y tal, ni en zonas con niños cercanos –cerca, quiero decir– ... A ver, ¿qué queda?, además de la casa de uno.
–No, y en casas siempre y cuando no haya niños cercanos ni abatibles.
–Pero ¿dentro o también si el vecino tiene un niño y acaba, no sé, oliendo el humo del cigarrillo que sube por el balcón? A mí me pasa.
–No creo que lleguen a eso.
–Ya, pero, es que ahora que lo pienso, yo en mi casa no fumo, no me gusta el olor, salgo al balcón.
–Pues a ver si te van a obligar a que sea dentro de tu casa abatible.
–¡No jodas! O sea que ni en mi casa voy a hacer lo que me da la gana.
–…
–Y espérate, que estamos a la vuelta de que llegue el Eurovegas ese, y como nos lo concedan…
–...
–Y fumar no, claro, pero los truños de mierda de la acera... no pasa nada.
–...
–Oye, ¿y en el fútbol?
–¡Hombre! No creo yo que en el fútbol... No, no creo que se atrevan a eso, eso sería ya demasiado… El fútbol no se toca.