jueves, 22 de octubre de 2015

En un planeta no tan lejano…


En un planeta no tan lejano…
Díptero impertinente y La niña lluvia

Hete aquí que en la Luna de Endor un grupo de aguerridos y supersticiosos ewoks confían sus lanudas posaderas sobre la rociada hierba para observar, maravillados, cómo a La Estrella de la Muerte le falta el suelo («Le falta el suelo porque no lo hay», diría enamorado de su oficio un Físico). Por la noche temían la misteriosa jungla, pero hoy sus ojos no podían despegarse del cielo. La gravedad —que trajo de cabeza no sólo a Newton sino también a C. Nolan— atraía añicos y pedazos en una ceremonia de luz y oscuridad.
Luke brindaba botellas de champán abrazado a R2D2. ¡Un juergazo! ¡Cayó el Imperio!
Nadie recordaba aún a los caídos.
El chamán ewok, absorto en el firmamento fulgúreo durante un tiempo y conocedor de que un nuevo futuro se abría camino, volvió en sí, cogió su báculo y se levantó:
—Gracha guharan. Naa sdrm cug min dug ank mint. (Volvamos a casa. No queremos nada con ese mundo que solo puede corrompernos.)
Y todos obedecieron. Se levantaron y caminaron tras él, aunque no podían dejar de volver la cabeza y pensar en ese mundo.
El custodio chamán golpeó su bastón e insistió:
—¡Gracha augunch trox naa xsin! (¡Volvamos a casa he dicho, no miréis nunca más atrás, el futuro no es historia!)
Y todos dejaron de mirar al cielo. Pero había rocío en las plantas y en esas gotitas se reflejaba el espectáculo estelar; y los aguerridos y supersticiosos ewoks agachaban la cabeza y así seguían conectados con el futuro que ya estaba ocurriendo mientras ocurría lo que estaba ocurriendo.
—¡Trox naa pistin plu. Trox naa erg ewok po. Nia naa pur Gan trox ur pur sanag deepe! (El futuro no nos puede alcanzar. El futuro no lo hace el ewok mediano. Solo el chamán mira el futuro y mira luego al pueblo para enseñarle.)
Tras sus palabras, el chamán levantó la mano y de ella sobresalía un dedo. Iba a dictar una nueva ley a la luz de los acontecimientos.
— Dagcha quun. Yles naa tispen plur. Sera tix quunte ixtun. Fier tfuer bikg. Gracha. (Somos cazadores. Las luces no nos dan de comer. Para que no se olvide, desde mañana crearemos una escuela de caza y yo enseñaré a cazar. Coged la presa. Volvamos.)
Llegaron al campamento y lo primero fue depositar a su presa en la guarida «jugna», así llamaban a su cárcel.
—Soltadme. Soltadme…
Se revolvía como un animal. Lo portaban atado de pies y manos a un palo horizontal. Llevaba una venda en los ojos. Lo posaron en tierra, lo desataron y lo empujaron adentro de la jugna entre risas:
—Soltadme las manos. Quitadme esta venda, sinvergüenzas… No soy un animal.
Esto último lo pronunció con tristeza. Sus ojos se habían rendido a la par que su cuello… En la oscuridad de la jugna se oyó una voz arrinconada entre largas barbas grises:
—¿Quién eres?
—¡Un hijo de Rousseau!
—No sé quién es… ¿De dónde vienes?
—De Ortag, más allá de la estrella Nice… ¿Dónde estás?, no te veo.
—Vienes de muy lejos… ¿A qué te dedicas, extranjero?
—Soy, antropólogo. He venido a este planeta a traer la razón, luz del pensamiento de Rousseau.
—Entonces serás un mártir.
—¡No me insultes! Deja que me quite esto y te voy a…
—¿Lo has conseguido?
—¿El qué?
—Convertir a este pueblo animal en un alma racional.
—Son animales abúlicos, dominados por la incultura y la superstición…
La rabia se apoderaba de su boca desencajada. Silencio. Ahora fue él el que preguntó:
—Y ¿tú quién eres?
—Un mal sueño, una sombra…
—¡Calla! ¿Ambos cautivos y no me acompañas? ¿Acaso lo harás cuando nos coman?
—…
—Si hablas mi lengua, utilízala. ¿Cómo te llamas, extranjero?
—Galilei. Galileo Galilei.
—Ese es nombre de ciencia.
—…
—Rousseau te ha nombrado. ¡Racionalista!
—¿Racionalista…? ¡Qué importan las palabras, cuando la razón ha muerto!
—Tu tierra era lejana, y tu tiempo más…
—Llevo aquí más de 700 años. Me alimentan con unas semillas que alargan mi agonía. En mi planeta había un chamán que me obligó a morir en vida, retractándome de mis palabras, corrigiendo mi pensamiento. Era un pueblo temeroso y supersticioso. Era eso o morir… Decidí marcharme. Me había hecho años antes con unos papeles de un conocido artista, un tal Leonardo. Eran el diseño de un aparato que deformaba el espacio y el tiempo para viajar… El caso es que llegué aquí y…, creo que mi cuerpo habla por sí solo.
—No te veo.
—Mejor.
—¿Ya has intentado razonar con ellos?
—La razón no sirve. Los racionalistas intentamos demostrar, hacer reflexionar… Eso solo sirve con otros racionalistas que escuchan, reflexionan, cuestionan, avanzan, progresan, desechan lo inservible o lo que les daña cuerpo o alma…
—¡No me rindo! ¡No me callo! Despertaré en ellos la voluntad. Encenderé la luz…
—Te respeto, extranjero. El tiempo me dará la razón.

jueves, 17 de septiembre de 2015

Oh, mundo II


El niño cielo

Vivimos tiempos confusos —no sé de quién es la manida frase pero la necesito tal cual—. Al mismo tiempo en que esta mañana oigo en la televisión que ha aumentado bastante, afortunadamente, la donación de médula, resulta que oigo en la radio a Donald Trump decir que en EEUU se habla inglés porque esa es su lengua —sin caer, pobrecillo, en que el inglés tampoco es su lengua, sino de Inglaterra—, y una hora después veo en GH 16 a una madre con complejo de adolescente decirle, confidente, a su propia hija de 19 años: «No foll…es con él, porque este ni siente ni padece, ¿entiendes? Le enchufas la po…, y le haces una paj… con la mano». Y no digo más con los refugiados.
Hace 3 días yo mismo doné sangre por primera vez y me hice donante de médula. Ahora lamento no haberlo hecho antes, sobre todo cuando vi a tres pipiolos de 18 añitos recién cumplidos a mi lado también por primera vez. Me emocioné. Pensé que el mundo iba mejor. Pensé que habría un futuro solidario, empático, concienciado con las causas humanas y colocando al ser humano en el lugar que le corresponde, es decir, la prioridad vital. Y encima esta mañana, como un refuerzo conductista, aparece la noticia del crecimiento en donaciones de médula. Me ha parecido una hermosa correlación.
Sin embargo… Sin embargo, poco después mi mente sufre un giro cinematográfico que ni las telenovelas venezolanas. Donald Trump me hundió. Mi cabeza fue perdiendo altura hasta volver a odiar el mundo en que vivimos. Lo peor ha sido cuando lo he comentado y he descubierto más de lo que podía soportar sobre este espécimen prehistórico, arcaico y retrógrado. La curiosidad mató al gato. Del pozo negro —eironeia— de su boca han salido nubecillas esponjosas como que EEUU se había convertido en el vertedero de los problemas de los demás, o que México trae drogas, trae crimen, son violadores, y algunos son buenas personas, o que viene gente por las fronteras que no es el tipo de gente que queremos, o que va a construir un muro en la frontera —¡yo me acuerdo perfectamente en este punto de Juego de tronos!
La mamá adolescente de GH 16 también dijo sobre los hombres en su presentación: los hombres son para ella como los kleenex, de «usar y tirar». Desde hace unos años brotan los padres y las madres amigos, amigos de sus hijos, me refiero. No son todos, afortunadamente. No es una cuestión generacional. Psicólogos apuntan a que suelen ser padres o madres que no han superado su etapa adolescente —algo se les quedó por hacer en una época no tan liberal como esta—, y retornan a ella a través de sus hijos: visten, hablan, se comportan como si tuvieran 20 años. Y con los hijos, por supuesto, hay que hablar de sexo, como de estudios, como de lo que necesiten; pero no confundamos hablar, digamos, ayudar a reflexionar, digamos incluso, teorizar sobre sexo, estudios o lo que necesiten, no confundamos, repito, con chismorrear, cotillear, malmeter o imponer sobre los mismos. La primera vez que mi padre me habló de política fue así: «Toma (sobre con voto dentro y ya cerrado), vamos a votar», «Pero ¿ya me has cerrado el sobre con el voto dentro?», «Sí». Eso fue todo. Hoy, contra eso, los padres amigo dirían: «¿Sabes a quién deberías votar, hijo? A (el que ellos mismo votarían), y te lo digo yo porque mira, Pepito y Fulanito hicieron esto y lo otro», «¡Ah!, ¿sí? Vaya tela, ¿no?», «Para que veas cómo son esa gentucilla. Pero tú decides». Estimado lector, ni una cosa ni la otra. Ni una cosa ni la otra. Ni si quiera la suma de ambas.
Por un momento creí que el calor del desierto o la picadura de algunos mosquitos se había apoderado de mí. Pero no. Fue el ser humano.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Para un alma de Ébano


Para un alma de Ébano

Miguel Ángel Jiménez-Velasco Candela



¿Qué hizo a la tormenta no volar los cardos?
¿Qué movió al viento a polinizar el veneno en color y forma?
Como un niño muerto en la orilla al amanecer.
¿Cómo un niño muerto en la orilla al amanecer?
¡Como un niño muerto en la orilla al amanecer!

Y ¿qué queda en mi cabeza?
Un agujero negro de pensamientos, un abismo.
Pensamientos oscuros que me roban el sueño.
Mi sueño ya no es mío, no me pertenece mi propio sueño.
El dueño es el quebradero de cabeza.
Quebradero que inunda mis adentros.
Me invade de oreja a oreja recorriendo mis recovecos,
ennegreciendo de cinismo mis esperanzas,
ocultando el Sol del calor humano a mis semejantes.

A un niño le han arrebatado el Sol, y a mí…
a mí me lo han oscurecido.
Y aun así, cada día se muere una y otra vez nuestra estrella querida.
Y aun así, cada día, el cielo sabe más a tormenta y negrura.
Supongo que alguien
tendrá una linterna…




Que la playa no te lleve…
El niño cielo

Cuando machacamos la belleza de ébano siria…,  ¿en qué momento nos torcimos? Cuando las aguas tienen que llevarse una flor rota…, ¿en qué momento nos torcimos? ¿En qué momento perdimos el alma cuando hacemos de las flores y los árboles ceniza?
Seguro que hubo un  momento en que no había fronteras dibujadas en esta tierra de estúpidos colores. Seguro que hubo un momento en que no se miraban los colores.
En ese momento se miraba la flor, se olía la flor, se veía su vida...
Luego llegó un momento en que lo jodimos todo, en que las flores ya no respiraban, en que las flores ya no servían, así que las convertimos en negro humo. Y eso es lo que hemos respirado durante años: negro humo, negra alma. Y ahora negros como somos sólo vemos lo negro, solo vemos la muerte, y sólo hacemos muerte.
Y no nos avergüenza.
Fue cuando empezó el tiempo del mercado.
Empezó la borrachera del animal. Y el animal se comió a la persona y la cosa desplazó a la persona… La cosa creó otras cosas. Y la flor tenía que morir en un rincón oscuro, cerrado por llave animal.
Fue cuando las negras manos servían para romper. Y estuvimos rompiendo hasta hoy, cuando las negras manos asesinas entierran una flor viva.
Me gustaría que las lágrimas que llueven ahora mismo en mi mano pudieran devolver el alma a esa flor, a ese camino de flores sirias que están respirando ciegas mientras almas negras le empujan, le rompen, le condenan a ese rincón oscuro cerrado por llave animal.
Me gustaría que el tiempo del mercado acabara. Me gustaría que pudiéramos oler la flor otra vez. Me gustaría que el aire se llevara el humo negro. Me gustaría que la playa trajera vida, y no al revés. Me gustaría que el tiempo supiera volver.
 

jueves, 16 de julio de 2015

El fútbol no se toca XI


El fútbol no se toca XI
Eva Tacazo y El aprendiz

—¡Bartoloooooooooooooooo! ¡¿Qué pasa?!
—Ná, aquí, ya ves… ¿Cómo lo ves?
—Te veo genial. Genio y figura.
—Me lo figuro.
—Para figura el Floren. ¿Te has enterao de que ha vendío al Iker?
—Bueno, se ha ido él, ¡eh!
—Mira, mira, mira. No sigas por ahí…
—Pero ¿qué me estás contando?
—Y el próximo al que se la mete… al Ramos.
—Ese si se quiere ir… ¡puerta!
—No se va nadie como un señor en este club.
—De eso ná. Ahí tienes al Zidane, que va a ser el mejor entrenador del Madrid un día de estos.
—Sí, como el príncipe Carlos: dentro de unos años se cansa de estar en la recámara y a tomar por fulo la corona y y y y y tó.
—No te metas con el orejones, que bastante ha pasao el pobre.
—¿Pobre?
—Estas cosas pasan en los equipos, la gente va y viene, y ya está. El Madrid es una empresa y las cosas van así en las empresas.
—Ya. Y lo dices tú, que te quejabas de que Berskadona te dejó en la calle hace dos años y te cagaste en la musa que los parió.
—No es lo mismo, hombre; pero ¿qué me estás contando? Además, en el Barça también ha pasao. Pasa en todos los equipos.
—Mira, mira, mira… No te me nombres Barcelona que me arranco y me tiene que parar Mad Max.
—¡Que yo no soy del Barça, que soy del atleti! A mí me la pela.
—No es por eso, egoísta. Es lo de la Colau esta, la alcalduqui.
—¿También te has contagiao?
—Es pa burlarme.
—¿Qué pasa con la Colau?
—¿No te has enterao de que ha puesto de directora de comunicaciones del Ayuntamiento de Barcelona a una que se mea en la calle y se hace fotos?
—Siempre igual. No seas machista. Si un tío mea no pasa ná y, si mea una tía, es una sucia, ¿no?
—Pero ¿qué me estás contando? ¿Qué machista ni qué repollos? Yo creo que a ti la Colau te gusta... Mira la foto…
—…
—La tía está chorreando toa la cena ahí… en medio de la calle… descojoná.
—Porque se habrá tomao cuatro copas, hombre. Si eso lo hiciera un tío sería un máquina, lo hace una tía y es una…
—Sucia. Pues no. No es eso, hiperbárico, que no te enteras. Sea un tío o una tía no puede tener ese cargo público, y menos a dedo. ¡Mira la foto, macho! ¿Tú la contratarías como supervisora de tu empresa o como imagen de marca? ¿Te comprarías helados que esta tía anunciase? Mucho quejarse de las puertas giratorias y la dedocracia y ya hemos empezao otra vez con lo mismo.
—…
—Además, no me toque las cejotas, que yo ya te he dicho muchas veces que si el ligoteo que se pega el Jorgejá toas las noches con un invitado y con otro lo hiciera un hombre pero con las invitadAs, ¡eh!, invitadAs, lo acusarían de acoso y no duraba ni tres programas.
—En eso tienes razón, siempre te lo he reconocío.
—Y en esto también. Y te leo lo que dice la tipa esta, Águeda Cañón, o Bañón, ya no me acuerdo. Dice, y en la foto lo pone entre comillas: «Son mis aficiones. Es como si a otro le gusta el macramé. No me avergüenzo».
—Eso está sacao de Ponteso.
—¡De contexto, iluminao! Y, ¡ojo!, que no todo queda ahí. Van diciendo ya que el siguiente fichaje es una que escribe libros…
—¿Escritora?
—Escritora es algo más. Esta parece que escribe en hojas en blanco y que al juntarlas se llama también libro. Pero no es un libro.
—Y ¿qué es?
—Pues… pues… eso, un manojo de hojas.
—¿Hojaldre?
—¿Eh?
—Nada, nada…
—…
—¿No lo has pillao?
—¿El qué?
—Nada, nada.
—Céntrate… Te voy a leer esto que es una foto que le he hecho al blog. Se llama María Llopis. Dice sobre su libro que se tratan temas como, y ahí está, literal ¡eh!, mira, «Parto orgásmico, lactancia y placer, feminismo y maternidad, paternidad múltiple…» y dieciocho cosas como estas. 
—Yo no entiendo ná. Pero eso de paternidad múltiple me acojona, tío. ¿Eso es verdad?
—¡Qué moño, va a ser verdad! ¿Tú te imaginas a cinco tíos ahí?
—¿A la vez?
—Sería un detrás de otro, en todo caso.
—Bueno, eso, tío… Este tema me da mal rollo.
—¿Qué dices?
—Sí. Es que yo nunca me he visto hijo de mi padre… No sé… Fíjate, soy moreno de piel y pelirrojo de pelo. Y luego, mira, este dedo gordo y este no son iguales.
—¿Tú eres tonto? ¿Es que no estudiaste Biología básica? ¡Hola!, ¿hay alguien ahí, McFly? ¿Cromosomas?
—…
—Déjalo.
—No sé, tío, perdona. Me he rallao… Es que… acabo de ver seguidos el video de Ylenia, que no lo había visto aún, y el nuevo tema de Kiko Rivera «Dale»… y me he quedao tan flaseao que ya no sé ni lo que digo.

lunes, 6 de julio de 2015

El zoo


El zoo
Eva Tacazo, Díptero impertinente y Galgo atigrado

Año 2015, mayo… Finales de mayo… veintialgo de mayo…

—Matías, ¿no ves a los animales un poco inquietos, nerviosos y… como asustados en sus jaulas?

1 de julio….

—Buenos días, Su Eminencia don Salvador Gracia Pas.
—¿Cómo estás, Robertito? ¿Qué tal la familia, y tu madre?
—Mi madre como un roble.
—Estupendo, estupendo.
—Buenos días también a usted, don Silvio Foresto. ¿Cómo está?
—Bien, gracias.
—Les presento a ustedes. don Silvio, este es Su Eminentísimo y Reverentísimo Señor Salvador Gracia Pas, Cardenal de España… Don Salvador, este es don Silvio Foresto Fau, Catedrático en Zoología y Paleontología y en Biología evolutiva… Bienvenidos al Zoológico Las Batuecas. Como ya les dije por teléfono lo que tenemos aquí es realmente un suceso anómalo, así que necesitamos… eh… ¿cómo lo diría?: las 2 espadas, ¿verdad?, o sea, ustedes.  Son ustedes los únicos ajenos al zoo que van a disfrutarlo. En una semana ni un solo miembro de este humilde zoológico ha salido a la calle. La familia nos trae la comida. Porque el fenómeno nos tiene absortos, abstraídos, abismados.
—abeese.
—Je, je. Abro la puerta y… pasen por aquí.
—Gracias.
—Gracias.
—Vamos a ir recinto a recinto y jaula a jaula… Aquí llegamos ya a la primera. Juzguen ustedes mismos. ¿Qué les parece?
—¿León, hiena y cebra juntos? No puede ser, a menos que haya medicación de por medio.
—¡Hemos vuelto al Paraíso! ¡Qué maravilla! ¿Qué habéis hecho? ¿Qué pedagogía utilizáis para practicar yo esto en mi Pastoral?
—Le puedo garantizar, don Silvio, en nombre de estos empleados que no hay ninguna medicación. ¿Pedagogía, Su Eminencia? Tampoco. Ojalá fuera cosa de pedagogía. Pero no se adelanten. Sigamos… Aquí está la siguiente. ¿Cómo lo ve, don Silvio?
—¿Araña, Mantis religiosa y mariposa, y están cooperando en la elaboración de la tela de araña de la araña? Esto escapa a toda lógica. Estas especies están hechas evolutivamente para competir por el mismo alimento, la mariposa, no para la cooperación interespecífica, y menos con una presa delante como la mariposa.
—Desde la antropología adecuada, la fraternidad que observo es el cumplimiento del mandato divino. Esta es la ley de Dios.
—Sigamos, que aún no han visto lo mejor… Ya estamos en el Acuario. Miren.
—¿Una orca, un tiburón blanco, una foca, un pingüino y dos sardinas? ¿Y… parece que… todos… se están… alimentando de plancton?
—¡Falta el gato!
—Además, don Silvio, este es el tiburón blanco más grande que existe en cautividad.
—Tantas especies antagonistas juntas... Esto es digno de estudio.
—Ni el mismísimo Noé en su arca hubiese podido llegar a tal perfección en la convivencia de estos animales.
—No lo han visto todo. Acompáñenme… Ahí está.
—¿Una amapola, una hiedra, un girasol y una carnívora, que según veo es una Drosera rotundifolia?
—Sí, sí. Ayer, el girasol no captaba el sol suficientemente bien y la hiedra lo envolvió y le ayudó a girarse…
—No puede ser.
—Y le dimos una mosca a la Drosera y la compartió con la amapola.
—¿Dónde está la cámara? Porque yo no he viajado desde Barcelona tres horas para que pongáis las imágenes en un absurdo programa de televisión y se rían de mí.
—No, hijo mío, esto solo lo puede explicar un milagro.
—Les garantizo que no hay ninguna manipulación.
—En ningún ecosistema terrestre pueden darse estas situaciones de manera natural. Comparten e intercambian actitudes, rasgos, patrones de conducta exclusivamente intrínsecos de cada especie. ¡Es que no es normal, no es natural! ¿Entiende? Explíqueme usted entonces cómo se pueden producir estas relaciones entre especies contra natura.
—Con el pecado original en toda la faz terrestre el mal se apoderó de todos los seres vivos. En este lugar estoy constatando el mismísimo Edén.
—El misterio os lo podemos desvelar porque tenemos videos. Pero no el origen.
—¿Podrá demostrar que esos videos no han sido manipulados?
—¡Por favor! No hay ningún tipo de edición en las imágenes. Puede traer a un experto informático.
—…
—Se lo garantizo... ¡Matías, pon el video!
—Me siento porque estoy abrumado.
—Fíjese. Ahí lo tiene. El león se había escapado y miren cómo busca la jaula de la hiena… Le ayuda a abrirla…
—¿Y… se… van… a la de la cebra… y entran?
—Ya se lo dije. Fenómeno espontáneo. Natural.
—Eso, siempre que no sea una broma ridícula…
—O milagro.
—Podría cambiar los cimientos del conocimiento. Esto va más allá de la leyes de la naturaleza. Es más, las cambia completamente. Es un sistema cooperativo y totalmente ilógico, irracional. De hecho la pregunta sería hasta cuándo van a aguantar el león y la hiena sin devorar a la cebra…
—Llevamos unos días y funciona.
—No me convence. Hoy mismo pienso llamar a mis colegas de profesión, los mejores expertos que conozco, para explicarles lo que acabo de ver. Vamos a estudiar a fondo cada caso, y espero que no sea ninguna especie de truco de ilusionista barato.
—Hoy mismo llamaré al Papa Francisco para que avise a los investigadores del Vaticano y que cooperen con vosotros. Esto puede ser… un filón.
—Comprendo su postura, Silvio. Les diré que nosotros mostramos también cierta incredulidad, por un lado, y fe, por otro. Para evitar que nuestra objetividad se viera anulada por este suceso, ya que estamos en el mismo entorno de estudio, necesitábamos una persona ajena. Llamamos hace dos días a una pizzería a domicilio e invitamos al sujeto a pasar y valorar los hechos.
—¿Y qué le pareció al repartidor?
—Al principio él mismo no entendía ni qué le estábamos pidiendo que valorara. Luego cayó en la cuenta y no creía lo que veía. Pero enseguida sonrió y le pareció curioso y gracioso. Incluso expresó, y cito literalmente: «Pos a mí me parece bien. Ya estaba harto de ver en to los zoos los leones con los leones y las cebras con las cebras. Esto es más divertido».
—La ingenuidad del pueblo.
—La fe y la bondad del pueblo.

27 de noviembre…

—Buenos días, llamo del Zoológico de Babia. Querría hablar con Silvio Foresto Fau porque tenemos un lío aquí… Y me consta que ya investigó un caso similar hace unos meses y…
—Un momento, por favor, le paso con el Departamento.
—Buenos días. Mire, don Silvio Foresto ya no trabaja aquí.
—Ah. ¿Dónde puedo localizarlo?
—Lo siento pero no tenemos ni idea.
—¿Cómo?
—No sé qué decirle. Estuvo liado con un trabajo y tal, es cierto, pero parece que no le iba bien… Fue un rompecabezas que no pudo descifrar… En fin, ¡el ser humano! Y se fue.
—Mmmm. Vale, gracias… A ver, 699 996 696… Hola, buenos días, con su Eminentísimo y Reverentísimo Señor Salvador Gracia Pas, Cardenal de España.
—De parte de quién.
—Bueno, ya llamé hace unos días para pedir cita justamente a esta hora… Soy Jafet Cam Sem, del Zoológico de Babia.
—A ver… Sí, aquí está su cita, le paso.
—Buenos días, hermano.
—Buenos días, Su eminencia. Soy Jafet Cam Sem, del Zoológico de Babia. Nos ha surgido un caso similar al que usted investigó en…
—¿¡Zoológico!? ¡Maravilloso! ¡Milagroso! ¡Portentoso! ¡Prodigioso! ¡Asombroso…!
—Oiga…, ¿Oiga…?
—¡Extraordinario! ¡Sobrenatural! ¡Increíble…!
—¿Oiga?, ¿oiga?

jueves, 18 de junio de 2015

Muerte por Tipp-Ex


Muerte por Tipp-Ex
Espe Or

No es el nombre de un postre para académicos. Es lo que me ha pasado. Sí, he muerto por Tipp-Ex. No es una muerte física , por supuesto —esto no es una novela de ficción o un corto rollo Mirindas asesinas—. Es una muerte anímica, del ánima, de mi alma.
¿Qué profundo?, dirá uno. ¿Qué hiperbólico?, el otro. ¿Qué profundamente idiota e hiperbólico? Bueno, un poco de todo. La genialidad queda reservada a historias mayúsculas como la de El milagro de P. Tinto y aquel entrañable personaje que llevaba una bombona de butano a cuestas en su devenir heroico y trágico.
La voz de Nietzsche liberó al hombre de la culpa —esta frase resume mucho, pero espero que se entienda: él mata a Dios y con ello aniquila también todo sentimiento de culpa que nos impone un ser superior—. Y años después su eco resuena por lo sencillo y egoísta que parece todo, ya que, arrancada la culpa de nosotros mismos, no hay límites ni herida ni cicatriz; da igual lo que haga éticamente porque no me voy a sentir culpable.
Dicho de otro modo: ¿por qué el machismo sigue vivo? Porque es sumamente cómodo. Facilísimo. No muchos hombre van a luchar contra él, o sea, contra algo tan beneficioso para los hombres… Con la culpa pasa algo parecido. Si te sientes culpable, ello nos genera malestar. Nosotros  podemos calmar ese malestar a la antigua usanza, esto es, abriendo un periodo de reflexión, sentir que realmente hemos hecho algo mal, pedir disculpas y solucionarlo o corregirlo si está en nuestras manos. Pero el Ego dificulta el reconocimiento del error, y el esfuerzo dificulta ponerle solución al error —cultura del antiesfuerzo en la que vivimos—, ya que, según el Principio de economía que gobierna nuestra vida, es un gasto corregir conductas, retomar responsabilidades, encaminar mis pasos... Así que la otra forma de calmar el malestar es la liberación de la culpa, o búsqueda de culpables que no son Yo. Es decir, sé que está mal tirarle una piedra a mi compañero pero él lo hizo antes conmigo —busco autojustificación: lo hice por/a causa de esto, no fue mi culpa—. Me libero: ya no me siento mal, no reflexiono, no he de disculparme ni he de solucionar nada. Económico. Facilísimo. ¿O no?
En los últimos 50 años, más o menos, la Psicología ha descubierto y profundizado en un concepto hijo de esto que estamos hablando: disonancia cognitiva. Por si alguien quiere profundizar.
Volvamos a la cicatriz, ese límite o marca que nos impone la culpa. La cicatriz  no es solo un elemento narcisista que da cuenta de nuestras aventuras y desventuras épicas y que permite a los neandertales alfa competir entre ellos, sino que actúa como un registro de acontecimientos dolorosos, y nos ayuda a recordar. La cicatriz puede ser física y también psicológica (los traumas). La cicatriz es un presente, te actualiza, te trae. Puede que esa actualización dure unos segundos solamente, pero son unos segundos que además se van a repetir porque una cicatriz no se borra, no se corrige, no se elimina y la volveré a ver. Podemos pensar en la espina que nos ha rajado la mano al ir a coger una rosa, el corte en la mano con el cuchillo jamonero al colocarla delante de él, la sensación de vértigo o temor que aparece al acercarnos demasiado a un coche porque antes ya nos golpeamos así, la vez que fuimos a una gran ciudad y nos robaron la cartera en la zona turística porque llevábamos el bolso medio abierto.
Esa es la grandeza de la cicatriz: nos recuerda que, si repetimos una acción, nos puede doler; y, a menos que sea uno masoca o psicótico extremo, no se va a repetir.
Pero es necesaria la cicatriz. Porque si no hay cicatriz no recordaré nada y volveré a cometer el error, del cual me volveré a liberar y a culpar a otros y nunca aprenderé.
—Me han puesto una multa que te cagas. 300 euros.
—Y ¿eso?
—Ná. Iba a 90 en un tramo de 50. Pero había luz y era ancho. Los cabrones se han puesto ahí para pillar, ¡para pillar!
¿Os suena? Sí. Ciertamente, se han puesto para pillar. Pero tú ibas a 90 y solo tú eres culpable de esa acción.
Los celos enfermizos pueden alejarte de parejas que podrían haber sido la persona de tu vida. Pero, claro, quizá justifiques tus celos con que ella “vestía como una hjggk.”
El cúmulo de errores que comete Hitler en las campañas de invierno en Rusia, teniendo en cuenta además que no era militar, le conduce a su fin. Pero, claro, era el Líder.
Son algunos ejemplos un tanto variopintos. Dejo que cada uno piense en otros.
La cuestión de fondo es la educación. Es la única que puede conseguir minimizar los errores, enseñándonos primeramente a asumirlos y a no volver a repetirlos. Por ejemplo, Hitler debió de conocer lo que le pasó a Napoleón unos años antes al intentar conquistar aquella tierra nevada del Este. Sin embargo, Hitler no tenía cicatriz, él no había vivido el fracaso del otro. Comete el mismo error que Napoleón. El ego de Hitler le ciega una y otra vez.
Solo una educación adecuada nos enseña a no errar o a errar y aprender. Solo una educación que contemple los valores y la psicología del educando (actitudes, empatía, asertividad, equilibrio en autoestima, conocimiento de los otros, etc.). Una educación que equilibradamente me deje una cicatriz cuando yerre. Una educación que no tape las cicatrices que manifiestan nuestra imperfección. Una educación que no use, por ejemplo, Tipp-Ex.

domingo, 7 de junio de 2015

Perros y amos: la vida misma


Perros y amos: la vida misma
Eva Tacazo

Una tarde estival de primavera otoñal, caminábamos mi pareja y yo con mi hija por un parque con la firme intención de darle la merienda a la niña. Mi hija no caminaba. Tiene un año.
—Mira, en ese banco hay sombra.
Sacamos todos los cachivaches modernos que un mundo dichoso, ufano y bienaventurado ha creado para el cuidado de los infantes.
—Traga, cariño.
—¿Le vas a dar también un yogur?
La mitad de la comida tenía ya la niña en su cuerpo dichoso, ufano y bienaventurado cuando, por arte de humano, aparecen 2 perros a nuestro alrededor. Los vi venir del bungaló de ahí al lado. El uno no alzaba más de tres palmos, y era de esos que dan botecitos sordos y virtuosos con habilidad pasmosa; el otro llegaba a los 4 palmos, más pesado y vigoroso.
Tuve perro hace unos 20 años. Lo conocía. Los demás no.
—Y ¿estos aquí solos?
—No sé… Saldrá ahora.
—Pues de ahí no sale nadie.
No tengo por costumbre conocer las costumbres de los canes, pues hasta ahora me interesan más las de los humanos, así que desconozco —y que el dios de los perros me perdone— si un perro es bondadoso o malevoloso. Así que, después de ver que tras unos minutos el uno brincaba al banco y se acercaba interesado a mi mujer, mi comida y mi niña —desconozco el interés, pero lo reconocí interesado—, decido acercarme a la vivienda liberal, progresista y renovadora, y solicitar a su dueño —¡qué palabro, otra vez!— que les requiriera con una voz familiar.
Pi.
Pi.
Se asoma al fin la desconocida y no por ello solitaria dama de ultratumba y con delicadeza o vehemente torpeza —no estoy seguro— me espeta un alargado ¿siiiiiiii?
Educado y sin rifle a mano:
—Disculpe, estoy con mi familia y sus perros revolotean solos, ¿podría llamarlos o ponerles el collar?
—Siiiiiii.
La señora se arrastraba delicada o torpe mientras yo volvía dichoso, ufano y bienaventurado al lado de mi familia por si necesitaban de mí.
—Ya viene.
La señora, no menos ufana y sonriente, apoya sus brazos en caderas, imagínese en jarra, y suelta un generoso y desconcertante “¿¡Qué!?”, a modo de “¿¡Qué tal por aquí!?”.
—Bueno, como le decía, ¿puede alejar a los perros, por favor?
—No hacen nada, son muy buenos —mientras seguían revoloteando con su rabo.
—A mí no me importa cómo son. Solo quiero que se los lleve o los ate. Se lo estoy pidiendo con mucha educación.
—Bueno, este parque es de todos —sonríe casquivana, como si fuera la frase que cierra un curso de cinco días de Filosofía.
—Exacto, y de las personas antes que de los perros, creo yo. Así que se lo vuelvo a pedir. ¡Déjenos en paz!
—No, pero si no hay ningún problema.
Ya, ya sé que tiene pinta de estar loca. En su momento no lo vi.
Saco mi móvil con intención de llamar a la policía —intención sincera, pero también es cierto que esperaba que no hiciera falta.
—¿Qué vas a llamar a la policía? —me dice la tipa con calma pasmosa como si hubiera atracado cincuenta bancos.
No, a Ortega y Gasset, debí contestar.
—Sí.
—Pues a mí me da igual , yo no me voy a ir.
¡Toma ya! Si no querías caldo, pues dos tazas.
Conservar la calma con esas palabras empieza a resultar épico, no exagero. La respiración, profunda. El cuerpo, caliente. No llevaba rifle.
—Cariño, déjalo ya, le quedan dos cucharadas y nos vamos.
—¿Por qué coño me tengo que ir?
—Claro, si no pasa nada —la bruja.
—Mira, ya está. Ala, vámonos.
Y dichoso, ufano y bienaventurado, el perro nos siguió aún unos metros. Me entraron unas ganas  atroces —mi profesor de Fenomenología decía que la palabra “terrible” no la dijera nunca— de pegarle una patada al perro… Pero hubiera ido a la cárcel por maltratador de canes ufanos y saltarines, que no habían hecho daño a nadie, en un parque que es de todos y tiene cuatrocientos metros cuadrados.

viernes, 1 de mayo de 2015

El espejo


El espejo
Tertulianos

—El video de la noticia es buenísimo. Es una protesta en Baltimore. Bueno, llevan de protesta, al parecer, desde el 19 de abril, después de que muriera un chico negro a manos de un policía. Hubo algunas bastante violentas, por lo que decían en los medios. Pues ayer la alcaldesa permitió la manifestación pero con un toque de queda hasta las diez. Según dicen esta vez fue un poco más pacífico todo. El caso es que una madre reconoce a su hijo de 14 años enmascarado que estaba tirando piedras y tal, y lo coge y empieza a pegarle ostias, a decirle «Quítate esa máscara», «Qué coño te crees que haces», insultándolo… Luego le hicieron preguntas a ella y ella dice que no quiere estar en casa sufriendo, que es su único hijo y que no tiene ganas de que su hijo sea uno de tantos muertos, que no quiere que sea un caso Freddie Gray. Y han empezado a revolotear por EEUU un montón de mujeres, famosas y tal, aplaudiendo y diciendo que, pues eso, es el miedo de una madre que quiere proteger a su hijo.
—Chaval de 14 años que lo pasó bastante mal, ahí con su madre… ¡Le dio más miedo que la policía, seguro!
—¿Catorce o dieciséis? Porque yo oí dieciséis.
—Hombre, las madres cuentan como fuerzas del Estado disuasorias.
—Pues serán dieciséis, no sé.
—Un par de madres alborotadoras entre las filas de los antidisturbios y se nos pasa la tontería.
—A lo mejor es un plan secreto de la CIA: entrenarlas para doblegar comunistas y anarquistas.
—Y sentarlos a las nueve a cenar con la familia… Oye ¿a qué hora habíamos quedao pa cenar?
—A las diez y media. Como no tiremos no llegamos.
—Pues llama ya y di que nos retrasamos.
—Pues yo veo muy bien que le suelte ostias. Que pruebe de su propia medicina. El chaval estaba allí tirando piedras y bengalas a los policías. Creo que es una buena reprimenda. Manifestación sí, pero ¿tirar piedras y tal? Pero, vamos a ver, ¡neandertales! Es que… buf.
—¡Hablamos de EEUU!
—El chaval pertenecerá a una pandilla y es influenciable como todos los adolescentes.
—Sí. Una cuchipandi contra picoletos y autoridades.
—Eso les pasa a todos los adolescentes.
—Ya no saben ni pensar.
—Vale, ¡tiempo! Esto ha pasado siempre.
—Ahora más. Y allí más.
—Insisto en que la acción de la madre es heroica. ¿Meterse ahí en medio a sacar a su hijo a ostias…? La madre pensaría «Yo no quiero que mi hijo sea parte de esto. Y me da igual que mi hijo me odie, algún día lo va a entender».
—Mmmm, aquí estoy leyendo que la madre es madre de 5 hijos. ¡Ya hay desinformación en los medios! Todos quieren ser los primeros en dar la noticia y la cagan.
—La audiencia.
—¡El dinero!
—¡Cuidao, Jorge, que te das!
—¡Ostias! Mirando el móvil…
—He oído que han puesto un carril móvil en china.
—¿Qué dices?
—Te lo juro.
—¡Vaya derroche!
—¿Tan mal estamos?
—Jorge casi se come la farola…
—Yo lo que me pregunto es qué pasaría aquí.
—Te lo digo yo. El defensor del menor y los psicólogos estos de new age empiezan a pedir que se la denuncie, que el chaval es una víctima de maltrato y vejación pública…
—¡Coño! ¡El tío va un acto público!
—Ya, ya. Que le quiten la custodia a la madre...
—Si el tío ejerce violencia ya ha perdido todo el derecho a denunciar a cualquiera. Sería una hipocresía.
—Será una hipocresía pero que se puede hacer. Derecho tiene.
—La moral también cuenta.
—¿Qué? ¿Desde cuándo eso? No mezcles, tío.
—Aquí esa mujer sería condenada por muchos sectores. ¡No digo por todos!, que os veo ya que os ibais a tirar como leones.
—Pero ¡si el otro día condenaron a un padre por pegarle una ostia a su hijo por llegar tarde a casa varios días!
—¿Sí? Hombre, yo lo entiendo… Es que por llegar tarde…
—No me jodas, tío, no te quedes con el dato, que pareces Las noticias. Para que un padre haga eso, y no sea un borracho o un enfermo y tal, el chaval tendría que además… calentarle y pasar de todo, y cosas así... ¿Es que no ves Hermano mayor?
—Bueno, tú tampoco sabes cómo fue así que es hablar por hablar.
—Vale, déjate ese caso. Caso teórico: tu hijo te desobedece en varias ocasiones; buscas su seguridad y tu tranquilidad; si vas a llegar tarde, ¡coño!, manda un what’s up, que pa eso está el móvil. ¡Tu hijo está tocándote los huevos! ¡Y encima no tienes autoridad para caparlo!
—Metafóricamente.
—Metafóricamente. Y te recuerdo que no hay que confundir autoridad, hacer crecer, con autoritarismo, excederse.
—No te digo que la ostia esté mal. Te digo que una orden de alejamiento y cosas así tampoco resuelven estas situaciones
—Pues esto será cuestión de modas.
—Y se olvidará en dos días, yo lo veo igual. No le interesa a nadie la educación.
—Hoy no interesa nada que suponga reflexionar más de 17 segundos. Lo leí.
—Hum, es lo mismo que la música. Si una canción dura más de dos minutos y medio y no tiene ya 6 estribillos no gusta.
—¡Ya ves!
—Los 40 principales, etc..
—Lo de la música me tiene preocupado. Es un síntoma. Como esta conversación. Me da que no la soportaría nadie.

viernes, 27 de marzo de 2015

El fútbol no se toca X


El fútbol no se toca X
Eva Tacazo

—¿Qué pasa, Alfonsín? ¿No me jodas que sales del curro ahora? ¡Serás pringao!
—Vengo de ver a tu mujer, te manda recuerdos…, y que no se te olvide hacer la compra que este sábado ceno con ella.
—¡Ja, ja! Venga, Mauro, échanos unas gordas…
—La mía en tanque congelao. Na, la mierda de la reunión de vecinos...
—Al final le han dao la final al Barça en el Camp Nou, ¿te has enterao?
—¿Qué dices? ¿Cómo va a ser eso?
—Te lo juro.
—Pos eso huele que apesta.
—¡Ya ves!
—Pero ¿se vota o como se hace eso?
—Lo que dicen es que han votao los directivos de los dos equipos y creo que los de la Liga también. Y la mayoría lo ha elegido.
—¿Entre La Catedral y el Camp Nou?
—Hum. Mosqueante…
—¡Oye!, la reunión de vecinos…, ¡vaya asco de mundo! ¡Mañana vamos a pagar por mear y todo!
—Pos ¿no era Freud el que decía que la continencia te hace más agarrao?
—¡Los Módulos!
—Ah, ¿lo de la tele?
—Pero, ¿tú ves normal que cada dos por tres haya que resintonizar y encima pagar sesenta euros por colocar un módulo, que eso lleva… tres canales?
—El caso es robar.
—¿Robar?, y lo que no es robar… ¡Atajo de chupópteros mentirosos egocéntricos…! ¿La televisión digital esta a qué se dedica?, ¿a sacarnos más la sangre? Si no lo hacían poco ya los gobiernos y las empresas, ahora llega el mundo digital, que es muy guapito, y te arranca los hígados. «Si usted quiere ver esos canales hay que poner un módulo», te dicen. ¡Mamón, ya puse el primer módulo hace cuatro años!,  ¿por qué tengo que poner más? ¡Esta es ya la tercera vez que apoquinamos! Que no es por el dinero, que los dos módulos creo que son ciento y pico, y somos 6 vecinos a repartir… Si es por…
—Es por que te sientes que te toman el pelo.
—¡Claro!
—Que no dan ni una explicación. A ver, por qué hay que cambiarlo. «Es que la frecuencia ahora tiene que equipararse a Europa» y no se qué tontás que te cuentan… Chico, ponlo universal. ¿Es que no se puede o no se quiere?
—O es que eres tonto y lo has hecho mal la primera vez y ahora dices: «Que lo pague el contribuyente». Pero, vamos a ver, si la has cagao tú ¿por qué lo pago yo? ¡Siempre igual!
—Bebe, Bebe, que te arde la sangre…
—…
—Oye, ¿no será que quieren saber si no le pitan a Felipe o le pitan porque es cuestión de la Monarquía en general?
—Joer, pos no lo había pensao.
—Claro, quieren medir. Esto es como un globo sonda. ¿Interesa o no la Monarquía? Aquí está tó pensao y repensao.
—¿Tú crees?
—¡Hombre!, pero ¿tú has visto, ¡qué casualidad!, que son los dos equipos los que tienen mayor ideología independentista y de rechazo y tal?
—Ya, pero podrían haberla puesto en Bilbao también.
—¿Qué más da…? Además el Camp Nou es más grande.
—¡Maurooo!, estamos sequitos…! ¡Arráncanos dos más, que flojeas ya!
—…
—Buah, y lo más fuerte…
—La masa.
—¿Eh?
—Na…
—Lo más fuerte: lo del accidente de avión.
—¡Ya ves, tío! Pobres familias y lo que supone eso para…
—Sí, sí… ¡Que Dios los guarde y los proteja y tal y tal! Pero no, no digo el accidente, digo lo de Twitter.
—¿El qué?
—Resulta que Telecinco anunció que Mujeres y hombres y viceversa se iba a retrasar por que iban a cubrir la noticia del avión estrellao.
—Sí.
—Y la gente que lo sigue todos los días va y se mosquea porque no le parece bien.
—¿Qué?
—Pos eso digo. Y se ponen en Twitter a rajar del accidente. Espera que te saco el móvil, que los tengo aquí.
—Me dejas ojiplático y abatible.
—Mira: «No me importa lo de Francia», «me toca la polla»…
—Por lo menos pone mayúscula.
—«Si el avión sastrellao algo habrá hecho», «no es mi culpa que sean tontos y se estrellen», «Maldita sea la sociedad capitalista que antepone el beneficio empresarial a la seguridad», etc., etc..
—¡Qué poca vergüenza…! Y ¿ha sido por fallo en seguridad?
—No sé…
—¡Qué poca… sensibilidad!
—Alguno rectificó, todo hay que decirlo.
—Es que…, no me lo creo… ¿Rectificar…? ¿En qué momento… nos torcimos?
—…
—También es cierto que se reparten entradas al cincuenta por cien, o sea, que habrá aficionados por igual…
—Ya, pero no me compares la afición del Barça de Extremadura con la Cataluña. ¡Las emociones están caldosas!
—No sé, es que tú eres muy conspiracionista.
—¿O eso o el Gobierno ha picao ahí para que piten el himno y así tener una excusa para cargar contra Cataluña y País Vasco. Y que la gente les coja odio también.
—¡Madre mía, se te va la olla! Mauro, ¿qué le pones a la cerveza?
—Si a mí se me ha pasao por la cabeza…, a otros también.
—…
—Y, digo yo, ¿todo esto tendrá solución?
—¡Qué va! ¿Es que no has visto quién ha ganao Gran Hermano Vip?
—Bueno, bueno…, a ver, que siempre te metes con ella: ¡ha donado el premio!
—¿¡Te parece meritorio que una pava que gana sesenta mil euros a la semana haga una donación de cincuenta mil!?
—…
—Te han engañao.
—…
—Y ¿lo de One Direction qué te parece? Separación de un miembro, suicidio de fans.
—Es verdad… Nos torcimos.