martes, 19 de enero de 2016

La verdadera función de los medios de comunicación


La verdadera función de los medios de comunicación
Carlos Elola Martínez, alumno de 2º Bachillerato

¿Tenemos libertad? No son solo los medios de comunicación los que nos hacen estar delante de un televisor con la intención de crear distracción, de que no pensemos en lo que somos o seremos. “La mejor manera de evitar que un prisionero escape, es asegurarse que nunca sepa que está en prisión”, Dostoyevski; o “La dictadura perfecta es aquella que aparenta no serla”, Octavo Paz, premio Nobel de Literatura. ¿Somos quizá víctimas o títeres de una sinarquía?
Sí, somos sus marionetas, ya que piensan por nosotros, deciden lo que está bien por nosotros, nos hacen creer que tenemos libertad, ¿libertad? Sí, pero dentro de sus fronteras. La función actual de los medios de comunicación es que no veamos más allá de los bastidores, de los muñecos que salen en la tele —animados y no animados— que a su vez siguen un guión para que no caigamos nunca en que estamos entre rejas, con la intención de ser víctimas de un atontamiento colectivo. La única tarea importante a la que un hombre debería dedicar toda su vida es a liberarse, a liberar su espíritu, a despertar de esta función, de desvestir a los verdaderos culpables de que millones de personas vivan reos en pleno siglo XXI. Pero como bien he dicho antes, pocos saben que estamos encarcelados.
En resumidas cuentas, no quieren que seamos sabios; de esta forma podemos ser explotados, manipulados, mecanizados. La libertad va de la mano con la sabiduría y ninguna sociedad quiere que seas libre, porque cuando los hombres empiezan a utilizar su propia inteligencia, se vuelven peligrosos para el “sistema”, para las personas que están en el poder, para los Estados, para las Naciones… Una persona sabia prefiere morir antes que ser víctima de la esclavitud.

domingo, 17 de enero de 2016

El Congreso


El Congreso
El aprendiz

He oído casi de todo sobre el bebé del Congreso. Corro el peligro de aburrir, ya lo sé. Podría decir «coño», «joder», «cagontó», «patriarcado opresor» o «feminazis»… Pero entonces me habría convertido en uno más de un circo que no deseo, que no es adecuado, que no respeta y que no mejora —y eso que «cagontó» me gusta.
Nadie se escandaliza por ver amamantar a un bebé en público. La lucha por la conciliación laboral y familiar es necesaria, claro que sí; yo también soy padre y veo cómo Europa va por delante también en esto. En el Congreso llevan años ya con guardería. Eso hoy es un privilegio. Ya me gustaría a mí u otros padres y madres tener esa posibilidad, pero los políticos no encuentran los medios o las ganas o el momento de tratar de acercar ese privilegio —derecho— a los mortales. Y por supuesto que hay que decírselo. O, mejor dicho, recordárselo. Es nuestro deber hacer visibles nuestras necesidades.
Pero el fin no justifica los medios.
Y los medios para hacer llegar nuestras quejas no pueden ser propagandísticos, sensacionalistas, populistas, telecinqueros, circenses…
He oído palabras aplaudidas como:
—Esto no es Finlandia. Esto es España. Y aquí si no haces un poco de ruido, si no creas polémica, si no sales en los medios, si no gritas, si no chillas… nadie te va a hacer caso.
No.
Mientras queramos hacer «eso» para cambiar las cosas, España será eso: «charanga y pandereta». Porque los medios circenses solo producen resultados circenses. Porque la guerra solo trae más guerra. Porque parece más importante la imagen que la realidad, parece más importante la forma que el contenido, parece mejor la hamburguesa yankee de Mcdonalds que la de Paco López. Porque la estética, la apariencia, el exterior, el envoltorio, la carcasa, no puede esconder u ocultar interiores vacíos, sucios, postizos o de «instantmatic».
Aquí no somos campeones del marketing y la pirotecnia. Esas son formas baratas y rápidas de alcanzar un objetivo, un fin. Aquí ha luchado mucha gente por aupar a la verdad, al respeto y a la razón como valores máximos y necesarios.
Si uno quiere resultados serios, aplica medidas serias. Si uno quiere resultados fofos, no se esfuerza. ¿Alguien recuerda cuando no había educación pública gratuita? No creo, hace muchos años de eso. Y lo conseguimos. Y ¿la sanidad? Eso es progreso.
Este camino de políticos de Instagram, de la foto sin nada dentro, estéticos, a los que dar un «Like» es digno de un esperpento con Max Estrella —y lo sazonamos con la casa real declarando al juez. ¡Qué guay!, ¿verdad? ¡Qué cercanos y qué buen rollo! Pues no. Es que yo a un médico le pido que cure, y luego ya… Y a un político, menos ruido y más nueces. A todos. Unos y otros. ¿Los que están lo hacen mal? Mejorémosles, salgamos a reclamar derechos, todo. Pero con educación, respeto, razón. Eso es progreso.

No sin mi hijo o Porqueyolovalguismo


No sin mi hijo o Porqueyolovalguismo
Díptero impertinente y La niña lluvia

Bata blanca, bajalenguas, fonendoscopio, carrito de niño.
—Buenos días, doctora.

—Adelante. Buenos días.
—Ehhh… Pero… me toca a mí, ¿verdad?
—Sí.
—Ah. Creí que había alguien más aquí… por… el niño…
—No. No se preocupe. Es mío. Es que le toca en unos 5 minutos.
—Ah… ¿Vengo luego entonces o…?
—No, no, dígame. ¿Qué le ocurre?
—Buahhh.
—Chsss, bebito, chsss.
—Pues nada. Sigo notándome…
—Buahhh.
—Ya va, ya va mamá… Siga, siga.
—Digo que sigo notándome el ardor en la gargan…
—Buahhh.
—Venga, toma, venga, a chupar la comidita, cariño.
—Bu.
—Perdón. Me salgo y vengo luego.
—No, no.
—Sí. Si me quedo en la puerta y ya está.
—Decía que le ardía el estómago...
—Bueno, que me sigue ardiendo…, que me recetó hace dos meses omeprazol pero no desaparece esto.
—Habrá que probar… Añadamos Almax después de cada… ¡Uy! ¿Me alcanza la toallita esa, por favor? Es que…
—Sí, sí, por supuesto.
—Es que si me muevo un poquitín ya…
………………………………………………………………………….
—¡Adelante, pasen!
—Hola, Buenas tardes.
—Buenas tar… ¡Uy!, perdón, esperamos a que acabe con esa familia.
—No, no.

—Vamos, Pedro, sal.
—No, no. No hay nadie, os toca a vosotros.
—¡Ah! Pero ¿el niño?
—No te preocupes, es mío.
—¡Ah! ¡Uy, qué pequeñito y guapo! ¿verdad, Pedro?
—¿Eh? Sí. Sí…
—Sentaos.
—Bueno…
—Vosotros diréis.
—Sí, bueno, eso… A ver, veníamos por Juanillo. No sé si te han comentado que…
—Muahhh.
—Chsss, ya, ya, mami está aquí.
—Entonces, nada, eso, que el año pasado le… le…
—Espere un momento que le limpie, ¡uyyy…! Es que… ha tomado hace poquito…
—¡Pobrecito! ¡Ay qué mono!, ¿verdad, Pedro?
—Sí, sí.
—A ver, que te cojo, granujilla… Ven aquí con la mamá que te quite esos gasecillos… Sigue, sigue…
—¡Que le acosaban! Pedro, es que eres muy lento y te vas por las ramas.
—Porque el año pasado nos dijeron que cuidado al decir esa palabra porque estamos hablando ya de cosas graves…
—Grrrk.
—¡Muy bien cariño! Venga otro… Pues aún no me han informado porque acabamos de empezar, como quien dice. Son los primeros padres que vienen…
—Grrrk.
—¡Ay, Pedro!, ¿no te dan ganas de tener otro…?
—…
—Y ¿se lo lleva también a clase?
………………………………………………………………………….
—Ding dong.
—Hola, buenas tardes.
—¿Qué? A ver, cógeme la puerta que saque el carro del ascensor.
—Uy, no me asuste, solo es el desagüe. ¿Tan grave puede ser?
—¿Eh? No. Es el carro del niño… Ala, pa’dentro.
—Ah…
—Bueno, está durmiendo, así que por favor… si hacemos poco ruido te lo agradezco…
—¡Claro! Mmmm, desconectaré el móvil y…
—¡Mejor! Bueno, es este de aquí, ¿verdad? A ver, llave, giro… Esto ya está sacao, voy a limpiarlo…
—Pues sí que estaba sucio, ¿no?
—¿Sucio? No… Lo que hueles es el pastelaco del niño… Como su padre. Si hace algo lo hace bien hecho, con profundidad, como dicen los licenciados, ¿eh?
—Hum…

—¿Tienes hijos?
—¿Yo? Bue…
—¡Ala! Pues cógelo y me lo cambias y así acabo antes…
—Es que… yo no…
—¡Anda, anda! Deja, que sois unos tisquismiquis, ¿eh? Deja, ven aquí y aguántame la llave, ven…
—…
—Así, aguanta fuerte, ahí… A ver mi chiquitín… Pero ¿qué llevas ahí dentro? Madre mía cómo huele, ¿eh?
—Parece que sale un poco de agua…
—Aprieta fuerte, hombre, gira, gira…
—Ya…
—Más, más… A ver, el pañal lo tenía por aquí…
—¿Me quito ya?
—No… Mira, ya que estás ahí… Baja ya las manos… Es que no veo el pañal, ¡cojones! Mira, coge la del 7.
—¿El qué?
—La llave del 7.
—No sé cuál es.
—Ay, estos señoritos, ¿eh? Que no sabemos las llaves… Mira, esa que lleva una banda amarilla… ¡Esa! Ponle la arandela también que está en el suelo y aprieta todo lo que puedas.
—Muahhh…
—Ay, mi niño fuertote… ¡El día que te comas una fabada…!
—Cierto, cierto…
—¿Eh?
—No, nada… Ya está. A tope.
—Enga. Ahora ponle el caparazón… Cuidao al engancharlo no lo rompas…
—…
—¡Muy bien! Arreglao y apañao, ¿Eh? ¡A-pa-ña-o!
—…
—¡Pa-ña-les! ¡A-pa-ña-o!
—…
—¡Madre mía! Pero ¿es que no estudiasteis literatura en tu generación? ¡Es que los de la ESO…! ¿Góngora, Quevedo… juegos de palabras?
—…
—Bueno. Son 40 euros.
—Mmmm, aquí… tiene…
—A ver. 20, 25, 35 y 40… ¡Muy bien! Pos nos vemos, ¿eh? Ahí le he dejao el teléfono pegaíco, pa que no te molestes ni en pensar dónde lo dejaste… ¿eh?

miércoles, 6 de enero de 2016

La cabalgata


La cabalgata
La niña lluvia

—Juan, ¡Juan!
—Yee, ¿qué pasa?
—Nada, bien.
—Ostia, no te oía con tanto ruido.
—¿Qué?
—Nada. ¡Pa casa ya!
—¿Habéis visto la cabalgata?
—Yo he visto un circo… Luego una película…. Y también una cabalgata… ¿Tú qué has visto?
—Ya, ya sé lo que dices… Lo mismo… Pero los chavales se lo pasan bien.
—Hombre, ya te digo, los chavales lo que les enchufes, pero ahí esta el tema… Es que… ¿Qué están viendo? ¿A qué han venido? ¿Qué le explico yo a mi hija?
—Explicar, explicar… ¿Qué le quieres explicar?
—¡Coño! ¡Pues a dónde ha venido!
—¡A la cabalgata de los reyes…!
—O al circo, o al cine… Pero ¿es que tú no has visto a Bob Esponja y a los de Star wars y a los saltimbanquis esos? Y al rato, cuando ya no podía tenerla más sobre los hombros, que ya pesa lo suyo, llega el tractor con la estrella…
—Pero estos se lo pasan bien.
—¡Y dale! Que eso está bien, pero hay más cosas…
—Las que tú buscas.
—No, si luego nos quejamos y no sabemos cómo nos hemos metido en el charco, pero nos hemos metido.
—¿Qué dices de charco?
—Nada, que luego nos quejamos de los que nos gobiernan y de lo que hace uno y lo que no hace el otro, que si los políticos, que si las farmacias, que si los albañiles, que si los profesores, que si el fontanero, que si el médico… Así estamos todos los días en el almuerzo, la comida y la cena. ¿O no?
—Sí.
—Pues eso. Mucho quejarnos y luego ¿qué hacemos? Nada.
—Pero ¿qué hay que hacer?
—Chico, pareces tonto. ¿Es que tú no estás viendo el sinsentido de esta cabalgata, que es el mismo sinsentido con que crecen los chavales, porque no entienden nada? ¿Es que no ves la falta de identidad de esta cabalgacirco o lo que sea? ¿Es que no ves que seguimos siendo «charanga y pandereta»? ¿Para qué se gasta el ayuntamiento dinero en los circenses y los disfrazaos de dibujos y los de Star wars, cuando a lo que venimos es a una cabalgata?
—¡Ah!
—¡Mira! ¡Cuando te he nombrao el dinero ya te has puesto alerta!
—Hombre, es que no te explicas, chico. Ve al grano.
—Pero si lo del dinero es lo de menos. Lo que pasa es que para ti es lo de más… Bueno, da igual. Si tú lo quieres ver por el dinero adelante. Nos está robando el ayuntamiento para que lo pasemos bien, los chavales se rían y haya alegría, pero esta cabalgacircodesfiledeloscojones es más caro que si hubiera solo reyes magos.
—¡Eso sí!
—Esto es un quiero y no puedo. Solo con reyes magos hay empresas que lo hacen mejor.
—Ya… pero sería un poco soso, ¿no?
—¿Soso? Es lo que es. Reyes magos. ¿Acaso tú te pides unas chuletas de cordero lechal y les pones salsa de roquefort?
—Mmmm, ¿por qué no?
—0o.
—A cada uno le gusta una cosa. No pasa nada.
—Ese es el problema, que somos muchos… ¿Entiendes?
—No.
—¡Que ya no hay criterio pa hacer las cosas ni ostias! ¡Que un restaurante que te pone salsa roquefort lo que quiere es que no notes que la carne no es tan buena como lo que te cobran!
—¡Ah! ¡Igual que cuando te rebozan el pescao y lo fríen! Eso es verdad.
—Pues eso con todo.
—Ya, pero está bueno…
—0o. De los caramelos ya ni hablo, ¿verdad?
—Chico, ¿también te molestan los caramelos?

jueves, 10 de diciembre de 2015

Volver


Volver
Miguel Ángel Jiménez-Velasco Candela

—Dicen que el mundo se va a la mierda.
—Pero el mundo no se mueve.
—En realidad sí, gira y rota y todo eso que te enseñan en la ESO.
—Ya, pero el mundo no tiene patas para irse a la mierd…
—Mereces un Nobel por ese descubrimiento. Bueno, pues eso, que sin patas o con ellas se va para no volver.
—“Con la frente marchita…”
—Escucha, el mundo está mal por gente que dice a los demás qué hacer.
—Otro Nobel para ti también, que eso viene de antes, de Fernando VII, y antes incluso.
—De siempre, y en España de mucho más que más. Reyes absolutistas y monárquicos, generales LIBERALES que reinaron de forma tan personalista como los otros, capaces de bombardear nuestras propias tierras por seguir sosteniendo una vara de oro y brillantes, gente sin moral que ha “calmado” revueltas con la actuación de la policía.
—Eso último no suena tan mal.
—Investiga sobre la Noche de San Daniel y luego me dices. Lo mismo da serviles que liberales, moderados que progresistas, burgueses que nobles, carlistas e isabelinos, izquierda o derecha, PP que PSOE.
—Y entonces ¿qué hacemos? ¿Anarquía? ¿Cambiamos el bipartidismo? ¡Jovellanos ha muerto hace mucho!
—Pues esperaremos la llegada de otro como él, de momento pásame el mando del aire que hace frío.
—Yo tengo calor.
—¡Te digo que hace frío, pásame el mando de una vez!

martes, 8 de diciembre de 2015

Platón y quién será el siguiente


Platón y quién será el siguiente
Dante

¿La sociedad está “yendo de mal en peor” y “el mundo se va a la mierda”?
No, sinceramente, el mundo no se irá a ninguna parte, pero dependiendo del lado de la balanza en el que estemos veremos la vida con un cristal de un color u otro del símbolo de Pink Floyd.

Tomemos el ejemplo de Singapur: un pequeño islote cenagoso que fue colonizado por los ingleses en la edad de piedra local. Cuando se marcharon, dejaron la típica colonia portuaria donde la gente se comía hasta las uñas para sobrevivir.

Todo cambió cuando llegó Lee Kuan Yew, uno de los hombres más grandes que anduvieron sobre la tierra. Elegido democráticamente, hizo de Singapur una de las naciones más poderosas y estables, lo que hizo a los inversores y empresas competir por el espacio de oficinas allí a puño y navaja. Fue vilipendiado por los medios de comunicación mainstream. Sin embargo, el Ministerio de Verdad orwelliano se quedó indefenso ante lo empírico.

Singapur, una “dictadura”, tiene ahora un millonario por seis habitantes, y sumando.

Pero no puedes mascar chicle allí.

Pongamos ahora a Europa en la mira: un continente fosilizado, bruxelizado, y musulmanizado.

Un espacio de Schengen y amor donde los islamistas radicales no constituyen un peligro en absoluto. Un lugar de justicia social donde te rebanan la cabeza si la sacas demasiado.

Es la democracia, manejada no por poderes en la sombra sino por burócratas que intentan “salvar el mundo”, ese virus implantado bajo los cráneos de la generación del 68.

lunes, 30 de noviembre de 2015

Cómo elegir…


Cómo elegir…
Díptero impertinente y La niña lluvia

—Cariño, ¿comemos juntos?
—Mmmm, vale… Sí. Acabo a las 14:00. ¿Dónde quedamos?
—Me han dicho que en la glorieta Los cuatro caminos hay varios donde elegir.
—¿Ahí no estuvimos hace años?
—Sí. Pero me han dicho que hay más ahora… No sé. Es ir y ver…
—Vale.
—¿Quedamos en la boca de metro de Callaos?
—Sí. En 1 hora.

Sesenta y cuatro minutos después…

—Mira, creo que ese es en el que estuvimos aquella vez.
—No fue tan bueno, ¿verdad?
—Pues aún resiste.
—Creo que nos lo recomendaron José Mª. y Ana, que decían que era un poco caro, y había que ahorrar, pero que merecía la pena el sacrificio. Que si la calidad era extraordinaria, que si el trato…
—Sí, y me acuerdo de que no respetaron el menú y nos cambiaron el jamón por lomo, y no sé qué más cambiaron.
—La fachada era muy bonita pero luego por dentro no era para tanto.
—Y la comida no estaba mal, aunque tampoco para ese precio. Se pasaron un poco.
—Y ¿lo del vino? Que en carta pedimos un Matarromera y nos traen un Fila…no sé qué, ¿cómo era?
—Sí, sí. Era uno que, vamos, ni punto de comparación… ¡Filarmónica!, se llamaba. Y nos decía el tío que se le había agotado el ribera y que este era un descubrimiento, desconocido y que un sumiller alemán lo calificó con 97 puntos en La Guía Lerverkofg.
—No teníamos que haberlo pagado.
—Tampoco es eso. Es solo que para otra vez no sé si nos arriesgamos…
—Bueno, y ¿aquel?
—No sé. Estaba ya otra vez pero no entramos. Me ha dicho Jaime algo de que mucha propaganda y postín pero que se queda en nada. Además, este se anuncia en la radio, en webs de estas de restaurantes… Pero dice Jaime que vino una vez y que el menú tenía un precio pero que era sin IVA y de eso te enteras al final, claro; además no incluía bebidas ni postre ni pan,  con lo que el precio llama la atención pero al final pagas más. Y encima la ensalada y el vino eran básicos y te recomendaban otras mejores pero pagando, claro; y una carta de vinos aparte que tampoco estaba en el menú.
—Pero hay gente, ¿eh?
—Sí. A mí al ver el precio y tal me llamó la atención, pero al contarme Jaime eso ya no sé… No sé. Igual están por costumbre. Eso pasa. Estos dos eran los que había siempre en esta glorieta. Si quieres probamos.
—Vamos a ver ese otro, no hay prisa.
—¿Prisa? No, solo unos meses.
—Mira, este parece una mezcla de comida sudamericana y china, y aquí pone picante.
—Cariño, yo lo veo muy extremo, mi estómago ya sabes que no soporta esto.
—Pues quedan dos.
—A ver este. Mmmm, la verdad es que tiene unos precios impresionantes. Casi te diría que veamos el otro porque no me lo creo.
—Mujer, lo que pone ahí. ¿Por qué no te lo crees?
—Eso lo hacen muchos y luego te cobran más por lo que sea: servilleta, palillos, ir al baño, jabón y papel…
—Aquí pone Menú por 5.95: ensalada, primer plato, segundo plato, tercer plato, bebida, postre, café, puro y sofá.
—Es que es imposible, vamos al otro.
—Pero, espera. ¿Por qué no entramos? A veces desconfiamos por sistema. Gente hay. Yo probaría.
—Yo no. Pero ¿de verdad te crees eso? ¡A saber de dónde viene la comida! No pueden ganar dinero ofreciendo todo eso de manera normal.
—¡Mujer, no creo que los puros sean cubanos!
—Paco, pareces tonto. ¿Tres platos? Ni un chino te da todo eso a ese precio.
—Yo creo que quieren ganar poco y atraer clientes y salir adelante en la vida trabajando, y no robando. ¿Tú sabes lo que ganan estos solo en la bebida? El clavo está ahí. Te cobran por una cerveza dos euros, y le ganan un 150% del valor. Y si no el vino. Solo con que se ajusten un poco más… Y si no el arroz… ¡Cuando hacen paella hay sitios que te soplan 8 euros por plato! ¡Arroz! un paquete te cuesta 1 euro. Dos pedazos de pollo, 50 céntimos. Una tira de pimiento, 5 céntimos. Cinco garbanzos, cinco gramos de tomate… A ver, ¿dónde están los 8 euros?
—Bueno, vamos a ver el último…
—¡Ah, sí, este! A ver: Jaime no ha estado, pero dice que ha oído hablar bien, que parece que tenga buen ambiente y que lo único es que la comida es como de temporada, no es una cocina muy definida, muy fija.
—Se ve gente dentro y buena pinta tiene. A lo mejor están probando qué platos prefiere la gente para luego elegirlos y poner precios definitivos.
—Eso no me parece bien. Tendrían que definirse.
—Pues a mí sí. Están sondeando para saber qué quiere el cliente y poco a poco mejoran.
—Eso es hipocresía. Traición.
—Pues yo lo veo adaptación a los cambios. Inteligente. «¡Be water, my friend!»
—No sé. Estoy mirando y pone Menú tres platos a elegir, pero ¿a elegir entre qué?
—No está muy claro pero el precio tampoco está mal.
—¿Cuál elegimos?


Me dirijo a usted o La confianza en el progreso


Me dirijo a usted o La confianza en el progreso
La niña lluvia


1) Disculpa, pero el otro día me mandaste una medicación y acabo de ver en internet otra igual pero más barata. ¿Me lo puedes aclarar? Otra cosa, me he informado y tenías que haberme explicado más detenidamente de que me ibas a introducir la sonda esa por la nariz, porque desde luego yo me hubiera negado, faltaría más. No lo hice porque no podía ni moverme cuando ya me habías metido parte del cable ese, y yo pensaba que era normal, pero por lo que me cuentan no siempre es como lo hiciste tú y otros médicos tienen más consideración. No pretendo darte lecciones ni nada, pero creo que deberías pensarlo y planteártelo. Somos personas ante todo. Y yo no me sentí persona, faltaría más.

2) Buenas tardes, ante todo:
El otro día me vine con la dieta que me hiciste. Soy Josefina Triveca Relaño. El caso es que miré una cosa que había escrita que ponía que tomara los hidratos de carbono, pero una amiga que entiende me decía que eso son azúcares y que voy a engordar. No sé si es que me lo pusiste equivocado o es que mi amiga no me lo ha explicado bien. ¿Podría contestarme cuanto antes para poder empezar a tomar la dieta? Tengo necesidad.

3) Hola. Quiero decirte que el otro día mi hijo quedó para hacer un trabajo con un grupo de la clase para su asignatura y quedaron en casa de uno pero a mi hijo no le avisaron y preguntó y no le decían dónde quedar y no pudo hacer el trabajo por esa razón y creo que usted le va a poner un cero. Quiero que lo sepas porque es importante que un alumno no sea minusvalorado por la sociedad y todos tenemos que poner nuestro granito de arena y aportar para que eso cambie y desde luego mi hijo y yo estamos en ello y le ruego que lo tengas en consideración para que aquellos alumnos recojan el fruto de lo sembrado y tengan su merecido.

4) Buenos días, soy Juan Osado García:
El otro día en el partido de mi hijo vi que lo quitó cuando no llegó al corte y nos metieron el gol. Sospecho, y usted me confirmará, que lo quitó del campo por esa situación. Creo que no se ha dado cuenta de que lo que usted hace es culpabilizar a mi hijo, que por supuesto llegó a casa destrozado, diciendo que había sido error suyo. Mira, ser entrenador es más que unas cuantas reglas estratégicas y un cursillo de verano. Hay que tener mucha psicología para trabajar con personas y no caer en cargar culpas ni desacreditar a la gente como has hecho en este caso. Me parece imperdonable tu actitud y no es la primera vez que me llegan comentarios parecidos de los hijos de otros compañeros. Has desmotivado a mi hijo y quiero que ahora lo soluciones. Podemos quedar un día después del entreno. Aprovecho para recomendar desde mi modestia que el sistema que planteas no es bueno y está descompensado. No llega el balón a las bandas. La defensa está muy atrasada. Y hay cierto jugador que ya hablaremos que está descolocado, no cumple y mi hijo podría perfectamente suplirle.

5)
—¿La cuenta, por favor?

—Se la traigo ya.
—Pero ya ya, porque…
—¿Algún problema señor?
—Pues mira, ya que lo preguntas, sí. Aún no me has traído la cuenta, pero me imagino que gratis no es. No se pueden cocinar alubias sin chorizo potente. Y eso lo sabe cualquiera, ¿verdad? Estaba falto de sal, de sabor… Y me ha parecido que le habéis añadido sal al final cuando os habéis dao cuenta.  Y la fritura estaba seca. Pero seca como la mojama. El rebozao no se hace con tanta harina.
—Tomo nota señor, pero entienda también que a veces puede ser una cuestión de gustos.
—¡Ah! ¿Quieres decir que tu gusto está por encima del mío?
—No, señor, para nada.
—Pues es lo que has dicho. ¿Lo ha dicho o lo ha dicho?
—Discúlpeme, señor, siento haberme expresado mal. Le traigo la cuenta.
—Venga, rapidito, que tenemos prisa.
 

viernes, 13 de noviembre de 2015

Sácame de aquí


Sácame de aquí
El niño cielo

—En fin, que estoy harto. Me suicidaría si no fuera porque me da mucha pereza, ¿sabes? No sé. No me imagino ahí… yendo a buscar una pistola. ¿Dónde coño compra uno una pistola? No sé. No sé si soy valiente o cobarde, pero aunque quiero desaparecer de la vida no tengo voluntad para hacerlo. Creo que uno del noventa y ocho escribió algo sobre la voluntad, ¿sabes?; tendré que leerlo. A mi me falla… No sé. ¿Dónde coño compra uno una pistola…? También puedo usar otra cosa, pero es que cuchillos y objetos punzantes te hacen mucho daño y se tarda en morir. A veces incluso llega alguien y te salvan. Bueno, cortarme el cuello puede ser rápido, pero no te deja respirar, ¿sabes? Puede ser una opción dolorosa, sucia, curiosa, dramática. O sea, el aire saldría por la tráquea que queda descubierta, ¿no?, y entonces muero ahogado, aunque respire. ¡Qué irónico! La pistola es más rápida, no falla, duele menos. Bueno, no sé si duele menos porque no lo he probado, pero, no sé por qué, siento que es más rápido, ¿sabes? Y duele menos. Pero ¿dónde coño compro yo una pistola? Es que no me veo ahí… buscando en los barrios conflictivos… No sé. Tendría que ponerme algo así como un chándal mugriento, ¿no? Me cortaría el pelo mal y lo despeinaría. Algo de barba. Uñas sucias. Caminar raro. Siempre he pensado que en estos sitios un andar raro da un toque de distinción y de control, de seguridad, de personalidad. Andaría así, como medio cojeando. Lo que no sé es el barrio. Como no dé el pego me meten un navajazo porque se piensan que soy la poli o llevo un micro. Aunque bien pensado es lo que quiero. Morir. Lo que pasa es que así, tirao en un descampao… Buff. Mi gente se pensaría incluso que era un drogata y tal. Y yo he probado cosas, ¿sabes? Pero de drogata nada. Además que navajazos estaban descartados. Hay otra opción que vi en una película basada en la novela El cliente, no sé si la has leído. Igual la peli se llamaba igual. Un tipo intentaba ahogarse en su coche con los gases del tubo de escape: cómodo, no mancha, pero lento y angustioso… Lo de no mancharme me atrae. Soy un poco obsesivo con eso. Pensar en mucha sangre en mi cuerpo me agobia. Y eso que es solo pensarlo. Me da asquillo… ¡Ah, sí!, y está lo de tirarse a un tren o de un puente. ¡Coño!, ahora que lo pienso está que te cagas. Rápido, más limpio que cortarse el cuello… Mierda, el tren no. ¿Podría provocar un descarrilamiento? Joder, eso no lo sé. Además, que yo no quiero molestar.  El tren tendría que parar y retrasaría a la gente. ¡Y no veas tú ese camino hasta llegar a una zona sin gente, de noche! Da un  poco de yuyu, ¿no? Frío… Esperar que no se retrase… Si se retrasara me pondría nervioso. Imagínate que no pasa por lo que sea, después de estar mentalizándome y tal. Eso pasa, ¿sabes? Yo he perdido autobuses. Y lo de hacerlo de noche tampoco me gusta. Muy lúgubre, ¿no? Muy silencioso. Puede que eso me ponga de los nervios y al final me eche atrás… Y lo de tirarme de un piso parece que sí pero no. Tendría que ser un piso muy alto. Un décimo o así. Ponte entonces a buscarlo, ingéniatelas para que te abran la puerta, sube, busca la ventana del pasillo, rómpela y que no salga nadie al oír el cristal… Y date prisa, porque si sale alguien se acabó el rollo. Si lo hago ha de ser relajado. Solo se muere una vez y quiero hacerlo bien. Recuerdo que un amigo lo intento con 20 años tomándose una caja de pastillas, no sé cuáles. En ese caso tendría que mirar internet para saber cuáles son las mejores, menos dolorosas y efectivas. Imagina que me dan cagalera y las evacúo… Creo que había unas que te dormían. Tengo que buscarlo. Esta parece una buena opción…
—Lo siento pero tenemos que ir cerrando que es tarde. Son 22 euros.
—Ya… Bueno… ¿Me pones la última? Por cierto ¿tú no tendrás una pistola de sobra?

jueves, 22 de octubre de 2015

En un planeta no tan lejano…


En un planeta no tan lejano…
Díptero impertinente y La niña lluvia

Hete aquí que en la Luna de Endor un grupo de aguerridos y supersticiosos ewoks confían sus lanudas posaderas sobre la rociada hierba para observar, maravillados, cómo a La Estrella de la Muerte le falta el suelo («Le falta el suelo porque no lo hay», diría enamorado de su oficio un Físico). Por la noche temían la misteriosa jungla, pero hoy sus ojos no podían despegarse del cielo. La gravedad —que trajo de cabeza no sólo a Newton sino también a C. Nolan— atraía añicos y pedazos en una ceremonia de luz y oscuridad.
Luke brindaba botellas de champán abrazado a R2D2. ¡Un juergazo! ¡Cayó el Imperio!
Nadie recordaba aún a los caídos.
El chamán ewok, absorto en el firmamento fulgúreo durante un tiempo y conocedor de que un nuevo futuro se abría camino, volvió en sí, cogió su báculo y se levantó:
—Gracha guharan. Naa sdrm cug min dug ank mint. (Volvamos a casa. No queremos nada con ese mundo que solo puede corrompernos.)
Y todos obedecieron. Se levantaron y caminaron tras él, aunque no podían dejar de volver la cabeza y pensar en ese mundo.
El custodio chamán golpeó su bastón e insistió:
—¡Gracha augunch trox naa xsin! (¡Volvamos a casa he dicho, no miréis nunca más atrás, el futuro no es historia!)
Y todos dejaron de mirar al cielo. Pero había rocío en las plantas y en esas gotitas se reflejaba el espectáculo estelar; y los aguerridos y supersticiosos ewoks agachaban la cabeza y así seguían conectados con el futuro que ya estaba ocurriendo mientras ocurría lo que estaba ocurriendo.
—¡Trox naa pistin plu. Trox naa erg ewok po. Nia naa pur Gan trox ur pur sanag deepe! (El futuro no nos puede alcanzar. El futuro no lo hace el ewok mediano. Solo el chamán mira el futuro y mira luego al pueblo para enseñarle.)
Tras sus palabras, el chamán levantó la mano y de ella sobresalía un dedo. Iba a dictar una nueva ley a la luz de los acontecimientos.
— Dagcha quun. Yles naa tispen plur. Sera tix quunte ixtun. Fier tfuer bikg. Gracha. (Somos cazadores. Las luces no nos dan de comer. Para que no se olvide, desde mañana crearemos una escuela de caza y yo enseñaré a cazar. Coged la presa. Volvamos.)
Llegaron al campamento y lo primero fue depositar a su presa en la guarida «jugna», así llamaban a su cárcel.
—Soltadme. Soltadme…
Se revolvía como un animal. Lo portaban atado de pies y manos a un palo horizontal. Llevaba una venda en los ojos. Lo posaron en tierra, lo desataron y lo empujaron adentro de la jugna entre risas:
—Soltadme las manos. Quitadme esta venda, sinvergüenzas… No soy un animal.
Esto último lo pronunció con tristeza. Sus ojos se habían rendido a la par que su cuello… En la oscuridad de la jugna se oyó una voz arrinconada entre largas barbas grises:
—¿Quién eres?
—¡Un hijo de Rousseau!
—No sé quién es… ¿De dónde vienes?
—De Ortag, más allá de la estrella Nice… ¿Dónde estás?, no te veo.
—Vienes de muy lejos… ¿A qué te dedicas, extranjero?
—Soy, antropólogo. He venido a este planeta a traer la razón, luz del pensamiento de Rousseau.
—Entonces serás un mártir.
—¡No me insultes! Deja que me quite esto y te voy a…
—¿Lo has conseguido?
—¿El qué?
—Convertir a este pueblo animal en un alma racional.
—Son animales abúlicos, dominados por la incultura y la superstición…
La rabia se apoderaba de su boca desencajada. Silencio. Ahora fue él el que preguntó:
—Y ¿tú quién eres?
—Un mal sueño, una sombra…
—¡Calla! ¿Ambos cautivos y no me acompañas? ¿Acaso lo harás cuando nos coman?
—…
—Si hablas mi lengua, utilízala. ¿Cómo te llamas, extranjero?
—Galilei. Galileo Galilei.
—Ese es nombre de ciencia.
—…
—Rousseau te ha nombrado. ¡Racionalista!
—¿Racionalista…? ¡Qué importan las palabras, cuando la razón ha muerto!
—Tu tierra era lejana, y tu tiempo más…
—Llevo aquí más de 700 años. Me alimentan con unas semillas que alargan mi agonía. En mi planeta había un chamán que me obligó a morir en vida, retractándome de mis palabras, corrigiendo mi pensamiento. Era un pueblo temeroso y supersticioso. Era eso o morir… Decidí marcharme. Me había hecho años antes con unos papeles de un conocido artista, un tal Leonardo. Eran el diseño de un aparato que deformaba el espacio y el tiempo para viajar… El caso es que llegué aquí y…, creo que mi cuerpo habla por sí solo.
—No te veo.
—Mejor.
—¿Ya has intentado razonar con ellos?
—La razón no sirve. Los racionalistas intentamos demostrar, hacer reflexionar… Eso solo sirve con otros racionalistas que escuchan, reflexionan, cuestionan, avanzan, progresan, desechan lo inservible o lo que les daña cuerpo o alma…
—¡No me rindo! ¡No me callo! Despertaré en ellos la voluntad. Encenderé la luz…
—Te respeto, extranjero. El tiempo me dará la razón.