El Congreso
El aprendiz
He
oído casi de todo sobre el bebé del Congreso. Corro el peligro de aburrir, ya
lo sé. Podría decir «coño», «joder», «cagontó», «patriarcado opresor» o
«feminazis»… Pero entonces me habría convertido en uno más de un circo que no deseo,
que no es adecuado, que no respeta y que no mejora —y eso que «cagontó» me
gusta.
Nadie
se escandaliza por ver amamantar a un bebé en público. La lucha por la
conciliación laboral y familiar es necesaria, claro que sí; yo también soy
padre y veo cómo Europa va por delante también en esto. En el Congreso llevan
años ya con guardería. Eso hoy es un privilegio. Ya me gustaría a mí u otros
padres y madres tener esa posibilidad, pero los políticos no encuentran los
medios o las ganas o el momento de tratar de acercar ese privilegio —derecho— a
los mortales. Y por supuesto que hay que decírselo. O, mejor dicho,
recordárselo. Es nuestro deber hacer visibles nuestras necesidades.
Pero
el fin no justifica los medios.
Y
los medios para hacer llegar nuestras quejas no pueden ser propagandísticos,
sensacionalistas, populistas, telecinqueros, circenses…
He
oído palabras aplaudidas como:
—Esto
no es Finlandia. Esto es España. Y aquí si no haces un poco de ruido, si no
creas polémica, si no sales en los medios, si no gritas, si no chillas… nadie
te va a hacer caso.
No.
Mientras
queramos hacer «eso» para cambiar las cosas, España será eso: «charanga y
pandereta». Porque los medios circenses solo producen resultados circenses.
Porque la guerra solo trae más guerra. Porque parece más importante la imagen
que la realidad, parece más importante la forma que el contenido, parece mejor
la hamburguesa yankee de Mcdonalds que la de Paco López. Porque la estética, la
apariencia, el exterior, el envoltorio, la carcasa, no puede esconder u ocultar
interiores vacíos, sucios, postizos o de «instantmatic».
Aquí
no somos campeones del marketing y la pirotecnia. Esas son formas baratas y
rápidas de alcanzar un objetivo, un fin. Aquí ha luchado mucha gente por aupar
a la verdad, al respeto y a la razón como valores máximos y necesarios.
Si
uno quiere resultados serios, aplica medidas serias. Si uno quiere resultados
fofos, no se esfuerza. ¿Alguien recuerda cuando no había educación pública
gratuita? No creo, hace muchos años de eso. Y lo conseguimos. Y ¿la sanidad?
Eso es progreso.
Este
camino de políticos de Instagram, de
la foto sin nada dentro, estéticos, a los que dar un «Like» es digno de un
esperpento con Max Estrella —y lo sazonamos con la casa real declarando al juez.
¡Qué guay!, ¿verdad? ¡Qué cercanos y qué buen rollo! Pues no. Es que yo a un
médico le pido que cure, y luego ya… Y a un político, menos ruido y más nueces.
A todos. Unos y otros. ¿Los que están lo hacen mal? Mejorémosles, salgamos a
reclamar derechos, todo. Pero con educación, respeto, razón. Eso es progreso.